Una semana más, una semana menos: entre la hoguera, la fuga y la interna ( todo preocupa)

Una semana más, una semana menos en Argentina. El presidente Javier Milei fue acusado de ayudar a Flávio Bolsonaro a escaparse de Brasil después de perder las elecciones; finalmente se comprobó que Santiago Caputo viajó a Misiones para ayudar personalmente a gestionar el escape del candidato brasilero; Milei fue a Catamarca y no saludó a la gente porque le pegaron y se fue a encerrar a su habitación de hotel; Milei habló de quemar a los periodistas y se armó la polémica; Patricia Bullrich sigue coqueteando con Mauricio Macri y Karina Milei levanta cada vez más el perfil de cara a las elecciones; en el peronismo intentaron pegarse a la victoria de Lula en Brasil mientras sigue la interna con Kicillof contra el ala de Cristina Kirchner y Sergio Massa aparece cada vez más seguido .

Los protagonistas de la semana fueron Javier Milei, Karina Milei, Flávio Bolsonaro, Bullrich, Santiago Caputo, Lula, Axel Kicillof, Sergio Massa, Mauricio Macri, el aeropuerto de Misiones los periodistas indignados y muchos más.

Una semana más, una semana menos: Milei, la hoguera y el aeropuerto de Misiones

Copete: Entre la fuga de Flávio Bolsonaro, el operativo misionero de Santiago Caputo, los periodistas amenazados con la hoguera y las disputas por el futuro del oficialismo, la política argentina volvió a ofrecer un espectáculo difícil de ordenar. Mientras Karina Milei gana espacio, Patricia Bullrich juega su propio partido y el peronismo festeja a Lula como si la victoria brasileña pudiera resolver sus propias internas.

Una semana más, una semana menos en Argentina. Javier Milei tuvo una de esas semanas en las que la realidad parece empeñada en competir con la ficción. El Presidente, que había apostado políticamente por Flávio Bolsonaro en las elecciones brasileñas, terminó envuelto en una trama internacional que tiene todos los ingredientes de una película de operaciones clandestinas: un candidato derrotado, una salida hacia Estados Unidos, un avión privado, el aeropuerto de Puerto Iguazú y Santiago Caputo haciendo de coordinador presencial.

La presencia del asesor presidencial en Misiones quedó registrada en un acta policial. El Gobierno sostiene que no hubo irregularidades, pero las preguntas se acumulan: ¿qué hacía Caputo allí?, ¿quién organizó el operativo?, ¿qué organismos del Estado participaron? Brasil pidió explicaciones diplomáticas y la oposición reclama que el Congreso investigue. La diplomacia argentina, mientras tanto, consiguió una nueva manera de complicar la relación con el principal socio comercial del país.

Como si esto fuera poco, Milei viajó a Catamarca y protagonizó otro episodio confuso. En medio de un tumulto durante su llegada al hotel, un diputado libertario aseguró inicialmente que el Presidente había recibido golpes. Después se desdijo y La Libertad Avanza negó cualquier agresión. La visita terminó sin el contacto con la gente que se esperaba. Una escena que dejó más preguntas que certezas.

Pero la semana presidencial todavía tenía reservada otra especialidad: los periodistas. Después de conocerse el sobreseimiento en la causa $LIBRA, Milei volvió a cargar contra quienes investigaron el caso y habló de quemarlos en la hoguera. El vocero presidencial explicó que se trataba de una metáfora. FOPEA, organizaciones periodísticas y dirigentes políticos cuestionaron las expresiones. Patricia Bullrich también marcó distancia: dijo que el Presidente había cruzado un límite y que las críticas debían responderse con argumentos. Una curiosa situación: la jefa del bloque libertario en el Senado tuvo que recordar al Presidente algunos principios elementales de la convivencia democrática.

Bullrich, precisamente, parece estar jugando un partido propio. Coquetea con sectores del establishment, mantiene puentes con Mauricio Macri y deja abiertas sus posibilidades electorales para 2027. No rompe con Milei, pero tampoco quiere quedar atrapada en el destino político de los hermanos. Karina Milei, por su parte, aumenta su protagonismo y consolida su lugar como centro de decisiones del oficialismo. La disputa por la sucesión, las candidaturas y el control del espacio libertario ya empezó, aunque todavía falte bastante para las elecciones.

En Brasil, entretanto, Lula derrotó a Flávio Bolsonaro y le propinó a la derecha regional un revés político. Milei, que había intervenido abiertamente en la campaña, tuvo dificultades para procesar el resultado. El peronismo argentino, en cambio, encontró motivos para festejar. Cristina Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa salieron a celebrar la victoria del dirigente brasileño. Por unas horas, todos parecieron formar parte de una misma familia política.

Pero la fotografía internacional no resuelve la interna nacional. Kicillof sigue construyendo su propio espacio y su proyección presidencial, mientras el kirchnerismo reivindica el liderazgo de Cristina Kirchner y su condición de presa y proscripta. Sergio Massa, que mantiene interlocución con los distintos sectores, aparece cada vez más en escena. Lula puede ofrecer una referencia política, pero no puede resolver quién conduce el peronismo argentino ni cómo se construye una alternativa al gobierno de Milei.

La semana deja, entonces, un oficialismo atravesado por sus propias disputas, un Presidente enfrentado con la prensa y con dificultades para administrar las consecuencias de su intervención en Brasil, y una oposición que celebra victorias ajenas mientras todavía discute su propia conducción.

Los protagonistas de estos días fueron Javier Milei, Karina Milei, Flávio Bolsonaro, Santiago Caputo, Patricia Bullrich, Mauricio Macri, Lula, Axel Kicillof, Cristina Kirchner, Sergio Massa, el aeropuerto de Misiones, los periodistas indignados, los funcionarios que explican metáforas y todos aquellos que, por una razón u otra, terminaron formando parte de esta comedia política semanal.

Una semana más, una semana menos. En la Argentina de Milei, cuando parece que ya vimos todo, siempre queda un aeropuerto, una hoguera o una interna por descubrir.

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