Sobre la campaña contra el país, ojalá dure

Lo malo no es perder sino que nadie asuma la responsabilidad por una derrota tan contudente. La ausencia de chivos expiatornios habilita que las sospechas sobre la final se impriman como leyenda.

Esteban Schmidt

Tótem y tabú en la scaloneta perdida

A una semana de la final, con la resaca a cuestas, caigo en la cuenta de lo bien que se siente vivir una vida con la curva aplanada, sin esas intensidades cargadas por la publicidad y el reunionismo. Volvió la productividad en casa, volvió la guerra en Irán, la política se encamina a la definición del mandato de Milei, su reelección o su final, y se cerró esa ventana, como la que se abre entre Navidad y Año Nuevo pero multiplicada por cuatro, en la que se comen demasiadas papas Lay’s, picadas, budines y algo que quedó en un tupper desde el partido con Egipto. Y todo a cambio de un entretenimiento donde solo ponés plata, en figuritas, banderas, vuvuzelas, y lo mejor de vos, la esperanza, que te pone al borde del infarto con resultados que no podés controlar y que te crea ansiedades inesperadas como tener que ir a tomar las Malvinas mañana a la mañana. El nacionalismo, así como te enciende te empalaga y te deja a pata, a mitad de camino, porque ni ganás la copa ni recuperás las islas pero no te podés olvidar del todo de ninguna de las dos cosas.

A favor de esta dimensión emocional, la experiencia incomparable de esos momentos únicos de silencio, silencio y gol explotando en toda la ciudad, los pulmones de manzana asociándose con todos los pulmones de todas las manzanas de todas las ciudades del país produciendo una estética de lo impensado, el pueblo en contacto con lo absoluto y con lo prosaico, las palabrotas dichas delante de los niños, las prohibiciones levantadas, y salir a festejar con ellos pintarrajeados a las esquinas emblemáticas de cada barrio en familia. Vale la pena volverlo a vivir una y otra vez incluso al precio de suspender el juicio crítico sobre las fuerzas del capital que nos empujan a proceder embanderados.

E idealizo ahora, porque siempre lo idealicé al revés, que esas escapadas a las embajadas a tramitar la doble nacionalidad no se contradicen con este sentimiento nacional, sino que ante la incertidumbre económica se nos abre la chance de exportar la revolución de ser argentinos.

Al perder el último partido, uno de los grandes duelos a atravesar fue que ya no volveríamos a encontrarnos con nuestros vecinos a festejar y a descubrirnos encantados de ser argentinos, especiales, angelados, distintos como especie, en algo que siempre parece nuevo, saltar juntos, al mismo tiempo, por la misma razón, gratis y a cambio de nada.

Diff’rent Strokes

El otro gran duelo abierto es por la forma escandalosa en que perdimos. Los jugadores que amábamos, hasta dos horas antes del partido, se escondieron detrás de sus posibilidades, víctimas de un bajón de azúcar generalizado. Lo que haya pasado con estos chicos para un rendimiento tan sorprendente, agotamiento, acumulación de asados, mal sueño, entrenamiento deficiente, táctica equivocada o el FBI merodeando el vestuario, induciendo la idea de que algunos secretos que involucran a muchos de ellos podrían perder su estatus, se encontró con la falta de una explicación profesional y responsable que puede contener todos o algunos de los puntos precedentes, pero no hubo nada, sólo se presentaron puntuales las lágrimas de Scaloni para inviabilizar o postergar sin fecha una respuesta a la altura de la circunstancia. Siempre estaban con carpetas, Aimar, Ayala y Samuel, ¿llevaban las boletas de Edenor? Si hay cabeza para ganar, hay cabeza para perder. Pero en la adversidad nos privaron de su inteligencia.

El papelón con España fue un crimen contra las expectativas que se quedó sin su chivo expiatorio. El fracaso en Rusia fue todo de Sampaoli, en Corea-Japón todo de Bielsa, las Malvinas, de Galtieri, claro. ¿Pero este absurdo deportivo contra España, ¿quién lo paga? Sin un sacrificio no habrá manera de cicatrizar la herida que nos dejó el partido y las teorías conspirativas sobrevivirán mientras cumplan con el papel purgador; aunque parcialmente, porque los refutadores de leyendas, los periodistas más orgánicos del régimen, dicen, y dirán, que así es el fútbol y habrá un empate histórico acerca de si se avistaron ovnis o no.

Lo más lógico es que sea Scaloni quien asuma enteramente la responsabilidad por la derrota vergonzante de nuestros gauchos con boleadoras contra un equipo de monaguillos españoles formados en canchas de césped sintético, que festejan tomando Nesquik de frutilla y haciendo pijamadas. Pero Scaloni llorándose encima usó su crédito para ser eximido.

Gracias al Mundial de Qatar, las Copas América y las eliminatorias, el técnico había creado la imagen de patriota indiscutible y, en este Mundial, usó toda esa ventaja para manejar las conferencias de prensa a voluntad, además de contar con un periodismo nacional que es hincha de la selección por default, más que de su oficio, y aun cuando son normalmente duros, en el sentido de ignorantes, a la hora de expresarse, en Estados Unidos dieron todo para encontrar eficaces eufemismos paliativos que describieran el visible mal funcionamiento del equipo en casi todos los partidos contra selecciones inferiores. No es que De Paul no acertaba un pase, sino que el balón no llegaba a tiempo. Sólo un ejemplo de miles.

Después del primer partido, Messi, en una de sus típicas salidas paranoicas del tipo “con todo lo que se habló en la semana”, mencionó que estaba pasando “un momento difícil” sobre el que insólitamente nadie preguntó en el acto, y que disparó la ola de rumores sobre la enfermedad del padre del diez que tuvo su pico en el fallido fallecimiento de Jorge Messi, anunciado por la actriz Florencia Peña. Con toda lógica, la primera pregunta del pelado Yarroch, de ESPN, en la primera conferencia del DT después de la fake news fue cómo se había vivido eso dentro del plantel, si tenía algo para decir sobre el que había sido el primer tema de conversación en Argentina durante 24 horas y trending topic mundial. Un centro más que una pregunta. Y Scaloni lo sacudió: “ah, ¿esta es la primera?” y le puso cara de sos un desubicado determinando así la suerte de quienes lo interrogaran sobre cualquier cosa que no fuera si le gusta la pizza con ananá durante el resto de la copa.

Así que fue una cobertura homenaje, con momentos sociales del DT, porque muchos canales mandan exjugadores a preguntar y varios comieron fideos con Scaloni en distintos momentos de la vida así que charlaron de sus recuerdos y la pregunta promedio de todos ellos fue: te felicito, Gringo. Bueno. Armó también un latiguillo que usó todos los partidos: ¿qué más se le puede pedir a estos jugadores? Como si fueran enviados de Dios a colgarse de los anillos de Saturno durante un año para luego volver a jugar por su país por el pancho y la coca. Normalmente se les puede pedir que pateen al arco, que acierten en los pases, que no se coman amarillas sin necesidad, que renuncien a la selección si se sienten repetidamente imprecisos. Así que los malos rendimientos individuales y colectivos quedaron neutralizados por la poesía del sacrificio ya ofrecido por estos héroes del deporte universal.

Y lloró, decíamos, cada vez que pudo, no tan actuadamente como Messi después de la final, porque el DT se desgarra a la italiana, como si acabara de poner a dormir de un balazo a su perro más querido, la más conmovedora de las lloradas, mmm, fue después de la final, “me duele en el alma”, dijo, y se levantó. Las minitas se morían. Está bien. Pero cuando te lloran para que no se hable más hay que recordar a Norma Plá cuando Cavallo se le puso a llorar para las cámaras recordando el aporte jubilatorio de su padre en San Francisco, Córdoba. Y le dijo: no llore, señor ministro. Como si le dijera, vamos al grano.

Acá queríamos que salgan campeones, pero no les pedíamos que ganen o mueran, sí que lo intenten, y el equipo, en una performance que quedará para los libros de historia por lo deslucida, no lo intentó nunca.

En una carrera desaforada por el lugar común se asociaron todos los miembros de número de la lista de Catterberg, y a la cabeza, por supuesto, el número 1, el compañero Pagni para destacar al técnico como hombre providencial. En la versión de esta gente, Scaloni le da un ejemplo a la política por el trabajo en equipo, la moderación, la no conflictividad. Usos de Scaloni para rellenar el vacío que dejó la tupacamarización de Adorni durante tres meses y que creen que funciona para descalificar a Milei, como si hubiera que buscar a Scaloni para el contraste. Pepito Marrone contrasta con Milei. Nadie en este planeta, que no esté institucionalizado, es como Milei. Así que podríamos objetivar por separado.

Es cierto que atrapa con su personalidad extraña, que no festeja en las buenas, y la fraternidad con su célula donde conviven la bondad y el criterio de Aimar con los silencios estudiados de Samuel y Ayala. Pero eso no es todo el scalonismo, la prensa se ocupa muchísimo de Tapia y sus negocios, así que podrían decir sin mentir que la scaloneta fue la gran tapadera que tuvieron Tapia y sus socios en el proceso de enriquecimiento que presentan y denuncian. Sólo la comodidad de mantenerlo a Scaloni como un tótem crea el tabú de no asociarlo más veces con el Chiqui.

El DT bajó del avión con Tapia, como si fueran una pareja real, caminaron juntos sobre la insólita alfombra roja que les pusieron en Ezeiza, buscando uno y aceptando el otro la transfusión de reputación que implicaba; así como con la misma conciencia plena de sus actos, Messi y De Paul se prestaron a cantidades de fotos con el Chiqui tomando mate en la habitación en las previas de los partidos.

Seguro que el presidente de AFA tiene su gran mérito en esta creación, eligió a Scaloni contra todos los pronósticos de que pudiera hacer bien su trabajo y le tendió a cada jugador su mano de viejo basurero para conectar, asociando ese brillo particular en los ojos que tienen los que nunca leyeron y la capacidad para cerrar acuerdos de plata libres de impuestos.

Ya termino

Sobre la campaña contra el país, ojalá dure. Enamoran más los malos que los buenos, así que tendremos más turismo y nuestra gente en la diáspora tendrá mejores trabajos, mejor pagos.

Otro tema, el elefante publicitario lo va a obturar, pero no está mal pensar que los padres, los que lo son, los que lo sean pronto, hagan el trasvasamiento generacional de emociones con algún otro texto que no sea el fútbol o que sumen algo al menú con los pibitos. La cultura necesita diversidad para que raspe, los diamantes se bruñan, y los que nos sigan no sean unos alienados. Que no sea tan cómodo suspender clases por un partido de la selección, que haya una negociación con los que creen que las matemáticas y la química son más importantes que los pases de inalcanzable profundidad a Nico González.

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