León XIV confronta con Trump por la guerra, el nacionalismo y la utilización política del cristianismo. Frente a un presidente que invoca la religión para legitimar la fuerza militar y una política migratoria excluyente, el Papa reivindica la paz, la fraternidad y la dignidad de los trabajadores y los migrantes.
Dos concepciones enfrentadas del cristianismo que, en América Latina, se proyectan sobre otra disputa decisiva: quién representa a los sectores populares y quién consigue encarnar sus esperanzas. Tras décadas de retroceso y siguiendo el legado de Francisco el Papa intenta recuperar las raíces católicas de la cultura popular. Un camino muy difícil de recorrer, el desencuentro llegó muy lejos.
Mark Fisher, en otra perspectiva, lo planteó a su manera: «Inventar nuevas formas de participación política, revivir instituciones que han caído en la decadencia, convertir el descontento privatizado en ira politizada: todo esto puede suceder, y cuando suceda, ¿quién sabe lo que es posible?»
La encuesta que publicamos supera los estándares de calidad medios ( bajos) y fue realizada por GBAO Strategies para J Street entre el 28 de octubre y el 3 de noviembre de 2026. Consultó a 800 votantes judíos estadounidenses, con un margen de error de 3,5 puntos.
– 80% considera que las acciones de Israel en Gaza y Cisjordania incrementan el antisemitismo en Estados Unidos.
– 66% sostiene que el gasto electoral de AIPAC contra candidatos críticos de Israel contribuye a aumentar el antisemitismo.
– 60% cree que organizaciones judías que califican las críticas severas a Israel como antisemitas utilizan la preocupación por el antisemitismo para defender políticas impopulares del Gobierno israelí.
– 76% apoya sanciones contra los colonos violentos de Cisjordania.
– 72% votó por candidatos demócratas en las elecciones legislativas de medio término.
J Street+1
Hay tres cuestiones que merecen atención.
1. La fractura entre identidad judía y política del Estado israelí.
Los resultados cuestionan la pretensión de presentar el respaldo al Gobierno israelí como una posición representativa del conjunto de la comunidad judía estadounidense. La identidad judía no implica adhesión automática al sionismo gubernamental ni a las decisiones de Netanyahu.
2. AIPAC y el poder del dinero en la democracia estadounidense.
La encuesta pone en discusión un mecanismo concreto de influencia política: la utilización de recursos financieros para condicionar candidaturas y penalizar posiciones críticas hacia Israel. No se trata solamente de un debate diplomático, sino también de quién dispone de capacidad económica para delimitar los márgenes del debate político estadounidense.
3. La crisis de legitimidad del proyecto israelí.
La cuestión de fondo es que las políticas de ocupación, la guerra en Gaza y la expansión de los asentamientos están generando cuestionamientos que atraviesan incluso a sectores históricamente cercanos a Israel.
Hay que hacer una distinción importante: la encuesta registra percepciones políticas de los entrevistados; no demuestra por sí misma una relación causal entre las políticas israelíes y los actos antisemitas. El antisemitismo tiene raíces históricas propias y no puede justificarse por las acciones de ningún gobierno.
Finalmnte, el dato más relevante no es solamente el cuestionamiento a Netanyahu o AIPAC. Es la ruptura de una equivalencia política que durante décadas tuvo enorme eficacia en Estados Unidos: identificar la defensa de Israel con la defensa de los judíos y presentar buena parte de las críticas al Estado israelí como expresiones de antisemitismo.
Esa identificación está siendo discutida desde el interior de la propia comunidad judía estadounidense. Y eso modifica las condiciones políticas del debate sobre Palestina, Israel y la política exterior de Washington.
La reestructuración de la deuda venezolana puede convertirse en algo más que un acuerdo financiero: una operación de transferencia de riqueza y consolidación de la dependencia neocolonial.
El problema no es solamente cuánto debe Venezuela. Es quién compró sus títulos, a qué precio, quién obtendrá las ganancias y qué parte de la riqueza petrolera quedará comprometida durante las próximas décadas.
La pregunta decisiva es quién paga la reorganización del capitalismo venezolano y quién se apropia de sus beneficios.
La discusión que propone Eric Toussaint en este etudio, es especialmente pertinente para América Latina: no hay soberanía económica cuando el destino de los recursos nacionales queda subordinado a los intereses de los acreedores internacionales. Un caso arquetípico de esta desposesión es La Argentina.