Deus ex machina: Cuando los algoritmos desplazan al conflicto de intereses

Deus ex machina: Cuando los algoritmos desplazan al conflicto de intereses

La victoria de Lula no se explica por los algoritmos ni por una operación de marketing electoral. Detrás de los votos hubo organización popular, demandas materiales y una confrontación de intereses de clase. Reducir esa experiencia a una cuestión tecnológica es otra forma de despolitizar la lucha social y ocultar a sus verdaderos protagonistas.

octubre 30, 2026
La burbuja de la IA en Asia ha estallado

La burbuja de la IA en Asia ha estallado

De este trabajo de Michael Roberts se infiere que el problema del capitalismo contemporáneo no es que carezca de innovaciones tecnológicas. Es que necesita convertir cada innovación en una fuente de rentabilidad privada extraordinaria.

La inteligencia artificial puede elevar la productividad, transformar procesos industriales, modificar el trabajo y reducir costos. Sin embargo, nada garantiza que esos avances se traduzcan en una tasa de ganancia suficiente para remunerar el volumen de capital invertido.

La carrera por la IA está concentrando recursos, infraestructura, conocimiento y capacidad de decisión en un puñado de grandes corporaciones. Al mismo tiempo, amenaza con reorganizar el mercado laboral, intensificar la vigilancia sobre los trabajadores y desplazar empleos.

Es decir, los costos sociales de la transformación pueden distribuirse sobre el conjunto de la sociedad mientras los beneficios de la propiedad tecnológica permanecen concentrados.

Hay una paradoja adicional: si la IA termina siendo una tecnología de uso general, cada vez más barata y accesible, su éxito productivo podría entrar en contradicción con las expectativas de rentabilidad monopólica que hoy sostienen buena parte de su valorización financiera.

La pregunta no es si la inteligencia artificial tiene futuro. La pregunta es quién se apropia de sus frutos, quién financia su desarrollo y quién paga los costos de una eventual crisis de sobreacumulación.

octubre 30, 2026
La gente habla de IA todo el tiempo. Termina la conversación y nos damos cuenta de que nadie sabe bien de qué está hablando

La gente habla de IA todo el tiempo. Termina la conversación y nos damos cuenta de que nadie sabe bien de qué está hablando

La entrevista con Cory Doctorow tiene una virtud: evita el determinismo tecnológico. La inteligencia artificial no aparece como un sujeto autónomo que transforma inevitablemente la sociedad, sino como una tecnología incorporada a una determinada estructura de propiedad y acumulación.

Sin embargo, hay un aspecto que merece discusión.

Doctorow deposita una expectativa considerable en la competencia como mecanismo para limitar el poder de las grandes corporaciones. Pero la competencia capitalista también produce concentración, centralización del capital y nuevas formas de monopolio.

Marx ya había identificado esa tendencia como una dinámica constitutiva de la acumulación capitalista.

Por eso, el problema no se resuelve solamente multiplicando competidores. La cuestión decisiva es quién controla la infraestructura tecnológica, los datos, la capacidad de procesamiento y los resultados de la automatización.

La IA puede elevar la productividad social y, al mismo tiempo, deteriorar las condiciones materiales de quienes producen esa riqueza.

La contradicción no está en la tecnología: está en las relaciones sociales bajo las cuales se desarrolla y se apropia su productividad.

octubre 30, 2026