Cuando los mercados celebran y las mayorías no llegan a fin de mes

Hay una contradicción que atraviesa a las derechas contemporáneas: pueden exhibir crecimiento económico, inversiones, mercados financieros en alza y determinados indicadores favorables, pero cada vez les resulta más difícil convencer a las mayorías de que esa prosperidad también les pertenece.

El caso de Donald Trump es revelador. Un reciente análisis de Axios muestra la distancia entre los indicadores macroeconómicos y la percepción cotidiana de los estadounidenses. Los precios, la vivienda, la gasolina, las tasas de interés y la inseguridad laboral pesan más que cualquier dato del PIB.

La contradicción no es comunicacional. Es material.

Un trabajador no compra el PIB. No paga el supermercado con la tasa de crecimiento ni la hipoteca con la cotización de Wall Street. La economía que importa para las mayorías es la que determina cuánto cuesta reproducir diariamente su vida.

Trump llegó nuevamente al poder explotando esa frustración. Prometió recuperar salarios, empleo industrial y capacidad adquisitiva. Ahora empieza a ser juzgado por las mismas condiciones materiales que utilizó para cuestionar a sus adversarios.

Aquí aparece una cuestión de clase que el lenguaje económico suele ocultar: no alcanza con preguntar cuánto crece una economía; hay que preguntar quién se apropia de ese crecimiento.

La inteligencia artificial ofrece un ejemplo paradigmático. El capital celebra inversiones, productividad y valorizaciones bursátiles; millones de trabajadores observan, en cambio, la posibilidad de que la automatización transforme o elimine sus empleos. El capital celebra la productividad futura. El trabajador pregunta si tendrá trabajo mañana.

La misma contradicción aparece en Argentina.

Milei construye buena parte de su legitimidad sobre la caída de la inflación, el equilibrio fiscal, la recuperación financiera y las expectativas de los mercados. Pero una economía no se convierte automáticamente en una experiencia social positiva porque mejoren sus variables financieras.

Puede bajar la inflación y mantenerse un nivel de precios inaccesible para millones. Puede equilibrarse el presupuesto mientras se deterioran servicios públicos. Puede aumentar la rentabilidad empresarial mientras se debilita el empleo formal. Puede crecer la inversión mientras aumenta la precariedad.

No se trata de negar los datos, sino de preguntar qué relaciones sociales producen esos resultados y quién se apropia de sus beneficios.

Ese es el punto que las derechas intentan desplazar mediante la individualización del conflicto. Si el salario no alcanza, falta capacitación. Si no hay trabajo, es un problema personal. Si aumenta el endeudamiento, fue una mala decisión familiar. La estructura desaparece detrás de la responsabilidad individual.

Pero la experiencia cotidiana termina imponiéndose.

Trump puede decir que la economía funciona. Milei puede afirmar que el programa es exitoso. Los mercados pueden acompañarlos. Existe, sin embargo, un límite político: la percepción que las clases populares tienen de sus propias condiciones de existencia.

Cuando una mayoría siente que trabaja más, paga más y tiene menos seguridad sobre su futuro, los indicadores macroeconómicos dejan de producir legitimidad.

Por eso el problema de Trump puede terminar siendo también el de Milei: una economía puede ser exitosa para los mercados y políticamente desastrosa para un gobierno cuando el crecimiento no se traduce en bienestar para las mayorías.

Las sociedades no votan solamente sobre el PIB, el déficit o el riesgo país. Votan sobre su propia vida, o mejor, sobre lo que imagina es su propia vida.

Y cuando la distancia entre la economía que celebran los mercados y la economía que padecen las mayorías se vuelve demasiado grande, la contradicción económica muchas veces, termina convirtiéndose en contradicción política.

Apuntes: Lula ante el otro Brasil – territorio, clases y poder –

El resultado del primer turno brasileño no expresa solamente una competencia entre Lula y Flávio Bolsonaro. Expone una fractura productiva, territorial, social, cultural y subjetiva mucho más profunda. El lulismo conserva una extraordinaria fortaleza popular en el Nordeste y en sectores subalternos, pero el bolsonarismo construyó una identidad política capaz de atravesar clases, territorios y generaciones.

La ultraderecha controla además espacios decisivos del Congreso, gobiernos estaduales, redes religiosas, territorios económicos y buena parte de la disputa digital. Lula aún puede ganar el 25 de octubre.

Pero la verdadera batalla por Brasil comenzará al día siguiente, tal como señalara Cristina Kirchner, aún ganando los gobiernos popular democráticos reciben un 25% del poder real y lo advirtió hace más de una década, ese porcentaje hoy debiera se revisado y a la baja.

Elecciones en Brasil: Resultados oficiales

Los primeros resultados oficiales de las elecciones en Brasil comenzarán a conocerse a partir de las 17:00 (hora de Brasilia y de la Argentina), una vez cerradas las urnas. 

Cierre de urnas: Las mesas de votación operan de 08:00 a 17:00 de forma simultánea. 

Publicación de datos: El Tribunal Superior Electoral (TSE) inicia la difusión de los primeros boletines parciales apenas finaliza el sufragio. 

Diferencia horaria: Al encontrarnos en Argentina, no hay diferencia horaria con el huso principal de Brasilia, por lo que los datos se siguen en el mismo horario. 

Todo dato electoral que circule antes y por fuera del escrutinio oficial no debe ser tomado en cuenta.

En el inicio Nodal en su canal de Youtube desarrolla una transmisión colaborativa en directo con teleSUR, Alba Movimientos y Brasil de Fato.

La gobernanza seguirá siendo rehén de negociaciones agotadoras

Las elecciones brasileñas no se reducen a la disputa entre Lula y el apellido Bolsonaro. Detrás de las urnas existe una estructura de poder en la que el agronegocio, el capital financiero, las iglesias evangélicas, el Congreso conservador y las nuevas formas de precarización social han convertido al bolsonarismo en algo mucho más profundo que una candidatura. Lula puede conservar el gobierno, pero el verdadero desafío será recuperar para las mayorías populares la capacidad de disputar el sentido económico, social y político del futuro brasileño y esa disputa contiene pero excede la dimensión electoral.

Lula ante otros cuatro años: entre la esperanza y los límites del poder

De darse, la continuidad de Lula abre una nueva etapa política en Brasil, pero también vuelve a poner sobre la mesa la contradicción central del lulismo: mejorar las condiciones de vida de las mayorías sin alterar las estructuras de poder que garantizan la reproducción del capital. El desafío no es sólo derrotar electoralmente a la derecha, sino avanzar sobre la concentración económica, el poder financiero y la apropiación privada del excedente. El problema no es solamente si gobierna una derecha brutal como Milei o una centroizquierda como Lula. La cuestión estructural es qué clase controla las palancas fundamentales de la economía.

La diferencia política es enorme —y sería un error equiparar ambos proyectos—, pero existe una cuestión común: cuando el capital conserva el control sobre inversión, crédito, tierra, comercio exterior y recursos estratégicos, el margen de transformación de un gobierno popular queda condicionado.

En Brasil, además, esa estructura tiene una dimensión imperialista/subimperialista particular: una enorme burguesía nacional, un agronegocio extremadamente concentrado, grandes bancos, minería, petróleo y una industria con peso regional. No estamos frente a una economía periférica simple.

Por eso el segundo mandato de Lula debería evaluarse menos por el discurso electoral y más por qué ocurre con la propiedad, la inversión, la distribución del excedente y el poder de negociación de la clase trabajadora.

Y allí aparece la pregunta que Roberts deja abierta y que, desde una perspectiva marxista, resulta inevitable:

¿Puede el lulismo administrar el capitalismo brasileño durante otros cuatro años sin terminar subordinando nuevamente las necesidades populares a las exigencias de la acumulación?

Flydubai: ¿incidente, pretexto o bandera falsa?

El episodio del vuelo FZ1073 no puede leerse solamente como un dramático incidente aéreo. También obliga a mirar cómo los Estados y los grandes aparatos de comunicación convierten hechos todavía bajo investigación en relatos políticos capaces de fabricar enemigos y legitimar nuevas escaladas. La hipótesis de una “bandera falsa” exige pruebas y no puede confundirse con una certeza, pero tampoco puede ignorarse la historia de operaciones encubiertas y pretextos bélicos utilizados por las potencias para construir consenso alrededor de la guerra. En Medio Oriente, donde la disputa por el territorio, los recursos y el poder regional se entrecruza con intereses estratégicos globales, la pregunta decisiva no es solamente qué ocurrió dentro de aquella cabina, sino quién tiene capacidad para imponer el significado de lo ocurrido y qué intereses se benefician cuando el miedo vuelve a convertirse en argumento político. En la apertura el historiador mexicano Cristian Nader da su punto de vista sobre el caso.

Servida en bandeja

El fallo de la Corte Suprema sobre la Ley de Tierras vuelve a mostrar que detrás de los expedientes y los tecnicismos jurídicos hay una disputa bastante menos sofisticada: quién se queda con la tierra. En una Argentina donde la extranjerización avanza mientras el poder económico amplía su capacidad de apropiación, la Justicia no aparece por fuera del conflicto social: también forma parte de la trama que define quién puede comprar, concentrar y disponer del territorio.

Informe Energético CEPA: Guerra a los usuarios

La política energética del Gobierno exhibe una contradicción central: mientras promete seguridad jurídica e inversiones récord en París, en la Argentina se investigan decisiones vinculadas al RIGI, se condonan USD 1.842 millones a distribuidoras eléctricas y se avanza con privatizaciones que favorecen a actores ya instalados. Al mismo tiempo, el ajuste de la Zona Fría descarga el costo sobre millones de usuarios, mientras los grandes negocios energéticos reciben beneficios, subsidios y garantías. Entre el RIGI, Vaca Muerta y las reformas regulatorias, el modelo redefine quién paga y quién captura la renta energética.

El momento en que te vas

A los 76 años, falleció Ricardo Soulé, guitarrista, violinista y compositor fundamental de Vox Dei. El creador de "Presente" e impulsor central de "La Biblia", transformó la melancolía y la fe en un legado poético y musical que acompañó y acompañará para siempre a generaciones. La versión de "Presente" del inicio es la original, grabada para el sello Mandioca en 1970.

Ley de tierras: La «Justicia» como aparato de reproducción de los intereses del bloque en el poder

La Justicia, como aparato ideológico y material del Estado, contribuye a reproducir las relaciones de dominación existentes, legitimando jurídicamente la apropiación y concentración de los recursos estratégicos en beneficio de los sectores dominantes. Recientemente, al amparo de un estricto formalismo procesal, el máximo tribunal clausuró la vía judicial contra la derogación de la Ley de Tierras dispuesta por el DNU 70/2023. Proponemos discutir una lectura que desarticula la pretendida neutralidad técnica del fallo, exponiendo cómo el andamiaje jurídico opera —en sintonía con las tesis críticas de Marx y Althusser— como un dispositivo estructural para legitimar el despojo material y subordinar los recursos estratégicos al gran capital transnacional. Sabemos que algunos aún sostienen "la autonomía absoluta" del discurso jurídico respecto a los intereses de los sectores dominantes, "la justicia justa": Esperamos con fervor leer sus fundamentos. ⚖️
PD: El que mejor resumió la función de "la justicia" fue el Dr. Glock, , cuya visión, breve pero contundente, da inicio al artículo.

Irak: 23 años de guerra y saqueo

Estados Unidos finalmente se retira de Irak. Pero una retirada militar no significa que desaparezcan las consecuencias de la ocupación. Queda un país devastado, una sociedad atravesada por décadas de guerra y contaminación, instituciones reconstruidas bajo tutela extranjera y una disputa por los recursos que nunca estuvo separada de la intervención militar. Washington se va después de haber transformado profundamente Irak. La pregunta histórica no es solamente por qué se retira, sino qué deja detrás. Irak no fue solamente una guerra: fue la destrucción planificada de un Estado, el saqueo de sus recursos y la devastación de una sociedad cuyos costos humanos, ambientales y sanitarios se prolongan hasta hoy. Bajo la bandera de la “democracia” y la amenaza de unas armas de destrucción masiva que nunca aparecieron, Estados Unidos y sus aliados impusieron una ocupación que convirtió la soberanía iraquí en botín. El genocidio, el saqueo y las malformaciones no son capítulos separados: forman parte de las huellas materiales de una guerra imperial cuyo verdadero precio pagó —y sigue pagando— el pueblo iraquí. Ninguno de los involucrados en este genocidio y ecocidio ha sido condenado por la Corte Penal Internacional. 20 años después, los iraquíes aún esperan una justicia imposible e inalcanzable. Así actuaba con los pueblos oprimidos el viejo orden internacional que aún hoy, algunos añoran. "El mal menor"

De la bandera de Malvinas a la venta de la tierra

Hay una contradicción política : no alcanza con denunciar hoy la extranjerización si antes se acompañó —desde distintos espacios opositores y provinciales— el andamiaje jurídico y económico que amplió la capacidad del capital transnacional para apropiarse de recursos estratégicos.
Conviene, eso sí, distinguir responsabilidades: no todos los dirigentes opositores votaron lo mismo ni apoyaron el RIGI. La propia votación parlamentaria muestra posiciones diferenciadas. Pero sí existe un antecedente documentado de gobernadores peronistas y legisladores provinciales aliados que impulsaron o acompañaron el RIGI, Súper RIGI el andamiaje estructural de la pérdida de soberanía particularmente en el Norte del paí, que según esta dirigencia transvcersal, resularía beneficiado con la entrega de soberanía.

La mala bestia

Trump, se desploma en su popularidad centralmente por el aumento del costo de vida, la posición de defensa de los intereses de países extrajeros antes que los nacionales y ahora ya por la desastrosa guerra contra Irán cuyo final parece cada día más lejano y desfavorable. El presidente necesita un chivo expiatorio, y el primer ministro israelí , un genocida orgulloso, un error de la natruraleza, una mala bestia, es quien mejor encaja en el perfil.

La disputa central del capitalismo vuelve a ser la misma que Marx identificó hace más de un siglo

El discurso neoliberal presenta productividad, digitalización e inteligencia artificial como fenómenos técnicamente neutrales. Pero la distribución de sus frutos depende de la estructura de propiedad y del poder de negociación. El trabajo de Michael Roberts analizando la dinámica de la distribución del ingreso en los Estados Unidos, muestra que cuando los sindicatos pierden fuerza y el capital concentra tecnología, mercados y activos financieros, una parte creciente del excedente puede desplazarse hacia beneficios, rentas y valorización patrimonial.

Y aquí aparece una conexión muy actual con Argentina: el problema no es simplemente “salarios bajos”, sino una modificación de la distribución funcional del ingreso y de las relaciones de poder entre capital y trabajo. Los datos argentinos disponibles hasta junio de 2026 también muestran una fuerte transformación del mercado laboral desde noviembre de 2023, con pérdida de empleo registrado y cambios en la estructura empresarial todo sostenido por una regresividad distributiva histórica, cuyo punto de inicio fue diciembre de 2015 hasta la actuallidad sin solución de continuidad, regresividad que involucra a las tres fuerzas que unidas o separadas pretenden competir de cara al 2027. Tres tigres comieron los mismos tres platos de trigo ...

IA: La burbuja más cara que jamás haya construído Wall Street

La inteligencia artificial ya no es un sector: es *la* apuesta. Cinco tecnológicas planean gastar 4,2 billones de dólares hasta 2029 —más que ferrocarriles, rutas e internet juntos— mientras su flujo de caja se derrumba y los precios de los tokens se hunden. El crecimiento de Estados Unidos pende de un solo hilo. El economista marxista Michael Roberts advierte en este artículo que si la productividad no aparece, el mercado lo va a sentir.

Sin Diarios Stream

Sin Diarios Stream es el nuevo espacio de análisis, debate y actualidad política conducido por Amado Boudou, Artemio López; Mariano Frsachina, Natalia Salvo, Sebastián Fernández y Soledad Alonso. El ciclo se emite en vivo todos los martes a las 16:00 hs a través de la plataforma de YouTube del canal 1111 Contenidos. Este es el envío 2 completo. De nada.
Este formato audiovisual funciona como una extensión o propuesta hermana del tradicional programa radial Sin Diarios, el cual se transmite de manera habitual los sábados por la mañana de 9:00 a 11:30 hs en la emisora Somos Radio AM 530.

Reino Unido: Fairford y la fábrica mediática del enemigo iraní

Cuando los medios de comunicación tradicionales abordan temas en los que las industrias bélicas de Occidente tienen mayor inversión, abandonan alegremente incluso la apariencia de distancia crítica del Estado. El interés de este artículo, entonces, no está solamente en determinar si es verdadera o falsa la hipótesis de participación iraní en el supuesto plan de atentado a la base milirar Fairford del Reino Unido. El eje conceptual está en observar cómo se construye socialmente la verdad en situaciones de guerra, mecanismo que puede generalizarce a otras situaciones conmocionantes (en La Argentina tuvimos episodios aún más dramáticos)

Cuando un Estado occidental está involucrado militarmente en un conflicto, la frontera entre información, seguridad nacional y comunicación estratégica puede volverse extremadamente porosa.

La secuencia puede ser:

incidente → detención → sospecha → filtración → hipótesis de inteligencia → cobertura mediática → opinión pública → legitimación de nuevas medidas de seguridad o militares.

El problema democrático aparece cuando esa cadena funciona sin que la prensa conserve suficiente distancia respecto de las fuentes estatales.

Cook lleva esa crítica hasta una cuestión estructural: la concentración de los medios en grandes corporaciones y la dependencia de fuentes oficiales hacen que, precisamente en los momentos en que el poder necesita mayor escrutinio, el periodismo pueda terminar funcionando como amplificador de la narrativa del aparato de seguridad.

En ese sentido, Fairford es un caso pequeño de un problema mucho mayor: quién controla el marco interpretativo de una guerra.

Y esa es probablemente la veta más interesante: no discutir qué debemos creer sobre los cinco detenidos, sino analizar por qué el sistema mediático parece necesitar una explicación geopolítica antes de que la investigación haya producido las pruebas que la sostengan. En el inicio un primer capítulo del video del año 2021 ¿Cómo se crean los enemigos? de María Jimena Duzán. Se pregunta ¿Por qué ser o pensar distinto era y hoy más que nunca es motivo de señalamiento y estigmatización en Colombia? El mundo mediático "occidental" es pequeño.

El Estado en demolición: El caso INMET

Por un ahorro fiscal marginal, el Gobierno está dispuesto a desmantelar una infraestructura científica construida durante años. El cierre del Instituto Nacional de Medicina Tropical (INMeT) no es simplemente una medida de austeridad: expresa una decisión política sobre qué capacidades colectivas conserva el Estado, cuáles abandona y quién ocupa el espacio que deja vacío.

Según el análisis publicado por Monthly Review Online, el presupuesto del INMeT para 2025 rondaba los 617.692 dólares y el ahorro efectivo derivado de su cierre sería de aproximadamente 103.000 dólares anuales, descontando salarios que continuarían. A cambio, se desarticula una institución con 11 hectáreas, unos 10.000 metros cuadrados de laboratorios y equipamiento científico de alta complejidad. La desproporción revela que el problema no es contable: es político.

Ubicado en Puerto Iguazú, el INMeT investiga enfermedades tropicales y problemas epidemiológicos propios de una región fronteriza con Brasil y Paraguay. Su desmantelamiento retira capacidad científica del territorio donde cumple una función estratégica. Un laboratorio, una red de vigilancia o un investigador especializado no son partidas intercambiables: constituyen capacidades acumuladas durante años y difíciles de reconstruir cuando desaparecen.

El discurso del ajuste convierte esas capacidades en “gasto”. Pero el proyecto neoliberal no se limita a reducir el Estado: modifica la relación de fuerzas entre lo público y lo privado. Allí donde el Estado deja de producir conocimiento, investigación o capacidades sanitarias, el mercado gana espacio; y el mercado distribuye esos bienes según rentabilidad y capacidad de pago, no según necesidad social. La desigualdad, por tanto, no desaparece con el retiro estatal: cambia de forma.

La dimensión territorial y estratégica es inseparable de esa operación. Concentrar recursos en los grandes centros mientras se desarman instituciones instaladas en las regiones reproduce una estructura histórica: el centro conserva recursos y decisión; las periferias quedan con los problemas y pierden herramientas para resolverlos. Al mismo tiempo, un país que desmantela laboratorios, investigadores y sistemas de vigilancia aumenta su dependencia científica y tecnológica. La dependencia también se construye desde adentro cuando se renuncia a las capacidades que permiten reducirla.

Por eso el caso del INMeT excede a la institución. Expone un método: convertir lo público en una cifra de gasto, presentarlo como burocracia, justificar su eliminación en nombre de la eficiencia y ocultar que cada cierre también redistribuye capacidades y poder. La vieja fórmula de Margaret Thatcher —“no existe la sociedad”— encuentra aquí una traducción concreta: si sólo existen individuos, las instituciones que organizan respuestas colectivas pueden presentarse como obstáculos. Pero una epidemia no se enfrenta con individuos aislados ni una emergencia sanitaria se resuelve mediante el mercado.

Los gigantes no son los pequeños organismos públicos acusados de consumir recursos. El verdadero gigante es la capacidad colectiva que permite a una sociedad producir conocimiento, proteger su territorio y disputar su dependencia.

Cuando esa capacidad se destruye en nombre del ahorro, la pregunta decisiva no es cuánto dinero se economiza, sino qué intereses se fortalecen cuando aquello que fue construido colectivamente deja de ser considerado un bien común.

Del ajuste salarial al endeudamiento popular

El fenómeno de endeudamiento puede sintetizarse así: primero cae el salario real → aumentan los costos esenciales → se reduce el ingreso disponible → el hogar se endeuda para sostener el consumo → llega la morosidad → la deuda deja de ser una solución transitoria y se convierte en otra forma de ajuste.

Por eso, la morosidad récord no es simplemente un problema de quienes “no pagan”. Es también un indicador de la incapacidad de los ingresos laborales y previsionales para acompañar el costo de reproducción de la vida.

La nube también contamina: el capitalismo digital detrás del ecocidio

La revolución digital no terminó con la explotación: la hizo más veloz, más global y, en buena medida, más invisible. Detrás de la nube, la inteligencia artificial, los centros de datos y las plataformas existe una gigantesca infraestructura material sostenida por trabajadores, energía, agua, minerales y territorios. Benjamin Selwyn advierte que la digitalización no separa al capitalismo de la destrucción ambiental: puede convertirla en un proceso más eficiente y extendido.

De allí el concepto de “ecocidio sistémico”: la destrucción de la naturaleza no aparece como una anomalía del sistema, sino como una consecuencia incorporada al funcionamiento cotidiano de las cadenas globales de valor. La misma dinámica que presiona sobre los trabajadores presiona sobre los territorios. La explotación laboral y la apropiación de la naturaleza no son procesos independientes: forman parte de una misma lógica de acumulación.

La tecnología promete eficiencia, pero el capitalismo puede convertir esa eficiencia en más consumo. La llamada paradoja de Jevons muestra precisamente esa contradicción: cuando una tecnología reduce el costo de utilizar un recurso, su consumo puede aumentar en lugar de disminuir. Por eso no alcanza con afirmar que una economía más digital será necesariamente una economía más sustentable.

El litio concentra buena parte de esta contradicción. Las baterías necesarias para la transición energética requieren minerales cuya extracción demanda territorios, agua y trabajo. Selwyn muestra cómo esa cadena puede producir contaminación, agotamiento de recursos hídricos, degradación ambiental y riesgos laborales. La transición verde no elimina automáticamente las relaciones de explotación: puede trasladarlas hacia otros territorios y otros eslabones de la cadena global.

Lo mismo ocurre con la economía digital. La nube no flota en el aire. Necesita centros de datos, electricidad, chips, cables, minerales, dispositivos y enormes cantidades de infraestructura. Tampoco desaparece el trabajo: se reorganiza mediante sistemas capaces de monitorear, disciplinar y coordinar proveedores y trabajadores dispersos por el planeta. La digitalización, entonces, no desmaterializa el capitalismo: digitaliza su capacidad de organizar la producción y de ejercer control sobre ella.

Aquí aparece la cuestión central: ¿quién controla esa tecnología y quién paga sus costos? Las grandes empresas pueden utilizar la digitalización para coordinar cadenas cada vez más extensas, mientras los costos materiales, sociales y ambientales quedan distribuidos entre trabajadores, comunidades y territorios. El capital digitaliza la producción, pero no digitaliza sus costos.

Por eso la discusión sobre inteligencia artificial y transición energética no puede reducirse a una cuestión tecnológica. Es también una discusión sobre poder, propiedad y distribución. Si la innovación permanece subordinada a la acumulación, una tecnología más eficiente puede significar simplemente una capacidad mayor para extraer recursos, intensificar el trabajo y ampliar los mercados.

El desafío planteado por Selwyn va en otra dirección: imponer límites ecológicos, prolongar la vida útil de los dispositivos, garantizar reparación, reducir la obsolescencia y someter las infraestructuras digitales a formas de control público y democrático.

La paradoja del capitalismo digital es que cuanto más “virtual” parece, más material puede ser su huella. La inteligencia artificial no elimina la vieja relación entre capital, trabajo y naturaleza. La reorganiza bajo nuevas tecnologías. Y detrás de cada algoritmo, cada centro de datos y cada batería sigue existiendo la misma pregunta que el capitalismo intenta ocultar: quién se apropia de los beneficios y quién soporta los costos.