La relación entre la campana de Gauss (o distribución normal) y la política se basa en la idea de que la mayoría de los votantes se agrupan en posiciones moderadas (centro), mientras que pocos votantes se encuentran en los extremos.
La falacia del voto al centro político surge cuando se asume automáticamente que moverse al «centro» es la única estrategia ganadora, ignorando la realidad de la polarización, la abstención o que el centro puede estar vacío. Veamos algunos apuntes sobre la caducidad del modelo centrista basado en la campana de Gauss en sociedades polarizadas. PD: Si quedáran dudas de la persistencia de la polarización en la sociedad argentina, mídase la profundidad de la misma por la necesidad del bloque en el poder de apresar y proscribir a la principal opositora Cristina Fernández de Kirchner.
En los últimos días, a raíz del encuentro del Peronismo Federal, y en medio de la vorágine habitual por candidaturas, reapareció en el debate interno del peronismo una definición económica que genera una tensión evidente con la tradición doctrinaria del justicialismo. Sostener que el progreso social depende primordialmente del orden macroeconómico, que el equilibrio fiscal constituye la condición previa del crecimiento estable y que la distribución sólo puede venir después de la generación de riqueza implica establecer una jerarquía de prioridades en la que la estabilidad ocupa el lugar de principio ordenador.
Una declaración reciente de Donald Trump ha subrayado la tensión entre su política exterior de «mano dura» contra Irán y el impacto económico doméstico, evidenciando un dilema significativo para su administración. La declaración del presidente Trump esta semana de que «no pienso en la situación financiera de los estadounidenses» mientras sopesa sus próximos pasos en Irán puede haber reflejado, sin querer, el dilema fundamental en el que se encuentra: cómo presionar a Irán sin asustar a los mercados y provocar un aumento vertiginoso de los precios del petróleo.
Actualmente, Trump no tiene una manera clara de conciliar su deseo de poner fin a la guerra en sus propios términos con la necesidad de controlar la inflación y mantener el mercado de valores en marcha en un año electoral.