
El Gobierno festeja el aumento del empleo total como un éxito de su gestión, pero las estadísticas oficiales revelan un escenario mucho más alarmante: la consolidación de la precarización laboral y la destrucción del trabajo de calidad. A través de una "ingeniería narrativa" que expone números brutos de forma parcial, el relato oficial choca de frente con la fractura del tejido social, productivo y político del país. Mientras el presidente Javier Milei exhibe gráficos que muestran la creación de 113.000 puestos de trabajo totales, los datos de la Secretaría de Trabajo exponen un severo efecto sustitución. Entre noviembre de 2023 y el primer trimestre de 2026, se perdieron 216.321 empleos privados registrados (-3,4%). Esta alarmante caída del empleo protegido fue compensada únicamente por el alta de 165.542 nuevos monotributistas (+8%) y un fuerte avance de la informalidad. No hay expansión económica; hay refugio en el cuentapropismo de subsistencia. Este fenómeno responde a una profunda fragmentación productiva. La recesión y las políticas oficiales desarticulan el entramado de las pequeñas y medianas empresas (PyMEs), que históricamente sostienen el trabajo formalizado. Al romperse estas cadenas de valor, la economía se fractura en un modelo dual: un polo minoritario, concentrado y reprimarizado, frente a una masa de trabajadores precarizados. El mercado laboral marcha a toda velocidad hacia una configuración "70/30", donde el 70% de la población queda empujada a la informalidad, la desocupación (asentada en el 7,8%) y a una presión desesperada por conseguir más de un empleo para cubrir la canasta básica. La degradación económica reordena el mapa político. La atomización laboral y productiva disuelve la representación nacional de los partidos de masas y fragmenta a la oposición. Esta dispersión es causa y efecto de la persecución y proscripción del liderazgo nacional de Cristina Fernández de Kirchner. Clausurada la representación nacional la representación política se debilita y se reorganiza en función de la nueva configuración socioeconómica: El modelo de llegada es Perú al que sistemáticamente refieren como "exitoso" los integrantes del gobierno nacional.

Existe amplia documentación de un incremento de la hostilidad, las agresiones y las restricciones que afectan a comunidades cristianas en Tierra Santa, especialmente a los cristianos palestinos y al clero visible. La interpretación de las causas y del grado de responsabilidad del gobierno israelí es objeto de intenso debate político, pero la existencia de esos incidentes y la preocupación expresada por las propias iglesias están respaldadas por múltiples fuentes.

🎥 Resumen del video:
En el video inicial se analiza la renuncia de Manuel Adorni como vocero presidencial, interpretándola como un síntoma de tensiones internas dentro del gobierno de Javier Milei.
Una lectura crítica, señalando que la salida de Adorni refleja una crisis en la estrategia comunicacional y un desgaste político acelerado.
Se mencionan las repercusiones mediáticas, con algunos medios interpretando la renuncia como un signo de debilidad y otros como una maniobra para reorganizar el discurso oficial.
El tono general es analítico y polémico, con énfasis en cómo esta renuncia puede afectar la percepción pública del gobierno y su capacidad para sostener el relato político.
🎥 Resumen del contenido
Tema central: La renuncia de Manuel Adorni como vocero del gobierno de Javier Milei.
Se interpreta la decisión como un síntoma de crisis comunicacional y desgaste político dentro del oficialismo.
Argumentos principales:
La figura del vocero se debilitó por la concentración del discurso en el propio presidente.
La salida busca recomponer la estrategia mediática ante crecientes tensiones internas.
Se mencionan las reacciones de distintos medios y analistas, que oscilan entre ver la renuncia como un signo de debilidad o como una maniobra de control.
En síntesis, el video plantea que la renuncia de Adorni no es un hecho aislado, sino parte de un proceso de reconfiguración del relato oficial y de centralización del liderazgo presidencial.
Se agregan comparaciones con episodios locales e internacionales similares y sus consecuencias inmediatas.
Cierra una breve descripción – prontuario de las últimas características centrales del modelo de acumulación que encarna el reemplazante de Manuel, el inefable Diego.

El artículo de Axios - algo así como un house organ del gobierno de Trump- identifica un fenómeno políticamente relevante: el comienzo de una fisura dentro de la coalición republicana respecto de Israel, y en particular respecto del liderazgo de Benjamin Netanyahu. No sostiene que el Partido Republicano haya dejado de ser proisraelí, sino que una parte creciente de su base y de sus referentes cuestiona el costo que tiene para Estados Unidos seguir alineándose automáticamente con Netanyahu.
Los principales ejes son:
La guerra con Irán funcionó como catalizador. El acuerdo impulsado por Donald Trump con Irán dejó a Netanyahu políticamente aislado, después de que el gobierno israelí apostara por una estrategia de máxima confrontación.
El sector "America First" se consolida como un polo crítico. Figuras como Tucker Carlson, Megyn Kelly y Marjorie Taylor Greene plantean que Estados Unidos no debe involucrarse en guerras impulsadas por intereses israelíes y utilizan el caso como una disputa interna contra el establishment republicano.
La opinión pública republicana también muestra cambios. Una encuesta de la University of Maryland citada por Axios indica que solo uno de cada cuatro republicanos evaluó positivamente la guerra contra Irán, una señal de desgaste del consenso tradicional.
El dato más importante no es un supuesto abandono de Israel, sino la crisis del consenso neoconservador construido desde los años noventa.
Durante décadas, el apoyo irrestricto a Israel fue uno de los pocos puntos de acuerdo entre republicanos y demócratas. Hoy aparece una fractura entre:
el establishment republicano tradicional, ligado al complejo militar-industrial y a la alianza estratégica con Israel; el nacionalismo "America First", cuyo criterio central es reducir los costos externos para priorizar la competencia con China y la política doméstica.
En ese marco, Netanyahu pasa de ser un activo electoral para sectores republicanos a convertirse, para parte de esa nueva derecha, en un dirigente que arrastra a Estados Unidos hacia conflictos considerados innecesarios.
De todas formas, conviene no sobredimensionar el fenómeno. El propio artículo reconoce que el Partido Republicano continúa siendo mayoritariamente favorable a Israel.
La discusión se concentra en dos cuestiones:
si el problema es Netanyahu como líder político; o si comienza una revisión más profunda de la relación estratégica entre Washington y Tel Aviv.
Por ahora, la evidencia apunta más a la primera hipótesis. Sin embargo, si el aislamiento internacional de Netanyahu continúa y Trump consolida una política de estabilización regional mediante acuerdos con Irán y otros actores, la discusión podría evolucionar hacia un replanteo más estructural de la alianza tradicional entre el Partido Republicano e Israel.
En la apertura: Presentación del libro de Ilan Pappé "El final de Israel", una Charla debate organizada por Prensa Obrera y Judíes x Palestina
Panel de debate:
Iván Zeta (Judíes x Palestina, Global Jews for Palestine)
Vanina Biasi (legisladora PO - FITU, perseguida por la DAIA)
Patricio Brodsky (Sociólogo, Prof. Genocidio y Memoria - UBA; firmante de la Declaración de Jerusalén)
Emilia Trabucco (directora de Nodal)
Moderación a cargo de Joaquín Ramos, editorial Akal Argentina.

En el mismo momento que en La Argentina el poder del gobierno de Trump es reivindicado por propios y extraños, y el impulso crítico a los resultados del acuerdo por parte del looby israelí ( también el local), es evidente que la guerra contra Irán dejó una conclusión que excede el campo militar: la principal potencia mundial conserva una capacidad bélica incomparable, pero enfrenta crecientes dificultades para convertir esa superioridad en victorias políticas. Esa percepción alimenta la idea de un orden internacional cada vez más multipolar, donde rivales y aliados comienzan a actuar bajo el supuesto de que , sin forzar finales inminentes que no sucederán, el poder estadounidense con o sin Trump, ya no es incuestionable.

En este análisis, el cambio de gobierno colombiano con una reconfiguración continental más amplia, evitando interpretarlo como un fenómeno exclusivamente nacional. Colombia aparece como un eslabón de la estrategia hemisférica de la administración Trump.
Sin embargo, el análisis tiende a enfatizar la dimensión geopolítica por encima de los factores internos. El resultado electoral también expresa conflictos sociales acumulados —desigualdad, inseguridad, desgaste del gobierno de Petro y reorganización de las élites económicas— que ayudan a explicar el triunfo de la derecha y que no pueden reducirse únicamente al respaldo de Washington.
En síntesis, la tesis del artículo es que Colombia deja de experimentar una política exterior relativamente autónoma para reincorporarse al dispositivo estratégico estadounidense en América Latina. El cambio de gobierno no sería solamente un reemplazo de élites nacionales, sino un reposicionamiento geopolítico del país dentro del proyecto regional impulsado por Trump.

Tras una primera vuelta electoral deslucida, donde el candidato oficialista Iván Cepeda intentó atenuar, opacando, la polarización que intrudujo el Pacto Histórico con el gobierno de Petro, (en La Argentina hay antecedentes de este fenómeno de opacamiento en el año 2015), la segunda ronda sin embargo se asumió como estructural la polarización y los resultados para la izquierda fueron, aún derrotada, muy promisorios. El análisis que sigue se aparta de las interpretaciones que presentan la elección como un "rechazo definitivo" al gobierno de Petro. En cambio, propone entenderla como una alternancia dentro de un sistema bipolaremergente, donde la izquierda ya no es una fuerza testimonial sino un competidor permanente por el poder.
Desde una perspectiva comparada latinoamericana, el caso colombiano muestra una dinámica semejante a la observada en otros países de la región: gobiernos que alternan con diferencias electorales muy reducidas, alta polarización ideológica y electorados prácticamente divididos por mitades.
En ese sentido, la principal conclusión no es que la derecha haya construido una mayoría sólida, sino que ningún bloque consiguió transformarse en mayoría hegemónica. El nuevo gobierno comienza con legitimidad electoral, pero también con una oposición extraordinariamente fuerte, mientras que el progresismo pierde el Ejecutivo pero conserva un volumen político suficiente para disputar nuevamente el poder en el próximo ciclo electoral.

La hipótesis de la nota trasciende el debate sobre el empleo. Plantea que el conflicto político argentino actual consiste en definir qué significa "mejorar". Mientras una tradición política evalúa el desempeño económico mediante salarios reales, empleo formal y distribución del ingreso, el oficialismo busca instalar otros criterios —estabilidad macroeconómica, libertad de mercado y responsabilidad individual— como parámetros de éxito. En este contexto la disputa central es, por tanto, una lucha por el sentido de los indicadores económicos y por la legitimidad del modelo de sociedad que esos indicadores representan. La estabilidad política del gobierno no descansa sólo en la desaceleración inflacionaria o en su capacidad comunicacional, sino también en la fragmentación estructural que impone el modelo, tanto en el terreno laboral, social, productivo y de representación política, donde comienzan a convivir muy diversas realidades, sumamente heterogéneas. Una consigna movilizadora como "Cristina Libre", no es una consigna electoral, es un límite a la disolución del plexo nacional de la representación política: la reaparición de un sujeto opositor con capacidad de disputar simultáneamente el sentido de la economía, la democracia y la representación popular a pesar de la fragmentación estructural. productiva , laboral y de representación política con el marco institucional de la constitución reformada del 94 que ofrece una vía regia a la disolución del plexo nacional.

El artículo utiliza el caso del jet de Infantino como una metáfora del capitalismo global contemporáneo: el deporte deja de ser un espectáculo aislado para convertirse en un espacio donde se articulan intereses empresariales, diplomáticos y geopolíticos, cuestionando la idea de que el poder reside exclusivamente en los Estados nacionales. Es real.

La recepción de Heidegger en este caso en España estuvo mediada por la lucha entre distintos bloques culturales e ideológicos; las élites franquistas encontraron en su crítica de la modernidad elementos útiles para legitimar un orden conservador y autoritario; otros sectores reapropiaron categorías heideggerianas para proyectos intelectuales muy diferentes, mostrando que ninguna filosofía mantiene un significado político fijo.
En otras palabras, el caso español confirma que una obra filosófica no posee una traducción política automática: su significado depende de las relaciones sociales, de las instituciones y de las fuerzas que la incorporan a sus propias disputas.
Desde ese punto de vista, el interés del libro no reside tanto en determinar si Heidegger fue "de derecha" o "de izquierda", sino en reconstruir la historia social de sus usos políticos en el caso que se analiza en España, desde la Guerra Civil hasta la actualidad. En La Argentina no somos originales: Lo mismo sucede desde Gramsci hasta Borges, su significado depende de las relaciones sociales, de las instituciones y de las fuerzas que la incorporan a sus propias disputas. Por algo al marxista italiano lo cita Agustín Laje, con la diferencia de que por ahora lo hace desde fuera de la cárcel.

La disputa por el financiamiento universitario excede la discusión presupuestaria. Frente al incumplimiento de una ley votada por el Congreso, el conflicto pone en cuestión el vínculo entre Estado, legalidad y democracia. A partir de un pasaje de Georges Bataille, este texto propone pensar la negativa oficial a aplicar la norma como un rasgo constitutivo de la lógica fascista contemporánea: del tecnofascismo.

La negativa de Estados Unidos a permitir el ingreso al país del árbitro somalí Omar Artan, inicialmente designado por la FIFA para el Mundial, revela una de las grandes contradicciones del torneo: una celebración global organizada dentro de fronteras cada vez más excluyentes. Pero el regreso triunfal de Artan a Somalia mostró también que el fútbol sigue produciendo pertenencia, reconocimiento y orgullo allí donde el poder imperialista intenta imponer sospecha y marginación.

El artículo de Brandon J. Weichert plantea una tesis interesante: la política exterior estadounidense estaría condicionada por restricciones materiales internas. En lugar de interpretar el acuerdo con Irán como un gesto de conciliación, lo presenta como una decisión impuesta por los límites de la capacidad energética y económica de Estados Unidos.
En ese sentido, el conflicto revelaría una contradicción entre la proyección global de poder de Washington y los costos crecientes que implica sostener operaciones militares prolongadas cuando los márgenes energéticos y fiscales se estrechan. Esa lectura encaja con una tradición de análisis de economía política internacional que entiende las decisiones estratégicas de las grandes potencias como resultado de la interacción entre factores militares, energéticos y macroeconómicos, más que exclusivamente diplomáticos.
En el comienzo, Tucker Carlson sostiene que le tomó un tiempo, pero Donald Trump finalmente se dio cuenta de que la mayor amenaza para su administración es Israel. Entrevista a Brandon J. Weichert es el editor de The Weichert Brief en Substack, www.weichert.substack.com, y el editor sénior de seguridad nacional en 19FortyFive.com, una publicación de defensa. Es autor de cuatro libros superventas, el más reciente de "A Disaster of Our Own Making: How the West Lost Ukraine". Se le puede seguir en Twitter @WeTheBrandon.

Los Acuerdos de Isaac expresan el intento del gobierno de Milei de convertir a Argentina en el principal socio político de Israel en América Latina. Según Emilia Trabucco, detrás de la cooperación tecnológica y comercial se perfila una estrategia de alineamiento geopolítico regional vinculada a los intereses de Washington y Tel Aviv, en un contexto marcado por la guerra en Gaza, la confrontación con Irán y la disputa global por tecnologías estratégicas. ¿Argentina: ¿cabeza de playa de los Acuerdos de Isaac en América Latina y el Caribe?

Con la aplastante victoria electoral de los partidarios de Zohran Mamdani y el triunfo de nueve de cada diez victorias para los Socialistas Democráticos de América de Nueva York anoche, queda claro que el alcalde socialista y el movimiento socialista son fuerzas políticas importantes a tener en cuenta. Un aspecto clave para comprender el ascenso de Zohran Mamdani es la nitidez programática de su propuesta. A diferencia de buena parte del progresismo demócrata, que suele diluir sus planteos en fórmulas ambiguas, Mamdani construyó su campaña alrededor de objetivos concretos y fácilmente identificables por amplios sectores populares: control de alquileres, expansión de la vivienda pública, transporte más accesible, fortalecimiento de los servicios urbanos y una mayor carga tributaria sobre los sectores de mayores ingresos.
Esa claridad política resultó decisiva porque permitió transformar el malestar social por el costo de vida en una agenda de gobierno reconocible. Mientras el establishment demócrata tendió a administrar los problemas urbanos sin cuestionar las dinámicas que los producen, Mamdani presentó propuestas que señalan responsables —grandes propietarios inmobiliarios, especulación financiera y desigualdad fiscal— y ofrecen medidas específicas para intervenir sobre esas causas.
La victoria de Claire Valdez y Darializa Avila Chevalier confirma así que el llamado "efecto Mamdani" no se explica solamente por una buena organización militante. También expresa la eficacia de un programa claro en un contexto de creciente frustración social. La combinación entre inserción territorial, demandas de clase y una plataforma de gobierno comprensible permitió construir una coalición electoral capaz de desafiar al aparato tradicional demócrata.
Sin embargo, el verdadero examen comenzará en la gestión municipal. La fortaleza de Mamdani radica precisamente en haber formulado compromisos precisos y verificables. Esa misma claridad que impulsó su ascenso puede convertirse en una fuente de presión política si las restricciones presupuestarias, la resistencia de los poderes económicos y los límites institucionales impiden materializar las transformaciones prometidas. La disputa ya no será sólo electoral: será una confrontación entre un mandato popular de cambio y los intereses que históricamente condicionan la gobernabilidad de Nueva York.

Jonathan Cook advierte que el eventual liderazgo de Andy Burnham sólo tendrá posibilidades de reconstruir al Partido Laborista si rompe con el legado de Keir Starmer. Para el analista británico, la caída de Starmer fue consecuencia de una orientación política opaca de fronteras difusas con la oposición conservadora - incluso en su versión de ultraderecha referida en Nigel Farage - y subordinó al Labour a los intereses del establishment, debilitó sus vínculos con la clase trabajadora y abrió espacio al avance de la derecha.
Sin embargo, la salida de Starmer no resolverá por sí sola la crisis del laborismo. Jonathan Cook sostiene que Andy Burnham deberá distanciarse del rumbo neoliberal y proestablishment de su antecesor si quiere recuperar apoyo popular y contener el avance de la ultra derecha británica. Recuperar la nitidez después de años de opacidad parece una tarea compleja para el laborismo.

Si Cuba colapsara mañana —y el verbo «colapsar» ya no es una hipótesis académica sino una posibilidad clínica—, su epitafio no hablaría únicamente de una nación caribeña. Hablaría de una época. Diría que aquí yace un país que creyó que la moral podía imponerse al poder, que resistió durante más de seis décadas de asfixia programática, y que terminó descubriendo una verdad tan antigua como incómoda: en la política internacional, la solidaridad suele terminar donde comienzan los costos.

Roberto Baschetti declaró el viernes 19 de junio el Juicio por la Verdad que la Justicia Federal de San Martín realizó en relación a la Masacre de José León Suárez, ocurrida los días 9 y 10 de junio de 1956, y que el lunes 22 de junio tuvo su sentencia: Aramburu, Rojas y otros tres fueron declarados culpables de crímenes de lesa humanidad. Transcribimos el testimonio que dio el historiador y sociólogo en el estrado judicial.

Aunque el Gobierno exhibe el aumento del empleo total como un logro económico, los datos del mercado laboral muestran una realidad más compleja: la mayor parte de los nuevos puestos son informales, mientras continúa la caída del empleo registrado. Más que una expansión del trabajo de calidad, los indicadores revelan un avance de la precarización laboral y una creciente presión sobre el mercado de trabajo. El modelo 70/30 avanza a toda velocidad no solo en cuanto a la morfología laboral, la representación política se fragmenta en su plexo nacional, fragmentación promovida y potenciada por el apresamiento y proscripción del liderazgo nacional que encarna CFK, y se ordena de acuerdo a esta nueva configuración socioeconómica. ¿Podrá evitarse finalmente? No lo sabemos Fernandito.

Ambos países firmaron un memorando para finalizar la guerra, pero la ofensiva de Israel en Líbano puede hacerlo fracasar. La guerra que prometió ganar en dos días fue un salvavidas de plomo para Trump. El acuerdo firmado entre Estados Unidos e Irán representa específicamente un intento de cerrar una guerra que resultó más costosa y prolongada de lo que esperaba la administración de Donald Trump. Sin embargo, su estabilidad depende de factores que exceden a los dos firmantes. El principal obstáculo es el papel de Benjamin Netanyahu y la continuidad de las operaciones israelíes en el sur del Líbano.
El memorando establece el cese de hostilidades, la apertura de una negociación de 60 días y compromisos vinculados al programa nuclear iraní, el levantamiento parcial de sanciones y la seguridad en el estrecho de Ormuz. A cambio, Washington habilitó temporalmente exportaciones petroleras iraníes y abrió la posibilidad de liberar fondos congelados.
Desde una perspectiva geopolítica, el acuerdo refleja que ninguno de los actores logró imponer una victoria decisiva. Estados Unidos evitó una escalada regional de consecuencias imprevisibles; Irán preservó la continuidad de su régimen y obtuvo alivios económicos parciales; mientras que Israel aparece como el actor más incómodo frente a una negociación que limita su margen de acción militar.
La cuestión central que muestra Luzzani es que la paz no depende únicamente de Washington y Teherán. Los bombardeos israelíes posteriores a la firma del acuerdo evidencian que el frente libanés sigue siendo un punto de ruptura potencial. Cada ataque amenaza con reactivar una dinámica bélica que podría arrastrar nuevamente a las potencias involucradas. La guerra finalmente no duró "cuatro días", no hubo "cambio de régimen", como prometió el Mossad y probablemente su final haya ingresado a una zona de indefinición estructural. En la apertura, Vance advierte sobre el "desamor". Un romántico finalmente el vice.