Irán: Peor es nada

Ni por democracia ni por derechos civiles. Las protestas en Irán están digitadas desde el exterior para tumbar a la principal potencia antiimperialista en la región. Se nota mucho y la denuncia de este tipo de maniobras, ya estaba clara desde hace más de medio siglo. Veamos.

Protestas en Irán: no es una revolución feminista, es otra intervención yanqui

En la portada de CNN, una joven iraní se saca el hijab y enciende un pucho con la foto del Ayatollah. De este lado del mundo, incautos espectadores o interesados operadores celebran a coro. Pero lo que parece una escena de liberación feminista es en verdad otra arremetida de los Estados Unidos contra la principal potencia antiimperialista de Medio Oriente. Los que hablaron de «primavera árabe» (un avance islamista sobre gobiernos populares) ahora celebran la insurgencia convocada desde Los Ángeles.

Las protestas comenzaron unas horas después de que el hijo del Shá (antiguo monarca iraní, depuesto por la revolución islámica) los convocara a las calles. En plena ofensiva yanqui contra Venezuela, del otro lado del mundo se alzaban un puñado de manifestantes convocados por el rey en el exilio. La situación en Irán es compleja desde ya: la economía cruje al calor de las sanciones impuestas por Estados Unidos, el año pasado fue bombardeado por los gringos y por Israel, y es la única potencia de la región con petróleo y no alineada a Occidente. Fijate.

Marchas en defensa de la Revolución Islámica

La Revolución Iraní o revolución islámica fue un movimiento anti-moderno que se alzó contra el Shá -protegido de Gran Bretaña y Estados Unidos-, el liberalismo cultural y en defensa de las raigambres islámicas del país. En una unión inicial que incluyó a nacionalistas, islamistas y partidos de izquierda, corrieron al rey e instalaron un modelo singular: una república islámica, con elecciones y dirección civil, pero bajo el mando religioso de los Ayatollahs. Herencia persa, presente antiimperial y una historia de luchas que incluyó una larga guerra (Irán-Irak) también fogoneada por Occidente.

No es una revolución feminista: en Irán las mujeres votan y son candidatas desde 1963, han ocupado altísimos cargos como Ministras o Vicepresidentas. Las mayoría de las estudiantes universitarias (entre 55 y 60% del estudiantado) son mujeres y no tienen ninguna limitación para elegir su profesión. Pueden manejar autos, producir cine, literatura o arte, y compiten en deportes internacionales. Sí tienen la obligación de portar hijab en público, pero su situación es abrumadoramente mejor que en cualquier monarquía cercana: en Arabia Saudita empezaron a votar en 2015, a poder manejar auto en 2018 y su acceso a espectáculos estaba prohibido hasta hace muy poco. Pero no leerás sobre opresión femenina en Arabia tan fácilmente.

Igual que sucede en Venezuela, tampoco te van a mostrar las imágenes de apoyo al gobierno. Esta semana, cientos de miles de personas salieron a las calles de Teherán y una decena de capitales provinciales a apoyar al gobierno y rechazar la intervención de EE.UU. e Israel. En Qom, Shiraz y Hamadán, las movilizaciones denunciaron ataques a bienes públicos e instalaciones de seguridad e incluso contra centros religiosos, en un país con una llamativa libertad de culto. Desde el gobierno señalaron que no son movilizaciones espontáneas, «sino una continuación de la agresión estratégica de Washington y Tel Aviv».

Vale destacar que la situación económica en Irán es compleja. El año pasado falleció el presidente en un accidente de helicóptero y las elecciones fueron ganadas por los «moderados», el ala más proclive a hacer concesiones a Occidente. La inflación, la devaluación de la moneda y el aumento de precios pegaron fuerte y sirvieron para que sobre las protestas se monten los agentes de Estados Unidos y que el propio Trump señale su apoyo “en favor del valiente pueblo iraní”. Hace solo un año, con el apoyo yanqui, Israel bombardeó el país persa causando más de mil muertos.

Marchas en defensa de la Revolución Islámica

Los que festejan acá son los mismos que aplaudían la «primavera árabe»: hace una década, una serie de protestas infiltradas por Estados Unidos e Israel construyeron un escenario ficticio por medio de posteos en redes sociales y movilizaciones en favor de libertades civiles. La «primavera árabe» resultó ser un cuento islamista para tumbar a grandes líderes populares como Muhamar Kadafi en Libia o consolidar el poder de los Hermanos Musulmanes en Egipto. Hoy, Libia es un Estado fallido que se divide entre Turquía y la OTAN, y Egipto un paria geopolítico que no pudo intervenir en defensa del limítrofe pueblo palestino.

Irán es la tercer reserva de petróleo del mundo. Es un polo antiimperialista en una región alineada a Occidente (Arabia Saudita con Israel, Turquía con la OTAN, Emiratos interviniendo en países de África). Vemos hoy la misma táctica del imperialismo que quieren aplicar acá: descontento civil digitado desde afuera, intervención militar externa y control de los recursos naturales. El objetivo: balcanizar, provincializar, debilitar a los Estados y ganar nuevos mercados para sus empresas. Papá Noel no existe.

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Yair Cybel: Una vez abrazó al Diego y le dijo que lo quería mucho. Fútbol, asado, cumbia y punk rock. Periodista e investigador. Trabajó en C5N. AM530, TeleSUR, HispanTV y TVP. Desde hace 12 años le pone cabeza y corazón a El Grito del Sur. Actualmente aporta en campañas electorales en Latinoamérica.

Un comentario

  1. Exactamente lo mismo fue en Ucrania en 2014, solo que en aquel tiempo no existía la tecnología Starlink.

    Pero en el Maidan fueron los mismos procedimientos: matar agentes del orden y manifestantes en forma arbitraria, generar caos y subversión, etc., etc. Todo eso se hace con mano de obra local y extranjera.

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