Argentina-España

Las vueltas del fútbol determinaron que la Finalissima que no se jugó en marzo sea ahora la final del Mundial. Por qué España cierra un ciclo pero antes abrió otro en la selección argentina. El único antecedentes mundialista entre ambos. Los amistosos lejanos en el tiempo. Los puntos fuertes y débiles de España. Messi y Lamine Yamal, en suma, la previa en la visión de Sergio Levinsky.

La Finalissima pendiente que terminó convirtiéndose en una final del mundo

Las vueltas del fútbol y de la geopolítica terminaron construyendo una paradoja extraordinaria. La Finalissima que debía enfrentar a Argentina y España en marzo de 2026, como campeones de América y Europa, nunca pudo disputarse debido a la cancelación del encuentro prevista inicialmente en Qatar, en medio de la crisis regional en Oriente Medio.

Cuatro meses después, el destino les ofrece un escenario incomparable: ya no jugarán por una copa intercontinental, sino por el campeonato del mundo.

Este domingo, el MetLife Stadium será el escenario de una final que enfrenta a las dos mejores selecciones del momento, pero también a dos generaciones del fútbol mundial.

España cierra un ciclo… que empezó en Argentina

Paradójicamente, el gran ciclo del fútbol español comenzó gracias a una derrota frente a la Argentina.

El 4 de septiembre de 2006, apenas unos meses antes de iniciar la etapa más brillante de su historia, España cayó 2-1 en Murcia ante el seleccionado dirigido por Alfio Basile. Aquel amistoso dejó numerosas críticas, pero Luis Aragonés mantuvo el rumbo.

Dos años después llegó la Eurocopa 2008.

Luego vendrían el Mundial 2010 y la Euro 2012, conformando el dominio más prolongado que haya ejercido una selección europea sobre el fútbol internacional.

Hoy, veinte años después, España vuelve a una final mundialista con otra generación excepcional. Luis de la Fuente tomó la posta de aquel legado, pero con un equipo menos basado en la posesión interminable y mucho más vertical.

Un único antecedente en los Mundiales

Aunque ambas selecciones son potencias históricas, sólo se enfrentaron una vez en una Copa del Mundo.

Fue en Inglaterra 1966.

España ganó 2-1 en Villa Park gracias a un doblete de Pirri, mientras Luis Artime descontó para Argentina.

Desde entonces nunca volvieron a cruzarse en un Mundial.

La final de 2026 será, por lo tanto, el segundo capítulo de una historia mundialista que permaneció sesenta años inconclusa.

Amistosos separados por décadas

Los enfrentamientos posteriores fueron escasos.

El más recordado fue el triunfo argentino 4-1 en Madrid en 2010, con Diego Maradona como entrenador.

España se tomó revancha ocho años más tarde con un inolvidable 6-1 en el Wanda Metropolitano, una de las derrotas más duras de la era moderna de la Selección.

Desde entonces nunca volvieron a enfrentarse oficialmente.

Las fortalezas españolas

España llega probablemente como el equipo más equilibrado del campeonato.

Su principal virtud es la circulación rápida del balón, la presión alta tras pérdida y la capacidad para dominar territorialmente a cualquier rival.

En defensa recibió apenas un gol durante todo el torneo antes de la final, un dato que explica gran parte de su campaña.

La aparición de Lamine Yamal transformó además el ataque español.

El extremo combina desequilibrio individual, velocidad y una madurez impropia de su edad, acompañado por un mediocampo técnicamente sobresaliente y una defensa muy sólida.

Dónde puede sufrir España

El equipo de Luis de la Fuente también presenta vulnerabilidades.

Cuando el rival consigue superar la primera línea de presión, los espacios detrás de los laterales aparecen con frecuencia.

España suele asumir muchos riesgos con la pelota y deja metros para las transiciones rápidas.

Allí Argentina encuentra uno de sus mayores argumentos: la velocidad de sus extremos, las llegadas de los mediocampistas y la capacidad de Lionel Messi para acelerar o pausar el juego según convenga.

La otra incógnita será cómo responderá España si el partido entra en un desarrollo físico y emocional, terreno donde Argentina ha demostrado una enorme fortaleza durante el ciclo Scaloni.

Messi y Lamine Yamal: el símbolo del cambio de época

La imagen de la final está escrita antes de jugarse.

Lionel Messi, probablemente disputando el último gran partido de su carrera con la Selección, frente a Lamine Yamal, el futbolista llamado a liderar la próxima década.

Hay una continuidad simbólica imposible de ignorar.

Ambos fueron formados en La Masía.

Uno representa el cierre de la era del mejor jugador de este siglo.

El otro aparece como el talento más extraordinario surgido desde entonces.

No será un duelo individual, porque las finales nunca lo son, pero pocas veces un Mundial ofreció una transición generacional tan explícita.

Mucho más que un título

La Finalissima frustrada encontró una resolución inesperada.

El partido que no pudo jugarse por razones externas terminó elevando su valor deportivo.

Ya no decidirá qué continente domina el fútbol.

Definirá quién es el campeón del mundo.

Y quizá también marque el instante exacto en que una generación legendaria entrega definitivamente el testimonio a la siguiente.

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