Del ajuste salarial al endeudamiento popular

El fenómeno de endeudamiento puede sintetizarse así: primero cae el salario real → aumentan los costos esenciales → se reduce el ingreso disponible → el hogar se endeuda para sostener el consumo → llega la morosidad → la deuda deja de ser una solución transitoria y se convierte en otra forma de ajuste.

Por eso, la morosidad récord no es simplemente un problema de quienes “no pagan”. Es también un indicador de la incapacidad de los ingresos laborales y previsionales para acompañar el costo de reproducción de la vida.

MOROSIDAD RÉCORD Un problema de ingresos, en Tierra del Fuego es de 16,7%

La morosidad en Familias con el Sector Financiero, a julio 2026 (13,0%), se encuentra en niveles históricos. Los valores actuales sólo fueron superados por lo sucedido en la crisis del 2001. La morosidad en el Sector No Financiero superó, incluso, los niveles de la pandemia y alcanza el 33,9%. Las soluciones a este problema masivo, es obvio que no pueden ofrecerlas aquellas instituciones que lo provocaron.

El salario real de los trabajadores registrados (públicos y privados), deflactado por IPC actualizado por ENGHo 2017/18, cayó al inicio de la gestión Milei y se recuperó parcialmente hasta noviembre de 2024. Pero desde ese momento muestra un retroceso constante y acumula una caída de 14,3%. Este fenómeno coincide con un aumento sostenido de la morosidad de los hogares, que asciende a 13,0% en Proveedores Financieros.

Considerando conjuntamente la masa salarial de los trabajadores registrados y los ingresos correspondientes a los haberes jubilatorios, durante la era Milei se produjo una pérdida acumulada de 8,3 puntos porcentuales en los ingresos de
trabajadores y jubilados. Esta caída fue parcialmente compensada mediante el acceso al crédito de los hogares. En concreto, el endeudamiento atrasó los efectos del ajuste.

El ingreso disponible se redujo sensiblemente. Mientras los salarios registrados acumulan, desde enero de 2024, una suba de 253%, los servicios esenciales aumentaron muy por encima de ese guarismo. El gas incrementó sus tarifas en +2.071%, el transporte hizo lo propio en +1.442%, el agua aumentó +544% y la electricidad incrementó sus valores en +393%. La brecha entre ingresos y gastos obligó a muchas familias a recurrir al endeudamiento para sostener su nivel de consumo.

Se verifica una relación entre los niveles salariales y la irregularidad en el pago de los créditos de las familias: las provincias con salarios más bajos en relación con el promedio nacional son, en general, las que presentan mayores niveles de morosidad. La Rioja, con salarios 31,5% por debajo de la media nacional, registra el mayor ratio de irregularidad, con 23,1%.
Le siguen Santiago del Estero, cuyos salarios se ubican 29,2% por debajo del promedio nacional y presenta una morosidad del 18,1%, y Misiones, con salarios 29,7% inferiores a la media y un ratio de morosidad del 16,9%.

En julio de 2026, un total de 4.185.913 personas con deudas irregulares se ubica en el rango de 25 a 54 años, concentrando el 70,7% de la morosidad total del país. Es decir, el fenómeno del endeudamiento impactó de lleno sobre la población en edad laboral activa y, fundamentalmente, sobre los jefes y jefas de hogar que afrontan la carga del costo de vida familiar.

El rango de edad que va desde los 35 a los 44 años ostenta los montos más elevados de mora. El acumulado del segmento representa 30,6% del total moroso, con un saldo de $4.639.030 millones ($3.204.472 millones en entidades bancarias y $1.434.559 millones en billeteras virtuales).

Fuente: CEPA

Conclusiones

El artículo de La Licuadora, basado en datos de CEPA, permite leer la morosidad no como un problema financiero aislado sino como una expresión del deterioro de los ingresos y de la capacidad de reproducción de los hogares.

El dato central

En julio de 2026, la morosidad de las familias con el sector financiero llegó al 13%, un nivel que, según el informe citado, sólo había sido superado por la crisis de 2001. En el sector no financiero alcanzó el 33,9%, incluso por encima de los niveles registrados durante la pandemia.

El caso de Tierra del Fuego, con una morosidad del 16,7%, se inscribe en una relación más general: cuanto más bajos son los salarios respecto del promedio nacional, mayor tiende a ser la irregularidad en el pago de las deudas.

Lo más significativo es que el endeudamiento aparece como mecanismo de compensación del ajuste. El informe señala una pérdida acumulada de 8,3 puntos porcentuales en los ingresos de trabajadores y jubilados, mientras que el crédito permitió postergar parcialmente los efectos de esa caída.

Y ahí aparece la cuestión de clase: la deuda funciona como sustituto del ingreso que falta.

Los salarios registrados aumentaron 253% desde enero de 2024, pero los servicios esenciales lo hicieron muy por encima: gas +2.071%, transporte +1.442%, agua +544% y electricidad +393%. La consecuencia es una compresión del ingreso disponible que obliga a las familias a financiar con deuda gastos que antes podían cubrir con sus ingresos corrientes.

Además, el 70,7% de las personas con deudas irregulares pertenece al grupo de 25 a 54 años, es decir, fundamentalmente población en edad laboral activa y jefes y jefas de hogar. El segmento de 35 a 44 años concentra por sí solo el 30,6% del monto total moroso

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