“El único soporte real que tiene es su posición geopolítica”, sostiene el analista sobre el respaldo al gobierno de los poderes fácticos y el esquema político financiero de los Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional. Con ese marco, cree muy poco serio lanzar algún vaticinio electoral: “Ninguna fuerza tiene comprada su victoria”, sentenció y, a la vez dudó, que sondeos y encuestas actuales puedan alumbrar una tendencia. Sobre el peronismo planteó que si quiere mejorar “debe generar una alternativa que corrija sus errores”.

Por otra parte, admitió que “se habla demasiado de los nombres” y evaluó: “En definitiva todas son listas de transición que han logrado la unificación electoral, pero no la unidad política que, esperamos, vendrá más adelante”.

Fue problemático, muy tenso y hasta descarnado el armado político, tanto en el oficialismo como en la oposición.

—La inminencia de la elección provincial (en territorio bonaerense) con el desdoblamiento agravó todavía esto de no poder construir una unidad política más sólida, pero obviamente las dos coaliciones construyeron una unidad electoral que le va a permitir sortear esta elección. Pero tanto dentro de Fuerza Patria, como dentro de la coalición de la Libertad Avanza, la unidad política está lejos de haberse alcanzado, hay mucho por discutir y eso creo que se va a desplegar a partir de que se culmine la elección de octubre (las elecciones nacionales son el próximo 26 de octubre, y en el territorio clave bonaerense el 7 de setiembre se elegirán legisladores provinciales). Vamos a ver cómo se ordena finalmente la cuestión en ambas coaliciones.

¿Hay un reacomodamiento interno entre las principales fuerzas?

—La coalición de ultraderecha me parece que tiene un ordenamiento más sencillo en cuanto que el proyecto es el mismo, pero los liderazgos están discutiéndose. Esto de que (Mauricio) Macri está muerto, yo lo quiero ver. Eso de anticipar funerales en política nunca funcionó. Y obviamente dentro de Fuerza Patria el tipo de unidad que llevó adelante el Frente de Todos ha fracasado. Buena parte de la emergencia de Milei se debe a lo que surgió tras la decepción que produjo el Frente de Todos con el tipo de unidad que se construyó. Me parece que la consigna más clara en ese sentido fue la que Máximo (Kirchner) señaló con el «no más Sciolis», o sea, no más en puestos de conducción de gente que efectivamente está lejana del proyecto que inauguró Néstor y continuó Cristina.

Me parece que eso todavía no se logró y que se va a construir en perspectiva de cara al 2027. Hay un gran avance con la declaración del Partido Justicialista sobre la imposibilidad de pagar la deuda, lo cual está planteado, y eso en el peronismo no es habitual. De hecho Alberto (Fernández) la convalidó, (Martín) Guzmán la refinanció y le dio tratamiento parlamentario Y ahí renuncia Máximo. Pero pienso que la cuestión programática no está resuelta.

—En ese marco ¿cómo pensás que juega en la interna peronista la situación de CFK?

—El tema del liderazgo de Cristina, que hay algunos sectores que todavía lo intentan cuestionar, creo que se va a resolver rápidamente de cara al 2027. Los liderazgos históricos no suelen ser superados, mucho menos en situación de proscripción. Pasó con (Rafael) Correa, pasó ahora con Evo (Morales), pasó con la proscripción de Juan Perón durante 18 años, que hubo varios neoperonismos que se lanzaron, entre otros el de (Juan Atilio) Bramuglia y (Augusto Timoteo) Vandor, que se lanzaron (en los años 60 con la consigna Peronismo sin Perón) a la palestra y no pudieron superar el liderazgo de Perón. Va a pasar lo mismo con Cristina. Algunos intentos de neoperonismo hay pero por otro lado el peronismo no kirchnerista electoralmente no tiene potencia. Ya lo ha demostrado más de una vez.

Y ya gobernó: porque el Frente de Todos fue una experiencia que inicialmente construye Cristina para resolver una coyuntura electoral difícil, pero luego Alberto se autonomizó absolutamente de Cristina que tuvo, no sé, veinte intervenciones diciendo «por este camino no», repitiendo «por este camino no». Y Máximo renunció a la jefatura de bloque frente a la convalidación de deuda diciendo que era impagable. O sea, me parece que ya se demostró que no da resultado un peronismo sin kirchnerismo como un componente central, electoralmente es un fiasco y políticamente ni hablar. Mirá cómo terminamos, con la misma estructura distributiva que la que dejó Macri. En 2016. Macri toma 54 puntos de participación de los trabajadores, los baja a 46 y Alberto se va con 45,7. O sea, para un gobierno peronista eso es letal. Y bueno, esas discusiones todavía no se han dado.

Foto: El grito del sur

—Una de las discusiones y polémicas que se dieron de forma acalorada fue sobre la necesidad de incorporar caras nuevas también dentro de la oposición.

—Yo veo que eso está muy bien. El único movimiento que tiene el trasvasamiento generacional como parte de su propia doctrina es el peronismo. Perón lo pensó muchas veces. También lo hizo Néstor, lo hizo Cristina: la formación de agrupaciones territoriales importantes con sectores juveniles. Me parece bien que aparezcan nuevas. Y van a tener que seguir apareciendo por motivos políticos y biológicos. Pero lo que no se puede cuestionar, aún en la emergencia de figuras juveniles que son muy bienvenidas, es el rumbo y el liderazgo. El liderazgo en el peronismo es uno y mientras ese liderazgo no concluya, no puede ser cuestionado. La renovación es muy bienvenida. De ahí surgirán los nuevos dirigentes. Pero el atributo de la renovación no está por encima del atributo de la conducción política. Yo ya lo vi muchas veces. Neoperonismo hubo muchos. E incluso cuestionamientos a la figura de Perón. También pasó en los 70. Hubo un acuerdo para que (Héctor) Cámpora fuera presidente y por motivos diversos, por presiones, eso duró 49 días. Cuando los líderes se hacen presentes es una línea Maginot impasable. No se puede superar. Si los líderes están proscriptos, peor. Algunas chances de generar un traspaso hacia otras figuras existen si no hay proscripción como el caso de Claudia Sheinbaum en México, (Hugo) Chávez con (Nicolás) Maduro en Venezuela. Pero aún sin estar proscripto es muy difícil el trasvasamiento. Y si están proscriptos es imposible. Han fracasado todos. La última experiencia la tenemos con Evo Morales en Bolivia.

—Hay otro fenómeno que apareció en los últimos comicios que todos tratan de explicar de distinta forma y que es una piedra en el zapato: los votantes que no están participando, que le están dando la espalda a la clase política, ¿también forman parte de esta transición a la que te referís o te parece un fenómeno más profundo? 

—Mirá, la precuela de esto fue en 2021, en la elección de medio mandato. Cuatro millones cien mil electores que habían convalidado al Frente de Todos en 2019 no lo hicieron en 2021. ¿Por qué? Porque aún creciendo, Argentina se hizo cada vez más desigual. Fue un incumplimiento absoluto del contrato electoral. La respuesta en ese momento fue ausentarse de las elecciones pero no darle un sólo voto a la oposición. Cuatro millones y cien mil electores se perdieron, pero Macri no ganó nada. En ese momento, Juntos por el Cambio no creció. Por supuesto, esa conducta se rompió en 2023. Buena parte del electorado original, no la mayoritaria pero importante del electorado original de Milei –el 30 por ciento que lo mete en el balotaje–, tenía componente del voto anterior al Frente de Todos e incluso del Frente de la Victoria. Más los jóvenes que se fueron incorporando a partir de 2016, que sistemáticamente fueron muy maltratados por los dos gobiernos que se sucedieron. No había mucho motivo para votar ni a Juntos por el Cambio ni al FDT si tenías 16, 18, 20 o 25 años. Por las características del proceso socioeconómico, desempleo, bajo salario, informalidad, eso no se modificó en nada.

Ahora, además se ha agregado el de Juntos por el Cambio que se defraudó y no fue a votar, pero la mayoría del ausentismo en 2021 fue producto de la defraudación del FDT. Ahora, se va a agregar la defraudación de los que votaron a Milei. Hay que volver a representar. Por eso era muy importante lo de Cristina en provincia de Buenos Aires, que era una candidata potente en la tercera (sección electoral), que le da la mitad de los votos al peronismo provincial y que era capaz de horadar, además de mantener lo propio, esta apatía electoral en los propios, sobre todo en los sectores vulnerables porque el ausentismo, que fue en promedio 45 puntos en las elecciones que ya vimos, es más profundo en los sectores populares. Y eso perjudica mucho al peronismo, sobre todo al peronismo bonaerense. Claramente, bastó que Cristina dijera que iba a ser candidata y mirá lo que pasó. Se necesita un trabajo de reconstrucción del vínculo quebrado que va a requerir tarea territorial, esta elección no se gana con encuestas, con cotillón electoral, ni con slogans. Hay que volver al territorio, caminar los gremios, debe ser una elección a la vieja usanza, con los aparatos territoriales funcionando, sino será un problema.

—¿Cómo ves desde Buenos Aires la situación política en la provincia de Santa Fe? 

—Difícil. Me parece que el gobernador (por Maximiliano Pullaro) es un gobernador claramente con vínculos ideológicos con la derecha a nivel nacional, no me cabe ninguna duda. Y la pérdida de la mitad de sus votos originales (en las últimas elecciones primarias provinciales) se debe a un nivel de defraudación muy importante con sus políticas. Espero que el peronismo marche unificado para poder establecer por lo menos, si no es un triunfo, una alternativa con volumen electoral que nos saque también del pantano. Vamos a ser sinceros, el gobierno anterior peronista defraudó mucho, no fue un gran gobierno el de (Omar) Perotti y también en parte la emergencia de Pullaro se debe a eso. Ahora, obviamente el desarrollo del gobierno en Santa Fe es muy deficitario, su gobierno de derecha conservador no aportó ninguna novedad. Desde lejos, no lo veo muy distinto a lo que puede plantear cualquier gobernador del PRO, no observo grandes diferencias. El perfil radical popular democrático de Pullaro está muy diluido. Bueno, dijo que el peor presidente fue Néstor Kirchner y que lo principal ahora es derrotar al kirchnerismo. Es la ideología de Macri, de Milei, no veo grandes diferencias.

—¿Y qué te parece la alternativa opositora que surgió de este acuerdo entre el peronismo y Ciudad Futura, con Juan Monteverde como uno de sus protagonistas?.

—Lo veo muy bien. Yo respeto mucho las construcciones que surgen en los territorios y que tienen anclaje concreto en los sectores populares, esa experiencia es reivindicable. Sea o no sea peronista. A mí nunca me preocupó demasiado que no lo sea, de hecho tenemos grandes figuras dentro del movimiento nacional que no tenían filiación peronista –(John William) Cooke, sin ir más lejos– que marcaron una diferencia extraordinaria. No me preocupa y tengo respeto por la experiencia que hizo Ciudad Futura. Después no sé cómo evolucionará ese espacio en el tiempo, pero inicialmente me parece muy genuino, muy interesante, y obviamente lo considero parte de la construcción que hay que hacer en la provincia. Después, bueno, tendrá sus especificidades en cuanto a la mirada, pero no me parece que eso sea lo importante hoy. Una reconstrucción de la característica que requiere la provincia no puede excluir a Ciudad Futura.