Fragilidad económica, deuda y los límites del modelo actual

La economía argentina enfrenta una transformación que va mucho más allá de la baja de la inflación o del equilibrio fiscal. Como advierte Pablo Manzanelli, detrás de los datos oficiales aparecen una crisis de ingresos, desindustrialización, fuga de capitales y un endeudamiento creciente que vuelve a colocar al FMI en el centro de la escena. El modelo de Milei no sólo está modificando la distribución del ingreso: está reconfigurando la estructura productiva en favor de los sectores concentrados, con una economía cada vez más dependiente de la exportación de recursos naturales y del ingreso de dólares. La pregunta decisiva ya no es cuánto crece la economía, sino qué economía está creciendo, quién se apropia de ese crecimiento y quién paga sus costos.

El regreso de la valorización financiera: deuda, fuga y ajuste

¿Hacia dónde va la economía argentina?

Notas a partir del planteo de Pablo Manzanelli (CIFRA / FLACSO)

El planteo de Pablo Manzanelli permite leer la coyuntura argentina más allá de la discusión sobre si la inflación baja o si el Gobierno consigue sostener el superávit fiscal. El problema de fondo es qué estructura económica está construyendo el programa de Milei y quiénes se benefician de ella.[1]

Una transformación estructural, no solo una recesión

La economía argentina parece avanzar hacia una transformación estructural: menos industria y mercado interno, y mayor especialización en actividades extractivas y exportadoras, particularmente energía, minería y agro. No se trata solamente de una recesión coyuntural. El propio programa oficial presenta el cierre de empresas industriales y el desplazamiento de trabajadores hacia actividades competitivas internacionalmente como parte de la transición hacia un nuevo modelo.

Aquí aparece una de las claves del análisis de Manzanelli: la cuestión no es simplemente cuánto crece el PBI, sino qué sectores crecen, cuáles se destruyen y cómo se distribuye el excedente. Una economía puede mostrar crecimiento agregado mientras simultáneamente pierde capacidad industrial, empleo de calidad y autonomía económica.

La situación industrial es particularmente significativa. En julio de 2026 la producción manufacturera cayó 5% mensual y la construcción 4,6%[2]; desde la llegada de Milei se contabilizan unos 87.000 empleos industriales formales menos y más de 4.000 empresas cerradas.[3]

Esto permite formular una hipótesis más profunda: la desindustrialización no sería un efecto secundario del programa económico, sino uno de sus mecanismos de transformación. La apertura importadora disciplina a los productores locales mediante la competencia externa, mientras que el capital encuentra mayores oportunidades de valorización en sectores primarios y financieros.

La restricción externa y el circuito de la deuda

Y aquí aparece el problema de la restricción externa, que históricamente condicionó al capitalismo argentino. El país necesita dólares para importar, pagar deuda, financiar utilidades y sostener el funcionamiento de su economía. El modelo de Milei pretende obtener esos dólares mediante exportaciones de energía, minería y agro. Pero surge una pregunta decisiva: ¿cuántos dólares genera el nuevo modelo y cuántos vuelven a salir por fuga, remisión de utilidades, intereses y servicios de deuda?

El trabajo de CIFRA sobre fuga de capitales plantea precisamente que el endeudamiento externo no puede analizarse separadamente de la salida de capitales: en determinados períodos, la deuda pública funcionó como mecanismo de provisión de divisas para sostener procesos de valorización financiera y fuga.[4]

Por eso, el FMI ocupa un lugar central. El problema no es solamente tener deuda con el Fondo, sino qué modelo de acumulación se consolida bajo su tutela. Si los dólares que ingresan mediante endeudamiento terminan financiando fuga, intereses y desequilibrios externos, el país puede entrar en un círculo conocido: deuda → ingreso de dólares → valorización financiera → fuga → nueva deuda.

Manzanelli ya había advertido este mecanismo al analizar el préstamo del FMI: en 2025 señaló que, después del ingreso de unos US$12.000 millones, se habían fugado alrededor de US$5.200 millones en apenas un mes y medio.[5]

Clase, renta y “modernización”

Desde una perspectiva de clase, entonces, la pregunta “¿hacia dónde va la economía argentina?” tiene una respuesta bastante precisa: hacia una economía más dependiente de la renta de los recursos naturales, más abierta a las importaciones, con menor densidad industrial y con una distribución del ingreso condicionada por la transferencia de recursos desde el trabajo y el mercado interno hacia los sectores concentrados del capital.[6]

El discurso oficial denomina a esto “modernización”. Pero hay una discusión que no puede ocultarse detrás de esa palabra: modernizar no es necesariamente desarrollar.

Argentina puede exportar más petróleo, gas, litio y productos agropecuarios y, simultáneamente, perder industrias, trabajadores calificados, proveedores nacionales y capacidad tecnológica. Puede mejorar determinados indicadores macroeconómicos y empeorar las condiciones materiales de amplios sectores sociales. Puede conseguir dólares y, al mismo tiempo, seguir teniendo una economía estructuralmente necesitada de dólares.

Ese es probablemente el núcleo más potente del planteo de Manzanelli: el verdadero interrogante no es si el modelo Milei consigue estabilizar algunas variables, sino si puede resolver la contradicción histórica entre generación y apropiación de divisas.

Porque si el crecimiento depende de exportar recursos naturales mientras el mercado interno se comprime, la industria retrocede y la deuda externa aumenta, el resultado puede ser una Argentina con más dólares en determinados sectores pero con menos soberanía económica sobre el conjunto de su estructura productiva.

Y allí está el verdadero desafío frente al FMI: no simplemente conseguir otro programa de financiamiento, sino romper el mecanismo mediante el cual el endeudamiento termina socializando los costos mientras la renta y los dólares quedan concentrados en los sectores dominantes.

Notas

[1]El planteo se apoya en la línea de investigación de Pablo Manzanelli (CIFRA-CTA / FLACSO), en particular sus informes de coyuntura y sus intervenciones públicas sobre valorización financiera, desindustrialización y restricción externa durante el gobierno de Javier Milei. Véase, entre otros: Pablo Manzanelli, «La magnitud de la nueva desindustrialización», CIFRA, 4 de mayo de 2026; e informes de coyuntura de CIFRA N.º 47 a 49 (2025-2026).

[2]INDEC, Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) e Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC), julio de 2026 (divulgación del 8 de septiembre de 2026). La producción manufacturera cayó 5,0% mensual desestacionalizada y 4,9% interanual; la construcción retrocedió 4,6% mensual y 4,5% interanual. En los primeros siete meses de 2026 la industria acumuló una caída del 2,6% respecto del mismo período de 2025.

[3]Las cifras de empleo y empresas varían según fuente y corte temporal. Estimaciones del Observatorio de Industriales Pymes Argentinos (IPA) situaron la pérdida de empleo industrial registrado en torno a 80.000 puestos desde diciembre de 2023 (cerca de 79.700 hacia abril de 2026). Informes posteriores (Misión Productiva / elaboraciones sobre SIPA) ubican la destrucción industrial acumulada en el orden de 85.000 puestos hacia mayo de 2026. El texto adopta la magnitud redondeada de unos 87.000 empleos industriales formales menos, coherente con esa trayectoria. Sobre empresas: IPA contabilizó cerca de 3.000 establecimientos manufactureros cerrados hacia inicios de 2026; cortes posteriores elevan la cifra industrial a algo más de 3.700. El dato de «más de 4.000» debe leerse como orden de magnitud del cierre fabril, no del total de empleadores de la economía (este último supera las 20.000-26.000 bajas netas según SRT). Fuentes: IPA, abril de 2026; elaboraciones sobre SIPA y SRT, 2026.

[4]Sobre la articulación histórica entre endeudamiento externo y fuga de capitales en Argentina, véase la tradición de CIFRA y del Área de Economía y Tecnología de FLACSO (Eduardo Basualdo y colaboradores). Manzanelli ha insistido en que la deuda pública no puede analizarse separada de la formación de activos externos. Un texto de referencia en esta línea es Pablo Manzanelli, «La punta del ovillo de la economía argentina: ¿fuga de capitales o déficit fiscal?», CIFRA / FLACSO, 4 de octubre de 2024.

[5]CIFRA estimó que, tras el desembolso del FMI de aproximadamente US$12.000 millones en abril de 2025, la formación de activos externos totalizó unos US$5.247 millones en abril-mayo (alrededor de US$2.021 millones en abril y US$3.226 millones en mayo), equivalentes al 44% de ese primer tramo. Véase CIFRA, informe de coyuntura de julio de 2025; Pablo Manzanelli, declaraciones a Radio Provincia, 23 de julio de 2025; y la cobertura de Página/12 («Se esfumó el 44 por ciento del crédito del FMI», 22 de julio de 2025).

[6]La caracterización del modelo como especialización en energía, minería y agro, con apertura importadora y compresión del mercado interno, aparece de manera recurrente en las entrevistas de Manzanelli en AM 530 Somos Radio (2025-2026), donde habla de «crecimiento sin distribución» concentrado en minería, agro y fracking, actividades que expanden ganancias pero destruyen empleo registrado. Véase, por ejemplo, «No creo en el superávit fiscal, el desequilibrio lo genera la valorización financiera», AM 530, 19 de mayo de 2026.

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