Una semana más, una semana menos. Y 2027 … ¡cada vez más presente!

Una semana más, una semana menos en Argentina. El presidente Javier Milei viajó a España y tuvo que saludar a Pedro Sánchez; Donald Trump perdió las elecciones en Estados Unidos ante los demócratas y crecieron las dudas sobre las chances de Milei en las próximas elecciones; los kirchneristas festejaron los resultados en EEUU y los libertarios como el Gordo Dan se pusieron tristes y denunciaron fraude; hay corralito en Paraguay y por un momento se creyó que el presidente Santiago Peña se había fugado a Argentina por su amistad con Milei; el riesgo país no para de subir, superó los 900 puntos y los precios siguen subiendo por encima de la inflación; Patricia Bullrich sigue de campaña y algunos piensan que quiere traicioar a Milei; Cristina Kirchner insiste con ser candidata a presidente y el estratega digital de Lula vino al país para visitarla a ella y a Sergio Massa.

Los protagonistas de la semana fueron Javier Milei, Karina Milei, Santiago Peña, Patricia Bullrich, Donald Trump, Lula, el Gordo Dan, Sergio Massa, Mauricio Macri, Ueno Bank, el corralito en Paraguay, Cristina Kirchner, el riesgo país, el aumento de precios y muchos más.

Una semana más, una semana menos en Argentina

Trump pierde, Milei se queda sin espejo, Paraguay entra en crisis y la política argentina vuelve a girar alrededor de Cristina. Mientras tanto, la economía sigue haciendo su propio balance: el riesgo país sube, los precios no aflojan y las internas oficialistas empiezan a ocupar el centro de la escena.

Hay semanas en las que la política argentina parece escrita por un guionista que perdió el control de los personajes. Esta fue una de ellas. Javier Milei viajó a España y tuvo que estrecharle la mano a Pedro Sánchez, Donald Trump sufrió una derrota electoral de proporciones en Estados Unidos, Paraguay descubrió que hasta los milagros financieros tienen fecha de vencimiento y en la Argentina cada uno empezó a sacar sus propias conclusiones sobre el futuro.

La semana dejó una postal bastante completa del momento político: un oficialismo que mira con preocupación lo que sucede afuera, una oposición que busca reorganizarse, dirigentes que ya piensan en 2027 y una economía que no parece demasiado impresionada por los discursos presidenciales.

Milei y Trump: cuando el espejo se rompe

El viaje de Milei a España tuvo uno de esos momentos que la diplomacia reserva para las fotografías incómodas. Después de haber insultado reiteradamente a Pedro Sánchez, el presidente argentino tuvo que saludarlo en la Cumbre Iberoamericana de Madrid. Hubo apretón de manos, pero poco entusiasmo. La escena fue breve, aunque políticamente bastante más extensa: el presidente argentino se encontró cara a cara con uno de los dirigentes que había convertido en blanco de su batalla cultural.

Para Milei, Trump no era solamente un aliado internacional. Era también una referencia política, un respaldo simbólico y una demostración de que la derecha radical podía convertir su ofensiva cultural en una fuerza electoral duradera. Por eso, el resultado norteamericano tuvo repercusiones en Buenos Aires.

Los kirchneristas encontraron motivos para festejar. Los libertarios, en cambio, tuvieron que administrar el malhumor. El Gordo Dan y otros exponentes de la militancia digital oficialista buscaron explicaciones y aparecieron las sospechas de fraude. Una curiosa paradoja: cuando ganan los propios, la voluntad popular es sagrada; cuando pierden los aliados, aparecen las dudas sobre el escrutinio.

La derrota de Trump no decide ninguna elección argentina. Pero sí altera el contexto internacional en el que Milei construyó buena parte de su identidad política.

Paraguay: el milagro también tenía un banco

Si algo le faltaba a la semana era una crisis financiera en Paraguay. Y llegó de la mano de Ueno Bank, una entidad digital vinculada empresarialmente al entorno del presidente Santiago Peña, que terminó bajo intervención del Banco Central paraguayo después de que su solvencia cayera por debajo del mínimo legal.

La medida dejó a millones de clientes con dificultades para acceder a sus depósitos y abrió una crisis política que alcanzó al propio Peña. La entidad manejaba fondos de particulares y recursos públicos, lo que amplificó las consecuencias del episodio.

Por supuesto, durante un rato también circularon versiones sobre una supuesta fuga del presidente paraguayo hacia la Argentina, donde lo une una relación política cercana con Milei. No hacía falta demasiado para imaginar el chiste: el modelo económico de Milei exportando entusiasmo y recibiendo problemas bancarios.

La cuestión es más seria. Paraguay había sido presentado como una referencia de estabilidad y atractivo para los capitales. La intervención de Ueno expuso los riesgos de la concentración financiera, los vínculos entre negocios y política y la debilidad de los controles cuando el crecimiento de determinadas entidades se convierte en una cuestión de poder.

La economía tiene otros datos

Mientras tanto, en la Argentina, el riesgo país volvió a superar los 900 puntos. El 6 de noviembre alcanzó los 939 puntos básicos, después de haber tocado un mínimo de 402 en julio. La distancia entre el relato de normalización financiera y la percepción de los inversores volvió a ensancharse.

Los precios, por su parte, siguen subiendo. Y acá aparece una diferencia que suele perderse en la discusión pública: que la inflación baje no significa que los precios bajen. Para los hogares que destinan la mayor parte de sus ingresos a alimentos, transporte, servicios y medicamentos, la desaceleración estadística no devuelve el poder adquisitivo perdido.

El problema distributivo sigue siendo central. La estabilidad que se busca construir tiene costos concretos y no se reparten de manera uniforme. Los sectores que viven de ingresos fijos no tienen la misma capacidad de defensa que quienes pueden trasladar aumentos, proteger activos o beneficiarse de la renta financiera.

El mercado observa bonos y tasas. La sociedad observa cuánto cuesta llegar a fin de mes. Son dos formas distintas de medir una misma economía.

Bullrich, Karina y la temporada de las sospechas

Patricia Bullrich continúa con su propia construcción política. Su actividad y sus diferencias con sectores del oficialismo alimentan versiones sobre una eventual competencia con Milei o una ruptura con el núcleo que conduce Karina Milei.

La interna no es nueva. Lo interesante es que empieza a adquirir una dimensión sucesoria: quién conduce, quién administra el poder y quién se prepara para el escenario posterior. Las tensiones entre Bullrich, Karina y los hermanos Menem muestran que la unidad libertaria convive con intereses y estrategias diferentes. La posibilidad de una ruptura, sin embargo, no debe confundirse con un hecho consumado: desde el entorno de Bullrich descartan por ahora esa alternativa.

En política, las ambiciones suelen presentarse como diferencias metodológicas. Y las diferencias metodológicas, cuando se acerca el calendario electoral, suelen convertirse en proyectos personales.

Cristina, Massa y el ejército digital de Lula

Del otro lado, el peronismo empezó a mirar con atención la experiencia brasileña. Cristina Kirchner y Sergio Massa recibieron a André Janones, uno de los responsables de la estrategia digital que acompañó a Lula en su campaña, junto con otros integrantes del equipo brasileño.

No fue una visita protocolar. El intercambio giró alrededor de la organización digital, la movilización militante y la construcción de una alternativa electoral para 2027. El llamado Ejército de Lula, articulado a través de WhatsApp y otras redes, se convirtió en una experiencia que el peronismo quiere estudiar.

Cristina, además, volvió a dejar abierta la posibilidad de una candidatura presidencial si recupera sus derechos políticos. Una declaración que reintroduce el debate sobre el liderazgo opositor y obliga a los distintos sectores del peronismo a posicionarse.

Massa también se mueve. No anuncia una candidatura, pero tampoco se retira del tablero. La visita de los brasileños a ambos dirigentes tiene una lectura política evidente: la discusión sobre 2027 ya comenzó, aunque todavía no estén definidos ni el programa, ni las alianzas, ni el mecanismo de selección de candidaturas.

Hay, además, una cuestión que excede la comunicación. La experiencia de Lula no consistió solamente en utilizar WhatsApp con mayor eficacia. Supuso combinar organización territorial, militancia, alianzas sociales y disputa cultural. Reducirla a una receta de marketing digital sería confundir el instrumento con la construcción política que lo sostiene.

Macri, los libertarios y los que esperan

Mauricio Macri sigue ocupando ese lugar incómodo de los expresidentes que no terminan de irse y tampoco consiguen regresar. Observa, conversa, mide y espera. Su relación con Milei combina coincidencias ideológicas, diferencias de conducción y una pregunta que atraviesa al PRO: qué espacio queda para una fuerza que contribuyó a llevar al libertario al poder, pero que ahora debe decidir si acompaña, compite o negocia.

Karina Milei, mientras tanto, continúa siendo el centro de gravedad del dispositivo presidencial. No es solamente una cuestión familiar: es la administración de los accesos, las candidaturas, los vínculos y la estructura política del oficialismo. En ese esquema, cualquier dirigente que construya autonomía termina siendo observado con desconfianza.

El balance de una semana que no termina

Si se juntan todos los episodios, aparece algo más interesante que una sucesión de anécdotas.

Milei encontró dificultades en tres escenarios simultáneos: el internacional, donde su principal referencia política recibió un revés electoral; el regional, donde un país presentado como modelo de estabilidad quedó sacudido por una crisis bancaria; y el doméstico, donde las dificultades económicas conviven con tensiones dentro del propio oficialismo.

La oposición, por su parte, empieza a ensayar movimientos. Cristina vuelve a poner sobre la mesa su candidatura, Massa recupera actividad, los estrategas de Lula aportan experiencia y los distintos sectores del peronismo comienzan a mirar hacia 2027. Pero todavía falta lo fundamental: una discusión sobre el programa económico, los intereses sociales que representará esa alternativa y la forma de reconstruir una mayoría política.

Porque las elecciones no se ganan solamente con redes sociales, fotografías o buenos asesores. También se construyen alrededor de intereses materiales, expectativas colectivas y una propuesta capaz de disputar el sentido de la vida cotidiana.

Esta semana tuvo de todo: Trump, Sánchez, Peña, Ueno Bank, Karina, Bullrich, Macri, Cristina, Massa y el Gordo Dan. Un elenco bastante completo para una comedia política.

El problema es que la comedia se desarrolla sobre una economía real, con trabajadores, jubilados, empresarios, bancos y sectores populares que no pueden cambiar de escenario cuando termina la función.

Y así transcurrió otra semana argentina: Milei viajó, Trump perdió, Paraguay tembló, Cristina se movió, Bullrich hizo campaña y el riesgo país siguió subiendo.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *