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Venezuela: Siguen apareciendo las actas

Mientras en Venezuela el vector es la reconexión financiera; en Argentina, el régimen que organiza la captura de renta de recursos, el RIGI. Son piezas del mismo capitalismo estratégico, no el mismo negocio.

En Venezuela, Erebor Bank —startup con charter bancario estadounidense, cofundada por Palmer Luckey y Joe Lonsdale y respaldada por el Founders Fund de Peter Thiel— se ofreció desde mayo de 2026 a restablecer corresponsalía y subcuentas en dólares para bancos y empresas locales, en un mercado que la banca global sigue evitando por sanciones. En octubre se reportó un acuerdo de corresponsalía con el Banco de Venezuela. El interés declarado no es sólo bancario: el mismo ecosistema (Thiel, Palantir, Anduril) articula finanzas, defensa, datos y minerales críticos. La palanca es el acceso al sistema de pagos estadounidense.

En Argentina la palanca es otra. El RIGI funciona como contrato de largo plazo entre el Estado y el capital de gran escala: estabilidad fiscal y cambiaria, beneficios impositivos y libre disponibilidad gradual de divisas a cambio de un piso de inversión. A mediados de septiembre de 2026 el gobierno contabilizaba 23 proyectos aprobados por unos US$49.800 millones, con el cobre en torno a US$13.300 millones y el litio cerca de US$5.800 millones, más los desarrollos de Vaca Muerta (Los Toldos II Este, Rincón de Aranda, el oleoducto Vaca Muerta Sur, y más tarde Bajo del Choique–La Invernada de Pluspetrol, anunciado en US$12.400 millones a 25 años).

Vicuña encaja en esa cifra. Es la sociedad de BHP y Lundin Mining sobre Josemaría y Filo del Sol, en San Juan, con extensión a Chile. En febrero de 2026 la evaluación económica preliminar estimó US$18.000 millones a lo largo de varios años —el canciller Quirno habló de los primeros diez—, con unos US$7.000 millones hasta el primer concentrado de cobre, previsto para 2030. En julio el Ministerio de Economía aprobó su ingreso al RIGI como proyecto de exportación estratégica de largo plazo, con un compromiso de US$9.700 millones hasta 2031, parte de ese potencial mayor. La producción media proyectada para los primeros 25 años es de unas 395.000 toneladas de cobre, 711.000 onzas de oro y 22,2 millones de onzas de plata al año.

La pregunta de fondo el RIGI la responde de un modo preciso. El Estado no desaparece: diseña el marco, aprueba el ingreso y retiene regalías e impuestos residuales. Lo que cede es la capacidad de revisar, durante décadas, la alícuota, las retenciones y el acceso a divisas. La renta del recurso queda así repartida entre un operador extranjero que controla la tecnología, el financiamiento y la colocación, una provincia que cobra regalías, y un Estado nacional que cambia ingreso fiscal futuro y margen de política por inversión presente y exportaciones. No es concesión petrolera clásica ni nacionalización: es un régimen de estabilidad a medida del capital que puede movilizar decenas de miles de millones.

La analogía con Erebor sirve si se la lee así. No hace falta que Thiel tenga un banco en Buenos Aires. El patrón es la integración de eslabones que antes estaban separados: quien financia, quien extrae el mineral o el hidrocarburo, quien provee la infraestructura y, en el caso venezolano, quien reabre la puerta al dólar. En Argentina ese paquete lo arman BHP, Lundin, Rio Tinto, Glencore y las operadoras de Vaca Muerta, bajo un marco que el Estado escribió para atraerlos y que, una vez firmado, le quita margen para rediscutir quién se queda con la renta. Han aparecido las actas, la casa está en orden.

Cuando los mercados celebran y las mayorías no llegan a fin de mes

Hay una contradicción que atraviesa a las derechas contemporáneas: pueden exhibir crecimiento económico, inversiones, mercados financieros en alza y determinados indicadores favorables, pero cada vez les resulta más difícil convencer a las mayorías de que esa prosperidad también les pertenece.

El caso de Donald Trump es revelador. Un reciente análisis de Axios muestra la distancia entre los indicadores macroeconómicos y la percepción cotidiana de los estadounidenses. Los precios, la vivienda, la gasolina, las tasas de interés y la inseguridad laboral pesan más que cualquier dato del PIB.

La contradicción no es comunicacional. Es material.

Un trabajador no compra el PIB. No paga el supermercado con la tasa de crecimiento ni la hipoteca con la cotización de Wall Street. La economía que importa para las mayorías es la que determina cuánto cuesta reproducir diariamente su vida.

Trump llegó nuevamente al poder explotando esa frustración. Prometió recuperar salarios, empleo industrial y capacidad adquisitiva. Ahora empieza a ser juzgado por las mismas condiciones materiales que utilizó para cuestionar a sus adversarios.

Aquí aparece una cuestión de clase que el lenguaje económico suele ocultar: no alcanza con preguntar cuánto crece una economía; hay que preguntar quién se apropia de ese crecimiento.

La inteligencia artificial ofrece un ejemplo paradigmático. El capital celebra inversiones, productividad y valorizaciones bursátiles; millones de trabajadores observan, en cambio, la posibilidad de que la automatización transforme o elimine sus empleos. El capital celebra la productividad futura. El trabajador pregunta si tendrá trabajo mañana.

La misma contradicción aparece en Argentina.

Milei construye buena parte de su legitimidad sobre la caída de la inflación, el equilibrio fiscal, la recuperación financiera y las expectativas de los mercados. Pero una economía no se convierte automáticamente en una experiencia social positiva porque mejoren sus variables financieras.

Puede bajar la inflación y mantenerse un nivel de precios inaccesible para millones. Puede equilibrarse el presupuesto mientras se deterioran servicios públicos. Puede aumentar la rentabilidad empresarial mientras se debilita el empleo formal. Puede crecer la inversión mientras aumenta la precariedad.

No se trata de negar los datos, sino de preguntar qué relaciones sociales producen esos resultados y quién se apropia de sus beneficios.

Ese es el punto que las derechas intentan desplazar mediante la individualización del conflicto. Si el salario no alcanza, falta capacitación. Si no hay trabajo, es un problema personal. Si aumenta el endeudamiento, fue una mala decisión familiar. La estructura desaparece detrás de la responsabilidad individual.

Pero la experiencia cotidiana termina imponiéndose.

Trump puede decir que la economía funciona. Milei puede afirmar que el programa es exitoso. Los mercados pueden acompañarlos. Existe, sin embargo, un límite político: la percepción que las clases populares tienen de sus propias condiciones de existencia.

Cuando una mayoría siente que trabaja más, paga más y tiene menos seguridad sobre su futuro, los indicadores macroeconómicos dejan de producir legitimidad.

Por eso el problema de Trump puede terminar siendo también el de Milei: una economía puede ser exitosa para los mercados y políticamente desastrosa para un gobierno cuando el crecimiento no se traduce en bienestar para las mayorías.

Las sociedades no votan solamente sobre el PIB, el déficit o el riesgo país. Votan sobre su propia vida, o mejor, sobre lo que imagina es su propia vida.

Y cuando la distancia entre la economía que celebran los mercados y la economía que padecen las mayorías se vuelve demasiado grande, la contradicción económica muchas veces, termina convirtiéndose en contradicción política.

Vannacci y la nueva derecha italiana: de lucha de clases a guerra cultural

El texto de Le Grand Continent es especialmente interesante porque permite ir más allá de la caracterización de Roberto Vannacci como un dirigente de “extrema derecha” y reconstruir la arquitectura ideológica de la nueva derecha europea. El programa de Futuro Nazionale, presentado de cara a las elecciones de 2027, combina nacionalismo identitario, conservadurismo católico, soberanismo, crítica a la UE y una política económica que conserva elementos del liberalismo.
Vannacci rechaza explícitamente el mundo unipolar estadounidense y reivindica un orden multipolar. El programa sostiene que las doctrinas de Wolfowitz y Brzezinski buscaron impedir el surgimiento de potencias autónomas y debilitar a Rusia y a los países europeos.
Y propone algo particularmente significativo: reabrir los canales de comunicación con Rusia, incluso por razones energéticas.
La argumentación es geopolítica y económica: Italia necesita energía barata y debe evitar que la confrontación europea con Moscú empuje a Rusia definitivamente hacia China.
Esto coloca a Vannacci en una posición que, aunque no sea idéntica, tiene puntos de contacto con sectores de la derecha soberanista europea y con determinados sectores de la administración Trump.
Europa sí, pero una Europa de naciones soberanas; Occidente sí, pero sin subordinación automática a Washington; mercado sí, pero subordinado al interés nacional.
Vannacci quiere una Italia soberana, pero no plantea una transformación de las estructuras económicas que producen dependencia.
Por eso su nacionalismo puede ser entendido como una tentativa de recomponer la hegemonía de las clases dominantes mediante una nueva alianza social.
La cuestión social no desaparece: cambia de lenguaje. En lugar de capital versus trabajo la nueva derecha propone italianos productivos versus globalistas, burócratas, inmigrantes y élites cosmopolitas.
Ese desplazamiento es políticamente decisivo y aquí aparece una comparación particularmente útil con Javier Milei.

Vannacci y Milei son diferentes y no deben confundirse, especialmente porque Vannacci reivindica un Estado con capacidad estratégica, políticas industriales, negociación colectiva, energía nacional y protección del empleo.
Pero ambos participan de una transformación más amplia de la derecha occidental: la construcción de una identidad política que combina reacción cultural, liderazgo fuerte y ruptura con el liberalismo cosmopolita tradicional.
La diferencia fundamental es que Milei mantiene un discurso mucho más radicalmente libertario en materia económica, mientras Vannacci intenta ocupar el espacio de una derecha nacional-productivista.
Por eso Vannacci puede resultar incluso más interesante como fenómeno político: busca responder al deterioro material de las clases populares sin entregar la conducción de ese descontento a la izquierda.
Y ése es probablemente el núcleo estratégico del fenómeno. La nueva derecha europea está intentando hacer algo que históricamente hizo la izquierda: hablarle al trabajador sobre su salario, su empleo, su vivienda y su futuro. La diferencia es que lo hace sustituyendo la conciencia de clase por conciencia nacional.

Prepararse para la guerra y la malaria social – El caballo loco –

El artículo refleja un cambio de paradigma en la integración europea. Durante décadas, la seguridad continental descansó sobre dos pilares: la OTAN y el liderazgo militar estadounidense. Hoy ambos aparecen sometidos a tensiones crecientes.

Este proceso también expresa la disputa por el control de un sector estratégico de alta tecnología. El rearme europeo implica movilizar cientos de miles de millones de euros, generando una competencia entre las industrias militares europeas y el complejo militar-industrial estadounidense. De allí que la discusión sobre "autonomía estratégica" no sea solamente militar, sino también industrial, tecnológica y económica.

Al mismo tiempo, existe una tensión de fondo: mientras la Unión Europea busca mayor autonomía, continúa profundamente integrada en la estructura política y militar de la OTAN. El desafío consiste en desarrollar capacidades propias sin romper el vínculo transatlántico, una combinación cuya viabilidad aún está abierta.

En suma, este artículo interpreta que Europa está ingresando en una nueva etapa en la que la defensa deja de ser un asunto delegado en Washington para convertirse en un componente central del proyecto político europeo.

Sin embargo, el éxito de esa estrategia dependerá de que logre contener la caída en la calidad de vida de los ciudadanos, superar la fragmentación entre los Estados miembros y construir una verdadera política común de defensa e industria militar. Demasiado para ser verdad. En la apertura "Meloni y El caballo loco": La primera ministra italiana habla español con acento canario. ¿Por qué?

Quedaron «marcas de renombre», como Francia y Argentina (aplaudan al fútbol que se va)

La comparación entre el fútbol contemporáneo y la Fórmula 1 nos permite observar un fenómeno más profundo que la simple evolución de dos disciplinas deportivas. Ambos casos expresan una transformación estructural del deporte bajo la lógica del capitalismo tardío: el desplazamiento de la competencia deportiva como fin en sí mismo hacia el deporte como plataforma de valorización económica, producción de contenidos y maximización de ingresos. La mística deportiva, entendida como el conjunto de valores asociados al esfuerzo, la incertidumbre, la identidad colectiva y el mérito competitivo, comienza a subordinarse a criterios comerciales, tecnológicos y audiovisuales.

Uruguay: Nowhere Man

El Frente Amplio recuperó el gobierno en un país y una región alejados del clima de la «marea rosa» y sin los liderazgos partidarios históricos. A más de un año de asumir, el gobierno de Yamandú Orsi enfrenta un malestar que combina expectativas frustradas, críticas en la izquierda, problemas para incidir en la agenda pública y una desafección democrática creciente.

«Mi blog no está dirigido a académicos, sino a activistas que buscan un cambio positivo en el mundo»

Roberts sostiene que las crisis capitalistas no se explican principalmente por la falta de consumo, la especulación financiera o los errores de política económica. Estos fenómenos existen, pero son manifestaciones de un problema más profundo: la tendencia del capital a reducir su propia rentabilidad mediante el aumento de la composición orgánica del capital (más inversión en tecnología y maquinaria en relación con el trabajo vivo, única fuente de plusvalor). La IA y sus efectos sobre la tasa de ganancia es un ejemplo perfecto de esta hipótesis.

La noble desigualdad

El economista Michael Roberts critica el Informe de Justicia Global del World Inequality Lab, argumentando que sus propuestas reformistas ignoran que la desigualdad extrema y la crisis climática son resultados directos de la propiedad privada del capital y no simples fallas institucionales. En su artículo, Roberts sostiene que, sin control democrático sobre las grandes multinacionales, la redistribución es insuficiente para resolver las crisis estructurales del capitalismo. La desigualdad, "el gran tema económico y social" no resuelto por gobiernos de diversas orientaciones programáticas e ideológicas y que está en la base del desencanto que impulsó, al menos en la región y nuestro país la aparición de gobierno depredadores de ultraderecha neoliberal como el que hoy sufrimos.

Perú: El centro no existe III

Perú, entre dos polos: Más de 27 millones de peruanos podrán definir hoy 7 de junio las presidenciales entre la derechista Keiko Fujimori, expresión de sectores conservadores urbanos, y el izquierdista Roberto Sánchez, de la izquierda sostenida por el núcleo sociopolítico indígena y campesino del país. Nuevamente en el centro, no hay nada, salvo consultoría y de la mala. Al pié los "datos oficiales" de la "elección", disponibles a partir de las 18hs. de Perú (20hs. de Argentina.) En la apertura, transmisión de Nodal en directo.

Colombia: El centro político tampoco existió

En Colombia, la idea del centro político como bloque electoral o fuerza ideológica autónoma nunca ha existido realmente. Históricamente, el espectro se ha movido entre el bipartidismo tradicional (liberal-conservador), el caudillismo y una fuerte polarización, donde las propuestas de centro suelen ser equilibrios inestables o estrategias discursivas. En la primera vuelta de 2026 el primer lugar de Abelardo de la Espriella, un excéntrico empresario alineado con la extrema derecha, ha cambiado las condiciones de la campaña para el balotaje del 21 de junio próximo. A la cabeza de las encuestas durante toda la campaña, el candidato de izquierda Iván Cepeda debe revertir ahora el golpe político y anímico que significó el resultado.

Uruguay: Las críticas al estado de Israel no implican antisemitismo

"Las manifestaciones de crítica contra la política del gobierno de Israel no son sinónimo de antisemitismo”. En el video de aperura, en el debate sobre la creación de una comisión sobre antisemitismo, Constanza Moreira cuestionó los fundamentos de la iniciativa, analizó cómo se construyen las estadísticas sobre el tema y alertó sobre los riesgos de confundir la crítica política a un Estado con la discriminación hacia un pueblo o una religión. Organizaciones sociales y sindicales de Uruguay, entre ellas el @PITCNT, @FUCVAM, Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos y la Coordinadora contra el Genocidio del Pueblo Palestino, presentaron una denuncia penal ante la Fiscalía de Montevideo el 1 de junio de 2026. Los principales detalles de esta acción legal son:Investigados: La denuncia penal apunta directamente a Benjamín Netanyahu (primer ministro israelí) y al entonces ministro de Defensa Yoav Gallant, así como al portavoz en español de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), el ciudadano uruguayo-israelí Roni Kaplan (foto) . Delitos imputados: Crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio en el contexto del conflicto en la Franja de Gaza. Pedidos concretos a la Justicia: Solicita que se investigue a los funcionarios mencionados y a cualquier otra autoridad israelí que pise territorio uruguayo. Además, exige que Uruguay acate y actúe en consecuencia de las órdenes de captura internacional emitidas por la Corte Penal Internacional (CPI) contra altos mandos israelíes. La demanda fue comunicada en una conferencia de prensa en la sede del PIT-CNT, donde los representantes legales y miembros de las organizaciones subrayaron la intención de que se investigue la presunta responsabilidad penal por las muertes intencionales, la hambruna y la destrucción de infraestructura civil en Gaza. Puedes seguir las actualizaciones de este proceso a través de los medios oficiales de la central sindical en la Web del PIT-CNT o leer reportes periodísticos detallados en el medio local La diaria.

Imperialismo colonial

Las firmas de lobby estadounidense se han abalanzado sobre las riquezas petroleras y mineras venezolanas, según sus propios registros públicos. De esa forma se aprovechan de que los negocios en el país dependen de una serie de permisos emitidos por el Departamento del Tesoro, aprobados por la Casa Blanca y la secretaría de Estado de Marco Rubio. También del hecho de que la mayoría de los ingresos petroleros venezolanos son depositados en cuentas bancarias administradas por la cartera del secretario del Tesoro, Scott Bessent. Las gestiones de estas firmas, además, coinciden con una serie de acuerdos comerciales, firmados durante la visita del presidente del Consejo de Dominio Energético de Estados Unidos, Jarrod Agen, a Caracas. “Perfora, nene, perfora”, escribió Agen en el libro de visita presidencial.

IA: Hacia la reducción de la masa salarial y aumento de la tasa de ganancia

Michael Roberts sostiene que las ganancias corporativas globales mostraron una aceleración a fines de 2025, después del estancamiento observado en 2024. Al analizar Estados Unidos, China, Japón, Alemania y Reino Unido, encuentra que el crecimiento promedio de las ganancias en la primera mitad de la década de 2020 fue significativamente superior al de la década de 2010.
No hay señales inmediatas de una crisis general de ganancias en las principales economías capitalistas. Salvo Alemania, donde la rentabilidad acompaña un contexto recesivo, las utilidades empresariales muestran fortaleza.
Estados Unidos y Japón lideran la recuperación de beneficios, mientras que Alemania y Reino Unido presentan un desempeño mucho más débil. China continúa creciendo, pero muy por debajo de las tasas extraordinarias que registró antes de 2008.
En Estados Unidos, la rentabilidad del capital productivo (excluyendo finanzas, seguros, inmobiliarias y sector público) cayó durante los años 2010 y tocó fondo en la pandemia, pero luego se recuperó.
Roberts discute la tesis de que el auge de las ganancias estadounidenses se explica principalmente por los déficits fiscales y el gasto público. Según esa visión, el Estado estaría impulsando la inversión y, por esa vía, las ganancias empresariales.
Su posición es la contraria.
-Las ganancias no aumentan por el déficit público.
-Son las ganancias las que impulsan la inversión.
-El factor decisivo detrás de la mejora de la rentabilidad es el aumento de la participación de las ganancias en el ingreso nacional y la caída de la participación de los salarios.
Desde una óptica marxista, Roberts interpreta la recuperación de la rentabilidad como resultado de una mayor tasa de explotación del trabajo: una proporción creciente de la riqueza producida se apropia como beneficio empresarial y una proporción menor va a salarios. Señala que la participación salarial en Estados Unidos se encuentra cerca de mínimos históricos, mientras que la participación de las ganancias está en niveles récord.
El autor considera que el próximo factor decisivo será la inteligencia artificial. Si las enormes inversiones en IA y centros de datos permiten reducir empleo y costos laborales, la rentabilidad del capital podría aumentar aún más. En ese sentido, describe a la economía estadounidense como una gran apuesta al éxito económico de la IA.
Finalmente Roberts argumenta que el capitalismo global atraviesa una fase de recuperación de ganancias, especialmente en Estados Unidos, y que esa mejora se explica principalmente por la caída de la participación de los salarios en el ingreso, con la inteligencia artificial apareciendo como la próxima gran fuente potencial de rentabilidad.

Colombia: Polarización y después …

El abogado y empresario De la Espriella que hizo un despliegue de lujo y masculinidad, que prometió mano de hierro y megacárceles militarizadas, se perfila fuerte para el ballotage contra el oficialista Iván Cepeda. Sin embargo la segunda ronda no admite sumas y resta e inicia una nueva dinímica electoral .
En la apertura el politólogo colombiano Camilo Granada, brinda su mirada sobre lo sucedido y, peor aún, lo que sucederá.

El huevo de la serpiente – in memorian –

Edmund Phelps criticó duramente las políticas de Donald Trump por promover un enfoque corporativista que coaccionaba a las empresas y centralizaba el control, llegando a equiparar estas prácticas de interferencia con el modelo fascista de la década de 1930. Defendió hasta el final la innovación, el libre comercio, la prudencia fiscal y la total independencia de la Reserva Federal.

¿Durará la conversión anti-Trump de Carlson y presagiará un resquebrajamiento más amplio al interior del movimiento MAGA?

Tucker Carlson lleva una década en el meollo de la conversación política y de los medios conservadores en Estados Unidos. Pocas figuras de los medios de comunicación se identifican más con la era Trump. Su popularísimo programa en Fox News comenzó justo después de las elecciones de 2016 y, a pesar de ser despedido por esa cadena en 2023, Carlson ha seguido siendo un elemento fijo del mundo Trump: lanzó su propia cadena, impulsó a Donald Trump en su pódcast y en los mítines de campaña, ocupó el palco de Trump durante la Convención Nacional Republicana y asistió a su toma de posesión.
Luego, en febrero, el presidente Trump llamó a atacar Irán junto con Israel, una decisión a la que Carlson se opone totalmente. Ahora dice que se arrepiente de haber apoyado a Trump y se ha convertido en un influyente y clamoroso crítico de la gestión en su programa. También culpa a Israel de convertir a Trump en un “esclavo” al —como él lo caracteriza— empujar al presidente a la guerra. Debido a este enfoque en Israel, y a su muy sonada entrevista al influente nacionalista blanco Nick Fuentes, los críticos le han acusado de antisemitismo.
Para entender esta ruptura con el presidente y otras cosas más, viajé a Maine para encontrarme con Carlson, y volvimos a comunicarnos unos días después. Sostuvimos una amplia conversación sobre sus opiniones sobre la guerra, su episodio de Fuentes, su amistad con el vicepresidente JD Vance y, lo que es más subrepticio, sobre si cree que Trump es el Anticristo, algo sobre lo que ha estado reflexionando en su programa.

USA: Los «centristas» y su doble moral

La nota compara al streamer estadounidense de Twitch y comentarista político de izquierda, Hasan Piker, con figuras liberales/centristas -muchos demócratas- , sugiere que el discurso de élite a menudo tolera la retórica belicista e islamófoba. La idea central es que los comentarios de figuras progresistas como Piker son objeto de escrutinio, mientras que discursos más problemáticos de la corriente principal pasan desapercibidos. Declaraciones mucho más reprobables que cualquiera de las que ha dicho Hasan Piker son escritas y pronunciadas con frecuencia por destacados liberales en medios respetables. Pero como la guerra y la islamofobia son aceptables en los círculos demócratas de élite, no causan ninguna sorpresa.
PD: Acá está plagado de esta especie de individuos, tan correctos, que espantan.

A pesar de los Clinton, a pesar de Obama sigo siendo demócrata…( ¿sigo siendo?)

El título del post replica las tendencias electorales analizadas en los últimos años: el sector de la clase trabajadora blanca que se siente defraudado por Donald Trump no se traduce automáticamente en nuevos votos para el Partido Demócrata.
En lugar de un retorno al bando demócrata, los datos y análisis recientes sugieren tres comportamientos principales:
El «Abandono Silencioso» y la Abstención
Muchos votantes obreros que se sienten decepcionados con Trump no ven en los demócratas una alternativa que represente sus intereses económicos.
Desilusión bipartidista: Sienten que ninguno de los dos partidos principales se preocupa realmente por sus problemas cotidianos, como el costo de vida.
No participación: En lugar de cambiar su voto, optan por no acudir a las urnas, lo que reduce la participación en distritos clave.
Independencia política: Se observa un crecimiento en el grupo de votantes que se identifican como independientes, alejándose de las etiquetas tradicionales.
La Brecha de Confianza
A pesar de las críticas hacia Trump por no cumplir promesas industriales o económicas, persiste una «desconfianza latente» hacia el Partido Demócrata.
Temas culturales: Muchos trabajadores perciben al Partido Demócrata como demasiado enfocado en temas sociales o culturales (denominados a menudo como «wokeness») que consideran alejados de sus necesidades económicas urgentes.
Falta de resultados: Existe la percepción de que los demócratas prometen políticas pro-trabajador pero no logran materializarlas en mejoras tangibles en sus comunidades.
Cambios en la Coalición Republicana
Aunque algunos trabajadores blancos se alejen, el movimiento MAGA ha logrado compensar estas pérdidas atrayendo a otros sectores de la clase trabajadora:
Voto multirracial: En las elecciones de 2024, Trump logró avances históricos entre trabajadores latinos y afroamericanos sin títulos universitarios.
Identidad de clase: El Partido Republicano se ha consolidado para muchos como el «partido de la clase trabajadora» frente a un Partido Demócrata que es visto cada vez más como el partido de las élites universitarias y profesionales.
Datos de Aprobación Recientes (Mayo 2026): A principios de 2026, las encuestas muestran que la aprobación de Trump entre hogares de ingresos bajos ha caído a niveles críticos (alrededor del 31%) debido a preocupaciones económicas persistentes, pero esto no ha resultado en una victoria clara para los demócratas de cara a las próximas elecciones de medio término.
¿Y por casa cómo andamos?