Campañas electorales: Nitidez u opacidad

En la retórica política argentina, el concepto de "nitidez" es una frase de cabecera utilizada habitualmente para exigir que un espacio político, en especial el peronismo, mantenga una identidad ideológica clara, transparente y fiel a sus bases, sin ambigüedades ni discursos diluidos. Néstor Carlos Kirchner utilizaba este término como un pilar estratégico de su construcción de poder. Sin embargo, hoy la búsqueda del "centro político" como estrategia electoral para 2027 es masiva, el centro se sobreoferta y corre el riesgo de naufragar en la irrelevancia. Este enfoque centromaníaco suele ofrecer un menú de propuestas desdibujadas que, ante un electorado polarizado, terminan captando un caudal de votos escaso y reflejan una falta de identidad clara. El debate sobre si el centro es el camino hacia la victoria o una garantía de derrota marca las estrategias de los principales espacios políticos de cara a 2027, a pesar de la evidencia desfavorable ( nacional e internacional) a los "centroadictos", sigue. Mientras tanto, los actores políticos evalúan si es redituable darle nitidez a sus posturas representando inicialmente al electorado "propio" o si deben competir ab initio por esa franja de votantes independientes., pero el tiempo también en el diseño de campañas electorales es un bien escaso, así que Edison, apure con la lamparita que se viene la noche.

La tiranía de Gauss y los prejuicios de la normalidad en una sociedad polarizada*

 Artemio López

El tablero para el año 2027 está marcado por una fuerte disputa por la moderación o la novedad (una metáfora del centro político) en las encuestas, mientras persiste la polarización y la duda sobre la sostenibilidad del apoyo económico al gobierno.

Para Perón la «opinión independiente» es una forma de indiferencia o «estupidez política».

Sostiene que es un grave error estratégico intentar captarla porque es volátil («tres días con uno y tres días contra uno») y carece de sustancia.  Para el líder justicialista, es mejor dejar a estos sectores al margen. “Algunos dicen: hay que captarse la opinión independiente. Grave error. Esa no se capta nunca, porque está tres días con uno y tres días contra uno. Esa opinión es la que no debe interesar al que conduce. Algunos han perdido lo que tenían por ganarse la opinión independiente…” (1)

Apoyándose en los investigadores Gabriel Kessler y Gabriel Vommaro (La era del hartazgo), se explica que, aunque la mayoría de los argentinos se autoubique en el «centro» en las encuestas, su comportamiento real ante conflictos económico-distributivos o culturales demuestra una intensa polarización bicoalicional (polo individualista vs. polo igualitario) e ideológico-afectiva. (2)

El centro real no existe; es una etiqueta vacía. La «centromanía» como ilusión de consultoría pobremente analizada: La obsesión de los candidatos por ocupar el centro político surge por guiar la acción electoral en base a encuestas de manera literal.

Se trata insistimos, de un «efecto de consultoría tras una lectura grosera, sin base material, insustancial e inabordable».

Algunos apuntes metodológicos para fundamentar la insustancialidad del centro político.

La relación entre la campana de Gauss (o distribución normal) y la política se basa en la idea de que la mayoría de los votantes se agrupan en posiciones moderadas (centro), mientras que pocos votantes se encuentran en los extremos.

La falacia del voto al centro político surge cuando se asume automáticamente que moverse al «centro» es la única estrategia ganadora, ignorando la realidad de la polarización, la abstención o que el centro puede estar vacío. Veamos algunos apuntes sobre la caducidad del modelo centrista basado en la campana de Gauss en sociedades polarizadas.

Si quedaran dudas de la persistencia de la polarización en la sociedad argentina, mídase la profundidad de la misma por la necesidad del bloque en el poder de apresar y proscribir a la principal opositora Cristina Fernández de Kirchner.

 La Campana de Gauss y el Centro Político

Distribución Normal (Campana): Se utiliza para modelar actitudes políticas donde la mayoría de los ciudadanos se sitúa en torno a una posición media entre la izquierda y la derecha.

Teorema del Votante Mediano: Basándose en esta curva, la teoría sugiere que, en una elección de dos candidatos, ambos convergerán hacia el votante «mediano» (el del centro) para ganar la mayoría de los votos, ya que las posiciones extremas pierden apoyos.

Lógica Centrista: Esta teoría motiva a los partidos a moderar sus discursos, asumiendo que el mayor bloque de votos está en el centro político.

La Falacia: Por qué el centro no siempre gana

La aplicación estricta de la campana de Gauss a la política es considerada una falacia o un modelo incompleto por varias razones:

Polarización Política (Curva Bimodal): Los estudios actuales muestran que, a menudo, la distribución no es una sola campana en el centro, sino que tiene dos picos (una bimodal o de «doble joroba»), con muchos votantes en los extremos y menos en el centro.

Abstención y Desmotivación: Un discurso de «centro» a menudo resulta moderado o aburrido para las bases más fieles, lo que puede aumentar la abstención de los votantes más ideologizados.

La Paradoja de Condorcet: Las preferencias de los votantes pueden no ser lineales (izquierda-derecha). A veces, las decisiones colectivas forman ciclos (A prefiere B, B prefiere C, C prefiere A), lo que hace imposible encontrar un «centro» ganador.

Teoría de la Herradura: Sugiere que los extremos, más que ser opuestos, se acercan entre sí, dejando el centro como un espacio con menos apoyo real del que se cree.

Primera conclusión de la crítica

El voto al centro es una falacia cuando se cree que es una verdad estadística universal. En el contexto actual:

 El centro es relativo: La posición del «votante mediano» puede cambiar dependiendo de quiénes vayan a votar.

 La polarización incentiva extremos: A veces, las campañas logran más éxito movilizando a sus bases extremas que intentando captar al votante medio.

En resumen, la campana de Gauss funciona bien para alturas o pesos, pero es un modelo simplista para la ideología humana, que tiende a estar más fragmentada la búsqueda del centro político está directamente asociada y fundamentada en el paradigma que surge de la campana de Gauss.

Este enfoque domina la ciencia política moderna a través de la teoría de la elección pública.

El origen del paradigma: Anthony Downs (1957)

Figura 1

 

El politólogo Anthony Downs aplicó la distribución normal a la política en su obra An Economic Theory of Democracy.

 El modelo: Ideó un eje lineal del 0 (izquierda) al 100 (derecha). La suposición: Colocó a los votantes bajo una campana de Gauss. La gran masa de ciudadanos se ubica en el centro (puntuación 50). Los extremos quedan casi vacíos.

El incentivo: Para ganar, los partidos actúan como empresas que buscan el mercado más grande. Ese mercado es el centro geográfico de la curva.

Características de este paradigma

Competencia centrípeta: Las fuerzas políticas son empujadas hacia el medio. Moderan su discurso para capturar al votante mediano.

Indiferenciación ideológica: Los partidos mayoritarios terminan pareciéndose entre sí. Ambos buscan disputar el mismo espacio central.

Estabilidad democrática: El paradigma asume que el centro político garantiza el consenso y evita los conflictos extremos.

 La crisis actual del paradigma

 Figura 2

Distribución simétrica bimodal


Hoy, este modelo gaussiano está en disputa porque la sociedad no se comporta como una distribución normal:

Distribución bimodal: La sociedad actual se parece más a una curva con dos jorobas (picos en la izquierda y la derecha, vacío en el centro).

Estrategias centrífugas: Los partidos mayoritarios ya no buscan el centro moderado. Ganan elecciones polarizando y movilizando a los extremos y eventualmente se intenta ocupar uno de los dos centros bimodales, pero nunca el centro universal e insustancial.

 El centro es un efecto de consultoría mal analizado. Si se observa correctamente la opinión de los encuestados, no se llega a conclusiones distintas a la de los análisis conceptuales.

Observemos el caso de un trabajo de Consultora Proyección muy aleccionador al respecto que pone blanco sobre negro lo que aquí se quiere sostener con un nivel de representatividad alta, 1871 casos nacionales, como muestra la ficha técnica de la figura 3

 Figura3

 

En la figura 4 del estudio, se observan las respuestas a la pregunta topológica, sobre la autopercepción de la ubicación del encuestado en el espectro político, una propuesta que difícilmente se observe en otras consultoras y cuyo despliegue completo ya publicara oportunamente El Destape.

 Figura 4

 Como afirma el sociólogo Manuel Zunino, director de la consultora:

 Está pregunta la hacemos todos los meses. La mayoría de los encuestados no se ubica en el centro, percibe afuera de la escala” y agrega:

 A pesar de la dinámica polarizada y polarizante que domina la política contemporánea, persiste una obsesión permanente con el “centro político”, y se coquetea recurrentemente con las posibilidades de andar por “la avenida del medio”. Periodistas, analistas, encuestadores y dirigentes dedican enormes cantidades de tiempo a discutir su existencia, su tamaño y sus posibilidades electorales.

Sin embargo, los candidatos que intentan construir posiciones puramente centristas suelen fracasar electoralmente o terminar absorbidos por los polos. Entonces, ¿por qué el centro conserva tanta vigencia simbólica? Porque la batalla electoral no comienza durante la campaña formal. Comienza mucho antes, en la disputa por definir qué es el centro.

La definición legítima del centro condiciona el clima de opinión, organiza el debate público y delimita los márgenes de lo aceptable.

El centro función entonces como un dispositivo regulador. No necesariamente gana elecciones, pero define los límites simbólicos del juego.

Como plantea Pierre Bourdieu, la opinión pública no existe como reflejo transparente de preferencias sociales espontáneas. Es una construcción producida mediante encuestas, medios, discursos y operaciones simbólicas. Los encuestadores realizan dos operaciones fundamentales. En primer lugar, confunden intención de voto con opinión. En segundo lugar, construyen la idea de un “tercio indeciso” o “tercio moderado” que funcionaría como centro racional del sistema político.

 Sin embargo, la experiencia electoral muestra reiteradamente que, a medida que se acerca la elección, los polos magnetizan a gran parte de esos votantes. La política funciona muchas veces como un proceso de imantación. Los individuos no permanecen indefinidamente suspendidos en neutralidad. Las dinámicas afectivas del conflicto empujan hacia alineamientos.

El centro político no es una esencia. Es una construcción contextual y relacional. Su forma depende de múltiples variables: coyuntura económica, liderazgos, crisis internacionales, desempeño gubernamental, clima cultural, sistema mediático y marcos interpretativos dominantes. En cada proceso electoral, periodistas, encuestadores y dirigentes construyen encuadres que organizan la percepción colectiva.

En Argentina, durante las últimas elecciones presidenciales, estos frames fueron mutando: 2015: “La sociedad pide cambio”. 2019: “La sociedad pide moderación”. 2023: “La sociedad se derechizó”. 2027: “La sociedad pide estabilidad = superávit fiscal”. Cada definición implicaba simultáneamente una definición del centro. Conquistar el centro significaba entonces mostrar cambio, moderación, derechización o estabilidad según la coyuntura.

El centro no es estable. Es una disputa. Y esa disputa posee efectos concretos sobre estrategias, discursos y posicionamientos. Los medios cumplen un rol central en esta construcción. La narrativa mediática termina estructurándose alrededor de preguntas recurrentes: “¿Hay espacio para una opción de centro?”, “¿Cuánto mide la avenida del medio?”, “¿Cómo conquistar al votante moderado?”, “¿Qué demanda la sociedad?”. Centro, punto medio y sociedad se confunden en esas preguntas.

El problema es que muchas veces esas preguntas dicen más sobre el sistema político-mediático que sobre la sociedad misma. El centro político funciona muchas veces como mito. No porque sea completamente falso, sino porque organiza imaginarios colectivos. Desde una perspectiva durkheimiana, las sociedades no pueden existir sin producir ideales sobre sí mismas. El centro aparece como representación imaginaria de una sociedad racional, moderada y equilibrada. Pero esa imagen suele ocultar una realidad mucho más contradictoria.

Como señala Lakoff, las personas no poseen posiciones ideológicas perfectamente coherentes. Pueden sostener simultáneamente posturas progresistas en algunos temas y conservadoras en otros. La idea de un sujeto “puramente de centro” simplifica artificialmente la complejidad real de las posiciones sociales. Sin embargo, el mito cumple una función: ordena, clasifica, delimita y produce un horizonte de legitimidad.

En este sentido, el centro político se asemeja a lo que Roland Barthes entendía como un sistema de significación que naturaliza construcciones históricas hasta volverlas aparentemente evidentes”

 Como se observa, el análisis de Zunino converge con el que sostenemos en este trabajo: El paradigma clásico de la campana de Gauss en política se rompió debido a una transformación estructural en la economía, los medios de comunicación y la psicología social. 

 La curva tradicional con un gran pico en el centro mutó hacia una distribución bimodal o aplicada al análisis político distribución bicolicional (dos picos en los extremos y un vacío en el medio).

Esta ruptura del modelo Gauss tradicional, aunque tiene antecedentes históricos fuerte, hoy se produjo a través de los siguientes factores clave:

El algoritmo de las redes sociales y la economía de la atención

Los medios masivos tradicionales (televisión, radio, prensa) necesitaban audiencias amplias, por lo que emitían contenidos moderados para el «votante promedio».

Las plataformas digitales rompieron esta dinámica:

Incentivo de la indignación: Los algoritmos de redes como X, TikTok o Instagram priorizan el contenido que genera mayor interacción (engagement). Las emociones extremas como el odio, la indignación y el miedo retienen a los usuarios más tiempo en la pantalla.

Cámaras de eco: Al mostrar únicamente contenido que refuerza las creencias previas del usuario, los algoritmos eliminaron el espacio de debate intermedio, empujando a los ciudadanos de las zonas moderadas de la campana hacia los extremos ideológicos.

El paso de la polarización ideológica a la afectiva

Tradicionalmente, la campana de Gauss medía ideas políticas (más o menos impuestos, más o menos Estado).

La ruptura actual introdujo la polarización afectiva: El rival político ya no es visto como alguien con opiniones diferentes, sino como un enemigo moral o una amenaza existencial. En este escenario, buscar el consenso o moverse al centro político es castigado por las propias bases, siendo etiquetado como «traición» o «tibieza».

Crisis económicas y erosión de la clase media

La campana de Gauss política dependía directamente de una estructura social fuerte y estable. Las crisis financieras globales de las últimas décadas fragmentaron este pilar:

Precarización: La pérdida de poder adquisitivo redujo el tamaño de la clase media sociológica.

Fin del consenso: Al desaparecer el bienestar económico del centro, el votante dejó de creer que las políticas moderadas e institucionales resolverían sus problemas, buscando respuestas tajantes en los extremos.

 Eficacia de las estrategias centrífugas

Estudios matemáticos contemporáneos confirman que las campañas electorales mutaron de una lógica centrípeta (atraer al centro) a una centrífuga (movilizar los extremos):

Activación sobre persuasión: Es matemáticamente más eficiente y barato movilizar a un 30% de votantes radicalizados y convencidos mediante el miedo al rival, que gastar recursos en persuadir a un 30% de votantes indecisos y moderados en el centro.

Abstención del centro: Ante la agresividad del discurso público, los votantes moderados tienden a abandonar el debate y abstenerse, vaciando por completo el centro de la curva estadística.

El caso del Frente de Todos

La ruptura de la campana de Gauss y la transición hacia un modelo bicoalicional o bimodal de polarización extrema afectaron de manera directa, y en última instancia letal, a la coalición del Frente de Todos (luego rebautizada Unión por la Patria).

Esta fuerza política nació en 2019 precisamente bajo la lógica del «votante mediano» (atraer al centro) para ganarle a Mauricio Macri, pero implosionó al no poder gestionar una sociedad dividida en extremos. Su impacto se puede analizar en cuatro etapas:

El éxito inicial de la lógica centrista (2019)

El Frente de Todos se diseñó como una respuesta de manual a la campana de Gauss tradicional:

Fórmula de síntesis: Cristina Fernández de Kirchner (que representaba un polo intenso) ungió a Alberto Fernández (visto como un moderado, un hombre de centro y de diálogo) para encabezar la fórmula.

Captura del centro: El objetivo explícito fue capturar a la clase media y a los sectores indecisos que rechazaban el ajuste macroeconómico de Cambiemos, pero temían un regreso al kirchnerismo duro. La estrategia funcionó y ganaron en primera vuelta.

El «vaciamiento» del centro y la parálisis interna

Una vez en el gobierno, la sociedad argentina aceleró su polarización, destruyendo el espacio intermedio en el que Alberto Fernández pretendía pararse:

La trampa de la moderación: En una distribución bimodal, el discurso moderado del presidente fue interpretado por la oposición como «debilidad» y por el ala dura de su propia coalición como «tibieza» o falta de rumbo.

Guerra de vetos: Al no existir un consenso en el centro, la coalición se fragmentó internamente. Cada decisión económica o judicial tensionaba los dos extremos del propio frente (el supuesto albertismo/peronismo territorial vs. el kirchnerismo/La Cámpora), provocando crisis y hasta parálisis de gestión.

El castigo electoral: La fuga por los extremos (2021 y 2023)

Cuando la campana se rompe, los partidos que intentan hacer equilibrio en el medio pierden votos hacia ambos lados de las jorobas de la curva:

Elecciones legislativas de 2021: El Frente de Todos sufrió una histórica pérdida de casi 5 millones de votos en comparación con 2019. Gran parte de su electorado descontento no se fue a la oposición tradicional, sino a la abstención (el centro que se apaga y deja de votar).

El factor Javier Milei (2023): La aparición de un actor radicalizado por derecha absorbió la frustración de las clases medias y populares precarizadas. Milei rompió definitivamente el tablero al demostrar que en una sociedad bimodal la agresividad y la impugnación total al sistema (estrategia centrífuga) pagaban más que el consenso.

Intento de repliegue y colapso del modelo

Para las elecciones de 2023, la coalición intentó repetir el diseño gaussiano nombrando a Sergio Massa como candidato de unidad (otro perfil de centro y mercado).

Aunque Sergio Massa logró aglutinar el voto del «miedo al extremo» en las elecciones generales, el balotaje desnudó la realidad bimodal: la mayoría del país prefirió un cambio drástico en el polo opuesto antes que la continuidad de un centro político desgastado.

El Frente de Todos terminó fragmentándose, demostrando que una coalición diseñada para una sociedad de centro no puede sobrevivir en un ecosistema político de «doble joroba».

 Nota final: Si los eventuales candidatos de cara al año 2027 insisten en este paradigma de búsqueda del centro político como guía de la acción política y electoral, los resultados difícilmente serán distintos a los que muestra la larga evidencia disponible, un cetro político sobre ofertado, con resultados electorales pobres, a la altura de su insustancialidad.

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Notas:

 1.Juan D Perón:  Conducción Política. Biblioteca del Congreso de la Nación
2.Kessler Gabriel, Vommaro Gabriel: La Era del Hartazgo. SXXI editores

*Para la afirmación del concepto ya tradicional que utilizamos sobre «crisis de paradigma», se utilizaron ejemplo obtenidos con IA

 

 

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