Malvinas: Una pieza en el tablero geopolítico

El artículo de Bruno Sgarzini es particularmente útil para profundizar una tesis que venís trabajando: el giro de Milei sobre Malvinas puede leerse menos como un viraje nacionalista que como una operación política destinada a desplazar la discusión sobre la crisis económica y recomponer una legitimidad que se deteriora.
La entrevista con Alejandra Loucau aporta varios elementos fuertes: Loucau sostiene explícitamente que Milei utiliza Malvinas como un “atajo político” para recuperar apoyo y desplazar del centro del debate la situación económica, el endeudamiento y el deterioro social.
Contradicción ideológica: el mismo Milei que reivindicó a Margaret Thatcher y relativizó históricamente la cuestión Malvinas aparece ahora como defensor de la soberanía. El contraste cuestiona la autenticidad del giro. Nacionalismo de mínima: las sanciones a empresas que operan en Malvinas no constituyen por sí mismas una nueva política de Estado. Loucau señala que existe legislación argentina previa que contempla esas sanciones y que, por lo tanto, la novedad reside también en la espectacularización comunicacional de una medida que debería formar parte de una política permanente.
La cuestión económica: el punto político más potente es que la soberanía aparece como una operación de sustitución de agenda: en lugar de discutir quién paga la crisis, quién se endeuda, quién pierde ingresos y quién se beneficia con el modelo económico, se instala una cuestión nacional que posee una enorme capacidad de movilización simbólica.
Trump y Malvinas: la entrevista introduce otra dimensión interesante: Malvinas puede estar siendo utilizada por Trump como una ficha en su negociación con Gran Bretaña, especialmente alrededor de la OTAN y de cuestiones estratégicas. Argentina correría así el riesgo de convertirse en instrumento de una negociación entre potencias.
Israel: el apoyo israelí tampoco debería interpretarse automáticamente como solidaridad con la Argentina. Loucau plantea que Israel puede utilizar Malvinas como carta diplomática frente al Reino Unido y para mejorar su propia posición internacional.
Hay además un dato coyuntural importante: otros análisis publicados esta semana también vinculan directamente el giro de Milei sobre Malvinas con su situación política interna y con el descenso de su aprobación.
El problema no es que Milei hable ahora de Malvinas; el problema es qué relación existe entre ese súbito nacionalismo y su política económica.
Ahí aparece una contradicción de clase muy potente. El Gobierno puede construir un discurso de soberanía territorial mientras sostiene una política económica que, según la crítica que venís desarrollando, favorece la valorización financiera, la extranjerización de recursos estratégicos y una inserción internacional subordinada.
La pregunta entonces no sería simplemente: ¿Milei se volvió nacionalista? más específicamente ¿Puede un gobierno reivindicar Malvinas mientras subordina la soberanía económica y energética? Este contraste permite conectar Malvinas, Vaca Muerta, recursos naturales, deuda y política exterior. Y ahí la denuncia adquiere mucha más fuerza: la soberanía no puede reducirse a una consigna territorial utilizada electoralmente; también implica decidir quién controla los recursos, quién se apropia de la renta y qué intereses define la política exterior argentina. El paralelismo histórico con Galtieri es provocador y evidente: la idea de que una potencia occidental está en decadencia y que Estados Unidos acompañará a la Argentina recuerda peligrosamente los absurdos supuestos de 1982. En el inicio el reportaje de Sgazini a Alejandra Locau.

Hay un giro que nadie vio venir: el presidente que reivindicaba a Margaret Thatcher, que consideraba Malvinas un tema secundario y cuyo entorno de Defensa proponía negociar con Londres desde adentro de la OTAN, amaneció un día anunciando sanciones contra las empresas que operan en la plataforma marítima argentina. Alejandra Loucau es jefa de redacción de France 24, ex columnista de la Televisión Pública argentina y analista de política internacional en Sputnik, El Destape y otros medios. Mendocina, hoy vive en Bogotá. Conversamos con ella en Expertos del Futuro, nuestro ciclo de entrevistas a personas que están un pasito adelante en la coyuntura internacional, sobre el súbito patriotismo de Javier Milei, el lugar real que ocupa Malvinas en las negociaciones de Donald Trump con el Reino Unido, el apoyo israelí al reclamo argentino y la base logística congelada en Tierra del Fuego

Milei sale a decir que Malvinas es argentina, que la población kelper es implantada y que va a sancionar a todas las empresas que lucran con el petróleo de la plataforma marítima. Hablamos sobre todo de una empresa británica, Rockhopper, y de una israelí, Navitas. ¿Se volvió nacionalista? ¿Es una puesta en escena porque está bajando en las encuestas? ¿Responde a una política exterior de otro país? ¿Cuál es tu lectura de este cambio?

Alejandra Locau: Básicamente creo que Milei no se volvió nacionalista, que simplemente está utilizando esta carta como una especie de atajo político para reunir a una población que cada vez más le está quitando el apoyo por la situación económica muy difícil que está viviendo en su mayoría. Es eso: una carta que usa para lograr apoyo y para cambiar la agenda. La discusión en los medios, en las redes, el debate público: que deje de ser los argentinos endeudados. Esa era la agenda. Queriendo dar un volantazo, se sube a esta nueva agenda que simula tener un compromiso nacional y soberano con la República Argentina, algo que a lo largo de toda su presidencia, e incluso en sus postulados anteriores a ser presidente, jamás, jamás se vislumbró.

Y también me hace pensar en lo que es la extrema derecha en los países subdesarrollados como Argentina. Porque la extrema derecha nacionalista es común en los países de Europa, en Estados Unidos —bueno, tenemos a Donald Trump—, pero las extremas derechas en los países subdesarrollados han sido todo lo contrario a nacionalistas: han sido entreguistas y completamente subordinadas, principalmente a Donald Trump. Esas son las ideas que está bueno debatir y desglosar para empezar a discutir por qué Milei de repente tiene esa agenda supuestamente nacionalista.

Porque él reivindicó prácticamente a Margaret Thatcher antes de las elecciones. Siempre habló de que Malvinas era un tema secundario. Y dentro de su propio gabinete, uno recuerda a un subsecretario de Defensa muy conocido, Juan Battaleme, que planteaba que la política respecto a Malvinas tenía que ser un acercamiento con Occidente, un diálogo con el Reino Unido, porque a la Argentina le convenía más estar dentro del armado de la OTAN y desde ahí ejercer presión para que, en una eventual negociación mágica, Estados Unidos presionara a Londres. O que se generara una situación como la de Hong Kong: un tratado donde los británicos entregaran la administración en 20 o 30 años, o una administración compartida. Esa fue la política de Milei hasta acá.

Sí, llama mucho la atención. Y también me parece que los medios lo están inflando bastante. Porque esto en realidad es lo que tendría que hacer cualquier presidente de la República Argentina, sin subirse a ningún nacionalismo exacerbado ni nada por el estilo: cumplir una ley que está desde el año 2011, que sanciona a las empresas que operen en Malvinas y que, más allá del gobierno de Macri, que relajó un poco su cumplimiento, es lo que se viene haciendo desde entonces.

Entonces la novedad, en vez de ser “Milei no hizo nada”, ahora es “Milei lo está haciendo”. Cuando en realidad debería decir: discúlpenme por estos tres años de no haber hecho absolutamente nada, y no solo eso, sino de haber declarado que los kelpers tienen derecho a la autodeterminación, que es el argumento inglés, y ahora voy a empezar a hacer lo que no hice en todo este tiempo.Esta estrategia de comunicación está inflando a un Milei nacionalista que en realidad no está tomando medidas… bueno, sí, son de defensa de la soberanía, podría decirse nacionalistas, pero son de mínima. Si el nacionalismo va a ser esto, me parece un nacionalismo muy de mínima. Sobre todo porque además hay dudas de cómo se va a terminar aplicando, y de si esto va a ser puro humo y en definitiva no va a significar ningún avance en relación a la causa Malvinas.

Ahí entra otra cuestión. Él dijo que sanciona a todas las empresas que le den servicios a Rockhopper, que tiene una participación minoritaria, y a Navitas, la israelí que tiene la participación mayoritaria en Sea Lion, el gran proyecto energético costa afuera que los británicos están intentando explotar. Pero gran parte del financiamiento de ese proyecto viene de bancos israelíes, y de una empresa que se llama Trafigura, según un informe de Guillermo Carmona, ex secretario de Malvinas del gobierno de Alberto Fernández. Y la manta de las sanciones no llega a los bancos.

Claro. Y por ahora las empresas respondieron que no van a cesar su actividad por esta “ofensiva” argentina, entre comillas. No se van a retirar, no van a suspender el proyecto. Vamos a ver si igual tiene algún efecto sobre Sea Lion, pero la verdad es que no sabemos qué va a pasar después. Si las empresas siguen con su emprendimiento, ¿cuál va a ser el paso a seguir? Milei dirá “bueno, nosotros los sancionamos, punto, fin”. O le dará alguna continuidad. Como sabemos que toda la retórica y la narrativa tienen su parte demagógica, su parte hipócrita y su parte falsa, es probable que esto no ocurra.

Los bancos que financiaron el proyecto son el Hapoalim, el Leumi, el Mizrahi Tefahot, el Israel Discount Bank. El Leumi, además, ya fue señalado en otros informes por financiar la ocupación en Palestina. Se van solapando las cosas. Y la petrolera Navitas es parte del grupo Delek; el fondo de Jared Kushner tiene un 10% a través de Affinity Partners.

Por eso digo: por más que consideremos que hay intereses económicos de empresas israelíes que se tocan, si en definitiva no termina pasando nada, si las empresas israelíes siguen desarrollando el proyecto, no va a haber ningún tipo de colisión de intereses con nadie. Igual, no es que no tenga valor la acción de un gobierno argentino de sancionar a las empresas. Eso por supuesto que tiene valor, pero es parte de toda una política más amplia de Estado que debería llevar adelante Milei. Y teniendo en cuenta el factor humo, probablemente todo sea humo: puede llegar a quedar simplemente en emitir sanciones y en que las empresas sigan adelante con el proyecto.

Todo el mundo se pregunta cómo puede ser que Milei, gran aliado de Israel, esté sancionando a una empresa israelí. ¿Quiere decir que antepone la Argentina a Israel?

Esa es la idea que quiere instalar: “Israel va a pasar a segundo plano, yo les voy a demostrar que Argentina está en primer plano”. Y la verdad es que hasta ahora al gobierno israelí lo he visto apoyando. Ayer salió Ben Gvir a apoyar el reclamo argentino sobre Malvinas; el hijo de Netanyahu, Yair, hizo más o menos lo mismo, expresó su apoyo al presidente Milei y al reclamo. Israel no ha cedido en lo más mínimo su alianza con Argentina.

Lo que acabas de leer no aparece en ningún medio convencional. Es una entrevista reveladora de una nueva sección de este newsletter; Expertos del Futuro, un seriado de entrevistas dedicada a quienes están un paso adelante en los acontecimientos.

Por esta vez puedes leer la entrevista completa, sin muros de pago, ni restricciones. De ti depende que pueda seguir así si aprovechas la oferta de 55% de descuento en una suscripción paga hasta el 12 de octubre.

Obtén 55% off forever

Con tu membrecía podrás acceder a todas las entrevistas anteriores como la que le hice a Gabriel Merino, autor de China en el desorden mundial, sobre el auge de la IA y la desdolarización del gigante asiático, a Bruno Carvalho, antiguo corresponsal en el este de Ucrania, y Julio César Arbizu González, el primer abogado que logró enjuiciar a un soldado israelí en América Latina por crimenes de guerra.

De ti depende que pueda seguir haciendo estos trabajos.

Es decir, Milei en realidad no está tocando los intereses del Estado de Israel. Evidentemente sí toca los intereses particulares de algunas empresas, pero eso no muestra un daño al Estado de Israel como Estado, sino más bien un par de intereses que pareciera que a Israel tampoco le importan demasiado.

Todo esto se inscribe en un contexto donde el pistoletazo de salida es una declaración de Trump diciendo que, si le da la gana, está pensando, analizando, consultando con la almohada, cambiar la política de Estados Unidos respecto de Malvinas. A partir de ahí el mileísmo juntó todo lo que tenía medio desordenado y armó un discurso y una puesta en escena. ¿Qué está pasando entre Trump y el primer ministro británico para que amague con tirar esa carta?

Básicamente, están en negociación. Y están negociando en una situación un poco tensa por el problema del presupuesto de la OTAN. Sabemos que Estados Unidos pelea hace bastante por dejar de aportar mayormente a la OTAN, y el Reino Unido le ha dicho que no: sí, pero no lo vamos a hacer en 2030, lo vamos a hacer quizás un poco más adelante, en 2035. Y a Trump eso le molesta.

¿Qué pasa? Trump es un negociante, y una de las características de los negociantes es que son muy pragmáticos. Entonces te va a decir “quizás lo haga”, quizás toque una fibra sensible como es la causa Malvinas, pero a Trump realmente no le interesa. Le sirve para poner en duda el apoyo que Estados Unidos pueda darle al Reino Unido. Le dice: mirá que quizás reconocemos Malvinas, eh. Y eso es una carta, simplemente una carta, y Trump tiene muchísimas cartas contra todos los socios de la OTAN. Malvinas termina siendo una pieza ínfima en una negociación mayor.

Está lo de la OTAN y está también el problema que tuvo cuando los británicos decidieron no prestarle la base militar para la operación contra Irán, y le dijeron algo que le dolió: no creemos que Irán esté a la ofensiva, y la base es para defenderse. Eso le molestó muchísimo, entonces dice “el Reino Unido además no nos apoyó en nuestra guerra contra Irán”. Esos son los dos argumentos. Pero la causa Malvinas es simplemente una carta entre cien mil que tiene Donald Trump para negociar algo que no tiene nada que ver con la Argentina.

De hecho hubo una llamada entre Trump y el primer ministro británico esta misma semana, anoche, en la que no se habló de Malvinas en ningún momento. Se habló de Irán, del presupuesto, y le mencionaron el tema de Cisjordania por las acciones que anunciaron hoy varios países europeos contra los colonos que avanzan ilegalmente.

No se habló en absoluto, porque en realidad Malvinas no es una discusión en sí misma. Malvinas es la carta, es una de las tantas cartas. Y Milei sobreactúa al considerar ese supuesto apoyo de Trump, que encima ni siquiera es que Trump haya dicho “estoy pensando cambiar mi postura sobre Malvinas”. Fue una pregunta, la clásica pregunta que después los medios transforman en titular. “Trump dijo que está pensando”: no, no dijo que está pensando nada. Fue una periodista que le preguntó si estaba pensando reevaluarlo, y él dijo que sí. Ni siquiera fue parte de un discurso o de una declaración.

Y ahí aparece el otro uso de la carta. Israel apoya el reclamo argentino, pero en un momento en que está enfrentado con Gran Bretaña por las sanciones británicas a las colonias ilegales en Cisjordania. Muchos de los tuits de Ben Gvir o de Yair Netanyahu parecen usar Malvinas como cuando jugás al pool y le pegás a tres bandas: “ustedes nos dicen a nosotros que somos una potencia ocupante cuando están ocupando unas islas muy lejos de su territorio”.

Exacto. Igual que con Trump y Estados Unidos: somos una carta, una carta ínfima. Que por supuesto tiene un simbolismo, porque todo lo que diga Ben Gvir, si apoya a Milei, sale en todos los medios, se magnifica, y vuelve ese fantasma de que Argentina es el país más sionista del mundo, como si tuviera algún asidero en la población.

Esa es la conclusión: Malvinas no solo es una carta que Trump usa para presionar al Reino Unido, sino que Israel la usa para lavar su imagen. Porque es un país ocupante. Que un país ocupante nos apoye en el reclamo de Malvinas la verdad no significa absolutamente nada. Y menos: ni siquiera es un país, es un ministro extremista que quizás se vaya en un par de meses, porque hay elecciones en Israel. A Israel le importa muchísimo más que Malvinas el aislamiento que denuncian hasta opositores israelíes como Yair Lapid, que Europa está intentando aislarlo. Le preocupa muchísimo más eso.

El proyecto petrolero Sea Lion, ubicado al norte de las Islas Malvinas, volvió al centro de la disputa por el Atlántico Sur 🚨⁠ ⁠ Este jueves, Javier Milei denunció el avance de

 

Entonces también es una carta de Israel. Malvinas es una carta de los supuestos aliados de Javier Milei, pero es una simple carta. Y el problema de ser una carta es que la puedo usar y la puedo tirar en un rato. Cuando alguien quiera despojarse de esa carta, nos van a quedar las consecuencias. Ahí es donde no hay una estrategia seria, y por eso es importante.

Vos escribiste un análisis largo sobre el discurso de Milei, donde él habla de la decadencia de Gran Bretaña por las políticas woke, por la migración, por la explosión demográfica, en contraposición a una Argentina que avanza hacia un futuro próspero, cosa que habría que avisarle a los argentinos, porque la gran mayoría no la estamos viendo. ¿Dónde está el problema de ese diagnóstico?

La tesis de fondo es verídica, es cierta. Europa Occidental y también Estados Unidos —eso obviamente no lo piensa la extrema derecha— están en una decadencia relativa, estructural, por tendencia económica, por la decadencia del sistema colonial. Es real que hay una decadencia. Pero la extrema derecha no la plantea de manera estructural, tendencial ni relativa. ¿Qué significa esto? Que no se puede decir “ah, bueno, el Reino Unido está en decadencia estructural” y sacar conclusiones. Pará, porque sigue siendo fuerte. Estados Unidos está en decadencia, sí, pero sigue siendo la principal potencia del mundo, junto con China. Esa es la parte realista.

Milei no lo ve de manera realista. Milei dice: el Reino Unido está débil. Ahí está el problema. Obviamente se lo atribuye a una serie de falacias, la invasión musulmana que está dañando la pureza de la raza y de la cultura europea superior, etcétera. Pero el problema no es solamente que eso sea racista. El problema es que considere que el Reino Unido está débil.

Yo sé que Milei no quiere ir a la guerra con Inglaterra. Pero cuando uno calcula el accionar y se está enfrentando, en el nivel que sea, a una potencia, si no está considerando realmente en qué posición está el Reino Unido, qué capacidad de daño tiene sobre la Argentina y qué tanto le importa que le toquen uno de sus enclaves coloniales, eso puede llevar a errores.

Y hace acordar a Galtieri.

Me hace acordar bastante. Galtieri también decía que era una potencia colonial en decadencia y que Estados Unidos nos iba a apoyar. Es parecido el error. Con Galtieri terminó súper mal. No creo que Milei llegue a eso, pero igual es peligroso. Cualquier acción que se decida basada en esa supuesta debilidad coyuntural del Reino Unido y en la Argentina como potencia en desarrollo, el país pujante o como le haya dicho… es difícil que no se equivoque.

Y sigue siendo peligrosa la discusión ideológica. Parece que lo ideológico está por fuera, pero siempre está determinando la política del aquí y ahora. En este caso, el error de seguir el postulado de que el Reino Unido está débil y que podría pasar que nos den las Malvinas como Hong Kong. No, hermano, no te van a dar un carajo. ¿Qué es Hong Kong? No estamos en la época de Hong Kong, estamos en otra época, somos Argentina, no somos China. Hay un montón de errores en ese pensamiento de “yo creo que nos lo pueden dar porque dije que era admirador de Thatcher y además Estados Unidos nos apoya”.

Esa concepción es peligrosísima porque sí puede traer problemas. Inglaterra puede, por ejemplo, aumentar la militarización y dejarnos en peores condiciones que antes. Puede entrar Estados Unidos también de alguna manera ahí en el sur y dejarnos con los ingleses más armados y con los yanquis, o sea, muchísimo peor que antes. Y puede reforzar la unión entre el Reino Unido y Chile, que ya está pasando igualmente, en contra nuestra. Todo esto puede traer muchas consecuencias a partir de un error de cálculo, no simplemente ir a la guerra. Ya está pasando, y eso es lo peligroso.

Porque ahí entra el otro componente: el control británico de las Malvinas tiene mucho que ver con el Estrecho de Magallanes, uno de los principales pasos bioceánicos de América Latina, pero también con la Antártida y con el reclamo antártico cuando venza el Tratado que hoy impide la explotación de recursos naturales.

Exactamente. Y el tema es que no hace falta que ingrese Estados Unidos: con lo que ya hizo Milei, sancionar a las empresas que operen en Malvinas, eso ya puede provocar una mayor militarización del Reino Unido y de Estados Unidos en todo el Atlántico Sur.

No digo “estratégicamente somos muy débiles, entonces no hagamos nunca nada”. No, no, no. Digo: pensemos la soberanía, pero pensémosla en serio, con concepciones realistas. No con esa idea completamente ridícula de que el Reino Unido está en crisis y capaz que nos lo dan como Hong Kong. Hay que pensarlo seriamente, porque cada paso puede ser un error. Si entra Estados Unidos, o si Chile empieza a militarizarse más —y es probable que lo hagan—, ¿qué vamos a hacer nosotros? ¿Nos vamos a quedar congelados? ¿Vamos a invertir más en defensa? ¿Vamos a llamar a los yanquis? Y esto está pasando ahora. Son consecuencias de una estrategia pensada por Santiago Caputo, que de geopolítica no creo que tenga idea, y que nos puede meter en problemas y dejarnos en una situación mucho más desventajosa y poco planificada que antes de esta intentona patriótica de Javier Milei.

Otro de los anuncios fue el reinicio del polo logístico en Tierra del Fuego, cerca de la Antártida. A principios del gobierno se hizo un acto con la entonces jefa del Comando Sur, Laura Richardson, y se habló de que sería una base conjunta con Estados Unidos, ahí cerca del Estrecho de Magallanes, justo cuando Washington está preocupado por controlar todos los puntos de estrangulamiento marítimo del mundo.

Milei tendría que decir: la verdad, les pido disculpas porque yo suspendí la construcción de esa base, que ya estaba prevista, durante estos tres años, y ahora la voy a reiniciar. Que es muy diferente a publicar una foto hecha con inteligencia artificial, como hacía Trump, de la base toda construida, increíble, con un despliegue impresionante, tecnología, etcétera, como si fuera un resort. Esas imágenes las publicaron en la cuenta de Milei y de Santiago Caputo, su asesor de comunicaciones

Pero pasaron tres años y eso se congeló, porque estaba previsto que se construyera con los fondos del FONDEF, un fondo de defensa que, por supuesto, se desfinanció como tantas otras partes del gasto estatal. El gasto en defensa en relación al FONDEF fue completamente vaciado, y por eso no se construyó.

¿La van a volver a construir? Ok, es súper importante, porque la proyección estratégica de Argentina hacia la Antártida depende de esa base: sería un centro logístico muy necesario para el paso de todos los que quieran ingresar, navegar o llegar a la Antártida, de cualquier país.

Pero está la duda de cómo será. El tema de Estados Unidos es un poco complicado, no solo porque sería un problema que Estados Unidos se metiera en Tierra del Fuego a hacer inteligencia, o que invirtiera. También hay que pensar que los ingleses tampoco van a querer que Estados Unidos lo haga. No sé si al final se va a terminar dando; esto no depende solo de Milei. A Inglaterra le podría molestar muchísimo, muchísimo, que Estados Unidos se meta en esa base. O sea, la base la tenemos que concluir nosotros. Es muy difícil que Estados Unidos termine financiándola y teniendo presencia real, no porque Milei no se lo permita, sino porque los ingleses pueden ejercer una presión muy grande y significaría una afrenta que no sé si el gobierno de Milei quiere hacerle al Reino Unido.

Porque además, esta política de sanciones, de que haya menos vuelos a las islas, de restricciones a la pesca, de generar una política continental contra el anclaje en puertos latinoamericanos de los barcos que van a las explotaciones petroleras, ya se hizo. Empezó a andar en los gobiernos de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner, se continuó de alguna manera con Macri, se rearmó con Alberto Fernández en medio de una renegociación de deuda, se desarmó con Milei, y ahora parece que volvemos a lo mismo, pero sin nada estructural que lo acompañe. Las Fuerzas Armadas están prácticamente desfinanciadas: el presupuesto de Defensa está en torno al 0,2% del PBI, uno de los niveles más bajos de su historia.

Eso fue una de las cuestiones que se plantearon en un primer momento como un problema estructural. Y ahora se lo quiere reemplazar, porque también fue parte del anuncio, con un Consejo de Seguridad Nacional donde se refuercen las fronteras. Fronteras que van a estar reforzadas no se sabe con qué presupuesto, no se sabe si Estados Unidos va a colaborar —entre comillas— con ese presupuesto, y no se sabe cómo vamos a estar involucrados en términos de inteligencia. Pero que en realidad se enfoca más bien en una cuestión de represión interna, que es básicamente la línea Bullrich y también de Santiago Caputo. Y no tanto en fortalecer nuestras fronteras, en armarnos, en cambiar un poco nuestro equipamiento militar, modernizarlo. Se han hecho algunos negocios aislados, pero sin una estrategia clara de fortalecimiento de la defensa.

Por eso me parece doblemente irresponsable el anuncio de simular un enfrentamiento con Gran Bretaña sin pensar en las consecuencias que puede traer en toda la región.

¿Israel es hoy un ancla para el reclamo argentino por Malvinas?

En términos de opinión pública, Israel es un ancla para cualquiera que se le pegue en este momento, porque la imagen a partir del genocidio en Gaza quedó por el piso. Y con muchísima razón: estamos hablando de la inhumanidad hecha gobierno. Y también como política de Estado, porque el genocidio es parte de una política de Estado que ha estado siempre. Así que sí, Israel es un ancla para cualquiera que lo apoye.

A Milei eso no le importa. La extrema derecha coquetea mucho con Israel porque debe admirar sus deseos hechos realidad: Netanyahu debe ser el que hizo realidad todo lo que ellos dicen en términos de supremacismo, de violencia, etcétera.

El tema es que en Argentina hay un cuidado artificial sobre lo que se dice de Israel, por el poder que tiene un sector de la extrema derecha israelí, o argentino-israelí, que tiene mucho peso en los medios, persigue e intenta controlar a los periodistas.

A vos te pasó personalmente: por tu posición contra el genocidio en Gaza, una autoridad de una mutual judía empezó a increparte a nivel de troleo y de persecución, y pidió incluso tu salida de la TV Pública.

Sí, lo hicieron. La DAIA lo hizo directamente: habló con las autoridades de la Televisión Pública en ese momento para que me despidieran. Justamente por hablar de Cisjordania ocupada, cuando en realidad lo único que hice fue decir lo que es legal y lo que es ilegal, de mínima, porque Cisjordania está ocupada según la ONU. Al final no surtió efecto, porque el director del canal en ese momento era bastante sensato. Pero sí, eso hacen.

Entonces es verdad que en Argentina no es solamente Milei el que tiene este apego artificial a Israel: es un sector. Un sector que tiene peso en la Argentina y que no se ve en otros países de Latinoamérica. Acá en Colombia la comunidad israelí no tiene ningún peso, no puede controlar a nadie, no puede llamar para decir “esa periodista no”, no tiene ningún poder.

Y eso que en Colombia hay una población árabe, libanesa, siria, incluso mayor que en otras partes de América Latina, como en Brasil o Venezuela. Pero en Argentina cada vez es más difícil hablar del genocidio en Gaza en los medios, más allá de algunos streamers con mucha llegada al público joven. En general, si decís “genocidio en Gaza”, te salta una manada a lincharte desde los medios tradicionales, diciendo que sos antisemita, que querés el exterminio del Estado de Israel. Y eso lleva a que, cuando querés criticar el acercamiento de Milei a Israel, la carta más obvia sea tratarte de antisemita.

Exacto. Hay mucha corrección política para hablar en contra de Israel, la carta antisemita se sigue usando, y hay muchos influencers argentinos, inclusive progresistas, que se suman a esa persecución contra los que denuncian el genocidio o contra los que hablan de cualquier ilegalidad que cometa el Estado de Israel, que son muchísimas.

Y la relación entre los dos Estados se fortalece año tras año de la gestión de Milei: las visitas a Israel, las discusiones sobre empresas israelíes que inviertan en Argentina, los acuerdos entre el Estado de Israel y el Estado argentino. La relación cada vez se complejiza más porque se fortalece, y se fortalece por este sector que la defiende, que no es solo Milei. Es un sector absolutamente minoritario. Y eso no quiere decir que los argentinos mayoritariamente estén a favor del Estado de Israel, o que no condenen el genocidio, o que no les parezca una barbaridad asesinar a miles de palestinos. Por eso se equivocan cuando dicen que Argentina es el país más sionista del mundo. Perdón: es una minoría. Yo entiendo que vos creas eso, pero no es verdad.

Y además es una minoría concentrada en una sola ciudad, Buenos Aires. Porque en el resto del país no sucede que si decís en un medio que hay un genocidio en Gaza te salten a linchar todos los medios tradicionales. Justo pega con una de las noticias del día: salió la información de que Eduardo Elsztain, uno de los empresarios inmobiliarios más importantes de la Argentina, dueño del Grupo IRSA —de quien se dice que le presentó a Milei un sector sionista—, es propietario de por lo menos un 10% de la Falkland Islands Company, la empresa que sostiene gran parte del movimiento empresarial en las islas. Y su defensa, publicada en La Nación, un diario conservador tradicional, primero tilda de antisemita la acusación y después dice que en realidad lo hizo como un gesto patriota, y se compara con Juan Domingo Perón: que Perón quiso tener presencia económica y empresarial en las islas, y que él quiso lo mismo para influir en el rumbo y el destino de Malvinas, e incluso quiso comprar la compañía entera, pero se lo prohibieron las autoridades británicas.

Claro, porque no son estúpidas las autoridades británicas. Claramente no lo son.

Yo realmente creo que nos están tratando muy de boludos, pero muy de boludos. Con esto de que Milei ahora de repente es un nacionalista que quiere luchar para recuperar las Malvinas, y con este argumento de que Elsztain en realidad estaba haciendo un movimiento patriótico para quedarse con las Islas Malvinas de manera económica. Nada mejor que un argentino invierta en las Islas Malvinas.

Aparte es completamente contradictorio con aplicar sanciones. Vos estás sancionando empresas por operar, es una sanción económica, pero por otro lado estás privilegiando a un empresario argentino para que… ¿y qué va a hacer Elsztain con esas ganancias? ¿Las va a invertir en el FONDEF? No, no creo. ¿En qué banco tiene esa plata que saca de la explotación? ¿En el Banco de la Nación Argentina? Seguramente no.

Este es un gobierno que te psicopatea. Te dice: no vamos a ir en contra de las empresas que apoyan la explotación de petróleo en Malvinas y favorecen la ocupación británica. Y acto seguido aparece un empresario que tiene una de las principales empresas en las islas. No, él es un patriota, en realidad lo hace porque quiere hacer lo mismo que hizo Perón en los 50.

Si hay algo que la figura de Elsztain no proyecta, es patriotismo. Fue uno de los que impulsó y apoyó a Milei para que un outsider se convirtiera en presidente, no precisamente por su costado nacionalista, sino todo lo contrario. Me llama muchísimo la atención porque están muy desconectados de lo que piensa la gente.

Y eso tiene que ver con cómo cree Santiago Caputo que piensan los argentinos.

Exacto: “ahora los vamos a matar, ahora vamos a cambiar la agenda, se van a dejar de preocupar por la economía, van a empezar a discutir Malvinas, como lo estamos haciendo en Twitter”. La gente común no está en Twitter mirando qué se dijo sobre Malvinas. Capaz que vio la cadena nacional y le pareció bien, porque en definitiva, en términos retóricos, no está mal. Lo que pasa es que si vos deshiciste toda la política respecto de Malvinas y de golpe decís “ahora pienso totalmente distinto”…

Y muchos periodistas influyentes salieron a festejarlo: “inteligentísima cadena nacional del presidente”.

Quedó muy evidenciado que algunos periodistas tienen vasos comunicantes con el gobierno. En Argentina, donde la política y el periodismo están tan embebidos, forman parte de una misma rosca, y algunos periodistas intentan privilegiar el trato político sobre todo con Santiago Caputo, que es el hacedor de esta política. Entonces intentaron elogiarlo de manera muy elegante, porque estos periodistas en general no se exponen tanto, son más sutiles. Pero creyeron que toda la ola iba para allá y que el comentario iba a pasar al pasar.

Se lanzaron a la pileta pensando que iba a haber un momento patriota, y en la pileta los estaba esperando todo Twitter con cuchillo y tenedor para carnearlos en vivo.

Porque el análisis se hace sobre el discurso como en un vacío. Como si no fuera completamente ridículo que Milei estuviera queriendo regalarle la Patagonia a cualquier empresario, como declararon algunos de sus funcionarios; como si hace dos semanas no les hubiera dicho “termos mononeuronales” a los jugadores de fútbol que mostraron la bandera, y de repente a los dos días cambiara completamente. ¿Y eso no es importante? ¿El tono, tratar a la gente de tonta, no es importante? O explicás por qué cambiaste de posición, o los estás tratando de estúpidos: les estás diciendo “ustedes no se van a acordar de todo lo que dije antes de ayer, entonces no les voy a parecer contradictorio, simplemente voy a dar un golpe de efecto con un discurso perfecto”.

No existen los discursos aislados en la nada, vacíos, más allá de las palabras. Y eso cualquier analista político lo tendría que saber. Yo creo que lo saben. Pero sí concuerdo en que hay cierto grupo de periodistas que necesita constantemente exponer cierto balance, mostrarse balanceados, no importa con qué.

Y yo junto a periodistas y economistas. Cuando empezó el gobierno de Milei, recordemos la ola de economistas diciendo “lo de Milei es muy feo, pero alguien lo tenía que hacer; yo lo haría de otra manera, pero había que hacerlo”.

Uno entiende que en Argentina había que hacer algunas correcciones económicas —de hecho la campaña de Sergio Massa lo había planteado—, pero esto que está pasando ahora es de otro nivel de brutalidad.

Y es algo muy de los medios de comunicación de Buenos Aires. Están tan metidos en su submundo porteño, esas veinte o treinta cuadras donde se define su mundo, igual que la política argentina, y ahí entra también la oposición peronista, que no logran ver que hay un proceso de precarización laboral, una desindustrialización en el interior del país que está haciendo mierda el tejido social. Eso está pasando y se profundizó con Milei. Los que somos del interior lo vemos con más claridad. Yo soy de la Patagonia: “vamos a poner un centro de datos en la Patagonia”, “vamos a hacer un pozo minero en la Patagonia”. Bueno, hermano, si lo querés hacer, venite a vivir vos a la Patagonia y bancate quedarte sin agua, sin energía, y que las empresas vengan, hagan eso, levanten el campamento, se vayan y te dejen el hueco a vos.

Yo soy mendocina, tenemos el mismo problema con la minería. La lucha por el agua en Mendoza es muy importante. En CABA se ve como “ay, los ambientalistas, qué boludos, estos pequeños burgueses que no entienden nada”. Y en Mendoza el tema del agua es un problema enorme, porque no es que nos quedamos sin agua en 100 años, sino en 10. Mendoza es un oasis. Y los proyectos mineros son el foco, junto con los petrolíferos y gasíferos, del gobierno de Milei, que manda a su lobby a Estados Unidos a convencerlos de que inviertan en esos negocios: minería, gas, petróleo, Vaca Muerta. Y es un tema de masas en Mendoza, el agua. Por eso algunos pensarán que es una cuestión de un par de ambientalistas universitarios. No lo es.

Y ni hablar de la situación económica generalizada. Porque a Milei lo vota la gente por la situación económica, porque estaban hartos de la inflación alta, porque dijo que iba a dolarizar y creyeron que era el fin de tantos años de inflación y de perder salario. Y ahora están muy mal. La inflación bajó a costa de un enfriamiento económico brutal que los está haciendo mierda, a todos los sectores: la clase media, las clases bajas. Son muy pocos los sectores que están bien. Entonces, ese pueblo que lo votó por la economía y hoy está mal, ¿se va a olvidar de su situación, de sus deudas, de no llegar a fin de mes, por la estrategia brillante y el discurso aséptico de Santiago Caputo relatado por Milei? Yo no lo creo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *