Ambos países firmaron un memorando para finalizar la guerra, pero la ofensiva de Israel en Líbano puede hacerlo fracasar. La guerra que prometió ganar en dos días fue un salvavidas de plomo para Trump. El acuerdo firmado entre Estados Unidos e Irán representa específicamente un intento de cerrar una guerra que resultó más costosa y prolongada de lo que esperaba la administración de Donald Trump. Sin embargo, su estabilidad depende de factores que exceden a los dos firmantes. El principal obstáculo es el papel de Benjamin Netanyahu y la continuidad de las operaciones israelíes en el sur del Líbano.
El memorando establece el cese de hostilidades, la apertura de una negociación de 60 días y compromisos vinculados al programa nuclear iraní, el levantamiento parcial de sanciones y la seguridad en el estrecho de Ormuz. A cambio, Washington habilitó temporalmente exportaciones petroleras iraníes y abrió la posibilidad de liberar fondos congelados.
Desde una perspectiva geopolítica, el acuerdo refleja que ninguno de los actores logró imponer una victoria decisiva. Estados Unidos evitó una escalada regional de consecuencias imprevisibles; Irán preservó la continuidad de su régimen y obtuvo alivios económicos parciales; mientras que Israel aparece como el actor más incómodo frente a una negociación que limita su margen de acción militar.
La cuestión central que muestra Luzzani es que la paz no depende únicamente de Washington y Teherán. Los bombardeos israelíes posteriores a la firma del acuerdo evidencian que el frente libanés sigue siendo un punto de ruptura potencial. Cada ataque amenaza con reactivar una dinámica bélica que podría arrastrar nuevamente a las potencias involucradas. La guerra finalmente no duró «cuatro días», no hubo «cambio de régimen», como prometió el Mossad y probablemente su final haya ingresado a una zona de indefinición estructural. En la apertura, Vance advierte sobre el «desamor». Un romántico finalmente el vice.
La victoria de Abelardo de la Espriella reavivó los interrogantes sobre el origen de su patrimonio. El abogado y empresario conservador, que se presentó como un outsider cercano a Donald Trump y Javier Milei, construyó su fortuna defendiendo a figuras vinculadas al paramilitarismo y a casos de corrupción, cobrando honorarios millonarios.
Investigaciones periodísticas identificaron decenas de empresas asociadas a su nombre, aunque varias registran pérdidas y deudas, lo que pone en duda la imagen de magnate exitoso que proyecta. Además, congresistas demócratas estadounidenses solicitaron investigar el origen de sus inversiones en EE.UU.
Sus críticos sostienen que detrás de su discurso antipolítico aparecen viejas redes de poder económico y judicial que han marcado la historia reciente de Colombia.
Las sombras sobre la fortuna de De la Espriella y un paralelo con Macri
La elección de Abelardo de la Espriella volvió a poner en discusión el origen de su fortuna. El abogado y empresario conservador, cercano a Donald Trump y Javier Milei, construyó su carrera defendiendo a figuras vinculadas al paramilitarismo y a casos de corrupción, mientras investigaciones periodísticas cuestionan la solidez de parte de su entramado empresarial.
Su ascenso presenta similitudes con el de Mauricio Macri. Ambos se proyectaron como empresarios exitosos y outsiders, aunque apoyados en redes de poder económico y mediático tradicionales. No es casual que Macri mantuviera una estrecha relación política con el expresidente Álvaro Uribe, bajo cuyo gobierno se produjo la desmovilización de las AUC y se consolidó el clima político que favoreció el ascenso profesional de De la Espriella.
La afinidad ideológica entre Macri y Uribe, basada en agendas de seguridad, liberalización económica y alineamiento con Washington, encuentra ahora una continuidad en el triunfo del abogado colombiano, representante de una nueva derecha regional que combina discurso antipolítico con fuertes vínculos con las élites tradicionales. En la apertura Alcira Argumedo y su memorable síntesis sobre cómo hicieron su fortuna los Macri y al cierre Javier Ledesma recorre la vida y obra de la famiglia.
La tesis central del artículo de Roberts es que el alto el fuego no resuelve las contradicciones que originaron la guerra. Puede prolongarse durante algún tiempo porque todos los actores necesitan una pausa, pero mientras persistan las disputas por la seguridad regional, las sanciones, el programa nuclear iraní y el papel de Israel, el conflicto seguirá latente.
Desde una mirada marxista, Roberts ve la guerra no como un accidente diplomático sino como una manifestación de las tensiones inherentes a la competencia entre Estados y bloques de poder en una etapa de crisis prolongada del capitalismo global. La tregua puede durar, pero las condiciones que produjeron el enfrentamiento continúan vigentes.