La desmanicomialización no consiste simplemente en cerrar manicomios. Consiste en construir las condiciones materiales para que nadie quede condenado al encierro por su padecimiento ni abandonado por su pobreza.
La pregunta decisiva no es solamente cómo tratar la locura, sino qué sociedad produce sufrimiento, cómo distribuye el cuidado y qué intereses se benefician cuando el Estado renuncia a garantizarlo.
Argentina enfrenta una crisis de salud pública que no puede explicarse únicamente desde la psicología individual. La precarización laboral, el endeudamiento, la pérdida de expectativas y el debilitamiento de las redes de protección obligan a interrogar las condiciones sociales en las que se produce el sufrimiento. No se trata de convertir cada suicidio en una consecuencia directa de la economía, sino de entender por qué una sociedad deja a tantas personas sin herramientas para afrontar sus crisis. Ciertamente el dolor es una experiencia personal, pero nunca ocurre fuera de la sociedad. Reconocerlo no significa negar la singularidad de cada historia: significa asumir que la prevención del suicidio necesita tanto atención clínica como políticas públicas, vínculos comunitarios y condiciones de vida que hagan posible imaginar un futuro.
Porque cuando el sufrimiento se convierte exclusivamente en culpa individual, la sociedad se desentiende de sus propias responsabilidades. Y cuando se lo reconoce como un problema común, la prevención deja de ser una exhortación moral y se convierte en una obligación colectiva.
Nicos Poulantzas desarrolló una interpretación muy original del fascismo, considerándolo un potencial latente en todos los estados capitalistas en situaciones de crisis. Su obra puede ayudarnos a comprender el peligro que representa el autoritarismo de derecha en la actualidad.
Apertura: Video continuado de las protestas y represión en Francia