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Que el árbol de la unidad no nos impida ver el bosque de la proscripción

La unidad del peronismo es necesaria, pero no puede convertirse en un sustituto de la discusión central: la proscripción de Cristina Kirchner. La experiencia argentina de Frondizi, Illia y Cámpora demuestra que excluir de la competencia a una fuerza o liderazgo con capacidad de representación social no elimina su gravitación: puede, por el contrario, profundizar la distancia entre instituciones y relaciones reales de fuerza. El desafío actual no es simplemente volver a juntar dirigentes, sino construir una mayoría capaz de representar a quienes hoy necesitan ser representados y, al mismo tiempo, defender las condiciones de una democracia efectivamente inclusiva. Que el árbol de la unidad no nos impida ver el bosque de la proscripción.

¿Los votantes libertarios son unos pelotudos? Refutando a Coroniti

Una investigación reciente realizada por Benjamin Ferguson, Peter Hans Matthews, David Ronayne y Roberto Veneziani, cuestiona una de las premisas centrales de la polarización contemporánea: que la izquierda y la derecha poseen concepciones radicalmente incompatibles sobre la explotación. El estudio, basado en 551 filósofos académicos y 1.546 personas del público general de Estados Unidos y Reino Unido, encuentra algo mucho más significativo: unos y otros identifican prácticamente los mismos factores cuando juzgan que existe explotación. Injusticia, poder asimétrico y desigualdad de los beneficios aparecen como los principales determinantes.

El dato más relevante es que la combinación entre poder desigual y resultados económicos desiguales genera una percepción de explotación muy superior a la que producen cada uno de esos factores por separado. Entre los académicos, por ejemplo, la presencia aislada del poder elevó la percepción de explotación en 14 puntos y la desigualdad en 8, pero cuando ambas condiciones aparecieron juntas el incremento alcanzó 34 puntos. La explotación aparece así no simplemente como una distribución desigual de recursos ni como una relación asimétrica de poder, sino como la utilización de una posición estructuralmente dominante para apropiarse de una porción desproporcionada del resultado económico.

Esto permite recuperar una intuición central de Marx sin convertirla en una cuestión exclusivamente doctrinaria. La explotación no depende de que el explotador sea personalmente cruel, ni de que la víctima haya cometido un error, ni siquiera de la existencia de una relación interpersonal conflictiva. El núcleo está en la estructura de poder que permite que una parte imponga condiciones a otra y capture una porción desigual del producto social. El estudio muestra, incluso, que el respeto interpersonal tiene una importancia muy menor entre los académicos: un jefe amable puede explotar exactamente igual que uno maltratador. Para el público general, en cambio, la falta de respeto pesa mucho más, probablemente porque constituye la experiencia cotidiana mediante la cual se percibe y se experimenta una relación estructural de subordinación.

La conclusión política es particularmente interesante para la Argentina. Si se traslada esta matriz al fenómeno del endeudamiento familiar, cambia completamente la pregunta. En lugar de preguntarnos por qué determinados hogares “no saben administrar su dinero”, debemos preguntarnos qué relación de poder produce las condiciones bajo las cuales millones de hogares necesitan endeudarse para sostener su reproducción cotidiana. El deudor aparece entonces no como un individuo defectuoso, sino como el resultado de una determinada relación entre ingresos, precios, empleo, crédito y distribución del excedente.

Esta perspectiva permite conectar dos fenómenos que habitualmente se presentan separados: endeudamiento y explotación. Cuando el salario pierde capacidad para reproducir las condiciones materiales de vida, el crédito funciona como un mecanismo de compensación. Pero esa compensación tiene un costo: transforma una insuficiencia presente de ingresos en una obligación futura. La deuda, en ese sentido, no elimina la desigualdad; la administra temporalmente y puede profundizarla.

Hay aquí una cuestión política de fondo. La ideología neoliberal procura transformar relaciones estructurales en decisiones individuales: el trabajador que acepta un salario bajo “elige”; el inquilino que soporta condiciones abusivas “elige”; la familia que se endeuda para llegar a fin de mes “se administra mal”. El estudio nos permite invertir esa mirada: allí donde existe una desigualdad de poder que condiciona las opciones disponibles, hablar simplemente de elección individual oculta la estructura que produce esas opciones.

Esto resulta especialmente relevante para comprender la política contemporánea. La investigación encuentra que incluso sectores identificados con la derecha reconocen la explotación cuando perciben conjuntamente injusticia, poder asimétrico y resultados desiguales. La derecha y la izquierda pueden diferir profundamente respecto de las soluciones, pero comparten un diagnóstico moral mucho más amplio de lo que suele suponerse: existe algo injusto cuando quienes poseen mayor poder utilizan esa ventaja para apropiarse de una porción desproporcionada de los recursos.

Por eso el desafío para la izquierda no consiste en abandonar su crítica estructural para adaptarse al sentido común de la derecha, sino en traducir esa crítica estructural a experiencias materiales reconocibles por las mayorías: el salario que no alcanza, la deuda que crece, el alquiler que se vuelve impagable, el empleo que pierde estabilidad, la concentración económica y la pérdida de capacidad de negociación de los trabajadores.

En definitiva, el hallazgo más importante de esta investigación podría formularse así: la explotación deja de ser una categoría exclusivamente marxista y aparece como una intuición social compartida. La disputa política pasa entonces por determinar quién tiene poder, cómo lo utiliza y quién paga los costos de esa relación. Y allí se vuelve particularmente fértil para analizar la Argentina actual: cuando millones de familias deben endeudarse para reproducir su vida cotidiana, no estamos simplemente frente a millones de malas decisiones privadas. Estamos frente a una determinada distribución social del poder.

En la apertura, Emiliano Coroniti desarrolla la hipótesis que el artículo del filósofo Ferguson, y los economistas Matthews, Ronayne y Veneziani intentan refutar: “Los votantes libertarios son unos pelotudos”, sostiene Emiliano, en un clásico del streaming argentino que ya merece una instalación audiovisual en el Malba para que lo analicen las nuevas generaciones.

El primer peronismo sin Perón: Bramuglia y «La rebeldía controlada»

El artículo "Rebeldía Controlada" utilizando el caso Bramuglia, el primer intento de construir un "peronismo sin Perón" ya en el año 1955 sostiene una hipótesis central: los liderazgos populares de volumen histórico y gran arraigo popular no son sustituibles mediante operaciones políticas ni judiciales, y que la proscripción termina debilitando la representación democrática más que al liderazgo proscripto. Para desarrollar esa idea, establece un paralelo entre la proscripción de Juan Domingo Perón tras 1955 y la situación actual de Cristina Fernández de Kirchner.

El texto recupera la experiencia del neoperonismo encabezado por Juan Atilio Bramuglia, quien intentó construir un peronismo autónomo aprovechando la proscripción de Perón. Apoyándose en trabajos del historiador Raanan Rein, el artículo señala que ese intento fracasó porque el liderazgo de Perón conservó la adhesión mayoritaria del movimiento aun desde el exilio.

Como contracara, recupera la posición de John William Cooke, quien rechazaba las corrientes "blandas" o conciliadoras y sostenía que la conducción seguía perteneciendo al líder proscripto. Según el autor, esa experiencia histórica demuestra que la legitimidad política no puede transferirse mecánicamente a dirigentes sustitutos.

El artículo se vincula con un trabajo posterior de López donde desarrolla el concepto de "déficit de legitimidad sustitutiva". La idea es que cuando un liderazgo con gran capacidad de representación queda excluido de la competencia política, quienes intentan ocupar ese espacio enfrentan un problema estructural: heredan parte del electorado, pero no la legitimidad política ni simbólica del liderazgo original.

Desde esa perspectiva, la proscripción no afecta solamente al dirigente alcanzado por la medida, sino que altera el funcionamiento del sistema de representación en su conjunto.

El artículo afirma que el reclamo "Cristina Libre" debe entenderse como una demanda vinculada a la calidad democrática y no únicamente como una consigna electoral. Según el autor, la exclusión judicial de un liderazgo con fuerte apoyo popular reduce la competencia política efectiva y contribuye al aumento de la apatía electoral entre sectores sociales que se identifican con ese liderazgo.

Establece un paralelo histórico consistente entre distintas experiencias de proscripción del peronismo;
incorpora bibliografía especializada, particularmente los estudios de Raanan Rein;
intenta formular un concepto analítico ("déficit de legitimidad sustitutiva") que trasciende la coyuntura argentina.

En conjunto, el texto combina historia política, teoría de la representación y una interpretación claramente situada en el debate político argentino. Su aporte más original es la formulación del concepto de déficit de legitimidad sustitutiva, que busca explicar por qué, según el autor, la exclusión de un liderazgo popular produce dificultades persistentes para la construcción de liderazgos alternativos y afecta la legitimidad del sistema político.

¿Son tan decisivas las elecciones de medio término en los Estados Unidos? – Reflexiones sobre el negro Rada –

¿Son tan decisivas las elecciones de medio término en los Estados Unidos? Se verá, pero el artículo de Axios - un house organ trumpista que debe considerarse-, plantea una hipótesis política relevante: Donald Trump ya no estaría concentrado prioritariamente en conservar una mayoría republicana en el Congreso, sino en garantizar que, gane o pierda el Partido Republicano las elecciones de medio mandato de noviembre de 2026, el trumpismo mantenga el control ideológico del partido y del Estado.

Las principales tesis del artículo:

El poder antes que la mayoría parlamentaria. Según Axios, Trump asume que los republicanos podrían perder una o ambas cámaras del Congreso. Sin embargo, considera que eso no implicaría necesariamente una derrota estratégica si consigue consolidar un Partido Republicano completamente subordinado a su liderazgo.

La presidencia como fuente principal de poder. El artículo sostiene que Trump privilegia las facultades ejecutivas —órdenes presidenciales, designaciones, capacidad de indulto y control del aparato estatal— por encima de la negociación legislativa tradicional. La lógica es gobernar mediante una fuerte concentración de atribuciones presidenciales.

Preparar la sucesión sin abandonar el liderazgo. Axios señala que Trump buscaría convertirse en el gran "árbitro" de la política republicana hacia 2028, definiendo quién heredará su capital político. En ese contexto, aparecen como figuras centrales el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio, aunque existen fuertes disputas dentro del propio partido.

Las investigaciones como arma política. El título del artículo ("Trump's final act begins") hace referencia a la posibilidad de que, si los demócratas recuperan el Congreso, se reactive una ola de investigaciones parlamentarias sobre la administración Trump. Paradójicamente, Axios sostiene que el propio Trump parece menos preocupado por esas investigaciones que por asegurar la cohesión del movimiento MAGA.

Igualmente el texto refleja una transformación profunda del sistema político estadounidense. Ya no se trataría únicamente de una disputa entre republicanos y demócratas, sino entre dos concepciones del ejercicio del poder:

una basada en los mecanismos clásicos del constitucionalismo liberal (equilibrio entre poderes, negociación legislativa y controles institucionales);
otra que privilegia la legitimidad directa del liderazgo presidencial, el control del Ejecutivo y la movilización permanente de una base política organizada.

En este marco, el Congreso pierde centralidad relativa frente a la Casa Blanca, los tribunales y los organismos ejecutivos.

Otro aspecto importante es que la verdadera batalla parece desarrollarse dentro del propio Partido Republicano.
Los sectores conservadores tradicionales —representados editorialmente por medios como The Wall Street Journal— observan con preocupación que JD Vance encarne la continuidad del trumpismo, mientras que el ala MAGA interpreta esas críticas como una confirmación de que el viejo establishment perdió el control del partido.
Esto sugiere que el conflicto ya no enfrenta únicamente a republicanos contra demócratas, sino también a:

el conservadurismo clásico;
el nacional-populismo trumpista.

Igualmente puede sostenerse sin esfuerzo que el conflicto estadounidense expresa también una disputa entre distintas fracciones del capital.
Por un lado, sectores vinculados al capital financiero global, las grandes tecnológicas y parte del establishment institucional; por otro, una coalición que combina capital industrial nacional, sectores energéticos tradicionales, pequeñas y medianas empresas y una base social compuesta por trabajadores blancos, clases medias empobrecidas y segmentos rurales.
En ese sentido, el trumpismo no cuestiona el capitalismo estadounidense, sino que propone una forma distinta de organizar su hegemonía: más nacionalista, proteccionista y concentrada en el poder ejecutivo.

Conclusión : El artículo de Axios sugiere que Trump ya no mide su éxito únicamente por el resultado electoral inmediato. Su objetivo estratégico sería dejar consolidado un movimiento político capaz de dominar el Partido Republicano y seguir condicionando la política estadounidense incluso después del final de su mandato. Si esa interpretación es correcta, las elecciones de medio término definirán no solo el equilibrio entre demócratas y republicanos, sino también si el trumpismo logra institucionalizarse como la corriente dominante de la derecha estadounidense durante la próxima década.

Finalmente y desde una mirada más situada, conviene recordar que los demócratas demostraron tanto o más vocación de intervención en la región que los republicanos, a punto tal que fue Obama, - al que muchos confundieron con el negro Rada a la hora de celebrar su primer triunfo electoral en 2008 - el que acompañó y respaldó a Mauricio Macri en su campaña en La Argentina. Por otro lado, la disputa por la hegemonía con China y otras grandes potencias emergentes continuará sin prisa ni pause, pase lo que pase en noviembre en los pagos del señor naranja.

Para volver a capturar el espíritu del kirchnerismo, por favor …

¿Puede el peronismo ganar y gobernar con un liderazgo proscripto o desplazado de la candidatura presidencial? La historia argentina ofrece una secuencia de experiencias que parecen responder negativamente. Desde Frondizi hasta Alberto Fernández, pasando por Illia y Cámpora, las fórmulas construidas para reemplazar o compensar la ausencia del liderazgo central terminaron enfrentando problemas de legitimidad política, conflictos de conducción o gobiernos truncos. Este artículo sostiene que las llamadas "candidaturas delegadas" constituyen una constante históricamente fallida del peronismo y que la proscripción de Cristina Fernández de Kirchner vuelve a colocar ese dilema en el centro de la escena política argentina.

Panic attack

El actual ataque de pánico de Donald Trump, J. D. Vance, Marco Rubio, Stephen Miller y otros derechistas sobre el socialismo democrático es bastante racional. En el socialismo, ven a un enemigo formidable.

Camino a 2027: Cuando Washington tiembla, la Casa Rosada toma nota

Sabemos que el modelo económico social que lleva adelante Luis Caputo y su banda no se austosustente por lo que el sistema de representación política depende fuertemente de la paz romana que brinden los "rescates" endeidamiento y refinanciación de deuda que el gobierno pueda o no obtener. Con una oposición local escuálida, la suerte de la elección argentina se jyega en las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, aunque hay gran controversia sobre el impacto real sobre la política colonial regional tendría un eventual triunfo demócrata. Es muy dudosos, pero suponiendo que el impacto exista en los márgenes, la decisión del Partido Republicano de gastar casi 40 millones de dólares para defender dos estados que hasta hace poco parecían inexpugnables, Ohio e Iowa, encendió una luz amarilla en la política estadounidense y por añadidura en la casa Rosada. En efecto, detrás de la multimillonaria inversión hay un reconocimiento implícito: la mayoría parlamentaria de Donald Trump ya no está asegurada y las elecciones de medio término de noviembre pueden convertirse en un plebiscito sobre su gobierno.

La noticia no sólo interesa en Washington. También debería seguirse con atención en la Casa Rosada.

Javier Milei construyó buena parte de su estrategia internacional sobre un vínculo privilegiado con Trump. A diferencia de otros presidentes argentinos, apostó por una alineación casi sin matices con la administración republicana, convencido de que esa relación podía traducirse en respaldo político, financiamiento internacional, inversiones y una posición favorable de Estados Unidos en organismos como el FMI.

Pero esa apuesta tiene un riesgo evidente: depende de la fortaleza política del propio Trump.

Si los republicanos perdieran el control del Senado, o incluso de alguna de las cámaras del Congreso, el presidente estadounidense conservaría la Casa Blanca, pero gobernaría con un margen de maniobra mucho menor. Un Congreso opositor podría bloquear iniciativas, demorar nombramientos, condicionar el presupuesto y reducir la capacidad de la administración para proyectar su agenda hacia el exterior.

Ese escenario tendría consecuencias indirectas para la Argentina. No porque Washington modificara automáticamente su política hacia Buenos Aires, sino porque el principal sostén internacional de Milei perdería capacidad de influencia.

La apuesta geopolítica del gobierno argentino quedaría así expuesta a una paradoja: cuanto más personalista es una alianza, más vulnerable resulta frente a los cambios de la política interna del aliado.

Por eso, la millonaria inversión republicana en Ohio e Iowa es mucho más que una noticia electoral. Es una señal de que el trumpismo enfrenta una batalla más difícil de lo previsto y de que el oficialismo estadounidense ya no puede dar por seguros territorios que hasta hace poco integraban su núcleo duro.

En Buenos Aires, ese dato no es menor. La suerte parlamentaria de Trump puede convertirse también en un factor de la estabilidad política de Milei. Si el presidente estadounidense emerge debilitado de las elecciones de noviembre, el gobierno argentino perderá parte del respaldo externo sobre el que construyó su inserción internacional.

En política, las alianzas estratégicas son tan fuertes como el poder de quienes las sostienen. Y hoy, los millones que el Partido Republicano destina a defender sus bastiones sugieren que ese poder comienza a ser puesto a prueba.

Una farsa democrática: ¡Vote a Ortega!

Los consultores describen un escenario competitivo en el que La Libertad Avanza conserva el liderazgo, aunque con signos de desgaste, mientras el peronismo mantiene capacidad de disputar el poder si logra ordenar su oferta política. Sin embargo, todas esas mediciones están condicionadas por un hecho central: la proscripción de Cristina Fernández de Kirchner. La exclusión de la principal dirigente opositora restringe la oferta electoral y obliga a interpretar los sondeos como la fotografía de una competencia institucionalmente limitada, donde la ausencia de una candidata con alta representatividad incide tanto en la dinámica del peronismo como en la calidad democrática del proceso electoral, transformandola en una farsa.

Representación política y fragilidad de los candidatos por default

La proscripción de un liderazgo con fuerte arraigo social no solo condiciona la competencia electoral: también debilita la capacidad de quienes intentan sucederlo para construir una legitimidad propia. A partir de la experiencia argentina entre 1955 y 1973 y de los aportes de la teoría política contemporánea, este trabajo propone el concepto de déficit de legitimidad sustitutiva para explicar por qué la exclusión de un liderazgo central produce efectos que trascienden al dirigente proscripto y comprometen la calidad de la representación democrática.

Proscripción, representación y legitimidad democrática

La proscripción de Cristina Fernández de Kirchner constituye un problema que excede la situación judicial o electoral de una dirigente en particular. Su principal consecuencia radica en el deterioro de la calidad democrática, ya que un proceso electoral en el que la principal referente de una fuerza política con amplia representación social no puede competir restringe la capacidad efectiva de elección de una parte significativa de la ciudadanía.

Desde esta perspectiva, la democracia no se reduce a la realización periódica de elecciones, sino que exige que las distintas corrientes políticas puedan disputar el poder en condiciones de competencia efectiva. Cuando uno de los principales actores queda excluido de la contienda, el resultado puede conservar legalidad formal, pero pierde parte de su legitimidad política, generando gobiernos cuya representación aparece condicionada desde su origen.

Este planteo dialoga con la teoría de Robert Dahl, para quien una poliarquía democrática requiere tanto participación inclusiva como competencia pública entre alternativas reales. Si alguno de estos elementos desaparece, la democracia continúa existiendo formalmente, pero disminuye su calidad institucional.

En la misma dirección, Guillermo O'Donnell sostuvo que la legitimidad democrática no depende únicamente de la regularidad electoral, sino también de la vigencia efectiva del Estado de derecho y de la igualdad de condiciones para el ejercicio de los derechos políticos. La exclusión de actores con amplio respaldo popular afecta precisamente esa dimensión sustantiva de la democracia.

Por su parte, Norberto Bobbio distinguió entre las reglas del juego democrático y las condiciones materiales que permiten que esas reglas produzcan representación auténtica. La posibilidad de elegir entre opciones reales constituye un presupuesto indispensable para que el sufragio exprese genuinamente la voluntad popular.

Desde otra tradición teórica, Carl Schmitt advertía que toda decisión acerca de quién puede participar del espacio político implica una definición sobre los límites mismos de la comunidad política. Sin compartir sus conclusiones normativas, esta observación permite comprender que la exclusión de un actor político de gran centralidad modifica inevitablemente la naturaleza de la competencia democrática.

Asimismo, Pierre Rosanvallon ha señalado que la legitimidad contemporánea no se agota en el procedimiento electoral, sino que requiere confianza social, imparcialidad institucional y reconocimiento ciudadano. Cuando amplios sectores perciben que la competencia electoral se encuentra restringida, la legitimidad de origen de los gobiernos puede verse erosionada, aun cuando el proceso electoral respete las formas legales.

En consecuencia, la discusión sobre la proscripción trasciende el caso individual de una dirigente y remite a un interrogante más amplio: ¿puede considerarse plenamente democrático un sistema político en el que una porción significativa del electorado no puede votar por la representación política que considera propia? La respuesta es negativa. La exclusión de un liderazgo con fuerte respaldo electoral garantiza un proceso políticamente insatisfactorio, profundiza la crisis de representación y debilita la legitimidad democrática del gobierno surgido de esa competencia. Los antecedentes históricos ocurridos en La Argentina son contundentes y en la nota se comentan a modo de señalamiento, mereciendo particular atención lo sucedido en el año 1973 donde el partido justicialista no estaba prohibido y Juan Perón permanecía proscripto, tal como sucede hoy. Cierra una exposición de Cristina Fernández de Kirchner realizada en la UNRN en marzo de 2023, sobre deuda, fragmentación política y sus consecuencias con el modelo peruano, reivindicado por el actual gobierno nacional, como paradigma de análisis

Simulacro: Votar, pero no elegir

Cuando el poder judicial se arroga la facultad de tachar nombres de las boletas electorales de por vida bajo ficciones jurídicas, no sólo juzga a una persona, sino que mantiene amputado el derecho de las mayorías a elegir su propio destino. La tesis del artículo es que la proscripción de Cristina Fernández de Kirchner no representa únicamente la exclusión de una dirigente política, sino una restricción del derecho democrático de la sociedad a elegir a sus representantes, configurando un mecanismo de disciplinamiento político que fortalece a los poderes económicos y judiciales por encima de la voluntad popular. Así las cosas, debilidad estructural de origen que afectará a los eventuales candidatos, estará anclada en la lógica del simulacro democrático donde es posible votar, pero no elegir. Habrá consecuencias.

Elecciones en Colombia: Balance II

En este análisis, el cambio de gobierno colombiano con una reconfiguración continental más amplia, evitando interpretarlo como un fenómeno exclusivamente nacional. Colombia aparece como un eslabón de la estrategia hemisférica de la administración Trump.

Sin embargo, el análisis tiende a enfatizar la dimensión geopolítica por encima de los factores internos. El resultado electoral también expresa conflictos sociales acumulados —desigualdad, inseguridad, desgaste del gobierno de Petro y reorganización de las élites económicas— que ayudan a explicar el triunfo de la derecha y que no pueden reducirse únicamente al respaldo de Washington.

En síntesis, la tesis del artículo es que Colombia deja de experimentar una política exterior relativamente autónoma para reincorporarse al dispositivo estratégico estadounidense en América Latina. El cambio de gobierno no sería solamente un reemplazo de élites nacionales, sino un reposicionamiento geopolítico del país dentro del proyecto regional impulsado por Trump.

Elecciones en Colombia: Balance I

Tras una primera vuelta electoral deslucida, donde el candidato oficialista Iván Cepeda intentó atenuar, opacando, la polarización que intrudujo el Pacto Histórico con el gobierno de Petro, (en La Argentina hay antecedentes de este fenómeno de opacamiento en el año 2015), la segunda ronda sin embargo se asumió como estructural la polarización y los resultados para la izquierda fueron, aún derrotada, muy promisorios. El análisis que sigue se aparta de las interpretaciones que presentan la elección como un "rechazo definitivo" al gobierno de Petro. En cambio, propone entenderla como una alternancia dentro de un sistema bipolaremergente, donde la izquierda ya no es una fuerza testimonial sino un competidor permanente por el poder.

Desde una perspectiva comparada latinoamericana, el caso colombiano muestra una dinámica semejante a la observada en otros países de la región: gobiernos que alternan con diferencias electorales muy reducidas, alta polarización ideológica y electorados prácticamente divididos por mitades.

En ese sentido, la principal conclusión no es que la derecha haya construido una mayoría sólida, sino que ningún bloque consiguió transformarse en mayoría hegemónica. El nuevo gobierno comienza con legitimidad electoral, pero también con una oposición extraordinariamente fuerte, mientras que el progresismo pierde el Ejecutivo pero conserva un volumen político suficiente para disputar nuevamente el poder en el próximo ciclo electoral.

Colombia y el gobierno estadounidense eligen

Hay 41.421.973 colombianos habilitados para ejercer su derecho al voto en Colombia y el exterior durante las elecciones presidenciales 2026, 21.298.492 son mujeres y 20.123.481 son hombres, quienes podrán votar en 122.016 mesas, distribuidas en 13.742 puestos de votación. Colombia define este domingo en balotaje a su próximo presidente entre el libertario de derecha populista Abelardo De la Espriella y el oficialista socialista Iván Cepeda. La elección llega con el país polarizado, temor a posibles disturbios y una agenda marcada por inseguridad, economía y el balance social del gobierno de Gustavo Petro.

De la Espriella, abogado y empresario recién llegado a la política, parte como favorito tras haber ganado la primera vuelta con el 43,78% de los votos, frente al 40,98% de Cepeda, senador, filósofo y referente de la continuidad petrista. Entre ambos sumaron cerca del 85% de los votos, aunque analistas advierten que la diferencia final podría ser estrecha.

La elección funciona también como un “referéndum” sobre Petro. Cepeda busca continuar el proceso iniciado en 2022, pero De la Espriella capitaliza el antipetrismo con un discurso de “antipolítica”, recorte drástico del gasto estatal al estilo de la motosierra de Javier Milei, mano dura y alineamiento con Estados Unidos. A partir de las 19 hs. tendencia definitiva, mírala en la página oficial con link al pie de la nota.

Colombia: El centro no existe IV

Las recientes elecciones en Colombia dejaron en evidencia un escenario de polarización extrema donde el centrismo perdió terreno frente al choque de dos modelos de país diametralmente opuestos. El mapa político se reconfiguró con el surgimiento de nuevas derechas, mientras que el gran interrogante regional sigue siendo cómo contrarrestar la injerencia estadounidense. Las lecciones que dejó Colombia: polarización de modelos económicos, campañas con fuerza, narrativas audiovisuales. Y un gran interrogante: ¿cómo lidiar con la injerencia de Trump en las elecciones regionales? En la apertura Pablo Iglesis en el streaming "La Píldora", analiza el presente y futuro electoral de Colombia, la región y más allá.

Colombia: El centro político tampoco existió

En Colombia, la idea del centro político como bloque electoral o fuerza ideológica autónoma nunca ha existido realmente. Históricamente, el espectro se ha movido entre el bipartidismo tradicional (liberal-conservador), el caudillismo y una fuerte polarización, donde las propuestas de centro suelen ser equilibrios inestables o estrategias discursivas. En la primera vuelta de 2026 el primer lugar de Abelardo de la Espriella, un excéntrico empresario alineado con la extrema derecha, ha cambiado las condiciones de la campaña para el balotaje del 21 de junio próximo. A la cabeza de las encuestas durante toda la campaña, el candidato de izquierda Iván Cepeda debe revertir ahora el golpe político y anímico que significó el resultado.

Mujercitas

Analizamos algunas de las tensiones internas dentro del oficialismo encabezado por el presidente Javier Milei, focalizándose en la disputa entre Patricia Bullrich y Karina Milei. La hipótesis central sostiene que esta confrontación expresa diferencias estratégicas entre fracciones del poder económico que, aunque coinciden en el programa de ajuste fiscal y liberalización económica, difieren en sus formas de construcción política y articulación institucional.
Desde una perspectiva político-económica, el sector asociado a Bullrich aparece vinculado al empresariado tradicional, las corporaciones multinacionales y los sectores del denominado “círculo rojo”, que privilegian la estabilidad institucional, la previsibilidad regulatoria y los acuerdos políticos amplios. En contraste, el espacio liderado por Karina Milei y el denominado “Triángulo de Hierro” se relaciona con capitales financieros globales, fondos de inversión, empresas tecnológicas y actores económicos que favorecen una profundización más acelerada de la desregulación y una menor dependencia de las estructuras políticas tradicionales.
La disputa adquirió relevancia institucional a partir del tratamiento del pliego de la jueza María Verónica Michelli en el Senado. La decisión de la Casa Rosada de retirar su candidatura provocó una fractura pública dentro del bloque oficialista, evidenciada por la abstención de Bullrich y la aprobación final del pliego con apoyo opositor. Este episodio puso de manifiesto las dificultades del oficialismo para sostener disciplina parlamentaria y garantizar mayorías en cuestiones estratégicas.
En el plano electoral, el conflicto se expresa en dos estrategias divergentes. Mientras Karina Milei impulsa la consolidación de una estructura partidaria autónoma de La Libertad Avanza, desplazando aliados tradicionales del PRO, Bullrich promueve una integración más amplia de las fuerzas de centroderecha para maximizar competitividad electoral y gobernabilidad: Se señalan las tensiones entre el Gobierno y el grupo industrial Techint, originadas por decisiones de contratación en proyectos vinculados a Vaca Muerta. Estas diferencias reflejan un conflicto entre una lógica de competencia global basada en costos y la defensa de sectores industriales nacionales. Al mismo tiempo, se destaca que la seguridad jurídica continúa siendo una demanda central de los grandes inversores, especialmente en el marco del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
Finalmente, la interna entre Bullrich y Karina Milei trasciende una disputa personal y representa una puja por la orientación política del oficialismo, con consecuencias sobre la gobernabilidad, la construcción partidaria, las relaciones entre Estado y capital, y la capacidad del Gobierno para sostener consensos legislativos e institucionales. Desde una perspectiva de análisis de clases, la controversia puede interpretarse como una expresión de las tensiones entre distintas fracciones del capital —financiero, tecnológico e industrial— que buscan influir en la configuración del proyecto político libertario y en la distribución futura de beneficios derivados de las reformas económicas en curso, todas perjudiciales para el interés nacional y el conjunto de los sectores populares, obviamente.

Elecciones en Colombia: La ultraderecha confía en el «efecto balotaje»

La historia de Colombia revela una larga disputa por su posición estratégica en el continente. Desde la separación de Panamá hasta el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, distintos episodios marcaron el vínculo con Estados Unidos y ayudan a comprender las tensiones que atraviesa hoy el escenario político colombiano. Hoy hay elecciones de primera ronda, la ultraderecha, como es habitual, confía en el efecto balotaje. ¿Les recuerda algo? Al pie de la nota, la carga de votos oficiales que se comenzarán a conocer a partir de las 16hs. en Colombia (18hs. en Argentina), los primeros resultados se estiman para las 20.30 hs de La Argentina y en la apertura, la transmisión en directo desde Colombia.