La IA no necesita ser superinteligente mañana, hoy Gaza marca el futuro

La IA no necesita ser superinteligente mañana, hoy Gaza marca el futuro

El debate sobre una futura IA superinteligente capaz de destruir a la humanidad puede estar ocultando un peligro mucho más inmediato: el uso actual de la inteligencia artificial como instrumento de vigilancia, guerra y control social. Gaza ofrece el ejemplo más brutal de una tecnología que no necesita volverse autónoma para multiplicar la capacidad de destrucción de los Estados y los ejércitos. El problema, entonces, no es sólo qué hará la IA cuando sea superinteligente, sino quién controla hoy esa inteligencia y al servicio de qué intereses.

septiembre 17, 2026
Las nuevas formas de la crisis capitalista

Las nuevas formas de la crisis capitalista

La inteligencia artificial no aparece aquí como una tecnología neutral capaz de resolver las contradicciones del capitalismo, sino como una gigantesca nueva esfera de acumulación, concentración y competencia imperialista. El problema central vuelve a ser quién controla el capital, quién captura el excedente y quién soporta los costos de la transformación tecnológica. En paralelo, la expansión financiera, el endeudamiento y la disputa por el dinero mundial expresan una crisis de hegemonía que puede alimentar nuevas formas de autoritarismo y fascismo

septiembre 17, 2026
USA: Bad Moon Rising

USA: Bad Moon Rising

La ruptura de Tucker Carlson con Donald Trump es mucho más que el quiebre entre un principal impulsor del América First y el presidente. El quiebre expone una contradicción central de la nueva derecha estadounidense: el discurso de America First prometía terminar con las guerras y colocar los intereses de los trabajadores y votantes estadounidenses por encima de los compromisos exteriores, pero la política internacional de Trump vuelve a quedar atrapada en la lógica geopolítica tradicional de Washington. Carlson convierte esa contradicción en una acusación política: el trumpismo puede terminar enfrentándose con su propia base social cuando la promesa nacional-populista choca con las prioridades estratégicas de Estados Unidos en Medio Oriente.

Lo interesante no es solamente la predicción electoral de Carlson —que no debe confundirse con un resultado establecido— sino el conflicto dentro de la coalición social y política que llevó a Trump al poder. Su argumento señala una fractura entre una derecha nacionalista que reclama repliegue exterior y sectores del aparato político estadounidense que mantienen compromisos internacionales de largo alcance. Esa tensión aparece además en un contexto electoral especialmente conflictivo: las elecciones legislativas de noviembre están siendo acompañadas por disputas sobre las reglas electorales y por preocupaciones de funcionarios estatales respecto de posibles interferencias federales.

Desde una perspectiva de clase, allí aparece una cuestión más profunda: ¿qué significa “America First” cuando los costos económicos y sociales de una política exterior militarizada recaen sobre las mayorías mientras las decisiones estratégicas permanecen concentradas en las elites políticas, militares y económicas? Carlson está llevando esa contradicción al interior mismo del campo conservador.

La ruptura también es significativa porque Carlson había sido una de las voces mediáticas más importantes del trumpismo. Su desplazamiento desde la defensa de Trump hacia una crítica frontal muestra que el conflicto no es simplemente personal: expresa una disputa por el sentido del nacionalismo estadounidense y por quién define cuáles son los intereses que deben ser considerados prioritarios.

En ese sentido, el problema de Trump no es únicamente electoral: es la tensión entre la promesa de ruptura con el establishment y la reproducción de estructuras fundamentales del poder estadounidense. Y esa contradicción empieza a ser señalada desde dentro de la propia derecha.

En el inicio Tucker Carlson da su visión sobre las elecciones de noviembre. La mano viene densa para Trump.

septiembre 17, 2026