La derrota de la socialdemocracia chilena abrió paso a una nueva experiencia de ultraderecha regional, y despliegue de la nueva fase de neoliberalismo extremo.
Lo que comenzó en un ascenso de luchas ciudadanas que permitió la llegada del Frente Amplio Chileno al gobierno en 2021, cuatro años después terminó como lo hicieron casi sin excepción las experiencias socialdemócratas en occidente: Parteras de gobiernos de ultraderecha, incluida la experiencia local reciente del Frente de Todos. Este texto analiza cómo las experiencias de coaliciones progresistas en América Latina y Europa terminaron debilitadas al adoptar políticas neoliberales. Se observa un patrón: cuando las fuerzas progresistas entregan la conducción económica al FMI o a sectores financieros, se fracturan internamente, pierden apoyo popular y abren el camino a la derecha y la ultraderecha. Casos como Syriza en Grecia, el PS en Portugal, el PSOE-Podemos en España, el PT en Brasil y el Frente de Todos en Argentina muestran que la búsqueda del “centro político” conduce a la pérdida de identidad y a derrotas electorales. En contraste, la experiencia de Gustavo Petro en Colombia marca una ruptura con la socialdemocracia tradicional, al desplazar ministros moderados y reafirmar un programa de emergencia popular. La conclusión central es que la unidad progresista sólo puede sostenerse si se aparta del rumbo económico fijado por el FMI y se afirma en sus propios valores, evitando la “trampa del centro”.
El mayor RESPONSABLE de la DERROTA, sin duda es @GabrielBoric.
Llegó al poder prometiendo cambiar la forma de hacer política, entusiasmando a miles de jóvenes y terminó gobernando con los mismos que por años criticó.
De una cobardía pocas veces vista en un presidente para… pic.twitter.com/W0lgDTGaky— Luis Mesina (@LuisMesina1) December 14, 2025
“Si hablo, si te cuento,
Debo pensar en una sola dirección.
Y es un orden que cansa”.
Hilda Rais
La reciente derrota del Frente Amplio Chileno permite reflexionar trascendiendo el caso puntual para observar mediante análisis comparados el derrotero de las coaliciones progresistas.
Este resumen breve de algunos hechos destacados del gobierno de Gabriel Boric sirve como disparador del análisis más amplio que se propone en esta nota.
Para ingresar entonces a la perspectiva conceptual que queremos mostrar, recordemos que el gobierno del Frente Amplio Chileno:
-Mantuvo la inequidad distributiva heredada
– Atacó a Venezuela y a Nicaragua
– Condenó a Cuba por DD.HH.
– Defendió a Ucrania frente a Rusia.
– Mantuvo procesos judiciales sobre manifestantes del 2019.
– No indultó a los que presos políticos que protestaron a su lado en 2019.
– Mantuvo la militarización en el Wallmapu (territorio mapuche).
– Reprimió a mapuches y a estudiantes.
– Canceló su programa de reformas (como pensiones y tributaria), negociando acuerdos con la oposición de derecha y empresarios.
– Tomó distancia de Lula, Petro y Claudia Sheinbaum en asuntos como criticar la injerencia de Washington, las deportaciones y los aranceles.
– Hubo persecución política de líderes comunistas como Daniel Jadue – Reconoció a María Corina Machado y a Edmundo González en Venezuela.
– Estableció acuerdos con el Comando Sur de EEUU. –
En síntesis Gabriel Boric llegó al poder prometiendo cambiar la forma de hacer política, entusiasmando a miles de jóvenes y terminó gobernando con y como los mismos que por años criticó.
No es un caso aislado. La llamada “tercera vía” o socialdemocracia reformista en la que se inscribe el gobierno del Frente Amplio chileno, ha sido presentada en las últimas décadas como una alternativa capaz de conciliar crecimiento económico con justicia social.
Sin embargo, la experiencia reciente en América Latina y Europa muestra un patrón recurrente: las coaliciones progresistas que adoptan políticas neoliberales terminan debilitadas, fracturadas y abren el camino a gobiernos de derecha o ultraderecha.
Este artículo motivado por la derrota del Frente Amplio Chileno, analiza brevemente casos paradigmáticos.
En la perspectiva de esta nota asumimos que La Argentina ha perdido especificidad desde el año 1976 a la fecha y ya no es una formación económico-social tan original como el “mito urbano” supone.
Así las cosas, es posible afirmar, aun con todos los reparos que implica una afirmación general, que sostener la unidad, no romper la coalición progresista sólo puede ser alternativa de gobierno popular-democrático si se aparta el rumbo económico del plan que fija el FMI y ahora con el soporte del Tesoro norteamericano (neoliberalismo económico y social).
Las recientes experiencias de la periferia europea también muestran que cuando se incumplen los contratos electorales, normalmente se parten las “coaliciones progresistas” (llamémoslas así a falta de mejores nominaciones), luego se refuerzan internamente las posiciones conservadoras y los sectores más dinámicos se van por fuera de la coalición, con poco éxito o, si permanecen, alcanzan sus mínimos históricos en la consideración ciudadana.
Finalmente, tras este proceso de desgranamiento, normalmente gana las elecciones generales la derecha, en ocasiones en alianza explícita o implícita con la ultraderecha. Grecia, Portugal y próximamente muy probablemente España, son ejemplos de lo que señalamos.
En otra perspectiva, pero igual dirección conceptual, a la derrota del Frente de Todos y ahora el Frente Amplio chileno , la experiencia en Brasil también mostró que cuando una coalición “progresista” entrega la política económica al neoliberalismo, como hizo Dilma Vana Rousseff, los sectores conservadores internos avanzan (Temer incluso encabezó el golpe parlamentario) y finalmente se impone la derecha en alianza con la ultraderecha, tal el caso de Jair Bolsonaro. Veamos esto un poco más de cerca.
La burlesca tragedia que siguió a la elección de Stefanos Kasselakis como líder de Syriza (de septiembre de 2023 a septiembre de 2024) demuestra una vez más que en la vida, y más aún en la política, ninguna deuda importante queda sin pagar. En el caso de Syriza, la deuda era especialmente elevada e importante.
Tenía que ver con momento histórico de 2015, cuando Alexis Tsipras vendió una oportunidad histórica para que los trabajadores y trabajadoras contrarrestaran el ataque neoliberal del capital en la forma brutal que tomó en Grecia tras el estallido de la crisis internacional de 2008, con las políticas dictadas por los llamados memorandos entre los gobiernos griegos y la troika (UE-BCE-FMI).
Aquí, la denominada “troika” (Banco Europeo, Comisión Europea y FMI) obligó al premier Alexis Tsipras a desconocer el referendo popular que rechazara rotundamente la continuidad de las políticas de austeridad y el rescate propuesto por los acreedores, donde el “no” ganó con un 61,33% frente al 38,67% para el “sí” a la austeridad.
Desencadenó así una profunda doble crisis –de gobierno y partidaria en Syriza, que se quebró–, precipitando el recomienzo del ajuste neoliberal, ruinoso para la economía y el pueblo griego. Las elecciones anticipadas que se sucedieron al quiebre mostraron que Tsipras se afirmó en el gobierno, aunque con aumento de la abstención (pasó de 36,1% a 43,4%), mientras que los sectores escindidos de Syriza, reunidos en Unidad Popular, no lograron siquiera representación parlamentaria al obtener el 2,8% de los votos.
Sin embargo, en 2019, Kyriakos Mitsotakis, líder del partido de centro-derecha Nueva Democracia (ND), se anotó una victoria neta y rotunda en las elecciones generales. Su formación aplastó inmisericordemente, sin paliativos, a Syriza, el partido que lidera Alexis Tsipras.
Nueva Democracia se metió en el bolsillo el 39,8% de los votos, frente al 31,5% que anotó Syriza. Lo que, traducido a escaños, significó la mayoría absoluta para los conservadores, cerrando así el círculo del quiebre de la coalición progresista griega. La continuidad de este proceso desembocó en el triunfo de Kyriakos Mitsotakis con mayoría absoluta en el año 2023.
¿Un crecimiento para tres o cuatro vivos?
Los resultados ruinosos para Grecia del triunfo derechista –que acabó de pagar la deuda con el FMI–, como advierte el periodista Antonis Davanellos, llevaron a que el gobierno de Kyriákos Mitsotákis afrontara la pandemia aplicando la doctrina del “gasto mínimo”, lo que puso a los hospitales públicos al borde del desastre.
Los desastrosos incendios forestales del verano de 2021 pasado pusieron de manifiesto el desmantelamiento de todos los servicios públicos relacionados con la protección civil. Una experiencia similar a la provocada por el último invierno helado, que causó enormes sufrimientos a la población. Decenas de personas murieron en incendios domésticos o por inhalación de humo tóxico, cuando trataban de calentar sus casas con medios improvisados, ya que no podían pagar las elevadas facturas de electricidad o de gas natural.
En este contexto social se inició una nueva ola de subidas de precios sin precedentes, incluso antes de la guerra de Ucrania
La inflación trepó a dos dígitos y devoró los ingresos de las clases trabajadoras y agotando la capacidad de los hogares para hacer frente a la situación. Al mismo tiempo, la inflación echó por tierra los planes presupuestarios del gobierno, basados en la estimación de que, para 2022, la inflación en Grecia se mantendría por debajo del … ¡2,5%! . Réplica helena del famoso efecto «Sturlach» observado en estas pampas.

El impacto real en la vida de la clase trabajadora fue dramático. Según las estimaciones del Instituto Laboral GSEE, la inflación del 6,2% en enero de 2022 supuso una pérdida del 14% del poder adquisitivo de los trabajadores, ya que las subidas de precios de los productos de primera necesidad (como los alimentos) fueron muy superiores al índice medio de inflación. A finales de febrero, el precio de la gasolina normal sin plomo superó los 2,2 euros por litro en la región del Ática, mientras que alcanzó los 2,5 euros por litro en las regiones más periféricas.
Los precios de la electricidad y del gas natural aumentaron un 300%. Una simple “visita” al supermercado y a la gasolinera, o la llegada de las facturas de la luz, el gas y el agua significaban un momento de angustia para la mayoría de los hogares populares.
En Portugal en el año 2015, la centroderecha ganó las elecciones legislativas, pero fue el socialista António Costa quien se hizo con el poder gracias a una inusitada alianza con el Partido Comunista y el Bloque de Izquierda. Fue el comienzo de una experiencia política sin precedentes en el país.
Se la llamó geringonça, “artilugio” en español, un raro mecanismo formado por partes variopintas que, a pesar de todo, funcionaba. Sin embargo, la ruptura de la izquierda en Portugal, rechazando los presupuestos del primer ministro Costa, precipitó al país a unas elecciones anticipadas que pusieron fin a un acuerdo de gobierno iniciado en 2015 y que representó una anomalía política por las históricas diferencias entre las fuerzas de izquierda –el gobernante Partido Socialista y sus socios parlamentarios tras las elecciones de 2015 y 2019, el Bloque de Izquierda y el Partido Comunista–.
En esas elecciones anticipadas, Costa, partidario de lo que se llamó “austeridad oculta”, salió fortalecido, luego de haber perdido el apoyo de sus aliados políticos el año anterior. Como bien sostiene Catherine Moury, el caso portugués demuestra finalmente que la austeridad a escondidas fue una estrategia política y electoralmente exitosa para los socialistas.
Claros y oscuros
A pesar de que los ciudadanos eran cada vez más conscientes del deterioro de los servicios públicos, sobre todo de la sanidad y el transporte (un tema central en la campaña de 2019), el PS gobernante ganó escaños y votos en las últimas elecciones. Esto puede explicarse por la relajación (parcial) de la “austeridad a escondidas” en el año anterior a las elecciones, pero también por el hecho de que los votantes de un país que acababa de ser rescatado daban más valor que nunca a la capacidad del Estado para mantener sus cuentas en orden.
El gasto (en términos absolutos) en educación, seguridad social y sanidad se había mantenido estable desde 2013, cuando Portugal aún estaba bajo el programa de rescate. La característica más llamativa es la disminución del gasto en inversión pública desde ese año: en 2018, Portugal, junto con Israel y México, tenía la tasa de inversión pública más baja de todos los países de la OCDE.
La deriva de este proceso de degradación social demócrata fue que la extrema derecha superó el 20% de los votos en las elecciones legislativas portuguesas de este año y se encuentra en posición de liderar la oposición al gobierno de derecha tradicional de Luis Montenegro, que se mantiene en el poder ya sin mayoría estable.
La decepción con la coalición progresista que está llevando adelante reformas neoliberales tradicionales, en especial en el campo laboral, dio nuevo impulso al Partido Popular, que en virtual alianza con el ultraderechista Vox muy probablemente se impondrá en las elecciones de 2026, mientras Podemos se quebró, Iñigo Errejón armó su partido; su líder, Pablo Iglesias, se retiró de la política activa al menos por ahora y la nueva formación Unidas Podemos está en sus mínimos históricos (obtuvo un solo procurador de los 10 del año 2015) en la consideración ciudadana, tal como se observó en las elecciones a las cortes de Castilla y León en febrero del año 2022.
Respecto al corte conservador que adquiere la coalición inicialmente “progresista” española, Juan Ramón Rallo, doctor en Economía y profesor en la IE University, en la Universidad Francisco Marroquín y en el centro de estudios OMMA, sostiene que en el ámbito laboral el decreto ley del gobierno PSOE-Podemos legitimó la mayoría de los elementos centrales de la reforma laboral del PP:
Justamente por eso, los partidos de la izquierda votaron en contra de esa » Reforma laboral» y es notable que haya salido adelante con el voto no solo del PSOE sino, sobre todo, de Unidas Podemos abriendo un gran debate: Hasta qué punto el PSOE consiguió arrastrar a Podemos hacia posiciones más conservadoras.
Sea como fuere, no fue buena noticia que Podemos, arrastrado por el PSOE, haya terminado abrazando la reforma laboral del PP que había prometido derogar en su integridad y abrió las compuertas de una eventual derrota electoral de la coalición “progresista” a manos del PP en 2023 en alianza (explícita o no) con Vox, derrota que esa vez no se consumó. Finalmente, hoy el PP ya tomada la agenda de Vox es una opción muy competitiva para las elecciones autonómicas de este mes de diciembre.
Dilma Rousseff literalmente “entregó” la economía al sector financiero encarnado por Joaquim Levy, el Manos de Tijera –banquero y ex funcionario del FMI–, que obligó a profundizar políticas ortodoxas, las mismas que Dilma criticaba a Aécio Neves durante la campaña electoral. Sucedió una fuerte crisis económica, quiebres internos en el PT y caída vertical del poder y la popularidad de Dilma, que asumió con 70% de aceptación para, en menos de 24 meses, caer a un dígito (9%). Esta caída dio impulso a un sector interno de la coalición oficialista impulsado por Michel Temer que dio un golpe palaciego en 2015, que finalmente destituyó a la presidenta y marcó el inicio de un ascenso gradual de un régimen autoritario acompañado de un resurgimiento del papel político de los militares, que daría las bases del triunfo del ultraderechista Jair Messias Bolsonaro.
Respecto a la entrega de la economía al neoliberalismo perpetrada por Dilma Rousseff, señala Gilberto Maringoni, profesor de la Universidad de San Pablo: “El ajuste dejó de ser una opción para el gobierno. Es su propia razón de ser. Si el ajuste termina, el gobierno cae. La contracción, los recortes, el brutal superávit y toda la catilinaria del neoliberalismo heavy metal –que Dilma acusó a Aécio Neves de querer implantar– llegó para quedarse. No es Dilma quien nos gobierna. Es el ajuste”. Este proceso, sabemos, decantó en el triunfo de Jair Bolsonaro en octubre del año 2018.
El fracaso rotundo del Frente de Todos ha sido suficientemente analizado ya, en una síntesis de lo dicho, lo que prometió ser una experiencia popular – democrática bajo el liderazgo de Cristina Kirchner se transformó en la gestión en socialdemócrata bajo la presidencia de Alberto Fernández, que convalidó la deuda externa delictual contraída por el gobierno de Mauricio Macri, continuó sin cambio con el deterioro distributivo inaugurado por Juntos (bajó 6 puntos la participación de los trabajadores sobre el Ingreso Total Generado) y profundizó la caída salarial jubilaciones, pensiones un 10% promedio, sumada a la caída del 20% que indujo el gobierno neoliberal previo cuyo síntoma electoral más notable es que el FDT en 2021 perdió 4,1 millones de votos respecto al año 2019, votos que se ausentaron de la elección mayoritariamente.
Como resulta obvio, no se intenta en esta nota buscar ninguna mímesis con procesos acontecidos en otras coyunturas, diversos países y procesos históricos muy diferentes.
Sin embargo, la Argentina ha perdido especificidad desde el año 1976 a la fecha y ya no es una formación económico-social tan original como el “mito urbano” supone.
Así las cosas, es posible afirmar, aun con todos los reparos que implica una afirmación general, que sostener la unidad, no romper la coalición progresista, sólo puede ser alternativa de gobierno popular-democrático si se aparta el rumbo económico del plan que fija el FMI (neoliberalismo económico y social).
Ya Nicolás Casullo advirtió que «El peronismo cuando va todo unido se pone conservador» y evitarlo a partir de las elecciones de octubre de 2023, aún abiertas para las dos fuerzas mayoritarias, parece ser la acción política adecuada, según la evidencia que disponemos hasta hoy.
Dos errores de la principal oposición al actual oficialismo deben ser señalados para abrir un debate necesario. Son estos:
Primer error: Muchas veces el peronismo y muchos comunicadores “propios” reproducen la agenda opositora, criticándola. Es la ‘trampa reactiva’, que para el socio lingüista George Lakoff, se produce porque en nuestro caso, los peronistas han dejado que ‘en casi todos los temas los conservadores definan el marco del debate. Los peronistas necesitan un conjunto de políticas proactivas y de técnicas de comunicación para transmitir nuestros propios valores según nuestros propios términos.
Segundo error conceptual claro, es la empecinada búsqueda del “centro político”.
Empíricamente en todas las elecciones acontecidas en la región, quedó demostrado que “el centro político no existe”, tal como lo describe en teoría Lakoff, “es imposible que la mayoría de los asuntos puedan colocarse en una escala lineal y los moderados estén siempre en el punto medio de las escalas. Primero, porque muchos de ellos son asuntos de “sí o no”: no hay escala”.
No existe el centro, sí existen lo que Lakoff llama “biconceptuales”, personas que en algunos aspectos de la vida son conservadoras y en otros son progresistas.
Para evitar la “trampa del centrista”, el pensador estadounidense cree fundamental no caer en la tentación de viajar al centro: Muchos peronistas creen que deben “escorarse a la derecha” para conseguir más votos. En realidad, este es un error. Al acercarse a la derecha, los peronistas refuerzan los valores de la derecha y renuncian a los suyos; y, además, “se alejan de sus bases”.
Por si no quedara claro, Lakoff recuerda que los conservadores no lograron el éxito acercándose a la izquierda, “tuvieron éxito activando la cosmovisión conservadora”.
No se construyen mayorías avanzando desde “el centro” hacia los “núcleos duros”. Por el contrario, afirmados en los polos, se expanden los consensos hasta disputar el centro.
Lo contrario es pérdida de identidad, angostamiento de la base de representación y luego derrota electoral.
Lo sabe Cristina Kirchner que muestra en su actual situación de apresamiento y proscripción las consecuencias del ensayo socialdemócrata del FDT y también, hay que decirlo, lo sabe Javier Milei, que profundiza el ajuste, asumiendo como propio un polo de la contradicción bien lejos del centro político.
Cuando Néstor Kirchner, tras la crítica derrota del año 2009 concluyó en que “perdimos por no profundizar”, ofreció un ejemplo teórico-práctico de afirmarse en un polo para expandirse hacia el centro tras una situación de quiebre electoral. Esa conclusión fue la base del triunfo de 2021.
Caso contrario la conclusión que un sector del FDT tras la derrota sostuvo «perdimos por kirchnerizarnos demasiado». Tomemos nota.
“El Gobierno debe declararse ya en emergencia. Emergencia significa que, día y noche, equipos del Gobierno estén trabajando en cómo bajar el precio de los alimentos, en cómo entregar tierra al campesinado, en cómo tener más alimentación sembrada y, por tanto, más menores precios. Quien ya no sea capaz de hacer esto, ya no tiene espacio en nuestro gobierno. Un gobierno de emergencia que tenga funcionarios cuyo corazón esté a favor de la gente humilde y no simplemente de ganar un salario y unas comisiones, y que sea capaz de adelantar los enormes retos que se nos demandan en el campo rural. Ya no podemos esperar más”.
De esta forma, la mayoría de los cambios expresaban que la etapa de la presencia en el gabinete de personajes liberales y de centro que operan solo desde las oficinas ministeriales empezaba a llegar a su fin, pues al retiro de Alejandro Gaviria (neoliberal, en Min. Educación), ocurrida hace dos meses, el 27 de febrero de 2022, siguieron las salidas de José Antonio Ocampo (samperista, en Min. Hacienda), Alfonso Prada (santista, en Min. Interior) y Cecilia López (socialdemócrata, en Min. Agricultura), nombramientos orientados en principio a desactivar a la extrema derecha con los llamados “tranquilizadores” del mercado, los cuales que ya cumplieron su ciclo.
Como Alejandro Gaviria, que se había vuelto un obstáculo contra la Reforma a la Salud desde el propio Gobierno, Cecilia López también disparaba dardos contra el proyecto y contra la política de transición energética, en tanto que no dio los resultados esperados en el cometido presidencial de avanzar en la Reforma Agraria y en la entrega de tierras a los campesinos.
Por su parte, José Antonio Ocampo ya no daba respiro con su cerrada posición sobre la llamada regla fiscal, que frena el gasto público en los programas sociales, y a Alfonso Prada, escudero de Gustavo Petro en la campaña, lo afectaron la posición de su jefe, Juan Manuel Santos, contra la Reforma a la Salud y su falta de resultados respecto del trámite de ésta en el Congreso, como responsable de la cartera política y del relacionamiento con el Legislativo.
Además, en consonancia con la declaratoria que hizo el Presidente del fin de la “coalición de gobierno” con los partidos Conservador, Liberal y de la U, salieron otros dos de sus representantes en el gabinete: Sandra Milena Urrutia (de la U, en MinTic) y Guillermo Reyes (conservador, en MinTransporte).
La permanencia de Sandra Milena Urrutia era insostenible, pues además de ser una funcionaria burocratizada, era la vocera de Dilian Francisca Toro, quien la recomendó a nombre del Partido de la U, colectividad en la que la señora Toro aplica disciplina dictatorial a sus congresistas para obligarlos a votar contra la Reforma a la Salud, lo mismo que hacen César Gaviria, en el Partido Liberal, y Efraín Cepeda, en el Conservador.
Sobre la salida de Guillermo Reyes, cuota del Partido Conservador, se tiene en cuenta no sólo la ruptura de la coalición en la que estaba su colectividad, sino también fuertes reparos que se le hicieron en las últimas semanas por su desempeño frente a la crisis de las dos aerolíneas “de bajo” costo que tanto daño hicieron al turismo y a los usuarios durante la Semana Santa, hecho que fue usado por la extrema derecha para generar otra matriz contra el Gobierno.
Arturo Luis Luna, ministro de Ciencias, también fue removido, pues su desempeño fue intrascendente, anodino, lo cual demuestra que no es suficiente la juventud y una hoja de vida con muchos títulos, factores que condujeron a Gustavo Petro a designarlo.
Todos los cambios del presidente Gustavo Petro en el gobierno desde el 7 de agosto de 2022, alteraron drásticamente el tipo de unidad histórica con que la coalición llegó al gobierno y se realizan bajo la percepción de que, como señalara también Alfredo Serrano Mancilla, El centro político no existe, es en los hechos apenas una modalidad de tránsito hacia una derecha más radical.
Nunca es triste la verdad …