Inflación y pobreza: Arde la ciudad

El presente trabajo muestra que un IPC con ponderaciones de consumo desactualizadas puede subestimar cambios en el costo de vida, y que esa cuestión afecta directamente la medición de pobreza porque la línea de pobreza se construye a partir de canastas valorizadas con precios.

Al respecto sabemos que el Indice de Precios al Consumidor es una estructura de ponderaciones → medición del IPC → actualización de las canastas → línea de pobreza → incidencia estadística de la pobreza.

No hace falta demostrar una adulteración deliberada de las estadísticas para cuestionar la verosimilitud de una fuerte caída de la pobreza; alcanza con mostrar que la fotografía estadística puede estar perdiendo capacidad para representar la estructura material de consumo de los hogares actuales.

Y hay un segundo eje particularmente fuerte : la pobreza no puede analizarse solamente comparando ingresos nominales con una canasta estadística. Hay que mirar simultáneamente empleo, salario real, jubilaciones, informalidad, distribución funcional y personal del ingreso, endeudamiento y acceso efectivo a bienes y servicios. Si esos indicadores se deterioran, una reducción estadística de la pobreza merece ser examinada críticamente, no simplemente celebrada.

Para la publicación de hoy del IPC ponderado en base a la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) de más de dos decadas atras, antes de discutir el número, discutamos el instrumento con el que se construye el número”. Eso desplaza la discusión hacia un terreno metodológico mucho más difícil de refutar que el simple señalamiento o denuncia de manipulación

 

Hoy conoceremos el índice inflacionario trucho que cada mes comunica este gobierno, que del falseamiento de datos ha hecho un método. Conectemos esta mentira sistemática con la información sobre una caída de casi diez puntos interanuales de la pobreza, “llegando al 28,2% en el segundo semestre del año 2025”, que repite sin prisa ni pausa el PsychoKiller que engalana el sillón de Rivadavia. Es efecto de un artificio estadístico: el INDEC —y por eso se eyectó a Marcos Lavagna del instituto de estadísticas “porque ya no me creía ni mi mamá”— utiliza ponderadores de gasto de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) de los años 2004/2005 para calcular el IPC, cuando la Mancha de Rolando estrenaba “Arde la ciudad” (gran tema, Manu).

Es evidente que este IPC ya no refleja la estructura de consumo actual de los hogares, subestimando la inflación real y exagerando la capacidad de compra de los ingresos.

En la Ciudad de Buenos Aires (CABA), la actualización de los ponderadores del IPCBA se realizó a principios de 2022, basándose en el relevamiento de la ENGHo de noviembre de 2017 a noviembre de 2018, donde aún las tarifas no tenían el nivel actual. Sin embargo, ya las diferencias eran sustantivas.

En el cuadro que sigue se ve la comparación de ponderadores del IPC nacional con el IPC CABA. Tarifas y comunicación pesan casi el doble y transporte un 10% más, y aún no registra en CABA el aumento notable que tuvo el rubro durante este gobierno: desde el inicio del mandato de Milei, el transporte público aumentó muy por encima de la inflación acumulada (según datos del Observatorio de Tarifas y Subsidios del IIEP UBA-Conicet y otras mediciones, multiplicaciones de 10 a 17 veces según el modo). Fue el servicio público que más subió en el AMBA. Tampoco se capturan plenamente los siderales aumentos de luz y gas de esta semana, que disparan el ponderador a niveles muy superiores a los de Nación y CABA.

En el cuadro que sigue se ve la comparación de ponderadores del IPC nacional con IPC CABA.

¿Cuál hubiera sido entonces la inflación en 2024 si el INDEC hubiera actualizado el gasto de los hogares y el año base del IPC?, se pregunta Martín González Rozada, profesor titular del Departamento y director de la Maestría en Econometría de la Universidad Torcuato Di Tella. Y responde: en lugar del 117,8% que informó el INDEC para 2024 hubiera sido del 133,6%. O sea, 15,8 puntos más alta. Y en 2026, por los aumentos notables en los rubros que la ponderación del IPC actual subestima, la anualización de la inflación será al menos 20 puntos más alta que la informada oficialmente a nivel nacional.

Arquitectura del “Artificio Estadístico”:

  • Ponderadores Obsoletos: El IPC actual se basa en qué consumían los argentinos hace 20 años recién salidos de la mega crisis neoliberal del año 2001. La estructura de consumo cambió drásticamente desde entonces, haciendo que la canasta básica con la que se mide la pobreza no refleje los costos de vida actuales.
  • Subestimación de la Pobreza: Al utilizar una “canasta fija” desactualizada, si los precios de los bienes que hoy consume la gente (algunos que no están en la canasta vieja) aumentan más que los del año 2005, el IPC no los registra adecuadamente. Esto provoca que el ingreso medido parezca alcanzar para más de lo que realmente alcanza.

No puede haber baja en la pobreza genuina, sino mediante artificios estadísticos, cuando los pilares del bienestar (empleo, consumo, distribución) se están debilitando. Cualquier mejora en las cifras de pobreza en este contexto es un espejismo metodológico o un efecto temporal de transferencias que no cambian la realidad de fondo. Veamos esto más de cerca.

La destrucción de empleo en Argentina desde finales de 2023 ha sido severa, con una pérdida acumulada que supera los 200.000 puestos de trabajo asalariados registrados hasta mediados de 2025. Este proceso afecta principalmente al sector privado, la construcción y la administración pública, acelerándose en la segunda mitad de 2025, acompañado por una alta informalidad cercana al 43%

  • Se perdieron más de 235.000 empleos asalariados privados registrados desde noviembre de 2023.
  • Aumento de la informalidad: La precarización laboral y el trabajo no registrado treparon a niveles máximos de las últimas dos décadas llegando al 44,2% el último dato oficial disponible.
  • Desempleo en alza: La tasa de desocupación escaló cerca del 7,8% durante los primeros trimestres del ciclo.

La inequidad distributiva aumentó significativamente: el Gini pasó de valores en torno a 0,417 en 2022-mediados de 2023 a picos cercanos a 0,43-0,467 tras la mega devaluación del 13 de diciembre de 2023, para estabilizarse alrededor de 0,427-0,431 en 2025 (con variaciones trimestrales). Seguirá bajo presión.

Por otra parte, el decil más rico (10%) de la población percibió ingresos muchas veces mayores que el decil más pobre en la medición más reciente según la última EPH, que como sabemos subestima los ingresos de la cúpula de la pirámide social (que subdeclara), circunstancia que también afecta al índice Gini de concentración, que resulta subestimado.

Así las cosas, ¿cómo pretende el gobierno nacional que sea verosímil la narrativa de baja de la pobreza si todos los indicadores de contexto indican lo contrario y el IPC subestima la inflación de manera grosera?

Tres artificios comunes para “bajar la pobreza”

 

1. Se modifican las encuestas de hogares o se dibuja manualmente.
2. Se subestima la inflación al medir la canasta con IPC obsoletos: se dibuja metodológicamente.
3. Se cambia la periodicidad de las mediciones para que coincidan con momentos de mayor ingreso (como aguinaldos) y se dibuja estacionalmente.

En resumen, como lo señalamos ya reiteradamente cuando se anuncian los niveles de inflación y “bajas en la pobreza” con el actual modelo socioeconómico: no hubo, no hay, ni habrá baja real de la pobreza, y la inflación será subestimada.

Igualmente, los salarios, jubilaciones y pensiones caen verticalmente en términos reales y el consumo se desmorona mes a mes, por lo que las familias recurren al endeudamiento para afrontar gastos corrientes, endeudamiento que llega a niveles récord con una morosidad del 15% promedio y 30% en las billeteras virtuales. Por caso, en la Argentina Mercado Libre y su rama Mercado Pago enfrentan fuertes cuestionamientos y denuncias legales por cobrar tasas de interés en sus créditos personales y financiación que pueden llegar hasta un Costo Financiero Total Efectivo Anual (CFTEA) del 1.375% anual, contra 60% en Brasil.

Así las cosas, durante el gobierno de Javier Milei, los salarios reales y las jubilaciones sufrieron fuertes bajas iniciales por la devaluación y la inflación, con una recuperación parcial posterior muy desigual. Los empleados públicos nacionales y el salario mínimo registraron los mayores deterioros reales, con caídas acumuladas de hasta el 30% y 40% respectivamente en distintos tramos de la gestión.

Evolución de los ingresos reales

– Jubilaciones: El haber mínimo sufrió una fuerte licuación inicial superior al 40% real al comienzo de la gestión. Tras el cambio de la fórmula de movilidad y la implementación de bonos fijos (cuyo poder de compra también se redujo), los haberes continúan con mermas reales estimadas entre el 20% y el 27% frente a noviembre de 2023, forzando a miles de adultos mayores a reinsertarse en el mercado laboral informal.
– Salarios del sector público: Representan uno de los sectores más golpeados del ajuste fiscal (“motosierra”). Acumulan una caída real superior al 17% y hasta más del 30% en los tramos más críticos frente a los niveles previos al cambio de gobierno, una pérdida que el propio oficialismo aduce como parte buscada del equilibrio fiscal.
– Salarios del sector privado registrado: Mostraron una caída inicial profunda tras el salto inflacionario de diciembre de 2023 y los primeros meses de 2024, seguida por una oscilación estancada que los ubica levemente por debajo o cercanos al nivel de arranque de la gestión (con mermas reales moderadas en torno al 3% o 5%, dependiendo del índice y mes analizado).
– Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM): Atravesó uno de los mayores retrocesos porcentuales de poder de compra del mercado formal, acumulando bajas reales cercanas al 40% debido a que su actualización nominal corrió por detrás de la inflación acumulada.

Finalmente hoy, a las 16 hs, recibiremos la información de los niveles de inflación y, mientras tanto, el ingreso se concentra en la cima batiendo récords de inequidad distributiva en dos décadas, las jubilaciones, pensiones y salarios caen, la informalidad aumenta, por lo cual la baja de la pobreza no sucederá, como no lo hizo desde que asumiera el gobierno libertario.

En fin, el de hoy se trata de un delirio estadístico más del gobierno que pilotea “doble campera”, el especialista en crecimiento con o sin dinero. La “baja en la pobreza” es un gran chamuyo, y el truchaje de la inflación un clásico que lleva ya más de una década.

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