Detrás de la Copa Mundial de Fútbol de 2026 hay una historia de poder: la del ascenso futbolístico de Estados Unidos sobre el viejo predominio mexicano. El país que fuera el «gigante de la CONCACAF» participa hoy como socio menor. Con el T-MEC en crisis, el torneo puede ser el epitafio de una América del Norte integrada. Hoy, detrás de la Copa Mundial de Fútbol de 2026 hay una historia de poder asimétrico que galvaniza aquella sentencia: la del ascenso futbolístico de Estados Unidos sobre el viejo predominio mexicano. El país que fuera el «gigante de la CONCACAF» participa hoy como socio menor. Con el T-MEC en crisis, el torneo puede ser el epitafio de una América del Norte integrada.
El texto se inscribe en una tradición que interpreta la proscripción de liderazgos populares como un problema de calidad democrática. El centro de gravedad del argumento no está en la conveniencia electoral del kirchnerismo sino en la legitimidad del sistema político cuando sin fundamento juríco alguno el principal liderazgo opositor queda fuera de competencia.
La discusión de fondo, entonces, es si la consigna “Cristina Libre” debe entenderse como una reivindicación de derechos políticos y representación democrática o si, por el contrario, resulta insuficiente para articular una propuesta capaz de disputar el gobierno. Esa tensión atraviesa actualmente buena parte del debate interno del peronismo, donde el posibilismo, un pragmatismo sin objetivos que recorre buena parte de la historia no tan reciente del movimiento nacional sostiene que es una consigna «que electoralmente no suma», tranformando una reivindicación política es, apenas, una suma y de preferencias sostenidas por encuestas de muy dudosa confiabilidad. Por caso «Perón Vuelve», superaba la prueba del pragmatismo sin objetivos durante los 17 años de resistencia? ¿Y qué dirían las encuestas al respecto? En fin, fijate de qué lado de la mecha te encontrás, que con tanto humo, el bello fiero fuego no se ve.
La utilización geopolítica de los mundiales de fútbol no es ninguna novedad. La Argentina puede dar54 cátedra al respecto. No es excepción la Copa del Mundo de 2026 que se realiza en Estados Unidos, México y Canadá, que no solo es un evento deportivo, sino también y básicamente un escenario de geopolítica y poder. La organización conjunta de tres países y la presencia de 48 selecciones reflejan una nueva dinámica en el fútbol mundial. Este torneo, que se llevará a cabo durante un período de polarización internacional, podría convertirse en una plataforma simbólica para reforzar la imagen de liderazgo estadounidense tal como lo señala Gustavo Veiga en el texto. En el video de apertura Trump utiliza a los ídolos deportivos para legitimar su política interior y sobre todo exterior, que incluye el genocidio que se desarrolla en GAZA.