El artículo de Enrique Carpintero en Topía sostiene que la inteligencia artificial no es neutral, sino una herramienta del tecnocapitalismo que concentra poder, mercantiliza la subjetividad y profundiza la precarización laboral.
Desde una perspectiva marxista y psicoanalítica, plantea que la llamada “IA” no posee inteligencia propia: funciona sobre conocimiento social producido colectivamente y apropiado por grandes corporaciones tecnológicas. El riesgo principal no sería que las máquinas se humanicen, sino que los humanos adopten una lógica maquínica basada en eficiencia, control y cuantificación permanente.
El autor defiende la “singularidad de lo vivo”: cuerpo, deseo, vínculos, conflicto y experiencia humana irreductibles a algoritmos. La disputa central sobre la IA sería política y de clase: quién controla la tecnología y para qué fines sociales se utiliza.
La mayoría de las personas se dejan influenciar por puntos de vista impuestos por otros. Estos otros pueden ser padres, maestros, figuras religiosas, escritores de diversas tendencias, podcasters y políticos ideológicamente motivados, tanto de derecha como de izquierda, quienes, en sus peores manifestaciones, son verdaderos lobos con piel de cordero; un ejemplo reciente de ello reside actualmente en la Casa Blanca. En otras palabras, existen numerosas fuentes potenciales de inspiración, pero siempre es recomendable informarse bien antes de actuar.
Palantir influye en los procesos electorales a través de su capacidad para analizar cantidades masivas de datos (Big Data) y usar inteligencia artificial para identificar patrones de comportamiento y manipular el sentimiento público. Sus intervenciones han generado un intenso debate político y ético, operando principalmente de las siguientes maneras: Microsegmentación y manipulación psicológica: Mediante algoritmos predictivos, la tecnología de la empresa permite trazar perfiles detallados de los votantes. Esto facilita el diseño de campañas de mensajes hiper-personalizados para influir emocionalmente en el electorado, similar a tácticas polémicas de elecciones pasadas. Asociaciones de alto riesgo para candidatos: Los vínculos históricos de la empresa (cofundada por Peter Thiel) con agencias gubernamentales, como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. (ICE), pueden convertirse en un lastre político. Candidatos asociados a la empresa a menudo enfrentan campañas en su contra por estas colaboraciones.Impacto geopolítico y nuevas democracias: Expertos y analistas han expresado preocupación sobre el rol de la tecnológica y sus figuras en la influencia sobre decisiones gubernamentales, sistemas de vigilancia poblacional y posibles manipulaciones de elecciones en distintos países, como Argentina. Cuestionamientos a la privacidad: Las plataformas de Palantir son frecuentemente criticadas por sectores progresistas y defensores de las libertades civiles por socavar los sistemas democráticos y facilitar la vigilancia poblacional a gran escala. Ya con Cristina Kirchner fuera de competencia, ahora sí llega la hora de Peter Thiel para intervenir en el proceso electoral, no tanto para obligar a que los hombres marchen, sino para que marchen solos. Veremos como le va.