Recordalo no lo olvides …

Ayer en la Facultad de Ingeniería recordamos los 28 años de la Comisión de la memoria de la facu y a los no docentes, docentes y alumnos de ingeniería desparecidos por la ultima dicadura militar, de la cual son herederos directos los integrantes del gobierno recientemente electo. Me toco recordar al compañero y amigo Gustavo Alberto Groba. Les dejo un breve texto colectivo, compilado por su sobrina Mercedes, y un poema de su tío Humberto Constantini, que nos permiten imaginar en parte, quién fue Gustavo.

GUSTAVO GROBA
1950 – 1977

Gustavo nació el 21 Noviembre del 1950 en Argentina.

Fue a la escuela primaria al Colegio Guadalupe. El secundario al Colegio Industrial Pío IX, egresó en 1969 con medalla de oro al mayor promedio de la promoción. Allí trabajó como profesor titular de “Electrónica General I” (4° año). Jefe de Laboratorios, Segundo Jefe de Departamento Técnico, Suplente a cargo de la Cátedra de Tecnología de Componentes Electrónicos. A principios de 1977 completaba el 3° año en la Facultad de Ingeniería UBA e iniciaba el curso del 4° año de estudios.

Sus padres Amelia Gonzalez y Alfredo Groba, su hermano mayor Eduardo y su esposa, Ana. Sus sobrinos, a los que no llegó a conocer, Martín, Inés y Mercedes. Sus primos Graciela, Violeta, Ana y Daniel, su tío el escritor y poeta Humberto ¨Cacho¨ Costantini.

Sus amigxs, compañerxs y alumnxs.

Daniel cuenta “Gustavo compañero de infancia. Aquél que empujaba el autito de lata y usando como casco una pelota de goma rota embarullábamos la siesta de villa Pueyrredón sientiéndonos Fangio. Un tipo bonachón y generoso, siempre alegre. Conocedor de los principios de boxeo y por lo tanto imposible asestarle una piña, las esquivaba con una facilidad apabullante.

Después las jazz session con él en trompeta, mi viejo (Cacho) en acordeón a piano y yo en batería y los Ángeles vienen marchando hasta el cansancio, sobre todo de los vecinos. Sus incursiones a la feria del libro, proveyéndose de aquellos que por su precio era imposible comprar y necesarios para sus estudios. Crecimos y la política nos llevó por caminos un poco distintos, él desde el peronismo revolucionario y yo desde una postura más marxista, pero los dos reivindicando el camino de la revolución. El recuerdo de ese tipo alegre y bonachón forma parte de mi infancia.”

Violeta rescata, “Su sentido del humor, negro a veces, ingenioso siempre. Cuando era adolescente, se había comprado un jeep viejo y se fue al Chaco para la cosecha del algodón, quería ver y conocer todo de cerca.

Cuando estuvo por latinoamérica, trajo unos discos de canciones colombianas que se llamaba Las canciones que mamá no me enseñó revolucionó al barrio y a mis amigas! Después cuando yo estaba embarazada, me venía a visitar seguido, con su infaltable libro bajo el brazo y quedaba en interminables noches charlando con los dos Cachos, mi compañero y mi papá. Mi viejo te podría decir todo lo que significó para él, lo dice en el poema … En fin Gustavo estuvo y pasó por nuestras vidas como un ser de otro mundo.

El está presente en nuestras vidas, todos los jueves llevo su foto a la ronda de las Madres.”

Había sido un excelente alumno en la primaria del Guadalupe y no fue menos en el Pío IX al que le dedicó la vida. Después de egresado comenzó a trabajar como docente de electrónica.

“Lo veo portamina en mano trazando circuitos y más circuitos. También con su osciloscopio sobre el escritorio que daba a la ventana de Lacroze. La misma pasión en aprender que en enseñar”, recuerda Gabriela.

 

Graciela Ester NICOLIA SÁNCHEZ Gustavo Alberto GROBA GONZÁLEZ Graciela nació el 20 de junio de 1953 en Capital Federal. Hija de Eduardo Arturo Nicolia y... | By Sitio de Memoria ex CCDTyE

 

“Conocí a Gustavo hacia fines del año 71 en una parroquia, poco antes de emprender el campamento al Chaco para cosechar algodón que luego repetiríamos al año siguiente en La Rioja por la cocecha del tomate, ya estando juntos.

Aquellas iniciativas nacían al amparo de la iglesia tercer mundista y era además de una experiencia en trabajo comunitario, una forma de conocer el país y lugares muy apartados.

Fue mi compañero de militancia, de la vida y amigo. El trabajo que hacíamos era básicamente barrial, hablando con la gente y vinculado a lo que por entonces era la juventud peronista.

Era la época del fervor por el retorno del General y había que generar el clima del “retorno”.

Con Gustavo comenzamos algo más sistemático, reuniones semanales de discusión, lectura, repartija de volantes, pintadas callejeras, en fin, lo típico por aquellos años efervescentes. Gustavo era sumamente inteligente y superaba la media claramente. Era además un enamorado de la vida. La música, la poesía, el humor, los barcitos, los amigos, los viajes, la política, la mecánica y la electrónica. En todo metía la nariz con placer y profundidad. Como es previsible de ahí venía también parte de su conflicto.

Recuerdo, por ejemplo, que me contaba que cuando estudiaba en la Facultad de Ingeniería sobre Paseo Colón, escuchaba la sirena de los barcos (¿Dársena Sud?) y quería salir corriendo, subir a un barco y recorrer el mundo!

Muchas veces pensé que desde el Club Atlético probablemente también haya escuchado los mismos sonidos dado que es la misma zona y por tanto debía imaginar donde estaba.

¿Qué música? El jazz, clásico, el de los negros. La Porteña Jazz band. Louis Armstrong, su ídolo máximo, en particular: Saint Louis Blues, lo tocaba completo. De ahí el amor por la trompeta a la cual le sacaba buen sonido casi como autodidacta. El tango. Ángel Vargas y Edmundo Rivero, los más amados. Gustavo entonaba naturalmente muy bien y cantaba a voz en cuello sin grandes inhibiciones. De Rivero le gustaba sobre todo el lunfardo.


 

A la par el folclore. Atahualpa Yupanqui. Me lo veo en la caja de un camión al que habíamos subido haciendo dedo en La Rioja vociferando la López Pereira. Otro clásico que recuerdo, cantaba en guaraní, del folclore del litoral, Paloma blanca.

Gustavo tenía un particular y fino sentido del humor. Esa carcajada cristalina que recuerda Humberto era un signo distintivo. Le sacaba punta a todo. Dotado de singular poder de observación, no tardaba en encontrar la arista ridícula de la cual mofarse con ternura y siempre muy filosa. Como además convertía la observación en imitación, al rato estabas en el suelo de la risa cuando había tomado de punto al gallego que servía la mesa o quién se le cruzara por delante. También era un nostálgico y melancólico, sin duda era la contracara del humor.

Es cierto que se compró por monedas un jeep verde land-rover destruído y lo armó completo. Lo amaba como todo aficionado gustoso por esas joyitas. Land-rover era, el interior quedó rústico pero le re hizo con sus manos la mecánica y electricidad.

Los viajes.

Sin duda una fuente infinita de satisfacción dada su inagotable curiosidad y ansia de aventura. Borceguíes, mochila y la ruta. Como fuere. En tren, a dedo, en bondi, caminando. Recorrimos juntos varias provincias. El Chaco y la Rioja por sendos campamentos de cosecha. Duraban un mes y después nos íbamos por los caminos de Dios recorriendo todo lo que podíamos.

Gustavo tenía un claro sentido de la justicia y le dolía la desigualdad en carne propia. Incluso hasta le renegaba de su propio origen y situación social. Gustavo hacía todo a conciencia. Mucha? Demasiada? Era su forma ¡Hay gente que es así, tan necesaria!”

Desapareció a sus 26 años, junto a su novia Graciela Nicolía el 3 de Junio de 1977. Los secuestraron en su
casa de Belgrano y 33 Orientales. Estuvieron en el centro clandestino de detención, el Club Atlético donde los vieron por última vez. Con él se fueron varios amigos: Roberto Grunbaum, Carlos Cañón y su mujer Anabella.

El camino de la memoria

Martín, profe del Pío cuenta “Hoy hicimos el camino de la memoria. El mismo que tal vez hacía Gustavo, de ida y vuelta, de su casa al trabajo. Unimos el colegio Pío IX que lo vio crecer como alumno y luego como docente con su casa. En la puerta del departamento en el que vivía, sobre la vereda, hay una baldosa que lo nombra… a Gustavo y a Graciela, los hace presentes, los aparece … se hacen signo vivo en la memoria de los vecinos y familiares. Hoy hicimos el camino de la memoria … dimos un pasito más para intentar desandar el olvido.

Ni yo, profe del Pío, ni los ciento y pico de alumnos de quinto que hoy caminamos, lo conocimos. En torno a la baldosa, un silencio fértil. Caminé con emoción, sentí mucha emoción… volví a sentir por qué fue que decidí dedicarme a la docencia.

Es una cuestión de memoria, ¿Qué otra cosa es ser docente, sino para transmitir memorias? “

Gracias a todxs los que acercaron sus relatos y fotos para armar este texto colectivo.

Mercedes Groba, sobrina.

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