Fue audaz y desafiante ante poderes concentrados, a pesar de que su llegada a la presidencia en 2003 se concretó tras una cobarde elusión del balotage por parte del peronista neliberal Menem, lo que lo obligó a asumir con un bajo porcentaje de votos. Menos votos que desocupados.
Sin embargo ignoró los vaticinios de inestabilidad que muchos vaticinaban.
Indisciplinado frente a las élites económicas y mediáticas, impuso su propia agenda y lográ así con enorme capacidad «representar » a la juventud y convocarla nuevamente a la práctica política.
La figura de Néstor Kirchner supuso un cambio de época en la política argentina post crisis de 2001 tras casi un cuarto de siglo estragado por el neoliberalismo.
La última vez que alguien en el poder utilizó la palabra “mercado” con verdadera convicción el mundo era otro. Corrían los años setenta y el sistema capitalista enfrentaba una doble crisis que parecía anunciar su propio colapso, las tasas de beneficio se derrumbaban y las calles de Occidente hervían con la mayor oleada de luchas obreras desde los años treinta. Los capitalistas se sintieron acorralados.
El reciente caso húngaro revela algo que la izquierda suele procesar tarde y mal. Aún los movimientos de extrema derecha más consolidados pueden ser derrotados electoralmente. Pero está claro que eso no resuelve el problema de fondo. No es gritando «Cae Milei» que surgirá un gobierno popular»… «¿Creen que van a solucionar esto metiéndome presa? Dale, meteme presa. ¿Y que van a hacer? ¿La gente va a ganar más plata? ¿Le van a subir el salario a los argentinos? ¿Van a financiar las escuelas y los hospitales? ¿Van a pagar la deuda con el FMI y con los bonistas?» CFK