La totalidad de los consultores, encuestadores y expertos en campañas electorales coinciden en no hubo un claro ganador del debate, pero sí una perdedora: Patricia Bullrich. La candidata de Juntos por el Cambio (JxC) tuvo muchas dificultades para explicar sus posturas, en especial las económicas. Tuvo poca fluidez y leyó demasiado. Quienes corrían más riesgos, Javier Milei Sergio Massa, según los consultores, salieron airosos: defendieron los votos que ya tenían. El candidato de La Libertad Avanza (LLA) necesitaba proteger su puesto de postulante más votado. Massa, de Unión por la Patria (UxP), exhibía el flanco de ser el ministro de una economía con muchísimos problemas.

Además, el que representa al oficialismo, en todos los debates, siempre es un objetivo de los opositores. La mayoría de los consultores destacaron la solidez de Myriam Bregman y le adjudican haber pegado los dos golpes más sonoros: haber calificado a Milei como “gatito mimoso del poder económico” y señalarle que sus afirmaciones sobre el comunismo las sacó “del Rincón del Vago de (Mauricio) Macri”. Sobre Juan Schiaretti hay alguna controversia: la mayoría de los consultores cree que exageró con los ejemplos de Córdoba. Alguno destacó que fue el único en plantear la cuestión federal.

Un debate sin ganadores

“No he visto un claro ganador del debate —sostuvo Federico Aurelio, titular de la consultora ARESCO—. Ninguno generó un atractivo electoral lo suficientemente relevante como para pensar que tal candidato va a tener un crecimiento en su intención de voto. Sí considero que los dos candidatos que tenían más desafíos, Massa y Milei, salieron airosos. Massa por ser el ministro de Economía de un país con graves problemas económicos, que uno podía pensar que iba a ser muy golpeado por el resto de los candidatos y que iba a ser golpeado también por ser el representante de un gobierno que hoy está muy desgastado. Sin embargo, no fue así. Incluso tuvo tiempo de desarrollar propuestas, sobre todo en el capítulo de la economía. Propuestas novedosas que el resto de los candidatos no realizaron.

En el caso de Milei también tenía el desafío, por ser el candidato que hoy está liderando la intención de voto, por lo menos en nuestras mediciones, que podía ser golpeado para minar el apoyo que hoy reúne. Teniendo en cuenta los antecedentes de haber perdido los estribos, ese riesgo lo superó, actuando con mucha tranquilidad frente a las distintas críticas. Después, Bullrich estuvo más floja, como suele suceder en todas sus apariciones públicas, en los temas económicos, y siempre con dos ejes: que tiene coraje y que va terminar con el kirchnerismo. Y lo aplica a casi cualquier cosa. A economía, a educación a lo que sea. No parecen atributos suficientes para una presidenta. Bregman y Schiaretti estuvieron bien. Ella muy suelta, dentro de sus posturas de izquierda. Schiaretti con cierto exceso en la ejemplificación de la provincia de Córdoba. Por eso, repito: creo que ninguno generó un atractivo para que uno presuma que va a tener crecimiento en su intención de voto”.

Nada de errores

El objetivo de quien debate es no cometer errores para no perder lo que tiene, y luego conseguir nuevos votantes. Cada uno de ellos planteó lo que buscaba desde el minuto 1 —evaluó Hugo Haime, de Haime y Asociados—. Massa paso rápido a la ofensiva y se definió como quien tiene un plan de desarrollo con inclusión para resolver los problemas del país. Eso incluye un gobierno de unidad nacional. Milei se autodefinió como el portador del saber y el anticasta capaz de resolver la inflación y proyectar la Argentina del futuro. Patricia, como quien tiene coraje y poder para generar un cambio. A la que más le costó entrar en ritmo fue a Patricia, sobre todo por sus vacilaciones, en particular en lo económico. Pero fue exitosa en confrontar con Milei en algunos temas: la existencia del Banco Central, los vouchers educativos.

Milei, con picardía, evitó el tema conflictivo de la dolarización, mientras desde su gestualidad trataba de mostrarse, por un lado, sobrador y descalificante, con sorna ante la exposición de sus rivales. Por otro lado, bajó el nivel de agresividad habitual en él. El que la tenía más difícil era Massa en su doble rol de ministro y candidato. Sin embargo, pudo plantear que su gobierno no sería como el actual, buscando diferenciación plena, y además alcanzó a hacer propuestas. Si las encuestas muestran que Milei hoy estaría liderando por poco, obligado a ir una segunda vuelta, en el debate esa diferencia no logró hacerla valer.”

Dos para el balotaje

“El escenario del debate replicó lo que todos estamos viendo en términos de estudios de opinión: hay dos candidatos que están en disputa —señaló Artemio López, de la consultora Equis—. Uno, Massa, por la continuidad del proyecto que se inició en el 2003. Otro, Milei, que plantea un retroceso al formato neoliberal, cuyo último referente fue Mauricio Macri, pero con el agregado de niveles de reivindicación muy fuertes de las prácticas represivas. La diferencia que muestran los estudios de opinión en favor de Milei, la verdad que en el debate no se vio. Al contrario, creo que Massa obtuvo una diferencia con respecto a Milei. Patricia Bullrich estuvo muy desnorteada, algo que ya se ve en las encuestas: ha perdido el rumbo. De todas maneras, todavía éste es el primer tiempo de un partido que termina el domingo próximo. No esperemos que cambie el plexo de las preferencias, es mucho más importante la gestión que está desarrollando Massa que el discurso que pueda elaborar en un debate. 

También hay que señalar una gran participación de Bregman sobre todo en el capítulo de derechos humanos, aunque falta que ella y en especial Massa hablen del intento de asesinato de Cristina, una bisagra en el pacto democrático de 1983. Del resto de los candidatos no espero nada, incluso de alguno, legitimarlo.”

Libretos y momentos

“Un debate vale por sus momentos extraordinarios y no por los momentos en los cuales los candidatos dicen sus libretos planificados. Vale por una reacción bien hecha, a tiempo. Vale una humorada, un chiste, algo que saque de cuadro al adversario —explicó Alberto Quevedo, experto en comunicación—. Creo que en este debate no hubo demasiadas cosas extraordinarias. Por ejemplo, creo que fue inesperado que Milei saliera con un discurso tan alineado con lo que es la versión de la dictadura militar. Ni siquiera la teoría de los dos demonios, sino la versión militar. Otro momento, con humor, lo puso Myriam Bregman, con lo del “gatito mimoso”. Ella disfrutó del debate. Y la más incómoda fue Bullrich, nerviosa y sin argumentación, usando frases hechas que dicen poco y comunican menos. Todos los candidatos que van a un debate sueñan con no perder. Lo primero es no perder, o sea, si sacan un empate ya está bien. No perder significa no cometer errores, no entrar en algún momento en un terreno que les resulte muy incómodo, no ser sorprendido por sus adversarios o ser objeto de alguna broma o algo que los dañe. Me parece que ninguno en ese sentido cometió errores que sean significativos. No hubo humor en el debate, yo creo que es muy importante el humor, la única que puso algo de eso fue Bregman y el desempeño más pobre fue el de Bullrich.”

Resultado conservador

“Fue un debate conservador, en el que cada uno intentó consolidar su posición, probablemente conscientes de que el mayor crecimiento potencial está en sectores afines que no fueron a votar en las PASO —estimó Juan Courel, analista político y titular de Alaska Comunicación—. Milei pudo sostener su discurso y encarnar el cambio de manera más contundente que Bullrich, quien sigue desdibujada como opositora desde que perdió la posición de favorita. Massa salió entero, lo que debería ser satisfactorio para él considerando la mala imagen del gobierno, que todos los demás atacaron la política económica y la agenda mediática desfavorable del fin de semana. Schiaretti esbozó un intento de mostrarse como el candidato antigrieta pero no logró mayor trascendencia. Y Bregman capitalizó los huecos que dejó Massa en temas de derechos humanos, género, educación y derecho a huelga, que son valiosos para su público objetivo”. Para Courel, “los debates no se ganan ni se pierden. Son instancias destacadas dentro de las campañas porque generan importantes volúmenes de audiencia y alta repercusión posterior. Pero el efecto sorpresa en los debates está sobrevaluado. Suelen ser reflejos o modelos sintéticos de las estrategias diseñadas para todo el proceso electoral. Este debate no fue la excepción”.

El formato en cuestión

“Creo que habría que revisar el formato del debate que tiene gusto a poco. Todo muy pautado y esto genera un producto muy esquematizado, robótico. Esto le quita espontaneidad —opinó Analía Del Franco, de Del Franco consultores—. La expectativa inicial en los debates es todos contra el oficialismo. En este caso, Massa. Eso sucedió, pero no en la medida de lo esperable. Milei va primero en las encuestas y usó una estrategia correcta: no avanzar, no salir al ataque. Él creció ofuscándose, pero el votante al que tiene llegar ahora no sintoniza con el ofuscamiento, porque son personas de más edad. Después puso sobre el tapete la cuestión de los desaparecidos: supongo que para pelearle votantes a Bullrich. O tal vez fue solo por provocación. En el caso de Massa, se lo vio presidenciable, algo importante para el votante. En algún momento tiró demasiada información, difícil de procesar, pero siempre plantándose frente a lo que iban a ser los ataques: la inflación, lo económico, el escándalo Insaurralde. Y Bullrich tuvo un desempeño pobre: no logró diferenciarse en el papel opositor”.

La dictadura y la democracia

“Voy a diferenciarme señalando que me impactó Schiaretti —dijo Raúl Timerman, del Grupo de Opinión Pública—. Mostró gestión y planteó el tema federal de forma concreta, con las diferencias en los subsidios, las empresas públicas prestando servicios en el área metropolitana y perjudicando al interior. Se vio un sólido Sergio Massa, en especial planteando el gobierno de unidad nacional, en el que incluyó hasta a los libertarios. Patricia Bullrich es la que más dificultades tuvo en la elaboración del discurso. Sin embargo, le planteó bien a Milei la cuestión de los dos países que no tienen Banco Central y que son paraísos fiscales. En el caso de Milei está claro que hizo una revalorización de la dictadura y me llamó la atención que no dijera la palabra democracia en ningún momento”.

Los que siguen indecisos

“Vi a Milei concentrado en no cometer errores. No salió a comunicarse con los que están fuera de su electorado —consideró Alfredo Serrano Mancilla, del CELAG—. Massa fue el más propositivo, pero le faltó mencionar alguna medida más concreta para el bolsillo y no se entendió eso de ‘los paracaidistas suecos’. Bullrich leyó demasiado, pasó desapercibida y no parece remontar la cuesta. No me esperaba que se comparara con Mandela y Mujica. Bregman supo estar muy presente y Schiaretti no movió el amperímetro. No creo que los pocos indecisos que hay se hayan decidido tras el debate”.