La derrota ante España en la final del Mundial 2026 no eclipsa otra actuación histórica de la selección argentina, pero sí instala un debate ineludible. En su balance del torneo, el periodista Sergio Levinsky sostiene que el ciclo de Lionel Scaloni alcanzó un punto de inflexión: la confianza en los campeones de Qatar demoró la renovación, Messi transita sus últimos capítulos con la camiseta albiceleste y el gran desafío ya no pasa por ganar otro título, sino por construir la selección que deberá aprender a competir sin el mejor futbolista de su historia. Hay que atreverse al corte final.
Más allá del caso británico, el artículo presenta a Palantir como un ejemplo del nuevo poder de las grandes empresas tecnológicas: compañías privadas que dejan de ser simples proveedoras de software para convertirse en infraestructura crítica del Estado. Desde esta perspectiva, la cuestión ya no es únicamente tecnológica sino profundamente política: quién controla los datos, quién toma las decisiones sobre ellos y hasta qué punto un Estado conserva su soberanía cuando funciones estratégicas quedan en manos de corporaciones vinculadas al complejo tecnológico-militar estadounidense. En la apertura Varoufakis sobre Palantir en GAZA donde hizo lo contratado por el estado sionista.
Sabemos que el modelo económico social que lleva adelante Luis Caputo y su banda no se austosustente por lo que el sistema de representación política depende fuertemente de la paz romana que brinden los «rescates» endeidamiento y refinanciación de deuda que el gobierno pueda o no obtener. Con una oposición local escuálida, la suerte de la elección argentina se jyega en las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, aunque hay gran controversia sobre el impacto real sobre la política colonial regional tendría un eventual triunfo demócrata. Es muy dudosos, pero suponiendo que el impacto exista en los márgenes, la decisión del Partido Republicano de gastar casi 40 millones de dólares para defender dos estados que hasta hace poco parecían inexpugnables, Ohio e Iowa, encendió una luz amarilla en la política estadounidense y por añadidura en la casa Rosada. En efecto, detrás de la multimillonaria inversión hay un reconocimiento implícito: la mayoría parlamentaria de Donald Trump ya no está asegurada y las elecciones de medio término de noviembre pueden convertirse en un plebiscito sobre su gobierno.
La noticia no sólo interesa en Washington. También debería seguirse con atención en la Casa Rosada.
Javier Milei construyó buena parte de su estrategia internacional sobre un vínculo privilegiado con Trump. A diferencia de otros presidentes argentinos, apostó por una alineación casi sin matices con la administración republicana, convencido de que esa relación podía traducirse en respaldo político, financiamiento internacional, inversiones y una posición favorable de Estados Unidos en organismos como el FMI.
Pero esa apuesta tiene un riesgo evidente: depende de la fortaleza política del propio Trump.
Si los republicanos perdieran el control del Senado, o incluso de alguna de las cámaras del Congreso, el presidente estadounidense conservaría la Casa Blanca, pero gobernaría con un margen de maniobra mucho menor. Un Congreso opositor podría bloquear iniciativas, demorar nombramientos, condicionar el presupuesto y reducir la capacidad de la administración para proyectar su agenda hacia el exterior.
Ese escenario tendría consecuencias indirectas para la Argentina. No porque Washington modificara automáticamente su política hacia Buenos Aires, sino porque el principal sostén internacional de Milei perdería capacidad de influencia.
La apuesta geopolítica del gobierno argentino quedaría así expuesta a una paradoja: cuanto más personalista es una alianza, más vulnerable resulta frente a los cambios de la política interna del aliado.
Por eso, la millonaria inversión republicana en Ohio e Iowa es mucho más que una noticia electoral. Es una señal de que el trumpismo enfrenta una batalla más difícil de lo previsto y de que el oficialismo estadounidense ya no puede dar por seguros territorios que hasta hace poco integraban su núcleo duro.
En Buenos Aires, ese dato no es menor. La suerte parlamentaria de Trump puede convertirse también en un factor de la estabilidad política de Milei. Si el presidente estadounidense emerge debilitado de las elecciones de noviembre, el gobierno argentino perderá parte del respaldo externo sobre el que construyó su inserción internacional.
En política, las alianzas estratégicas son tan fuertes como el poder de quienes las sostienen. Y hoy, los millones que el Partido Republicano destina a defender sus bastiones sugieren que ese poder comienza a ser puesto a prueba.