
España volvió a demostrar que una identidad futbolística sostenida en el tiempo puede imponerse en la máxima competencia. La victoria sobre la Argentina no sólo consagró a un campeón justo: reivindicó un modelo de juego iniciado por Luis Aragonés hace más de dos décadas y dejó la imagen conmovedora del posible cierre del ciclo más exitoso de Lionel Scaloni, con las lágrimas de Messi y su entrenador como símbolo del final de una era. El comentario de Sergio Levinsky.

El artículo de Michael Roberts, "EU companies: a ‘capitalism of rent’?", retoma un informe dirigido por Mariana Mazzucato para explicar el estancamiento económico europeo a partir de una tesis central: el capitalismo de la Unión Europea ha evolucionado hacia un modelo donde predominan las rentas sobre la inversión productiva. Roberts coincide en gran medida con ese diagnóstico, aunque lo interpreta desde una perspectiva marxista más amplia.
Europa enfrenta una creciente pérdida de dinamismo económico. Un informe coordinado por Mariana Mazzucato sostiene que el problema no radica en un exceso de regulaciones ni en los salarios, sino en un capitalismo que privilegia la captura de rentas antes que la inversión productiva. Michael Roberts retoma ese diagnóstico y lo inserta en una crítica más profunda al funcionamiento del capitalismo contemporáneo.

El artículo de Jacobin, "The Case Against Centrism" (julio de 2026), parte de una pregunta estratégica para la izquierda estadounidense y más allá ¿puede -en este caso- el Partido Demócrata derrotar en -nuevamente este caso- al trumpismo desplazándose hacia el centro o, por el contrario, necesita profundizar un programa de transformación social? El autor responde que el centrismo no sólo ha fracasado electoralmente sino que ha debilitado la capacidad de construir una mayoría popular duradera.
El texto sostiene cinco ideas principales para la izquierda estadounidense, que están también en el debate de la oposición popular democrática en La Argentina:
El centrismo no garantiza victorias electorales. La experiencia reciente del Partido Demócrata demostraría que moderar el programa para conquistar al votante medio no impidió el regreso de Donald Trump ni frenó el avance de la derecha.
La izquierda gana cuando organiza. El crecimiento de candidatos identificados con el socialismo democrático no sería producto de campañas digitales o fenómenos culturales, sino del trabajo territorial, la militancia voluntaria y la organización comunitaria.
El pragmatismo tiene límites. El artículo cuestiona la idea de que gobernar consiste únicamente en administrar lo existente. Afirma que aceptar de antemano las restricciones impuestas por el mercado termina reduciendo cualquier proyecto reformista a una gestión tecnocrática.
La desigualdad exige respuestas estructurales. Frente al aumento de la concentración de la riqueza, la precarización laboral y la crisis habitacional, el autor sostiene que sólo reformas de gran alcance —fortalecimiento sindical, ampliación de derechos sociales, política industrial y mayor intervención pública— pueden reconstruir la base social de una mayoría progresista.
El socialismo democrático aparece como alternativa. El texto presenta al socialismo democrático no como una ruptura inmediata con el capitalismo sino como una estrategia para redistribuir poder económico y político mediante mecanismos plenamente democráticos.
Más allá de la discusión electoral, el artículo puede interpretarse como una crítica a la lógica de acumulación del capitalismo contemporáneo. Su tesis implícita es que el centrismo administra los efectos sociales del neoliberalismo, mientras que una izquierda democrática debería modificar las relaciones de poder entre capital y trabajo.
Desde esa perspectiva, el problema no sería únicamente Donald Trump, sino la incapacidad del centrismo para ofrecer mejoras materiales sostenidas a las mayorías populares. Esa frustración social habría creado las condiciones para el avance del populismo de derecha, Trump en USA, Milei en La Argentina.
El texto de Jacobin concluye que la principal disyuntiva para la izquierda estadounidense no es entre radicalismo y moderación, sino entre administrar un modelo económico que produce desigualdad o construir una alternativa capaz de redistribuir riqueza y poder. La apuesta estratégica consiste en combinar un programa económico de transformación con una intensa organización política de base, rechazando la idea de que el centro político sea, por definición, el camino más eficaz para ganar elecciones. Una discusión muy pertinente también en La Argentina, obviamente con otros actores.

Durante el Mundial de 2026, la selección argentina volvió a quedar en el centro de una discusión que excede el fútbol. Las redes sociales y numerosos medios extranjeros instalaron la idea de una "Argentina blanca" a partir de la composición del plantel campeón, reabriendo un debate sobre la identidad nacional y el peso de un relato construido desde fines del siglo XIX.
El artículo publicado por Sin Permiso sostiene que esa imagen responde menos a una realidad histórica que a un proyecto político impulsado por las élites liberales de la llamada Generación del '80. Bajo el ideal de "civilizar" el país mediante la inmigración europea, el Estado promovió un relato nacional que invisibilizó deliberadamente a los pueblos originarios, a la población afroargentina y a las múltiples formas de mestizaje que atravesaron la historia del país.
Desde esa perspectiva, la escasa diversidad étnica visible en la selección nacional no constituye una prueba de una Argentina homogéneamente blanca, sino la expresión de procesos históricos, sociales y regionales mucho más complejos. El texto cuestiona además la tendencia a interpretar la realidad argentina mediante categorías raciales propias de Estados Unidos, donde la clasificación étnica tiene un desarrollo institucional muy distinto.
La crítica apunta también al sentido político del mito de la "Argentina europea". Durante más de un siglo esa narrativa sirvió para legitimar un modelo de nación que identificó el progreso con Europa y relegó a un lugar marginal a quienes no encajaban en ese ideal. Los censos, la escuela y buena parte de la historiografía oficial contribuyeron a consolidar esa representación, cuyos efectos culturales aún perduran.
En ese marco, la polémica mundialista funciona como una oportunidad para revisar una identidad nacional construida sobre numerosas omisiones. Más que una anomalía explicada por la composición de un equipo de fútbol, el debate revela las limitaciones de un relato que durante décadas negó la diversidad constitutiva de la sociedad argentina y cuya persistencia continúa alimentando simplificaciones tanto dentro como fuera del país.

El artículo "¿Quién gobierna Irán?" de Embajada Abierta explica la arquitectura institucional de la República Islámica, un sistema híbrido donde conviven órganos electivos con instituciones religiosas que concentran el poder decisivo. Su tesis central es que, aunque Irán celebra elecciones y posee un presidente, el centro efectivo del poder reside en el Líder Supremo y en un entramado de organismos que supervisan y limitan la competencia política.
Irán no es una democracia liberal ni una dictadura militar clásica. Es una república islámica donde las instituciones electivas funcionan bajo la tutela de una compleja estructura religiosa y revolucionaria que concentra las decisiones estratégicas del Estado. Comprender quién gobierna realmente el país exige mirar más allá de la figura presidencial. El sistema iraní puede entenderse como un régimen híbrido: incorpora procedimientos electorales reales, pero el pluralismo está fuertemente restringido por mecanismos institucionales que garantizan la continuidad del proyecto político surgido de la Revolución Islámica de 1979. La competencia existe, aunque entre actores previamente aceptados por el núcleo dirigente del régimen, lo que diferencia al sistema tanto de una democracia liberal como de una autocracia puramente personalista que tanto preocupa a occidente cuyas prácticas democráticas sujetas al Estado de derecho nadie puede discutir. ¿O se puede?

El artículo de Gonzalo Fernández Ortiz de Zárate ofrece una lectura de la minería metálica que trasciende la dimensión estrictamente económica y la sitúa como uno de los ejes centrales de la disputa geopolítica contemporánea. Su tesis principal es que la transición energética, la digitalización y el rearme militar están impulsando una nueva carrera global por el control de los minerales críticos, en un contexto de creciente rivalidad entre Estados Unidos y China.
Litio, cobre, tierras raras y cobalto ya no son simplemente commodities: se han convertido en recursos estratégicos cuya disputa redefine el mapa del poder mundial. Un análisis de Gonzalo Fernández Ortiz de Zárate examina cómo la minería metálica pasó a ocupar un lugar central en la competencia entre las grandes potencias, mientras profundiza el extractivismo y las tensiones sociales en los países proveedores.

Las vueltas del fútbol determinaron que la Finalissima que no se jugó en marzo sea ahora la final del Mundial. Por qué España cierra un ciclo pero antes abrió otro en la selección argentina. El único antecedentes mundialista entre ambos. Los amistosos lejanos en el tiempo. Los puntos fuertes y débiles de España. Messi y Lamine Yamal, en suma, la previa en la visión de Sergio Levinsky.

La periodista y politóloga Luciana Bertoia analizó el funcionamiento del Poder Judicial argentino y advirtió sobre la consolidación de una estructura corporativa que trasciende a los gobiernos de turno. En diálogo con Pablo Caruso en Gente Que Dice, sostuvo que el acelerado proceso de designación de jueces durante la gestión de Javier Milei, la persistencia de la denominada "familia judicial", la selectividad en los tiempos de la Justicia y el peso de los operadores informales reflejan un sistema de poder con lógica propia, capaz de condicionar la vida política e institucional del país.

El respaldo de Donald Trump al reclamo argentino sobre las Islas Malvinas no puede entenderse como un gesto aislado. Responde a una reconfiguración geopolítica en la que convergen el alineamiento estratégico con Javier Milei, las tensiones con el Reino Unido, el papel de Israel en la política exterior republicana y la creciente disputa por la legitimidad del orden internacional basado en reglas. Este artículo analiza cómo la cuestión Malvinas ha dejado de ser un diferendo exclusivamente bilateral para convertirse en una pieza de la competencia entre las grandes potencias y de la disputa por la aplicación del derecho internacional. Al mismo tiempo permite comprender algunas posiciones parroquiales, como el giro de 180 grados que muchos integrantes del gobierno nacional han tenido respecto a la causa Malvinas, de la que siempre abjuraron. No es soberanismo, es servidumbre.

La actual Copa del Mundo desdibuja las fronteras tradicionales: futbolistas reclutados por LinkedIn, selecciones sin jugadores nacidos en el país que representan y aficionados diaspóricos que reafirman sus identidades desde la distancia, en un torneo donde lo nacional parece cada vez más disperso y flotante.

En entrevista con Tucker Carlson, Roger Waters respalda una nueva ofensiva judicial sobre el 11-S. El fundador de Pink Floyd apoya a la familia británica de Geoff Campbell, una de las víctimas de los atentados contra las Torres Gemelas, en su pedido de una nueva investigación judicial. En la entrevista, Waters convoca a respaldar la campaña de financiamiento del caso y sostiene que aún quedan interrogantes pendientes sobre los hechos del 11 de septiembre de 2001. En el cierre Atentado a la AMIA: 32 años de impunidad. Un informe de @InfoNodal (2025), donde detallan los hechos y encubridores.

El Pentágono salió a cuestionar públicamente la estrategia impulsada por varios aliados de Washington de fortalecer una cooperación entre "potencias medias" como Canadá, Japón, Corea del Sur, Australia y varios países europeos. El objetivo de esa estrategia es reducir la dependencia militar, tecnológica e industrial respecto de Estados Unidos sin romper la alianza atlántica.
El documento atribuido a Elbridge Colby sostiene que esa iniciativa parte de un diagnóstico equivocado: las potencias medias no constituirían un bloque con intereses estratégicos homogéneos y, por lo tanto, carecerían de bases reales para una acción coordinada. Desde la perspectiva del Pentágono, intentar construir ese espacio autónomo implicaría distraer recursos políticos y militares que deberían seguir orientados hacia la arquitectura de seguridad liderada por Washington.
Sin embargo, Le Grand Continent responde que precisamente el comportamiento cada vez más imprevisible de Estados Unidos constituye el principal incentivo para que estos países diversifiquen proveedores de armamento, desarrollen capacidades industriales propias y reduzcan vulnerabilidades derivadas de una dependencia excesiva de Washington. El artículo señala que el problema ya no sería únicamente una administración particular, sino tendencias estructurales que cuestionan la capacidad de Estados Unidos para sostener el orden internacional construido tras la Guerra Fría.
El texto refleja una discusión interna en Washington acerca de cómo preservar el liderazgo estratégico frente a aliados que buscan mayor autonomía.
Autonomía estratégica europea. La controversia se inscribe en el creciente debate europeo sobre desarrollar capacidades militares e industriales propias, reduciendo la dependencia tecnológica y militar respecto de EE.UU.
Para el Pentágono, una red de cooperación entre potencias medias podría fragmentar el sistema de alianzas construido bajo liderazgo estadounidense.
Colby adopta una visión clásica del realismo: los Estados se alinean según intereses nacionales y balances de poder, no por categorías como "potencias medias". El artículo de Le Grand Continent replica que justamente el interés compartido consiste hoy en limitar la vulnerabilidad frente al poder estadounidense.
Aunque América Latina apenas aparece mencionada, el debate resulta relevante. Si las potencias intermedias comienzan a diversificar sus relaciones estratégicas, podrían abrirse mayores márgenes de maniobra para países como Brasil, México o Argentina. En cambio, si prevalece la visión defendida por el Pentágono, la presión para que los aliados mantengan una alineación estrecha con Washington tenderá a intensificarse.
En términos geopolíticos, el documento constituye una señal de que parte del establishment estadounidense percibe los proyectos de autonomía estratégica de sus propios aliados no como un complemento, sino como un desafío potencial al liderazgo global de Estados Unidos.

La victoria de la Selección Argentina sobre Inglaterra trascendió lo deportivo. En este artículo, Bruno Sgarzini analiza cómo un partido de fútbol logró reactivar un sentimiento colectivo de pertenencia, orgullo y esperanza en un contexto de fragmentación social, mostrando que el fútbol, además de espectáculo, puede convertirse en un poderoso catalizador político y cultural en especial en un país donde el presidente de la nación reivindica a la criminal de guerra Margaret Thatcher y entrega sistemáticamente la soberanía territorial en nobre de "la libertad".

La proliferación de cámaras inteligentes capaces de registrar cada movimiento de millones de vehículos reabre en Estados Unidos un debate crucial sobre los límites de la vigilancia estatal. Mientras sus defensores las presentan como herramientas para combatir el delito, sus críticos advierten que la recopilación masiva de datos sin sospecha previa erosiona la privacidad, favorece el control social y pone en tensión principios fundamentales de las democracias liberales tradicionales.

El elogio de figuras asociadas a dos de las mayores tragedias de la historia argentina reabre un debate sobre los límites de la afinidad ideológica, la memoria colectiva y la responsabilidad política. Mientras un dirigente reivindica a Margaret Thatcher, responsable política del hundimiento del ARA General Belgrano, otro exalta a los responsables del bombardeo de Plaza de Mayo de 1955. ¿Qué ocurre cuando la admiración por determinados liderazgos termina relativizando la muerte de cientos de compatriotas? Este artículo analiza las implicancias históricas, políticas y éticas de esas reivindicaciones.

El periodista británico Jonathan Cook sostiene que el Reino Unido ya vive bajo un modelo de control estatal que recuerda al universo de 1984 de George Orwell, aunque la mayoría de la población aún no lo perciba. Según el autor, el cambio no se produjo mediante un golpe institucional, sino a través de una sucesión de reformas legales y prácticas administrativas que fueron ampliando paulatinamente las capacidades coercitivas del Estado.
Cook argumenta que la atención pública ha sido desviada hacia enemigos internos —inmigrantes, musulmanes, activistas de izquierda o defensores de Palestina— mientras el aparato estatal fortalece mecanismos de vigilancia, censura y criminalización de la protesta. El resultado sería una ciudadanía que acepta crecientes restricciones en nombre de la seguridad nacional.
Uno de los ejes centrales del artículo es la utilización del conflicto en Gaza y de la legislación antiterrorista como justificación para limitar derechos fundamentales. El autor sostiene que la persecución de organizaciones de solidaridad con Palestina constituye un precedente peligroso que podría extenderse a cualquier forma de disidencia política.
Asimismo, Cook afirma que el deterioro democrático no responde únicamente a decisiones de un gobierno determinado, sino a una convergencia entre el Estado, los grandes medios de comunicación y poderosos intereses económicos. En ese marco, considera que el sistema político británico prioriza la preservación del orden establecido frente al ejercicio efectivo de las libertades públicas.
El artículo concluye con una advertencia: el verdadero riesgo del autoritarismo contemporáneo reside en que avanza de forma incremental y normalizada. Cuando la sociedad advierta plenamente la pérdida de derechos, sostiene Cook, gran parte de los mecanismos democráticos para revertir esa situación podrían haberse debilitado o desaparecido.

El artículo sostiene que la inteligencia artificial podría llevar al capitalismo a un límite que tanto la economía marxista como la neoclásica anticipan, por razones distintas, aunque reconoce que es partucularmente dificultoso extender los límites en el caso de España y los españoles. Rari.
Según Marx, el trabajo humano es la fuente del valor y de la plusvalía (la base de las ganancias). Si la IA reemplazara a casi todos los trabajadores, dejaría de generarse nueva plusvalía. En consecuencia, las ganancias tenderían a desaparecer, lo que pondría en crisis al propio capitalismo.
Desde la economía neoclásica, el problema no es la creación de valor sino la demanda. Si la IA concentra la riqueza en los propietarios de las máquinas y la mayoría de las personas pierde sus ingresos laborales, habrá muy pocos consumidores con capacidad de compra. Las empresas podrán producir mucho, pero no venderlo de forma rentable.
El autor, Branko Milanovic, destaca que ambas teorías llegan así a una conclusión similar: un capitalismo completamente automatizado sería difícil de sostener.
Sin embargo, no afirma que ese escenario sea inevitable. Recuerda que, en el pasado, cada gran ola de automatización destruyó algunos empleos pero también creó otros nuevos. La gran incógnita es si la IA será diferente porque puede reemplazar no solo tareas manuales, sino también una parte importante del trabajo intelectual y profesional.
En definitiva, el artículo plantea que el verdadero desafío no es que la IA produzca más bienes, sino cómo se distribuirán los ingresos y quién tendrá poder de compra en una economía donde el trabajo humano sea cada vez menos necesario. Esa cuestión, sostiene Milanovic, podría convertirse en la principal contradicción del capitalismo en la era de la inteligencia artificial.

Sergio Levinzky analiza la notable victoria Argentina sobre Inglaterra por la semifinal del Mundial 2026. Por qué este partido quedará como uno de los más grandes de la historia del fútbol argentino. Un triunfo con huevos y con juego. Los aciertos de Scaloni con los cambios. Los errores de Tuchel. Previsión para la final. Los puntajes.

Un examen crítico al sesgo pragmático de la diplomacia israelí frente a la Cuestión Malvinas. Los límites de una analogía discursiva que confronta el principio de integridad territorial con los marcos antitéticos de las Naciones Unidas, en un escenario donde las alianzas estratégicas coexisten con la explotación petrolera privada.

El Gobierno nacional dispuso ayer, mediante el Decreto 590/2026, la convocatoria a un concurso público internacional para otorgar un permiso de exploración de hidrocarburos en el área CAN_200 de la plataforma continental argentina, luego de una manifestación de interés presentada por la empresa británica Challenger Energy Group.
Desde el punto de vista jurídico, el decreto supone el inicio de un procedimiento para adjudicar un permiso de exploración bajo jurisdicción nacional. Sin embargo, la decisión resulta políticamente controvertida por varios motivos.
En primer lugar, la elección de una empresa de origen británico despierta cuestionamientos inevitables en un país que mantiene un histórico conflicto de soberanía con el Reino Unido por las Islas Malvinas y los espacios marítimos circundantes. Aunque la empresa opere bajo la legislación argentina y deba cumplir las normas nacionales, dada la trayectoria del gobierno libertario, la señal política resulta respudiable.
En segundo término, el avance sobre la explotación offshore profundiza un modelo basado en la atracción de capitales extranjeros para desarrollar recursos estratégicos. Esta orientación reduce la capacidad del Estado para conducir la política energética y aumentar la dependencia tecnológica y financiera de empresas internacionales.
También genera interrogantes la oportunidad política de la medida. La publicación del decreto coincidió con una jornada de fuerte atención pública por el partido de la selección argentina, lo que alimentó sospechas de que el Gobierno buscó minimizar el impacto de una decisión muy polémica, por decir lo menos.
En definitiva, el decreto expresa una estrategia de política energética que privilegia la participación de empresas privadas internacionales en la exploración de recursos hidrocarburíferos. Esa orientación es legítimamente discutible desde una perspectiva económica, ambiental y geopolítica, especialmente cuando involucra a una empresa británica en un contexto marcado por la persistencia del conflicto por Malvinas. El debate de fondo, más que sobre una supuesta cesión territorial, gira en torno a quién controla, explota y se apropia de la renta de los recursos naturales estratégicos de la Argentina, una política pública que resulta de hecho en una nueva cesión de soberanía por parte del gobierno nacional.