Realismo geopolítico

El respaldo de Donald Trump al reclamo argentino sobre las Islas Malvinas no puede entenderse como un gesto aislado. Responde a una reconfiguración geopolítica en la que convergen el alineamiento estratégico con Javier Milei, las tensiones con el Reino Unido, el papel de Israel en la política exterior republicana y la creciente disputa por la legitimidad del orden internacional basado en reglas. Este artículo analiza cómo la cuestión Malvinas ha dejado de ser un diferendo exclusivamente bilateral para convertirse en una pieza de la competencia entre las grandes potencias y de la disputa por la aplicación del derecho internacional. Al mismo tiempo permite comprender algunas posiciones parroquiales, como el giro de 180 grados que muchos integrantes del gobierno nacional han tenido respecto a la causa Malvinas, de la que siempre abjuraron. No es soberanismo, es servidumbre.

Trump, Malvinas e Israel: la reconfiguración geopolítica del Atlántico Sur

El respaldo de Donald Trump a la posición argentina sobre las Islas Malvinas constituye uno de los cambios más significativos en la política estadounidense hacia el Atlántico Sur desde la guerra de 1982. Si bien no implica un reconocimiento formal de la soberanía argentina, sí representa una ruptura parcial con la tradicional alineación automática de Washington con Londres y debe interpretarse en el marco de una reconfiguración más amplia de las alianzas occidentales.

Lejos de responder exclusivamente a una revisión histórica de la cuestión Malvinas, el gesto de Trump parece inscribirse en una lógica de realismo geopolítico, donde confluyen cuatro variables: el deterioro de su relación con el Reino Unido; la alianza estratégica con el gobierno de Javier Milei; la creciente importancia del eje Washington-Jerusalén-Buenos Aires; y la disputa por la legitimidad del orden jurídico internacional.³

La primera explicación reside en la evolución de la relación entre Trump y el Reino Unido. La denominada «relación especial» anglo-estadounidense dejó de ser un vínculo incuestionable. Las diferencias sobre comercio, gasto militar dentro de la OTAN, política europea y el enfrentamiento político con gobiernos británicos redujeron el incentivo de la Casa Blanca para sostener un apoyo irrestricto a Londres. En ese contexto, la cuestión Malvinas dejó de ser un tema intocable y comenzó a convertirse en una herramienta de presión diplomática.

En segundo lugar, el vínculo personal entre Donald Trump y Javier Milei constituye probablemente el principal factor explicativo. Milei se ha transformado en el aliado más estrecho de la administración republicana en América Latina. Desde la perspectiva estadounidense, Argentina ocupa una posición relevante en la competencia estratégica con China, tanto por sus recursos naturales —litio, hidrocarburos y alimentos— como por su proyección sobre el Atlántico Sur y la Antártida. En consecuencia, respaldar parcialmente la posición argentina sobre Malvinas fortalece un aliado regional sin exigir, por el momento, el costo diplomático que implicaría un reconocimiento jurídico de la soberanía. Se trata de una decisión consistente con la tradición del realismo político, según la cual las alianzas prevalecen sobre las afinidades ideológicas o las continuidades doctrinarias.⁴

El tercer componente incorpora a Israel. La alianza entre Trump y el gobierno de Benjamin Netanyahu constituye uno de los ejes centrales de la política exterior republicana. Paralelamente, Javier Milei ha construido con Israel una relación excepcional, convirtiéndose en uno de los gobiernos que más sistemáticamente respaldan las posiciones israelíes en los organismos internacionales. Desde esa perspectiva, fortalecer internacionalmente al gobierno argentino también significa fortalecer a uno de los principales aliados diplomáticos de Israel.

Sin embargo, existe una dimensión menos explorada que agrega profundidad al análisis.

Israel mantiene desde hace décadas un intenso conflicto diplomático con las Naciones Unidas debido a las reiteradas resoluciones que condenan la ocupación y colonización de los territorios palestinos capturados en 1967. Tanto la Asamblea General como el Consejo de Seguridad y, más recientemente, la Corte Internacional de Justicia han considerado que la ocupación prolongada y la expansión de los asentamientos son contrarias al derecho internacional.⁶⁻⁷

En ese escenario, la cuestión Malvinas adquiere una relevancia indirecta. Aunque jurídicamente ambos casos pertenecen a categorías distintas —Malvinas es considerada por las Naciones Unidas un caso pendiente de descolonización y una disputa de soberanía entre dos Estados, mientras que Palestina se analiza bajo el régimen jurídico de la ocupación militar— ambos ponen de manifiesto las dificultades del sistema internacional para resolver conflictos territoriales prolongados.¹²

Desde el punto de vista político, la permanencia de un enclave colonial británico cuya soberanía continúa siendo objeto de controversia internacional debilita la autoridad moral con la que algunas potencias occidentales invocan el derecho internacional cuando condenan exclusivamente determinadas ocupaciones territoriales. En otras palabras, la persistencia del caso Malvinas constituye un ejemplo que permite cuestionar la consistencia del llamado «orden internacional basado en reglas» cuando éste se aplica de manera selectiva.

Desde una perspectiva geopolítica, la existencia de un caso colonial pendiente dentro del propio bloque occidental resulta funcional a la crítica israelí sobre la existencia de «dobles estándares» en la aplicación del derecho internacional. Cuando la diplomacia israelí denuncia que Naciones Unidas concentra un volumen desproporcionado de condenas sobre Israel mientras otras situaciones territoriales permanecen irresueltas durante décadas, la continuidad del caso Malvinas constituye un ejemplo políticamente útil, aunque no jurídicamente equivalente.⁸⁻⁹

Esta dimensión adquiere mayor importancia porque el Reino Unido ha sido uno de los principales impulsores de las condenas occidentales a la ocupación israelí. En consecuencia, un eventual debilitamiento de la posición británica sobre Malvinas también reduce parte de la autoridad política desde la cual Londres se presenta como garante del orden jurídico internacional.

Al mismo tiempo, el Atlántico Sur ha adquirido una importancia estratégica creciente debido a la competencia por los hidrocarburos offshore, la pesca, los minerales críticos, las rutas hacia la Antártida y la creciente presencia china en Sudamérica. Para Washington, consolidar una Argentina plenamente alineada constituye un activo geopolítico de largo plazo. En ese contexto, la cuestión Malvinas deja de ser únicamente un diferendo bilateral para integrarse en una competencia más amplia por la configuración del poder en el Atlántico Sur.⁵

Debe recordarse, además, que las Naciones Unidas mantienen vigente desde 1965 la Resolución 2065 de la Asamblea General, que reconoce la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e insta a ambos Estados a negociar una solución pacífica. Desde entonces, el Comité Especial de Descolonización ha reiterado de manera prácticamente ininterrumpida ese llamado, reafirmando que la cuestión Malvinas constituye un proceso inconcluso de descolonización.¹²

Desde una perspectiva realista, la secuencia puede resumirse del siguiente modo: Trump redefine sus alianzas internacionales sobre bases pragmáticas; Milei un aliados incondicional y sin protagonismo real en los realineamiento geopolíticos que supone esta etapa de disputa por mantener la hegemonía norteamericana se convierte en un socio insignificante pero privilegiado de Washington; Israel considera a la Argentina uno de sus escasos apoyos diplomáticos; las tensiones entre Trump y el establishment británico reducen el costo político de tomar distancia de Londres; y la persistencia de la cuestión Malvinas ofrece un ejemplo de las contradicciones del orden internacional contemporáneo en torno a los principios de ocupación, colonialismo y autodeterminación.

El resultado no implica un cambio jurídico en el estatus de las islas, pero muestra una modificación relevante del equilibrio diplomático construido durante las últimas cuatro décadas. Malvinas deja así de ser exclusivamente un litigio entre Argentina y el Reino Unido para convertirse en una pieza más dentro de la competencia por el liderazgo occidental, la redefinición de las alianzas de Estados Unidos y la disputa por la legitimidad del derecho internacional en un mundo crecientemente multipolar.

Notas

1. Asamblea General de las Naciones Unidas, Resolución 2065 (XX), Question of the Falkland Islands (Malvinas), 16 de diciembre de 1965.

2. Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas (C-24), resoluciones anuales sobre la Cuestión de las Islas Malvinas (1966-2026).

3. Hans J. Morgenthau, Politics Among Nations: The Struggle for Power and Peace, Alfred A. Knopf, 1948; Kenneth N. Waltz, Theory of International Politics, Addison-Wesley, 1979; John J. Mearsheimer, The Tragedy of Great Power Politics, W. W. Norton, 2001.

4. Sobre el alineamiento estratégico entre Donald Trump y Javier Milei, véanse las declaraciones oficiales de la Casa Blanca y del Departamento de Estado durante 2025-2026, así como Graham Allison, Destined for War, Houghton Mifflin Harcourt, 2017, respecto de la competencia estratégica entre Estados Unidos y China.

5. Robert D. Kaplan, The Revenge of Geography, Random House, 2012; Hal Brands, The Twilight Struggle, Yale University Press, 2022.

6. Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Resoluciones 242 (1967), 338 (1973) y 2334 (2016) sobre los territorios palestinos ocupados.

7. International Court of Justice, Legal Consequences arising from the Policies and Practices of Israel in the Occupied Palestinian Territory, including East Jerusalem, Opinión Consultiva, 19 de julio de 2024.

8. No existe una declaración oficial del Estado de Israel que equipare jurídicamente la cuestión Malvinas con los territorios palestinos ocupados. La interpretación desarrollada en este trabajo corresponde a un análisis geopolítico sobre la utilización política del principio de aplicación selectiva del derecho internacional.

9. Hedley Bull, The Anarchical Society, Columbia University Press, 1977; Stephen M. Walt, The Hell of Good Intentions, Farrar, Straus and Giroux, 2018.

10. John Bolton, The Room Where It Happened, Simon & Schuster, 2020; documentos programáticos y discursos de política exterior de la administración Trump (2025-2026).

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