El artículo «De trapos, banderas y volantes» del sociólogo e historiador Roberto Baschetti, reflexiona sobre un fenómeno que excede al fútbol: el regreso de la militancia visible en el espacio público a través de símbolos materiales —banderas, trapos, volantes, murales— en un contexto de fuerte ofensiva individualista y digital. A partir de la experiencia de las movilizaciones populares recientes, el autor sostiene que esos elementos vuelven a ocupar un lugar central porque expresan organización, identidad colectiva y pertenencia política.
El mayor mérito del artículo es recordar que la política sigue siendo un fenómeno profundamente colectivo. En tiempos donde pareciera que todo sucede en las pantallas, los trapos, las banderas y los volantes recuperan su carácter original: son instrumentos de organización y de construcción de poder popular. No sustituyen al programa político ni a la organización, pero constituyen una manifestación visible de ambos. En ese sentido, cada bandera levantada representa mucho más que una consigna: expresa la voluntad de transformar el descontento individual en acción colectiva.
El artículo adjunto analiza críticamente un informe publicado por la revista The Economist el 23 de junio de 2026. Dicho informe defiende que los milmillonarios actuales se han ganado su fortuna de forma más justa y meritocrática en comparación con el pasado. El texto rebate esta postura señalando las deficiencias lógicas del argumento y cuestionando los intereses de la publicación.
Antes, la opinión pública respetable se preocupaba por distinguir entre los pobres «merecedores» y los «no merecedores». Hoy, ante el creciente sentimiento anti-ultraricos, The Economist argumenta que, de hecho, son los multimillonarios quienes merecen nuestra gratitud, compasión y protección. Tal como advirtiera Carlos en su momento, gobernaremos para , «los niños ricos que tienen tristeza», han crecido. Abracémoslos muy fuerte.
El artículo de Michael Roberts, «Theories of inflation: part one – the mainstream», constituye la primera entrega de una serie dedicada a confrontar las principales explicaciones de la inflación. Su objetivo es mostrar que las teorías dominantes —aunque difieren entre sí— comparten un rasgo central: sitúan el origen de la inflación en problemas de la circulación monetaria, la demanda agregada o las expectativas, dejando en un segundo plano las relaciones de producción y la dinámica de la rentabilidad del capital.
El debate adquiere especial relevancia para Argentina. Durante el gobierno de Javier Milei, la narrativa oficial ha combinado elementos monetaristas —la emisión como causa principal de la inflación— con una fuerte apuesta a la credibilidad del programa económico.
Sin embargo, persisten factores estructurales como la concentración de mercados, la restricción externa potenciada por la fuga de capitales récord durante su gobierno, la formación oligopólica de precios y la puja distributiva que difícilmente pueden reducirse únicamente a la cantidad de dinero en circulación.
En ese sentido, el artículo de Roberts cuestiona la idea de que la estabilidad de precios dependa exclusivamente del ajuste monetario y fiscal, e invita a analizar la inflación como una expresión de las contradicciones del proceso de acumulación capitalista, más que como un simple desequilibrio técnico entre dinero y bienes.