Como señalan Lucía Cid Ferreira, Matías Lorenzo Pisarello y Roxana Laks en su estudio “Observaciones sobre el delito en relación con los contextos económicos en la Argentina contemporánea”:
No es la pobreza, en sí misma, sino la desigualdad el factor más determinante en la evolución del delito. Las sociedades de consumo proponen, en lo formal, las mismas metas para todos, pero en la práctica sólo algunos las pueden alcanzar. La frustración, la violencia y el delito son provocados principalmente por la desigualdad. Hoy en día, una verdadera obsesión en los asaltos violentos es el robo de 24 A partir del año 2011, el crecimiento del empleo en el sector privado se detuvo directamente (Mercatante, ob. cit. p. 117) 18 los teléfonos celulares, cuyos precios varían entre un 50 y un 75 % del salario mínimo vital y móvil25. No se trata simplemente de arrebatar un teléfono celular, sino de robar una porción de prestigio social. Como observara la filósofa Roxana Kreimer (2010), en contextos tradicionalmente pobres, la miseria no genera delitos, ya que no hay una gran distancia entre lo que una persona desea y lo que posee. No podrían aspirar a otra forma de vida porque no la conocen, o por tratarse de sociedades jerárquicas en las que no se plantean las mismas posibilidades (ideales) para todos los ciudadanos. En nuestro caso se trata de la inequidad dentro del contexto de una democracia occidental, que, en teoría, propone un mismo ideal de vida para todos, pero que, en la práctica, permite sólo a unos pocos aspirar a esas oportunidades.