
Una investigación reciente realizada por Benjamin Ferguson, Peter Hans Matthews, David Ronayne y Roberto Veneziani, cuestiona una de las premisas centrales de la polarización contemporánea: que la izquierda y la derecha poseen concepciones radicalmente incompatibles sobre la explotación. El estudio, basado en 551 filósofos académicos y 1.546 personas del público general de Estados Unidos y Reino Unido, encuentra algo mucho más significativo: unos y otros identifican prácticamente los mismos factores cuando juzgan que existe explotación. Injusticia, poder asimétrico y desigualdad de los beneficios aparecen como los principales determinantes.
El dato más relevante es que la combinación entre poder desigual y resultados económicos desiguales genera una percepción de explotación muy superior a la que producen cada uno de esos factores por separado. Entre los académicos, por ejemplo, la presencia aislada del poder elevó la percepción de explotación en 14 puntos y la desigualdad en 8, pero cuando ambas condiciones aparecieron juntas el incremento alcanzó 34 puntos. La explotación aparece así no simplemente como una distribución desigual de recursos ni como una relación asimétrica de poder, sino como la utilización de una posición estructuralmente dominante para apropiarse de una porción desproporcionada del resultado económico.
Esto permite recuperar una intuición central de Marx sin convertirla en una cuestión exclusivamente doctrinaria. La explotación no depende de que el explotador sea personalmente cruel, ni de que la víctima haya cometido un error, ni siquiera de la existencia de una relación interpersonal conflictiva. El núcleo está en la estructura de poder que permite que una parte imponga condiciones a otra y capture una porción desigual del producto social. El estudio muestra, incluso, que el respeto interpersonal tiene una importancia muy menor entre los académicos: un jefe amable puede explotar exactamente igual que uno maltratador. Para el público general, en cambio, la falta de respeto pesa mucho más, probablemente porque constituye la experiencia cotidiana mediante la cual se percibe y se experimenta una relación estructural de subordinación.
La conclusión política es particularmente interesante para la Argentina. Si se traslada esta matriz al fenómeno del endeudamiento familiar, cambia completamente la pregunta. En lugar de preguntarnos por qué determinados hogares “no saben administrar su dinero”, debemos preguntarnos qué relación de poder produce las condiciones bajo las cuales millones de hogares necesitan endeudarse para sostener su reproducción cotidiana. El deudor aparece entonces no como un individuo defectuoso, sino como el resultado de una determinada relación entre ingresos, precios, empleo, crédito y distribución del excedente.
Esta perspectiva permite conectar dos fenómenos que habitualmente se presentan separados: endeudamiento y explotación. Cuando el salario pierde capacidad para reproducir las condiciones materiales de vida, el crédito funciona como un mecanismo de compensación. Pero esa compensación tiene un costo: transforma una insuficiencia presente de ingresos en una obligación futura. La deuda, en ese sentido, no elimina la desigualdad; la administra temporalmente y puede profundizarla.
Hay aquí una cuestión política de fondo. La ideología neoliberal procura transformar relaciones estructurales en decisiones individuales: el trabajador que acepta un salario bajo “elige”; el inquilino que soporta condiciones abusivas “elige”; la familia que se endeuda para llegar a fin de mes “se administra mal”. El estudio nos permite invertir esa mirada: allí donde existe una desigualdad de poder que condiciona las opciones disponibles, hablar simplemente de elección individual oculta la estructura que produce esas opciones.
Esto resulta especialmente relevante para comprender la política contemporánea. La investigación encuentra que incluso sectores identificados con la derecha reconocen la explotación cuando perciben conjuntamente injusticia, poder asimétrico y resultados desiguales. La derecha y la izquierda pueden diferir profundamente respecto de las soluciones, pero comparten un diagnóstico moral mucho más amplio de lo que suele suponerse: existe algo injusto cuando quienes poseen mayor poder utilizan esa ventaja para apropiarse de una porción desproporcionada de los recursos.
Por eso el desafío para la izquierda no consiste en abandonar su crítica estructural para adaptarse al sentido común de la derecha, sino en traducir esa crítica estructural a experiencias materiales reconocibles por las mayorías: el salario que no alcanza, la deuda que crece, el alquiler que se vuelve impagable, el empleo que pierde estabilidad, la concentración económica y la pérdida de capacidad de negociación de los trabajadores.
En definitiva, el hallazgo más importante de esta investigación podría formularse así: la explotación deja de ser una categoría exclusivamente marxista y aparece como una intuición social compartida. La disputa política pasa entonces por determinar quién tiene poder, cómo lo utiliza y quién paga los costos de esa relación. Y allí se vuelve particularmente fértil para analizar la Argentina actual: cuando millones de familias deben endeudarse para reproducir su vida cotidiana, no estamos simplemente frente a millones de malas decisiones privadas. Estamos frente a una determinada distribución social del poder.
En la apertura, Emiliano Coroniti desarrolla la hipótesis que el artículo del filósofo Ferguson, y los economistas Matthews, Ronayne y Veneziani intentan refutar: “Los votantes libertarios son unos pelotudos”, sostiene Emiliano, en un clásico del streaming argentino que ya merece una instalación audiovisual en el Malba para que lo analicen las nuevas generaciones.

Detrás del repliegue oficialista con la Ley de Tierras y de Manejo del Fuego, se encuentra una secuencia política más profunda.
En política, las correlaciones de fuerzas suelen presentarse como realidades estáticas. Se las mide a través de elecciones, encuestas, bancadas parlamentarias, capacidad de movilización, recursos económicos o control institucional. Sin embargo, la historia política demuestra que ninguna correlación de fuerzas permanece definitivamente congelada. A veces, un acontecimiento inesperado puede alterar en poco tiempo aquello que parecía firmemente establecido.
El acontecimiento o evento no debe confundirse con cualquier hecho de coyuntura. Se trata de una irrupción capaz de modificar la percepción que los actores tienen de sus propias posibilidades. Una sociedad puede atravesar durante meses o años un proceso de malestar, fragmentación y descontento sin que ello se traduzca automáticamente en acción política. Pero basta en ocasiones un hecho aparentemente menor para que esas demandas dispersas encuentren un punto de condensación.
Allí comienza a cambiar la política.
La importancia del acontecimiento reside precisamente en que no puede explicarse solamente por las estructuras institucionales existentes. Aparece en un terreno preparado por contradicciones sociales previamente acumuladas, pero introduce algo que no estaba previsto en el cálculo de los actores dominantes. Lo que hasta entonces parecía imposible comienza a aparecer como posible.
Por eso, la correlación de fuerzas no se modifica únicamente dentro del Parlamento ni mediante una elección. También puede comenzar a cambiar en la calle, en los sindicatos, en las organizaciones sociales, en los territorios y en aquellos espacios de la sociedad donde se construye sentido común.
La experiencia reciente ofrece ejemplos significativos. Un símbolo, una consigna o una protesta que inicialmente parece circunscripta a un grupo reducido puede convertirse en expresión de un malestar más amplio. La bandera “Las Malvinas son Argentinas”, por ejemplo, excedió rápidamente el carácter deportivo o patriótico de su aparición para convertirse en un punto de condensación de una discusión mucho más profunda sobre soberanía, recursos naturales y relación con el capital extranjero.
Lo decisivo no es entonces el tamaño inicial del hecho, sino su capacidad de producir identificación y organización. Un acontecimiento puede funcionar como una chispa sobre una superficie social que ya acumula materiales inflamables.
Esta dinámica permite comprender por qué los gobiernos pueden conservar una mayoría institucional y, al mismo tiempo, comenzar a perder capacidad política. La autoridad formal puede mantenerse mientras se erosiona la legitimidad social. Y cuando esa distancia entre poder institucional y consenso social se amplía, un acontecimiento puede acelerar la transformación de la escena.
En este punto aparece una cuestión central: la política no consiste solamente en administrar una correlación de fuerzas existente, sino en disputar permanentemente su modificación.
Desde una perspectiva cercana a la reflexión de Alain Badiou, el acontecimiento introduce una ruptura con el orden de lo previsible. No crea desde cero una nueva realidad: hace visible una posibilidad que permanecía oculta dentro de la situación. Después del acontecimiento comienza una disputa por su significado y, fundamentalmente, por su capacidad de prolongarse en una secuencia política.
Ese es el momento decisivo. Un acontecimiento puede ser neutralizado, absorbido o convertido en una anécdota. Pero también puede convertirse en el punto de partida de una nueva articulación social y política.
La historia argentina está llena de estos momentos. El Cordobazo, las jornadas de diciembre de 2001 o determinadas movilizaciones populares que modificaron decisiones gubernamentales muestran que la política real no siempre comienza en los lugares donde las instituciones esperan encontrarla.
Por eso, analizar una coyuntura exclusivamente a través de encuestas, elecciones o relaciones parlamentarias puede conducir a una lectura equivocada. Esos instrumentos permiten observar una parte de la correlación de fuerzas, pero no necesariamente aquello que está comenzando a transformarla.
La cuestión estratégica consiste, entonces, en identificar esos puntos de ruptura: allí donde una demanda particular deja de ser solamente particular, donde un símbolo comienza a expresar un conflicto general y donde sectores sociales hasta entonces dispersos descubren que pueden actuar colectivamente.
Cuando eso ocurre, la correlación de fuerzas deja de ser una fotografía y vuelve a convertirse en un proceso.
Y es precisamente allí donde comienza la política.

Alguien usó IA para escribir mi biografía. Miles de libros más de ese tipo están contaminando Amazon. ¿Quién está detrás de toda esta bazofia?

El artículo de Bruno Sgarzini parte de una pregunta que se volvió central durante el Mundial 2026: ¿existió realmente una campaña coordinada contra la Argentina o fue un fenómeno espontáneo amplificado por los algoritmos?
Su respuesta es matizada. No sostiene una teoría conspirativa, pero tampoco acepta que todo haya sido casual.Las redes sociales se inundaron durante el Mundial 2026 de mensajes que acusaban a la Argentina de racismo, supremacismo blanco, corrupción arbitral ("ArgenFIFA") y privilegios deportivos. Para Sgarzini, el fenómeno no puede reducirse a una simple conspiración, pero tampoco explicarse únicamente por el comportamiento espontáneo de millones de usuarios.
El autor sostiene que confluyeron varios factores.
En primer lugar, existieron núcleos organizados de producción de contenido que instalaron determinadas narrativas. Sin embargo, la verdadera potencia no provino de esos grupos sino de los algoritmos de plataformas como X, TikTok e Instagram, que privilegian el contenido emocional, polarizante y conflictivo.
En segundo término, la selección argentina llegaba al Mundial como uno de los equipos más exitosos de la última década. Esa condición de favorito multiplicó el incentivo para generar contenido crítico, ya que "odiar al campeón" genera muchas más interacciones que apoyarlo.
También analiza cómo la discusión sobre la composición étnica de la selección argentina fue utilizada para presentar al país como excepcionalmente racista, ignorando procesos históricos, migratorios y demográficos mucho más complejos. El autor advierte que muchas críticas mezclaron hechos ciertos con generalizaciones falsas, una combinación especialmente eficaz para viralizarse.
Otro aspecto central del análisis es que la economía de la atención recompensa mucho más la indignación que la información. Cada publicación que denunciaba a Argentina encontraba miles de respuestas, réplicas y discusiones, alimentando un círculo de retroalimentación que hacía crecer todavía más el alcance del tema.
El artículo concluye que probablemente no existió un "comando central" dirigiendo una operación mundial, pero sí una convergencia entre actores interesados, comunidades digitales ya predispuestas y algoritmos diseñados para maximizar la confrontación. En ese contexto, una narrativa inicialmente marginal terminó convirtiéndose en una conversación global.
Un debate que sigue abierto
Otros análisis publicados durante julio llegan a conclusiones parcialmente coincidentes. Investigaciones periodísticas y de consultoras digitales registraron millones de menciones negativas sobre Argentina durante el Mundial, aunque aclaran que esos datos no demuestran por sí solos la existencia de una operación centralizada. También destacan el papel decisivo de los algoritmos y de la lógica de las plataformas para convertir algunos temas en fenómenos globales.
En ese sentido, la tesis de Sgarzini puede resumirse así: más que una conspiración perfectamente organizada, existió una convergencia entre campañas parciales, incentivos económicos de las plataformas y una arquitectura algorítmica que premia la polarización, transformando un conjunto de narrativas dispersas en una percepción internacional de gran alcance.

Estos apuntes describen muy brevemente la génesis, evolución y reactivación del concepto de «campaña antiargentina» como un dispositivo retórico y tecnológico estructural de los modelos económicos de derecha neoliberal en la Argentina. Se sostiene que este constructo funciona como un mecanismo de cohesión ideológica abstracta en el plano de la superestructura discursiva y digital. Su objetivo es edificar una unificación imaginaria de la población de manera concomitante con un proceso material de desarticulación, extranjerización y fragmentación estructural del Estado-Nación, aquí caracterizado bajo la categoría analítica de tupacamarización. A través de un abordaje histórico-comparativo, se demuestra la línea de continuidad entre el programa fundacional de la última dictadura cívico-militar (1976-1983) conducido por José Alfredo Martínez de Hoz y su capítulo contemporáneo bajo la gestión libertaria y el denominado «Plan Caputo».

El Mundial 2026 no solo batió récords deportivos y de asistencia. También confirmó un cambio estructural en el mercado audiovisual estadounidense: el fútbol dejó de ser un producto de nicho y pasó a ocupar un lugar central en la industria del entretenimiento.
Según Axios, la final entre España y Argentina fue vista por 62,8 millones de personas en Estados Unidos, convirtiéndose en el partido de fútbol más visto de la historia del país y en la final de un Mundial con mayor audiencia registrada en territorio estadounidense.
Los datos más relevantes son:
62,8 millones de espectadores entre las transmisiones en inglés (Fox) y español (Telemundo/Peacock).
38,9 millones siguieron el encuentro por Fox.
23,9 millones lo hicieron por Telemundo y Peacock, estableciendo además un récord histórico para una transmisión deportiva en español en Estados Unidos.
El fenómeno responde a varios factores:
La organización del torneo en Estados Unidos, Canadá y México acercó el evento al público norteamericano.
La buena actuación de la selección estadounidense incrementó el interés durante toda la competencia.
La expansión del streaming amplió considerablemente el alcance de las transmisiones.
La presencia de figuras como Lionel Messi, en lo que podría haber sido su último Mundial, aportó un atractivo adicional.
Desde el punto de vista económico, el impacto fue inmediato. Fox registró un fuerte crecimiento de sus plataformas digitales, mientras que Peacock sumó millones de nuevos suscriptores gracias al torneo. El éxito de audiencia fortalece además la posición de la FIFA de cara a la negociación de los derechos televisivos del Mundial 2030, cuyo valor se proyecta significativamente superior al de los ciclos anteriores.
En perspectiva, el Mundial 2026 consolidó el ingreso definitivo del fútbol al mercado deportivo de masas en Estados Unidos. Durante décadas, las ligas profesionales estadounidenses dominaron el consumo televisivo; ahora, la Copa del Mundo demostró que un gran evento futbolístico puede competir e incluso superar, en audiencia, a las finales de la NBA, la Serie Mundial de béisbol y otros espectáculos tradicionales del deporte estadounidense.
La gran paradoja del deporte contemporáneo es que cuanto más se denuncia la mercantilización del espectáculo, más masivo se vuelve ese mismo espectáculo. Nunca hubo tantas críticas al negocio del fútbol —calendarios interminables, clubes-empresa, fondos de inversión, marketing global, precios prohibitivos de las entradas— y, sin embargo, nunca tanta gente lo consumió.
El Mundial 2026 parece confirmar esa contradicción. La final entre España y Argentina reunió casi 63 millones de espectadores solo en Estados Unidos, una cifra impensable apenas una década atrás. El fútbol ya no es únicamente el deporte más popular del planeta: se está convirtiendo también en uno de los principales productos culturales de la economía digital.
Existe una analogía reveladora con la Fórmula 1. Los aficionados de larga data sostienen que la categoría perdió parte de su mística: desaparecieron muchos circuitos históricos, los autos son cada vez más estandarizados, la estrategia informática pesa tanto como el piloto y el negocio domina sobre la épica deportiva. Sin embargo, los datos muestran el fenómeno inverso: la F1 vive el mayor auge comercial de su historia. Los autódromos registran récords de asistencia, las audiencias televisivas y por streaming multiplican las de décadas anteriores y la serie Drive to Survive transformó un deporte tradicionalmente europeo en un fenómeno global, especialmente entre públicos jóvenes y estadounidenses.
La lógica es similar a la del fútbol. Lo que muchos perciben como una pérdida de autenticidad es, al mismo tiempo, el mecanismo que permitió ampliar exponencialmente la escala del espectáculo. La digitalización, las plataformas de streaming, las redes sociales y la internacionalización de los calendarios convirtieron competencias antes esencialmente nacionales o regionales en productos globales consumidos en tiempo real por cientos de millones de personas.
Desde una perspectiva de economía política, no hay contradicción. El capitalismo contemporáneo tiende a industrializar la emoción. El deporte deja de ser solamente una competencia para convertirse en una plataforma de producción de audiencias, datos, publicidad, apuestas, contenidos audiovisuales y consumo asociado. La nostalgia por un deporte "más puro" convive con una demanda que no deja de crecer porque el propio capital ha logrado expandir extraordinariamente el mercado del entretenimiento deportivo.
En ese sentido, el Mundial 2026 y la nueva Fórmula 1 ilustran una misma tendencia histórica: la espectacularización no necesariamente erosiona la masividad; muchas veces la potencia. El espectáculo puede perder parte de su aura romántica para quienes lo conocieron en otras épocas, pero gana una escala inédita como mercancía cultural global. La paradoja es que el deporte parece menos auténtico para muchos de sus seguidores históricos y, al mismo tiempo, nunca fue tan exitoso, rentable y universal.

La proliferación de cámaras inteligentes capaces de registrar cada movimiento de millones de vehículos reabre en Estados Unidos un debate crucial sobre los límites de la vigilancia estatal. Mientras sus defensores las presentan como herramientas para combatir el delito, sus críticos advierten que la recopilación masiva de datos sin sospecha previa erosiona la privacidad, favorece el control social y pone en tensión principios fundamentales de las democracias liberales tradicionales.

El artículo de Jacobin, titulado "The Iran War Had Plenty of Cheerleaders in the Media. We Shouldn't Forget How Spectacularly, Destructively Wrong They Were", constituye una crítica al papel desempeñado por buena parte del establishment mediático estadounidense durante la guerra con Irán y a la posterior ausencia de autocrítica cuando muchas de las justificaciones de la intervención quedaron desmentidas por los hechos. La tesis central del artículo es que el verdadero problema no reside únicamente en que numerosos analistas hayan apoyado una guerra que terminó mostrando resultados muy distintos a los prometidos. Lo preocupante, según Jacobin, es que el sistema político-mediático estadounidense reproduce cíclicamente los mismos incentivos: las voces que impulsan la intervención militar conservan prestigio y espacio público incluso cuando sus diagnósticos fracasan, mientras que las posiciones críticas suelen quedar marginadas hasta que el conflicto ya ha producido consecuencias irreversible. ¡¡Por suerte en La Argentina esto no pasa!!

El artículo de Axios sintetiza una tendencia que diversos estudios vienen registrando desde hace años: los estadounidenses socializan cada vez menos, independientemente de la edad. El dato central proviene de la American Time Use Survey y muestra que el tiempo promedio diario dedicado a la interacción social cayó de 45 minutos a 35 minutos en las últimas dos décadas. Este proceso tiene consecuencias políticas importantes. Una sociedad con menos espacios de encuentro tiende a presentar menor confianza interpersonal, mayor polarización, menor participación en organizaciones colectivas y una ciudadanía más expuesta a la fragmentación informativa y a las dinámicas algorítmicas de las redes sociales.
En conjunto, el artículo sugiere que la disminución de la sociabilidad no es un simple cambio de hábitos, sino un indicador de una transformación profunda de la estructura social estadounidense. En el contexto del 250.º aniversario del país del norte, esta tendencia dialoga con otros síntomas de malestar registrados recientemente, como el aumento del pesimismo sobre el futuro y la pérdida de confianza en las instituciones. No hay registros en nuestro país pero, podemos inferir que la tendencia es similar en sus consecuencias sociales y políticas: asilamiento y fragmentación.

El poder permanente acelera y ya se prepara para el día después. El almuerzo secreto de Santiago Caputo con los CEOs de IDEA y una variante más osada del mileismo sin Milei. Mientras los Saguier adoptan la filosofía Magnetto, Adorni y Karina usan el Mundial para poner la TV Pública al servicio de los Werthein. El partido más caro de la historia.

Estados Unidos e Irán acordaron un memorando de entendimiento de 14 puntos para poner fin al conflicto bélico iniciado a principios de 2026. El histórico documento establece el cese inmediato de hostilidades y garantiza la reapertura del Estrecho de Ormuz a cambio de la liberación de activos financieros iraníes.
El pacto preliminar, que será formalizado en Suiza, contempla puntos clave que han generado opiniones divididas y asombro en la comunidad internacional.
Puntos clave del acuerdo
1- Cese de hostilidades: Marca el fin permanente de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano, y prohíbe el uso de la fuerza entre ambas naciones.
2-Apertura de Ormuz: Irán se compromete a restablecer el tráfico marítimo y a neutralizar las minas en el área, mientras que Estados Unidos levantará su bloqueo naval en un plazo de 30 días.
3-Alivio económico y sanciones: Estados Unidos levantará las sanciones internacionales y descongelará los activos financieros de Irán.
4- Fondo de Reconstrucción: Se incluye un plan integral con una financiación de al menos $$300.000 millones para el desarrollo económico y la rehabilitación de Irán.
5-Negociación final: El memorando establece un periodo de 60 días para negociar los términos de un acuerdo definitivo y duradero.
El acuerdo ha sido catalogado como «sorprendente» debido a las amplias concesiones de Washington para restaurar la normalidad comercial y energética, lo que generó un intenso debate sobre su verdadera eficacia a largo plazo.
En el video de apertura Tucker Carlson (ex MAGA) por momentos descreído… y eso que Trump no miente jamás.

El artículo del house organ Axios describe una fractura significativa dentro del movimiento MAGA en torno a la política de Donald Trump hacia Irán. La paradoja es que Trump llegó al poder prometiendo una línea dura contra Teherán, pero tras la guerra de 2026 y el desgaste económico derivado del conflicto, ahora impulsa un acuerdo que una parte de su propia base considera una concesión inaceptable.
El detonante es un memorando de entendimiento negociado entre Washington y Teherán después de la denominada "Operation Epic Fury". El acuerdo incluiría la reapertura del estrecho de Ormuz, compromisos iraníes sobre el programa nuclear y alivio de algunas sanciones económicas. La Casa Blanca sostiene que el objetivo es estabilizar la región y evitar una nueva guerra prolongada.
Sin embargo, sectores neoconservadores y fuertemente alineados con Israel dentro del universo MAGA consideran que Trump está abandonando la estrategia de "máxima presión" sobre Irán. Figuras mediáticas conservadoras como Ben Shapiro han expresado preocupación por la posibilidad de que el acuerdo termine fortaleciendo a Teherán.
El ala nacionalista "America First" quiere evitar nuevas guerras en Medio Oriente, reducir compromisos militares externos y concentrarse en problemas internos.
El ala proisraelí y neoconservadora considera que Irán debe ser mantenido bajo presión permanente y rechaza cualquier acuerdo que implique alivio de sanciones o reconocimiento diplomático.
Durante años estas corrientes convivieron dentro de MAGA porque compartían enemigos comunes. Pero cuando la cuestión pasa de la retórica a la negociación concreta con Irán, emergen intereses divergentes.
La disputa también refleja tensiones entre Washington y el gobierno de Benjamin Netanyahu. Diversos informes recientes señalan que Trump busca cerrar el conflicto y estabilizar los mercados energéticos, mientras Netanyahu tendría incentivos para mantener una política más confrontativa hacia Irán.
Para Trump, el costo puede ser limitado porque conserva una fuerte autoridad personal sobre su base. El problema es más serio para dirigentes que aspiran a sucederlo, como J. D. Vance, quienes quedan atrapados entre las distintas facciones del trumpismo. Axios señala que esta disputa podría convertirse en uno de los primeros grandes debates sobre la orientación del movimiento MAGA en la etapa posterior a Trump.
En términos más amplios, la controversia muestra una contradicción histórica de la derecha estadounidense: la tensión entre el aislacionismo nacionalista ("no más guerras") y la defensa global de los intereses estratégicos de Estados Unidos e Israel. La cuestión iraní ha vuelto visible una fractura que permanecía latente dentro de la coalición trumpista. Por supuesto, todo esto hay que creérselo, eso ya excede el marco de esta nota. En el cierre la posición de Tucker Carlson, ex MAGA aislacionista, sobre la influencia de Isrel en la política exterior norteamericana y la impertinencia de dar apoyo estadounidense a un país extranjero "sin excepciones". En la apertura "Animals" la masterpiece de Pink Floyd con imágenes de "Rebelión en la Granja" de George Orwell.

La publicidad bajo formato periodístico es lo habitual Al respecto, la narrativa expuesta en este fragmento revela un profundo sesgo de clase al naturalizar dinámicas de precarización laboral y desplazamiento demográfico como meros indicadores de éxito de mercado, validada por la absoluta complacencia de un entorno periodístico que renuncia a su rol de confrontación. Al analizar el discurso de Federico Sturzenegger en el canal de Carlos Burgueño en YouTube, se evidencia una brecha analítica entre la abstracción macroeconómica y el impacto social real.
En definitiva, la migración definitiva del debate político y económico hacia el ecosistema de las plataformas digitales ha modificado de raíz las reglas de juego de la comunicación. La subordinación del criterio editorial humano a las métricas de distribución de los algoritmos de recomendación está transformando la información en un bien de consumo rápido, donde la densidad analítica cede terreno frente a la espectacularidad. En plataformas como YouTube, TikTok o X (antes Twitter), el éxito de un contenido ya no se mide por su rigor metodológico o la pluralidad de sus fuentes, sino por su capacidad de retención. Esta dinámica altera la estructura misma de la entrevista periodística, transformándola en propaganda muy poco encubierta, por otra parte. De todas formas siempre es muy grato escuchar a Fede Sturze.

El supuesto acuerdo entre Irán y EE.UU es un verdadero misterio geopolítico. Dos enfoque, ambos travestidos bajo el formato periodístico permiten alejarnos aún más de lo efectivamente sucedido. El de Barak Ravid uno de los periodistas israelíes más influyentes en temas de política exterior y seguridad. Trabaja para Axios y mantiene una amplia red de fuentes en los gobiernos de Israel, Estados Unidos y países árabes.
Precisamente por esa cercanía recibe críticas desde distintos sectores. Sectores de izquierda israelí y algunos analistas internacionales le han reprochado haber mantenido una relación particularmente fluida con gobiernos como los de Benjamin Netanyahu, así como con funcionarios estadounidenses de las administraciones de Joe Biden y Donald Trump.
Sus defensores responden que esa cercanía es precisamente la que le permite obtener información exclusiva. Paradójicamente, sectores nacionalistas y partidarios de Netanyahu también lo han acusado en ocasiones de filtrar información sensible o de publicar noticias que perjudican al gobierno israelí. Esta es su evaluación del conflicto, insistimos, siempre bajo el formato de «informe periodístico».
Cierra la evaluación de la agencia Rusa RT , también como informe periodístico, mímesis en los formatos que muestra nuevamente que la pretensión de "objetividad" es parte de la mitología no solo occidental y una respuesta de Tucker Carlson al inefable Barack Ravid. ¯\_(ツ)_/¯

El Gobierno anunció el “Gemelo Digital Social”, uno de los productos que, casualmente, ofrece Palantir, la compañía del magnate tecnológico Peter Thiel. El sistema integrará en una base unificada datos de ANSES, salud, educación, trabajo, migraciones y territorio. Se trata de un salto hacia el “Estado predictivo”. La ambición es total, como total es el sueño de control que anima a los tecnolibertarios, escribe Hernán Borisonik. En este texto, el autor repasa los antecedentes en otros países y advierte, entre otros peligros, sobre la ausencia de un marco legal en Argentina para la protección de datos y el riesgo de que el sistema derive en un amplio esquema de vigilancia social que prediga el hambre en lugar de dejar de producirlo.

En la Argentina del Psycho Killer suceden hechos atípicos tan rápidamente que la anormalidad produce un efecto social de anonadamiento. Mientras el escándalo Adorni nos cautiva, las Privatizaciones de AySA, de las centrales nucleares, de la Hidrovía, o la salida de la Organización Mundial de la Salud, que agrava el desmantelamiento del sistema público de salud – entre otros hechos – lo que se normaliza es precisamente el estado de anonadamiento que padecemos. Por supuesto entonces, en el video de apertura, Pato da Torre nos "anonada".

El periodista Lucas Schaerer explica como el Papa León con su nueva encíclica va poner límites a la carrera armamentista, con IA, que impulsa el presidente Trump junto al Pentágono y la élite de Silicon Valley. Los líderes políticos, económicos y militares, están expectantes por lo que ocurrirá este lunes 25 de mayo en la casa central del catolicismo, el Vaticano, cuando el Papa de origen estadounidense, León XIV, presente su primer documento doctrinal, dedicado a ponerle límites a la carrera armamentista con Inteligencia Artificial (IA), que hoy lidera Estados Unidos, en una alianza del presidente Donald Trump, Pentágono y una élite de empresas de Silicon Valley, que es el área de la bahía de San Francisco de California, donde se instalaron muchas empresas de tecnología, entre ellas Apple, Facebook y Google. Es la primera acción de Roberto Prevost, el nombre civil del Papa, es sumar su primera carta, “Magnifica humanitas”, a la extensa doctrina social de la iglesia, que nutrieron ocho Sumo Pontífices, a lo largo de 135 años. “Magnifica Humanitas”, el título de la primera carta encíclica del primer papa norteamericano, dedicada a la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial (IA). Se abre el debate en torno al rechazo del uso de la IA para la vigilancia masiva interna y el desarrollo de máquinas autónomas para matar. Un acto inédito, de fuerte contenido no solo simólico, en medio del genocidio que la coalición estadounidense-isrelí perpetúan en GAZA y amenaza con extenderse, al menos, desplazando las fronteras actuales existentes en medio oriente y hacerlo de manera indefinida.

Laura Camargo Fernández analiza en Viento Sur cómo la retórica de Donald Trump redefine la comunicación política global y normaliza posturas autoritarias mediante el secuestro semántico y el desplazamiento de la Ventana de Overton. El texto identifica una estrategia que, a través de la construcción de un enemigo interior y el consenso con élites económicas, valida el autoritarismo reaccionario. En el video de apertura la doctora en en Filología Hispánica (especialidad Lingüística Aplicada) por la Universidad de Alcalá Laura Camargo Fernández,conferencias en las Universidades de la Habana, de Nuevo León (México), de Sevilla, de Chile, en la City University of New York y de Guadalajara (México) analiza el trumpismo discursivo, y ofrece un mapa entre el auge de la extrema derecha y la crisis del capitalismo en el ámbito comunicativo.

La mayoría de las personas se dejan influenciar por puntos de vista impuestos por otros. Estos otros pueden ser padres, maestros, figuras religiosas, escritores de diversas tendencias, podcasters y políticos ideológicamente motivados, tanto de derecha como de izquierda, quienes, en sus peores manifestaciones, son verdaderos lobos con piel de cordero; un ejemplo reciente de ello reside actualmente en la Casa Blanca. En otras palabras, existen numerosas fuentes potenciales de inspiración, pero siempre es recomendable informarse bien antes de actuar.

Palantir influye en los procesos electorales a través de su capacidad para analizar cantidades masivas de datos (Big Data) y usar inteligencia artificial para identificar patrones de comportamiento y manipular el sentimiento público. Sus intervenciones han generado un intenso debate político y ético, operando principalmente de las siguientes maneras: Microsegmentación y manipulación psicológica: Mediante algoritmos predictivos, la tecnología de la empresa permite trazar perfiles detallados de los votantes. Esto facilita el diseño de campañas de mensajes hiper-personalizados para influir emocionalmente en el electorado, similar a tácticas polémicas de elecciones pasadas. Asociaciones de alto riesgo para candidatos: Los vínculos históricos de la empresa (cofundada por Peter Thiel) con agencias gubernamentales, como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. (ICE), pueden convertirse en un lastre político. Candidatos asociados a la empresa a menudo enfrentan campañas en su contra por estas colaboraciones.Impacto geopolítico y nuevas democracias: Expertos y analistas han expresado preocupación sobre el rol de la tecnológica y sus figuras en la influencia sobre decisiones gubernamentales, sistemas de vigilancia poblacional y posibles manipulaciones de elecciones en distintos países, como Argentina. Cuestionamientos a la privacidad: Las plataformas de Palantir son frecuentemente criticadas por sectores progresistas y defensores de las libertades civiles por socavar los sistemas democráticos y facilitar la vigilancia poblacional a gran escala. Ya con Cristina Kirchner fuera de competencia, ahora sí llega la hora de Peter Thiel para intervenir en el proceso electoral, no tanto para obligar a que los hombres marchen, sino para que marchen solos. Veremos como le va.