Categoría Psicología

Estás Frito Angelito

La promesa de libertad económica convive con una paradoja: mientras se reivindica la autonomía individual, millones de personas quedan condicionadas por sus obligaciones financieras. La libertad del acreedor para cobrar tiene como contracara la pérdida de margen de decisión del deudor.

El artículo de Gatti acierta al proponer la politización de la deuda y la organización colectiva del malestar. Su principal aporte consiste en desplazar la discusión desde la responsabilidad individual hacia las relaciones sociales que producen el endeudamiento.

Una precisión importante: no toda deuda es idéntica ni todo endeudamiento constituye automáticamente explotación. Es necesario distinguir entre crédito productivo, endeudamiento público, financiamiento del consumo y préstamos usurarios. La cuestión de clase pasa por identificar quién presta, quién se beneficia, quién asume el riesgo y quién termina pagando los costos.

La conclusión política: no alcanza con enseñar a administrar mejor las deudas. También hay que discutir por qué los ingresos del trabajo resultan insuficientes, cómo se distribuye el excedente y qué poder adquieren los acreedores sobre la vida social. La educación financiera popular puede ser una herramienta de defensa; sin embargo la transformación de las condiciones que producen el endeudamiento exige organización y disputa política que de no ocurrir, estás frito angelito.

El Estado como socio de la adicción: cuando el mercado convierte la vulnerabilidad juvenil en negocio

La llamada “economía de la adicción” ya no puede pensarse como un fenómeno marginal: apuestas online, pornografía y consumos problemáticos se expanden al amparo de un capitalismo digital que convierte la vulnerabilidad social en negocio. Entre la desregulación, la precarización y el pragmatismo fiscal, el Estado corre el riesgo de pasar de garante de derechos a socio indirecto de industrias que lucran con la dependencia, mientras una generación de jóvenes queda atrapada entre el mercado, el endeudamiento y la ausencia de expectativas de futuro. En la apertura Tucker Carlson dialosga con Saagar Enjeti que habla sobre quiénes se están enriqueciendo con la destrucción de los hombres jóvenes en Estados Unidos.
Saagar Enjeti es el presentador de Breaking Points with Krystal and Saagar, disponible en YouTube y en tu plataforma de podcasts favorita. Saagar trabajó anteriormente en The Daily Caller como corresponsal en la Casa Blanca. En este reportaje es particularmente interesante porque nos muestra otra faceta de "hacia dónde estamos yendo" en nuestro país.

¿Ganaron los malos?

Milei ya no pretende solamente transformar la Argentina. Su proyecto comienza a presentarse como un modelo político exportable para la extrema derecha mundial. El discurso pronunciado en Santiago de Chile revela esa ambición: construir una alianza internacional que deje en segundo plano las diferencias nacionales para organizar un enemigo común —la izquierda— y disputar la hegemonía política y cultural.

La novedad no reside simplemente en la radicalización de la derecha argentina, sino en su voluntad de convertirse en uno de los nodos latinoamericanos de una nueva internacional reaccionaria, articulada con Trump, Vox, el universo MAGA y las redes conservadoras estadounidenses y europeas.

La estrategia tiene una lógica gramsciana, aunque Milei reivindique permanentemente su combate contra Gramsci: no alcanza con conquistar gobiernos; hay que conquistar el sentido común. Por eso la batalla cultural ocupa un lugar central. La izquierda deja de ser presentada como adversario democrático y comienza a construirse como una amenaza existencial contra la libertad, la nación y Occidente.

Desde una perspectiva de clase, esta operación cumple una función precisa. Mientras el programa económico favorece la desregulación, reduce capacidades redistributivas del Estado y deteriora derechos sociales y laborales, el conflicto económico es desplazado hacia una guerra cultural. La desigualdad deja de discutirse como resultado de relaciones de poder y aparece explicada por la supuesta amenaza de un enemigo ideológico.

Así, la «libertad» que Milei universaliza no es políticamente neutra: expresa fundamentalmente la libertad del capital frente a las regulaciones, los derechos laborales y las políticas de redistribución.

La experiencia argentina se convierte entonces en laboratorio. El objetivo ya no es solamente ganar las elecciones de 2027, sino demostrar que una derecha radical puede conquistar el Estado, transformar las relaciones sociales y luego exportar su método.

Milei no quiere solamente gobernar la Argentina. Quiere convertir al mileísmo en una doctrina internacional de la nueva extrema derecha. Y esa batalla, en definitiva, es una batalla por la hegemonía.

Un compromiso incansable

Adelqui del Do Psicólogo (UBA), especialista en Psicología Clínica. Se desempeña como director del Directorio en Representación del Estado Provincial en el Instituto Obra Médico Asistencial.

Docente de Psicología Ética y Derechos Humanos en la UBA y coordinador académico de la Diplomatura en Salud Mental y Derechos Humanos de la UNPAZ. Integrante del Tribunal de Ética de APBA, miembro de la CD de Feduba y miembro fundador de Enclaves.

Investigador en el informe Vidas arrasadas: la segregación de las personas en los asilos psiquiátricos argentinos y coautor del libro Consumos problemáticos y derechos humanos: perspectivas comunitarias (Teseo, 2025), entre otros. Hoy lo despedimos.

Mil días de Milei: Perfil de un psycho killer (fafafa)

El gobierno de Milei no sólo redujo la inflación y el déficit: modificó la distribución del ingreso y las relaciones de poder. El ajuste recayó sobre salarios, jubilaciones y consumo popular, mientras el capital financiero y los sectores concentrados ampliaron su participación en el excedente. Mil días después, el experimento libertario deja una sociedad más desigual, hogares más endeudados y una Argentina nuevamente condicionada por la valorización financiera y la dependencia externa ya en fase colonial.

Cómo llega la financiarización a los hogares argentinos

El artículo de Ludueña muestra que la financiarización de la economía argentina ya no se expresa solamente en el mercado financiero. También se instala en los hogares, donde el crédito comienza a funcionar como una herramienta para sostener un consumo que los ingresos laborales ya no alcanzan a financiar.

La diferencia es sustancial. Mientras en la cúspide del sistema la deuda puede convertirse en un instrumento de valorización del capital, en los sectores populares y medios se transforma en una obligación sobre ingresos futuros.

El dato más significativo es que el endeudamiento se concentra en los hogares de menores ingresos. No estamos, por lo tanto, ante un problema de decisiones individuales de consumo, sino frente a una consecuencia de la pérdida de poder adquisitivo y del deterioro de las condiciones de reproducción social.

La paradoja del modelo económico es evidente: mientras la valorización financiera ofrece oportunidades extraordinarias para quienes poseen capital, una parte creciente de la sociedad debe recurrir al crédito para llegar a fin de mes.

La timba financiera y la deuda cotidiana no son fenómenos desconectados: pueden ser las dos caras de una misma estructura económica. Arriba, el capital busca multiplicarse mediante las finanzas. Abajo, los trabajadores se endeudan para sostener su vida cotidiana.

La crisis del liberalismo y el ascenso político del resentimiento

El ensayista y novelista indio Pankaj Mishra ha escrito algunas de las obras más incisivas sobre las heridas persistentes del imperialismo, las promesas incumplidas de la modernidad y las tradiciones intelectuales poscoloniales desplazadas por los relatos centrados en Europa y Estados Unidos. En esta entrevista, Mishra repasa su formación intelectual en la India poscolonial, el impacto cultural de la Unión Soviética en Asia, las posibilidades y límites de la tradición socialista, las promesas truncas del antiimperialismo y la crisis moral de Occidente ante el ascenso de las extremas derechas, la islamofobia, el nacionalismo hindú de Narendra Modi y la ofensiva israelí sobre Gaza. Leyendo la entrevista veremos que Milei representa una versión particularmente radical de aquello que Mishra identifica como crisis del liberalismo: un discurso que presenta al mercado como principio ordenador de la sociedad y al Estado como obstáculo, mientras procura una reconfiguración profunda de las relaciones de poder entre capital y trabajo.

Pero hay una diferencia importante: en Argentina, esa operación se realiza sobre una sociedad con una tradición histórica mucho más fuerte de Estado social, sindicalismo, movilidad ascendente y derechos laborales.

Por eso el conflicto no es meramente económico. Es también una disputa por la memoria histórica de lo que constituye una sociedad legítima.

Desde esta perspectiva, Milei y su gobierno pueden ser interpretados como parte de una tendencia internacional que Mishra describe, pero con una particularidad argentina: la radicalización neoliberal intenta desarmar instituciones construidas durante décadas de conflicto entre capital y trabajo sin que haya aún una oposición dispuesta a enfrentar frontalmente la deconstrucción.

Un lapsus momentáneo de razón

El texto aborda el creciente malestar psíquico en Argentina, especialmente entre jóvenes, marcado por ansiedad, depresión, trastornos del sueño y riesgo suicida. Más de la mitad de quienes necesitan atención psicológica no acceden a tratamiento, y los sectores populares concentran los peores indicadores.

El autor sostiene que reducir el sufrimiento a un problema meramente sanitario es un error: la salud mental debe entenderse desde una perspectiva colectiva, vinculada a condiciones sociales, económicas y políticas. Se compara la crisis actual con la de 2001, cuando la organización comunitaria (piqueteros, fábricas recuperadas, asambleas barriales) permitió elaborar el dolor de manera compartidaPágina actual+1Página actual. Sin embargo, aquella crisis produjo simultáneamente un proceso de organización social.Página actual. El movimiento piquetero, las fábricas recuperadas, las asambleas barriales, los clubes de trueque y múltiples experienci.... Hoy, en cambio, predomina el individualismo y la fragmentación social, con un Estado debilitado y políticas públicas desfinanciadas.

La precarización laboral, la lógica meritocrática y el aislamiento digital generan sujetos más solos frente a sus padecimientos. Esto se refleja en el alarmante aumento del riesgo suicida entre jóvenes de 18 a 28 años, etapa vital para construir proyectos de vida que hoy chocan con empleos precarios, salarios insuficientes y falta de horizontes colectivosPágina actual+1Página actual. Quizá por eso uno de los datos más alarmantes sea el crecimiento del riesgo suicida entre jóvenes de 18 a 28 años. No se...Página actual. Cuando esas expectativas chocan sistemáticamente con empleos precarios, salarios insuficientes, imposibilidad de acceder.... Según Julieta Calmels, en Argentina mueren 14 personas por día por suicidio, cifra directamente vinculada al deterioro social y económico.

El artículo concluye que la crisis actual no sólo empobrece ingresos, sino también vínculos, proyectos y esperanza. La salud mental requiere reconstruir espacios comunitarios: sin comunidad no hay salud mental, y sin horizonte común, incluso vivir puede volverse insoportable para muchos jóvenes. En suma la salud mental es inseparable de la justicia social y de la posibilidad de imaginar un futuro compartido. Un lapsus momentáneo de razón.

El neoliberalismo privatiza el fracaso y socializa las pérdidas del capital

El artículo de Enrique Carpintero, publicado en Topía #107 (agosto de 2026), tiene una tesis especialmente fértil para el eje que venís trabajando sobre endeudamiento, individualización de la culpa y desarticulación de lo colectivo.

“Recuperar la vergüenza ética como fuerza de lo colectivo” — Topía

La clave política

Carpintero distingue entre una vergüenza impuesta por el sistema y una vergüenza ética capaz de convertirse en potencia colectiva. El neoliberalismo produce un individuo que debe responder exclusivamente por su éxito o fracaso: si no consigue trabajo, si se endeuda, si pierde poder adquisitivo o si no alcanza los estándares de consumo, “el problema sos vos”. La estructura desaparece detrás de la responsabilidad individual.

Ahí aparece una conexión directa con nuestro análisis del endeudamiento familiar: la deuda deja de aparecer como resultado de salarios insuficientes, precarización, inflación, financiarización y transferencia de ingresos hacia el capital financiero, y pasa a presentarse como consecuencia de una supuesta incapacidad individual para administrar la propia vida.

El mecanismo subjetivo es muy potente:

problema estructural → fracaso individual → vergüenza → aislamiento → pérdida de capacidad colectiva de respuesta.

Carpintero lo formula con mucha precisión: el poder utiliza la vergüenza para que el individuo no cuestione al sistema sino que se cuestione a sí mismo.

Pero hay una inversión posible

Lo más interesante políticamente del artículo es que la vergüenza también puede cambiar de objeto.

Cuando el individuo deja de preguntarse “¿qué hice mal yo?” y empieza a preguntarse “¿qué sociedad produce esto?”, la vergüenza individual puede convertirse en indignación colectiva. El autor plantea precisamente que, cuando el colectivo siente vergüenza por el estado de la sociedad, aparece un primer paso hacia su transformación.

Esto permite formular una hipótesis política fuerte:
El neoliberalismo necesita que la víctima se avergüence de su propia situación; la política emancipatoria necesita que la sociedad se avergüence de producirla.

Y esto dialoga muy bien con lo que veníamos trabajando en otras publicaciones del blog: el endeudado no es necesariamente un sujeto económicamente irresponsable; puede ser el sujeto que revela una contradicción del modelo. Cuando millones de personas necesitan endeudarse para sostener consumos básicos, el problema ya no puede ser reducido a la conducta financiera de cada familia.

La dimensión de clase

Hay además una cuestión todavía más profunda. La desvergüenza de quienes están arriba y la vergüenza de quienes están abajo pueden funcionar como dos caras de una misma relación de poder.

Carpintero señala que el poder puede llegar a transformar la vergüenza humillante del subordinado en odio dirigido hacia un tercero: el inmigrante, el pobre, el diferente. De ese modo, la frustración producida por la propia posición social no se dirige hacia las relaciones que la producen, sino lateralmente contra otros sectores subalternos.

Ahí aparece una de las claves para interpretar el presente: el conflicto de clases puede ser desplazada por una guerra entre individuos y grupos populares.

El trabajador precarizado culpa al desocupado.
El endeudado culpa al que recibe asistencia.
El pequeño comerciante culpa al empleado público.
El jubilado culpa al trabajador activo.
El argentino precarizado culpa al inmigrante.

Mientras tanto, la estructura que distribuye desigualmente ingresos, patrimonio y poder queda fuera de campo.

Hay una frase del artículo que puede convertirse en un eje editorial: El neoliberalismo privatiza el fracaso y socializa las pérdidas del capital.

La tarea política sería invertir esa operación: desprivatizar el sufrimiento. Transformar lo que aparece como una suma de fracasos personales —deudas, pobreza, precariedad, imposibilidad de acceder a una vivienda, deterioro del consumo— en la experiencia compartida de una estructura social.

En ese sentido, recuperar la vergüenza ética no significa volver a una moral culpabilizadora. Significa recuperar la capacidad colectiva de mirar una sociedad y decir: esto no debería ser normal.

Y ahí la vergüenza deja de ser un instrumento de dominación y puede convertirse, como plantea Carpintero, en una fuerza de lo colectivo

¿Los votantes libertarios son unos pelotudos? Refutando a Coroniti

Una investigación reciente realizada por Benjamin Ferguson, Peter Hans Matthews, David Ronayne y Roberto Veneziani, cuestiona una de las premisas centrales de la polarización contemporánea: que la izquierda y la derecha poseen concepciones radicalmente incompatibles sobre la explotación. El estudio, basado en 551 filósofos académicos y 1.546 personas del público general de Estados Unidos y Reino Unido, encuentra algo mucho más significativo: unos y otros identifican prácticamente los mismos factores cuando juzgan que existe explotación. Injusticia, poder asimétrico y desigualdad de los beneficios aparecen como los principales determinantes.

El dato más relevante es que la combinación entre poder desigual y resultados económicos desiguales genera una percepción de explotación muy superior a la que producen cada uno de esos factores por separado. Entre los académicos, por ejemplo, la presencia aislada del poder elevó la percepción de explotación en 14 puntos y la desigualdad en 8, pero cuando ambas condiciones aparecieron juntas el incremento alcanzó 34 puntos. La explotación aparece así no simplemente como una distribución desigual de recursos ni como una relación asimétrica de poder, sino como la utilización de una posición estructuralmente dominante para apropiarse de una porción desproporcionada del resultado económico.

Esto permite recuperar una intuición central de Marx sin convertirla en una cuestión exclusivamente doctrinaria. La explotación no depende de que el explotador sea personalmente cruel, ni de que la víctima haya cometido un error, ni siquiera de la existencia de una relación interpersonal conflictiva. El núcleo está en la estructura de poder que permite que una parte imponga condiciones a otra y capture una porción desigual del producto social. El estudio muestra, incluso, que el respeto interpersonal tiene una importancia muy menor entre los académicos: un jefe amable puede explotar exactamente igual que uno maltratador. Para el público general, en cambio, la falta de respeto pesa mucho más, probablemente porque constituye la experiencia cotidiana mediante la cual se percibe y se experimenta una relación estructural de subordinación.

La conclusión política es particularmente interesante para la Argentina. Si se traslada esta matriz al fenómeno del endeudamiento familiar, cambia completamente la pregunta. En lugar de preguntarnos por qué determinados hogares “no saben administrar su dinero”, debemos preguntarnos qué relación de poder produce las condiciones bajo las cuales millones de hogares necesitan endeudarse para sostener su reproducción cotidiana. El deudor aparece entonces no como un individuo defectuoso, sino como el resultado de una determinada relación entre ingresos, precios, empleo, crédito y distribución del excedente.

Esta perspectiva permite conectar dos fenómenos que habitualmente se presentan separados: endeudamiento y explotación. Cuando el salario pierde capacidad para reproducir las condiciones materiales de vida, el crédito funciona como un mecanismo de compensación. Pero esa compensación tiene un costo: transforma una insuficiencia presente de ingresos en una obligación futura. La deuda, en ese sentido, no elimina la desigualdad; la administra temporalmente y puede profundizarla.

Hay aquí una cuestión política de fondo. La ideología neoliberal procura transformar relaciones estructurales en decisiones individuales: el trabajador que acepta un salario bajo “elige”; el inquilino que soporta condiciones abusivas “elige”; la familia que se endeuda para llegar a fin de mes “se administra mal”. El estudio nos permite invertir esa mirada: allí donde existe una desigualdad de poder que condiciona las opciones disponibles, hablar simplemente de elección individual oculta la estructura que produce esas opciones.

Esto resulta especialmente relevante para comprender la política contemporánea. La investigación encuentra que incluso sectores identificados con la derecha reconocen la explotación cuando perciben conjuntamente injusticia, poder asimétrico y resultados desiguales. La derecha y la izquierda pueden diferir profundamente respecto de las soluciones, pero comparten un diagnóstico moral mucho más amplio de lo que suele suponerse: existe algo injusto cuando quienes poseen mayor poder utilizan esa ventaja para apropiarse de una porción desproporcionada de los recursos.

Por eso el desafío para la izquierda no consiste en abandonar su crítica estructural para adaptarse al sentido común de la derecha, sino en traducir esa crítica estructural a experiencias materiales reconocibles por las mayorías: el salario que no alcanza, la deuda que crece, el alquiler que se vuelve impagable, el empleo que pierde estabilidad, la concentración económica y la pérdida de capacidad de negociación de los trabajadores.

En definitiva, el hallazgo más importante de esta investigación podría formularse así: la explotación deja de ser una categoría exclusivamente marxista y aparece como una intuición social compartida. La disputa política pasa entonces por determinar quién tiene poder, cómo lo utiliza y quién paga los costos de esa relación. Y allí se vuelve particularmente fértil para analizar la Argentina actual: cuando millones de familias deben endeudarse para reproducir su vida cotidiana, no estamos simplemente frente a millones de malas decisiones privadas. Estamos frente a una determinada distribución social del poder.

En la apertura, Emiliano Coroniti desarrolla la hipótesis que el artículo del filósofo Ferguson, y los economistas Matthews, Ronayne y Veneziani intentan refutar: “Los votantes libertarios son unos pelotudos”, sostiene Emiliano, en un clásico del streaming argentino que ya merece una instalación audiovisual en el Malba para que lo analicen las nuevas generaciones.

Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas

El creciente endeudamiento de los hogares argentinos no puede leerse como una suma de malas decisiones individuales, falta de previsión o incapacidad para administrar los ingresos. Es, antes que nada, una respuesta social a un modelo económico que deteriora el poder adquisitivo, encarece las condiciones de reproducción de la vida y obliga a millones de familias a recurrir al crédito para sostener consumos básicos. Como advirtió Mark Fisher, uno de los rasgos centrales del capitalismo contemporáneo consiste en transformar problemas estructurales en fracasos personales: aquello que produce el sistema aparece como responsabilidad del individuo. Así, la deuda deja de ser una anomalía privada y se convierte en un mecanismo de disciplinamiento social. El trabajador endeudado no simplemente «gasta de más»: utiliza crédito para compensar la insuficiencia de su salario. La morosidad, entonces, tampoco expresa necesariamente irresponsabilidad: puede ser el punto en que la capacidad familiar de absorber el ajuste llega a su límite. La deuda de los hogares no es una carencia moral de las familias; es una de las formas concretas en que la crisis del modelo económico se descarga sobre ellas. Cierra el cura Juan Rega: "Deuda o hambre", en los barrios populares ya las familias comen una vez al día.

Psycho Killer carioca

Una sombra planea hoy sobre la relación bilateral más estratégica de la Argentina: la que mantiene con Brasil. El canciller Mauro Vieira llamó a consultas a su embajador en Argentina luego de que Milei calificara al presidente brasilero de «convicto» y «ladrón».

Golpe a la nostalgia: Mercantilización masiva, la paradoja del mundo del espectáculo

El Mundial 2026 no solo batió récords deportivos y de asistencia. También confirmó un cambio estructural en el mercado audiovisual estadounidense: el fútbol dejó de ser un producto de nicho y pasó a ocupar un lugar central en la industria del entretenimiento.

Según Axios, la final entre España y Argentina fue vista por 62,8 millones de personas en Estados Unidos, convirtiéndose en el partido de fútbol más visto de la historia del país y en la final de un Mundial con mayor audiencia registrada en territorio estadounidense.

Los datos más relevantes son:

62,8 millones de espectadores entre las transmisiones en inglés (Fox) y español (Telemundo/Peacock).
38,9 millones siguieron el encuentro por Fox.
23,9 millones lo hicieron por Telemundo y Peacock, estableciendo además un récord histórico para una transmisión deportiva en español en Estados Unidos.

El fenómeno responde a varios factores:

La organización del torneo en Estados Unidos, Canadá y México acercó el evento al público norteamericano.
La buena actuación de la selección estadounidense incrementó el interés durante toda la competencia.
La expansión del streaming amplió considerablemente el alcance de las transmisiones.
La presencia de figuras como Lionel Messi, en lo que podría haber sido su último Mundial, aportó un atractivo adicional.

Desde el punto de vista económico, el impacto fue inmediato. Fox registró un fuerte crecimiento de sus plataformas digitales, mientras que Peacock sumó millones de nuevos suscriptores gracias al torneo. El éxito de audiencia fortalece además la posición de la FIFA de cara a la negociación de los derechos televisivos del Mundial 2030, cuyo valor se proyecta significativamente superior al de los ciclos anteriores.

En perspectiva, el Mundial 2026 consolidó el ingreso definitivo del fútbol al mercado deportivo de masas en Estados Unidos. Durante décadas, las ligas profesionales estadounidenses dominaron el consumo televisivo; ahora, la Copa del Mundo demostró que un gran evento futbolístico puede competir e incluso superar, en audiencia, a las finales de la NBA, la Serie Mundial de béisbol y otros espectáculos tradicionales del deporte estadounidense.

La gran paradoja del deporte contemporáneo es que cuanto más se denuncia la mercantilización del espectáculo, más masivo se vuelve ese mismo espectáculo. Nunca hubo tantas críticas al negocio del fútbol —calendarios interminables, clubes-empresa, fondos de inversión, marketing global, precios prohibitivos de las entradas— y, sin embargo, nunca tanta gente lo consumió.

El Mundial 2026 parece confirmar esa contradicción. La final entre España y Argentina reunió casi 63 millones de espectadores solo en Estados Unidos, una cifra impensable apenas una década atrás. El fútbol ya no es únicamente el deporte más popular del planeta: se está convirtiendo también en uno de los principales productos culturales de la economía digital.

Existe una analogía reveladora con la Fórmula 1. Los aficionados de larga data sostienen que la categoría perdió parte de su mística: desaparecieron muchos circuitos históricos, los autos son cada vez más estandarizados, la estrategia informática pesa tanto como el piloto y el negocio domina sobre la épica deportiva. Sin embargo, los datos muestran el fenómeno inverso: la F1 vive el mayor auge comercial de su historia. Los autódromos registran récords de asistencia, las audiencias televisivas y por streaming multiplican las de décadas anteriores y la serie Drive to Survive transformó un deporte tradicionalmente europeo en un fenómeno global, especialmente entre públicos jóvenes y estadounidenses.

La lógica es similar a la del fútbol. Lo que muchos perciben como una pérdida de autenticidad es, al mismo tiempo, el mecanismo que permitió ampliar exponencialmente la escala del espectáculo. La digitalización, las plataformas de streaming, las redes sociales y la internacionalización de los calendarios convirtieron competencias antes esencialmente nacionales o regionales en productos globales consumidos en tiempo real por cientos de millones de personas.

Desde una perspectiva de economía política, no hay contradicción. El capitalismo contemporáneo tiende a industrializar la emoción. El deporte deja de ser solamente una competencia para convertirse en una plataforma de producción de audiencias, datos, publicidad, apuestas, contenidos audiovisuales y consumo asociado. La nostalgia por un deporte "más puro" convive con una demanda que no deja de crecer porque el propio capital ha logrado expandir extraordinariamente el mercado del entretenimiento deportivo.

En ese sentido, el Mundial 2026 y la nueva Fórmula 1 ilustran una misma tendencia histórica: la espectacularización no necesariamente erosiona la masividad; muchas veces la potencia. El espectáculo puede perder parte de su aura romántica para quienes lo conocieron en otras épocas, pero gana una escala inédita como mercancía cultural global. La paradoja es que el deporte parece menos auténtico para muchos de sus seguidores históricos y, al mismo tiempo, nunca fue tan exitoso, rentable y universal.

La incertidumbre

El estudio del Observatorio de Psicología Social de la UBA define la incertidumbre como un estresor cotidiano que impacta la salud mental, caracterizado por la erosión de la cohesión social y la previsibilidad institucional. El paradigma destaca fenómenos como la anomia social, el bloqueo de proyectos a futuro, la polarización afectiva y la indefensión aprendida, que en conjunto fomentan apatía y malestar psicológico en la población.

Siguiendo el paradigma conceptual del estudio, el lector observará que la incertidumbre es un ansiógeno poderoso en todas sus formas, incluida la incertidumbre política, que afecta a la dirigencia - no solo-, y promueve narrativas notablemente exaltadas, de las que devienen normalmente actos insólitos. Un acting narrativo donde el sujeto no descarga la tensión sólo con una acción impulsiva, sino que la transforma en relato. Otro síntoma de la época.

Doble bandera en el Reino Unido: En La Argentina también se consigue

El Partido Laborista pretende que la represión contra Palestine Action sirva de modelo político. ¿Por qué no encarcelar también a los líderes de la oposición y a cualquier ciudadano que proteste contra las políticas gubernamentales? Pero es un fenómeno global, facilmente detectable en la región y en nuestro país, por supuesto, por algo somos vanguardia en la entrega de la patria por algo tenemos al presidente "más sionista" del universo, marte y más allá ...

El agotamiento vende – la cultura del esfuerzo –

Según Axios, la recuperación física y mental óptima a través del turismo de sueño de lujo, la medicina de longevidad y el couching ejecutivo se ha convertido en un nuevo símbolo de estatus para los estadounidenses medios y altos y no solo estadounidenses.
Esta tendencia resalta un cambio donde el agotamiento de la "cultura del esfuerzo" (hustle culture, como la de Macri por ejemplo) se enfrenta con soluciones de bienestar exclusivas y de alto costo. Cierra la entrada un notable texto de Esteban Schmidt que es atrapante ab initio: "Milei pasará, si dios nos ayuda, pero las bandas de la política sobrevivirán; más cerca Espinoza, más allá Insfrán; a los más alfabetizados nos toca Yacobitti. El rol de Radio con Vos. Insufribles y +..."

Algunas discretas maneras de estar loco

El artículo “El presidente está enfermo”, de Hugo Presman, es una crítica política muy dura a la figura de Javier Milei. Según la presentación de la revista, Presman sostiene que el Presidente muestra una “preocupante desconexión con la realidad” y que requeriría un tratamiento adecuado, sin que ello excluya la necesidad de juzgar políticamente las consecuencias de su gobierno. En la apertura Gustavo Dessall ** sobre psicosis ordinaria, un fragmento de su ponencia.

La encíclica del león argento: «Sbalordito Tutti»

En la Argentina del Psycho Killer suceden hechos atípicos tan rápidamente que la anormalidad produce un efecto social de anonadamiento. Mientras el escándalo Adorni nos cautiva, las Privatizaciones de AySA, de las centrales nucleares, de la Hidrovía, o la salida de la Organización Mundial de la Salud, que agrava el desmantelamiento del sistema público de salud – entre otros hechos – lo que se normaliza es precisamente el estado de anonadamiento que padecemos. Por supuesto entonces, en el video de apertura, Pato da Torre nos "anonada".

Absolutamente cortinas

En 250 años, Estados Unidos nunca había visto a un presidente en ejercicio protegerse a sí mismo y a su familia del escrutinio fiscal, después de haber implementado políticas que benefician a sus propios negocios y carteras personales, como lo ha hecho Donald J. Trump .