El artículo sostiene que el proyecto de Honduras Próspera y las propuestas de crear empresas gestionadas por inteligencia artificial representan una nueva etapa del neoliberalismo extremo, caracterizada como tecnofeudalismo. Toma el caso de las ZEDE hondureñas —territorios con autonomía jurídica, fiscal y administrativa impulsados por capitales vinculados a Peter Thiel— como antecedente de un modelo donde grandes empresarios tecnológicos concentran poder político y económico y sólo escapa a su control, la muerte..
El autor vincula estas experiencias con las iniciativas del gobierno de Javier Milei para promover sociedades operadas por IA con baja regulación e incentivos fiscales, interpretándolas como una profundización de la desregulación en beneficio del gran capital tecnológico.
Finalmente, advierte que estos proyectos podrían reforzar la dependencia latinoamericana respecto de Estados Unidos y de los grandes grupos tecnológicos, generando mecanismos de presión política y económica sobre los países que intenten revertir esas reformas.
Según sus devotos, san La Muerte es el protector de las personas socialmente excluidas u oprimidas y lo han adoptado como patrono.

Honduras Próspera, financiada en sus orígenes por Peter Thiel , representa uno de los proyectos de los señores tecnofeudales para escapar de los propios problemas que han creado en el mundo. Y también fantasear con alcanzar objetivos transhumanistas como alojar su memoria en algún servidor para trascender la vida humana, o obtener alguna medicina que resuelva este problema que tenemos llamado muerte. Después de todo, según su lógica, un rico, billonario, puede morir igual que un pobre de una periferia; por una enfermedad, un accidente, o vejez. Nadie escapa al ciclo de la vida, ni siquiera alguien que tenga diez millones de chatbots resolviendo sus tareas diarias.
En 2009, Honduras se vio sumida en el caos después de que un golpe militar desestabilizara el país y provocara niveles de violencia y represión sin precedentes.
Siguiendo el ejemplo de la “doctrina del shock”, los actores políticos de la élite que estaban detrás del golpe (entre ellos el narcodictador Juan Orlando Hernández, ahora indultado por Donald Trump tras haber sido condenado a 45 años de prisión por tráfico de drogas y delitos relacionados con armas) suavizaron las protecciones medioambientales en el territorio hondureño y aprobaron contratos ilegales para vender tierras indígenas y protegidas al mejor postor.
Entre otros casos de corrupción y apropiación de tierras, el Gobierno aprobó [en 2013 y posteriormente reformada en 2021] una ley que permitió la creación de las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDES) de Peter Thiel. Las ZEDES se derivan de la idea de las “ciudades charter”. Propuestas por el exejecutivo del Banco Mundial y economista Paul Romer, estas ciudades son enclaves dentro de países de bajos ingresos que “promueven el crecimiento económico” a través de la privatización y la eliminación de las regulaciones nacionales, al tiempo que ofrecen importantes incentivos fiscales a los países extranjeros para que inviertan en negocios. Las zonas económicas especiales de Kenia, Bangladesh y Etiopía han sido objeto de críticas debido a los bajos salarios, las duras condiciones de trabajo y las amenazas a los derechos de libre asociación y negociación colectiva. Romer, uno de los primeros defensores de las ZEDE en Honduras, expresó sus críticas en 2015 con respecto a las ZEDE hondureñas por su falta de rendición de cuentas ante las leyes locales y su gobernanza antidemocrática.
Estas ZEDE son un proyecto de Praxis, una startup financiada por multimillonarios tecnológicos que tiene como objetivo crear ciudades-estado para “restaurar la civilización occidental”. Las ZEDE pueden tener su propio gobierno, fuerza policial, tribunales y leyes, y los impuestos recaudados no se pagan al gobierno hondureño, sino a las propias ZEDE.
Las ZEDE son el sueño de cualquier multimillonario tecnológico: poder sin límites, fantasía tecnológica y acaparamiento de recursos, donde el gobierno está dirigido por la inteligencia artificial y la criptomoneda es la principal moneda.
Próspera (una de las tres ZEDE de Honduras) cuenta incluso con un centro de Bitcoin asociado a empresas tecnológicas que ofrecen terapia génica por 25.000 dólares y “servicios de implantación subdérmica y una variedad de mejoras cibernéticas”. Próspera se encuentra en Roatán, una isla hondureña nombrada uno de los mejores lugares del mundo en 2023 por la revista TIME. Roatán es una belleza tropical caribeña rodeada por el segundo arrecife de coral más grande del mundo y hogar de una rica cultura afrodescendiente, el pueblo garífuna, que lleva siglos luchando contra las amenazas a su soberanía. Roatán, un lugar muy codiciado por el turismo de lujo extranjero y las inversiones, fue testigo de la fundación de Próspera en 2017 con la financiación de personas como Peter Thiel y Pronomos Capital, dirigida por Patri Friedman, nieto de Milton Friedman, considerado por muchos como el padre del neoliberalismo, la desregulación y la privatización.
La muerte es lo único que les falta a estos billonarios para tachar el último requisito que los separe del resto de seres humanos que consideran sus marionetas, personajes inferiores solo destinados a ser sus servidores.
Y, por supuesto, en una era de capitalismo neoliberal, ultra globalizado, nuestras extremas derechas adoptan este enfoque como la tabla de salvación a la que los países latinoamericanos se pueden agarrar. Javier Milei, por ejemplo, habla de crear sociedades anónimas de IA, libres de impuestos y regulaciones, operadas por “agentes de inteligencia artificial o robots”, para desarrollar todo el potencial del capitalismo basado en la IA, tal como en los tiempos coloniales se hizo con la creación de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales en los 1600. Según él: “solo cuando la ley impuso un límite al riesgo, el capital se desplegó con verdadera fuerza. La revolución industrial, que se desencadenó algunos años después, se completó no gracias a la ingeniería, sino al derecho mercantil neerlandés. La máquina y la entidad jurídica conformaron, juntas, la doble hélice de la prosperidad moderna”.
Por supuesto que Milei obvia que ese desarrollo del capitalismo legalizó el comercio triangular que brindó el excedente, y la plusvalía, necesaria a las industrias europeas para desarrollarse. Los barcos coloniales partían de Europa con manufacturas hacia África, donde las intercambiaban por esclavos; estos eran trasladados al Caribe y América del Norte para producir azúcar, especias y algodón, materias primas que luego se vendían en las grandes ciudades coloniales con increíbles diferenciales basados en esta ventaja comparativa. La Compañía de las Indias Orientales no liberó las “fuerzas creadoras” del capitalismo; fue la esclavitud la que le permitió a estos industriales acceder a precios bajos a las materias primas, mientras controlaban grandes porciones territoriales de sus dominios coloniales a las que obligaban a comprar sus productos.
¿De qué sirve la historia al mundo al que vamos, donde estas extremas derechas flotan sin contexto en base a imágenes creadas por IA?
Veamos lo que propone en su columna en Financial Times;
El 20 de marzo de 1602, la fundación de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales dio al mundo la sociedad de responsabilidad limitada y desató todo el potencial del capitalismo. Solo cuando la ley impuso un límite al riesgo, el capital se desplegó con verdadera fuerza. La revolución industrial, que se desencadenó algunos años después, se completó no gracias a la ingeniería, sino al derecho mercantil neerlandés. La máquina y la entidad jurídica conformaron, juntas, la doble hélice de la prosperidad moderna.
Desde entonces, el PIB mundial se ha multiplicado por más de 200, la renta per cápita por 15 y la población por 15. La sociedad de responsabilidad limitada merece sin duda un lugar entre los 10 inventos más trascendentales de la historia.
El concepto no estuvo exento de críticas. Incluso en 1824, algunos críticos escribieron que la responsabilidad limitada permitía a los hombres ricos «ofrecer una parte de sus excedentes para la formación de una compañía, jugar con ese excedente… y luego, si los fondos resultaran insuficientes para responder a todas las demandas, retirarse a la seguridad de su fortuna intacta y dejar que los pobres incautos picaran el anzuelo».
Este debate ha resurgido, ahora bajo una nueva forma. Una sentencia de un tribunal de distrito estadounidense de 2023 en el caso Sarcuni contra bZx DAO clasificó a las organizaciones autónomas descentralizadas basadas en blockchain (la aproximación más cercana a una empresa operada mediante algoritmos autónomos) como una sociedad colectiva, privando así a sus miembros de la protección de responsabilidad limitada. Al entrar en una nueva era tecnológica, esta es precisamente la estructura legal errónea.
La lógica de 1602 sigue vigente hoy en día. Las empresas que utilizan nuevas tecnologías, como los agentes de IA, requieren el mismo marco legal que ha sustentado el capitalismo durante más de cuatro siglos, un marco adecuado para el desarrollo y la experimentación.
Al comienzo de la revolución industrial, Adam Smith ilustró el potencial de la tecnología y las economías de escala en su célebre relato sobre la fábrica de alfileres. Y, así como la revolución industrial nos liberó de las limitaciones de la fuerza muscular humana, la IA nos liberará de las limitaciones del cerebro humano, impulsando la productividad más allá de nuestros sueños más ambiciosos.
Es por esta razón que mi gobierno presentó la semana pasada al Congreso un proyecto de ley que establece un marco legal específico para el despliegue de la IA. Este marco se basa en tres pilares.
En primer lugar, el compromiso de mantener la IA sin regular para que pueda desarrollarse libremente, sin la mano mortal de una regulación prematura y mal comprendida.
En segundo lugar, la creación de una nueva categoría jurídica en Argentina: la sociedad anónima. Se trata de entidades operadas por agentes de inteligencia artificial o robots. Cuando estos sistemas ejercen un juicio independiente en entornos impredecibles —como deben hacerlo para ser realmente útiles—, sus acciones conllevan riesgos reales. La responsabilidad limitada no es un lujo para estas entidades; es una condición indispensable para su existencia. Los accionistas humanos pueden participar, pero no es obligatorio.
En tercer lugar, un entorno fiscal competitivo. Estas empresas se beneficiarán de una baja tasa impositiva corporativa, y los accionistas podrán elegir la ley de gobierno corporativo que prefieran. Los beneficiarios finales deberán ser revelados —Argentina no tiene interés en convertirse en un paraíso fiscal para el capital ilícito—, pero para toda actividad comercial legítima, nuestro marco ofrecerá condiciones inigualables.
Lo peligroso de esta fantasía tecnofeudal, por supuesto, no es su desmedido optimismo tecnológico, sino su deseo de que el homo sapiens billonario controle cada aspecto de la naturaleza y el ser humano. Tampoco es que se piense en un continente tan turbulento y cambiante como el latinoamericano, donde hoy Milei es presidente pero mañana puede perder las elecciones y convertirse en uno de los personajes más odiados de los argentinos. El elefante en la sala es que estas fantasías vienen gatilladas por la política de fuerza desplegada por Donald Trump en América Latina; la invasión en Venezuela y las amenazas contra Cuba.
Al no ponerse un límite a esta política intervencionista, el día de mañana la Casa Blanca puede argumentar que si no se respetan los compromisos asumidos con estos señores tecnofeudales por las extremas derechas, los países latinoamericanos pueden ser sancionados, sacados de los mercados financieros o invadidos. El antecedente más inmediato, por supuesto, es el de Honduras Próspera, cuyos magnates acudieron al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones cuando el gobierno hondureño de Xiomara Castro sancionó una ley para abolir las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico, creadas como base legal de estos experimentos de ciudad Estado. Y también hicieron lobby para que el actual gobierno de Trump presionara a Castro y boicoteara la reelección de su partido, Libre, en el poder.
De forma bastante esquemática se puede argumentar que la Casa Blanca podría amenazar a los países latinoamericanos con que, si no respetan estos modelos turboneoliberales, pueden seguir el ejemplo de ser un país tutelado como Venezuela, bajo amenaza militar.