Para expandir el campo de lo posible: León XIV y la iglesia católica frente al colonialismo

León XIV confronta con Trump por la guerra, el nacionalismo y la utilización política del cristianismo. Frente a un presidente que invoca la religión para legitimar la fuerza militar y una política migratoria excluyente, el Papa reivindica la paz, la fraternidad y la dignidad de los trabajadores y los migrantes.

Dos concepciones enfrentadas del cristianismo que, en América Latina, se proyectan sobre otra disputa decisiva: quién representa a los sectores populares y quién consigue encarnar sus esperanzas. Tras décadas de retroceso y siguiendo el legado de Francisco el Papa intenta recuperar las raíces católicas de la cultura popular. Un camino muy difícil de recorrer, el desencuentro llegó muy lejos.

Mark Fisher, en otra perspectiva, lo planteó a su manera: «Inventar nuevas formas de participación política, revivir instituciones que han caído en la decadencia, convertir el descontento privatizado en ira politizada: todo esto puede suceder, y cuando suceda, ¿quién sabe lo que es posible?»

León XIV y la disputa por el alma de América Latina: la Iglesia frente a Trump y las nuevas derechas

La Iglesia frente a Trump y las nuevas derechas: una batalla por la representación de los sectores populares

El nuevo pontificado busca recuperar la presencia social del catolicismo en una región atravesada por la expansión evangélica, la secularización y la crisis de representación política. Pero la estrategia de Roma tiene otra dimensión: enfrenta la pretensión de las nuevas derechas de apropiarse del cristianismo como identidad política. El enfrentamiento con Donald Trump expresa esa disputa en escala internacional. Detrás de ella se juega algo más profundo: quién consigue interpretar el malestar social, organizar las esperanzas colectivas y representar a las mayorías populares.

Una Iglesia que vuelve a mirar hacia abajo

La elección del nombre León XIV no parece una referencia meramente histórica. Remite directamente a León XIII, el pontífice que en 1891 publicó Rerum Novarum, documento fundacional de la doctrina social católica y una intervención decisiva de la Iglesia frente a la cuestión obrera y el avance del socialismo.

Aquella encíclica apareció en un momento de profunda transformación del capitalismo industrial. La Iglesia comprendió que no podía limitarse a condenar las nuevas corrientes políticas: debía intervenir sobre las condiciones materiales de vida de los trabajadores y disputar la legitimidad moral de las relaciones sociales.

León XIII reconocía la existencia de un conflicto entre capital y trabajo, defendía el derecho de asociación obrera y reclamaba una remuneración suficiente para vivir dignamente. También reivindicaba la propiedad privada y proponía una vía de reforma social inspirada en la justicia, la solidaridad y la responsabilidad colectiva.

Hay una continuidad histórica que merece atención: el catolicismo social nació también como respuesta a una disputa por la representación de los trabajadores y por la conducción moral de las mayorías populares.

León XIV recupera esa preocupación en un capitalismo muy diferente, dominado por la financiarización, la precarización laboral, la concentración de la riqueza y el debilitamiento de las organizaciones colectivas.

En su encíclica Magnifica Humanitas, del 15 de mayo de 2026, vuelve sobre esa tradición y reivindica la dignidad del trabajo, el destino universal de los bienes, la solidaridad y la justicia social. En el punto 79 afirma que las injusticias no nacen solamente de decisiones individuales, sino también de «estructuras, mecanismos, sistemas económicos y culturales que producen desigualdad casi automáticamente».

Es una definición de considerable importancia política: la pobreza no puede explicarse exclusivamente por las conductas individuales. Hay que examinar también las estructuras que producen y reproducen la desigualdad.

La doctrina social católica constituye, en este sentido, una tradición de reflexión sobre las relaciones entre economía, sociedad y dignidad humana. No es una propuesta de transformación socialista, pero tampoco reduce la organización social a la competencia mercantil. Reconoce la centralidad del trabajo, la responsabilidad pública y la necesidad de subordinar la actividad económica al bien común.

León XIV, Magnifica Humanitas, especialmente apartados 30, 46, 79 y 158-163.

América Latina: una disputa que no es solamente religiosa

La dimensión latinoamericana de esta estrategia es fundamental. La Iglesia católica enfrenta una transformación que no puede explicarse exclusivamente por el crecimiento de las denominaciones evangélicas.

Un estudio de Pew Research Center, publicado en enero de 2026 sobre encuestas realizadas en 2024, muestra que el catolicismo continúa siendo la principal identidad religiosa de la región, pero ha perdido terreno durante la última década. En Argentina, el 58% de los adultos se identifica como católico; en Brasil y Chile, la proporción es del 46%. Al mismo tiempo, crece la población sin afiliación religiosa.

El dato obliga a introducir una precisión: el adversario estratégico del Vaticano no es simplemente el evangelismo. Es una transformación más amplia de las formas de pertenencia, sociabilidad y construcción de identidades populares.

Las iglesias pentecostales y evangélicas han logrado construir redes territoriales, vínculos comunitarios y espacios de contención que, en numerosos barrios populares, ocupan lugares que anteriormente pertenecían a las parroquias y otras instituciones tradicionales.

No se trata solamente de una competencia doctrinaria. También existe una disputa por la construcción de comunidad.

En contextos de desempleo, precariedad, violencia y debilitamiento de los vínculos colectivos, las iglesias ofrecen pertenencia, reconocimiento, acompañamiento y una narrativa de esperanza. Su expansión no puede comprenderse sin considerar las condiciones materiales en las que viven millones de personas.

El catolicismo necesita recuperar esa proximidad. De allí la importancia de la presencia pastoral, la religiosidad popular y la recuperación de las parroquias como espacios de encuentro y organización.

Pero existe una diferencia política importante: determinados movimientos evangélicos se han integrado a proyectos de poder de las derechas latinoamericanas, mientras que el Vaticano intenta evitar que el cristianismo quede identificado con una determinada identidad partidaria o con una guerra cultural contra el progresismo.

Esto no significa que el catolicismo esté fuera de las disputas políticas. Significa que pretende intervenir desde una posición de autoridad moral más amplia.

Fuente: Pew Research Center, «Religious affiliation in Latin America», 21 de enero de 2026.

Trump y León XIV: dos concepciones enfrentadas del cristianismo

El conflicto entre Donald Trump y León XIV introduce una dimensión internacional que modifica el significado del nuevo pontificado.

La confrontación no es una simple diferencia de opiniones entre un presidente y un jefe religioso. Expresa una disputa por quién tiene autoridad para interpretar los valores cristianos y definir sus consecuencias en la política internacional.

Trump atacó públicamente al Papa, calificándolo de «débil» frente al crimen y de «terrible» en política exterior. Sus críticas se produjeron después de que León XIV cuestionara la guerra estadounidense-israelí contra Irán, condenara las amenazas contra ese país y criticara las políticas migratorias de Washington.

El presidente estadounidense llegó incluso a atribuirse indirectamente un papel en la elección del pontífice, sugiriendo que su nacionalidad estadounidense había sido determinante para tratar con su administración.

La respuesta de León XIV fue contundente:

«No tengo miedo de la administración Trump».

Y agregó que continuaría hablando abiertamente contra la guerra porque su obligación era anunciar el Evangelio y promover la paz. También aclaró que no pretendía entrar en una disputa personal con el presidente.

La frase contiene una definición política importante. León XIV no pretende competir con Trump en el terreno electoral ni convertirse en dirigente de una coalición opositora. Pero tampoco acepta que la autoridad religiosa quede subordinada a las necesidades de la política exterior estadounidense.

La disputa tiene al menos tres dimensiones.

La primera es la guerra. Mientras Trump reivindica la capacidad militar estadounidense como instrumento de poder y presión internacional, León XIV insiste en que la paz no puede ser una concesión táctica ni una pausa entre conflictos. Su oposición a la guerra contra Irán coloca al Vaticano en una posición de confrontación moral con la Casa Blanca.

La segunda es la inmigración. El Papa ha respaldado las críticas de los obispos estadounidenses a las deportaciones masivas y ha reclamado que los migrantes sean tratados con dignidad. Aquí aparece otra contradicción entre el nacionalismo excluyente de Trump y una tradición católica que considera la protección de la persona y la solidaridad obligaciones fundamentales.

La tercera es la apropiación política del cristianismo. Trump y sectores de su coalición utilizan referencias religiosas para construir una identidad nacionalista, legitimar políticas de fuerza y presentar a sus adversarios como amenazas culturales. León XIV intenta establecer una frontera entre el mensaje evangélico y su utilización como instrumento de polarización.

La contradicción es especialmente relevante porque Trump no representa solamente una corriente política conservadora: encarna una concepción del poder que busca convertir la religión en un componente de legitimación de la hegemonía estadounidense.

El Vaticano, por su parte, reivindica una autoridad universal que no reconoce fronteras nacionales ni subordinación a los intereses de una potencia.

La disputa entre Trump y León XIV es una confrontación entre la pretensión de un poder nacional de apropiarse del cristianismo y la reivindicación de una Iglesia que busca conservar su autonomía moral y universal.

Fuentes: Reuters, 13 de abril de 2026, «Pope Leo says he is not afraid of Trump after president’s broadside»; ANSA, declaraciones del Papa durante el vuelo a Argelia, 13 de abril de 2026.

Thatcher: la economía como instrumento para transformar el alma

Hay una frase de Margaret Thatcher que permite comprender la profundidad de esta disputa. En una entrevista con The Sunday Times, publicada el 3 de mayo de 1981, la entonces primera ministra británica sintetizó su proyecto con una definición extraordinaria:

«La economía es el método; el objetivo es cambiar el alma».

En el texto original, Thatcher explicó que no se trataba solamente de aplicar determinadas políticas económicas, sino de modificar el enfoque de la sociedad. En sus palabras, cambiar la economía era el medio para transformar «el corazón y el alma de la nación».

La frase expresa una dimensión central del proyecto neoliberal: no alcanza con modificar el funcionamiento de la economía, reducir el Estado o reorganizar las relaciones laborales. Se trata también de transformar las subjetividades, las expectativas y los valores de la sociedad.

Convertir la competencia en norma de vida, el individualismo en virtud y el éxito económico en medida del reconocimiento social. Desplazar la solidaridad colectiva por la responsabilidad individual y presentar las desigualdades como resultado natural de las capacidades y los esfuerzos de cada persona.

La batalla cultural de las nuevas derechas prolonga esa operación en otro terreno. Trump busca construir una identidad política en la que el nacionalismo, el mercado, la fuerza militar y determinadas referencias religiosas se refuercen mutuamente. El cristianismo aparece así como un componente de legitimación de un proyecto de poder.

Frente a esa pretensión, León XIV reivindica otra concepción del alma: la solidaridad frente al individualismo, la fraternidad frente al nacionalismo excluyente, la dignidad del trabajo frente a la subordinación de la vida a la rentabilidad y la paz frente a la política de fuerza.

Si el neoliberalismo buscó transformar el alma a través de la economía, las nuevas derechas procuran completar esa transformación mediante la cultura y la religión.

La respuesta de León XIV consiste en disputar precisamente ese terreno: impedir que el cristianismo sea reducido a una identidad política al servicio de los poderosos.

Fuente primaria: Margaret Thatcher Foundation, entrevista con Ronald Butt, The Sunday Times, 3 de mayo de 1981.

Milei y las nuevas derechas: la batalla por el cristianismo

La dimensión latinoamericana de esta disputa encuentra en Argentina un escenario particularmente significativo.

Javier Milei reivindica un liberalismo económico radical, una concepción individualista de la sociedad y una crítica sistemática a la intervención estatal. El pensamiento social católico, en cambio, reconoce obligaciones públicas frente a la pobreza, los trabajadores y los sectores vulnerables.

La distancia no es solamente discursiva.

En Magnifica Humanitas, León XIV sostiene que «ya no es posible confiar únicamente en la “mano invisible” del mercado» y reclama que la política oriente las transformaciones económicas y tecnológicas hacia el bien común, el trabajo digno y la inclusión social.

También afirma que una sociedad justa requiere un Estado presente y decisiones que hagan inclusivo el crecimiento desde el comienzo, en lugar de esperar que sus beneficios lleguen automáticamente a los más pobres.

Es una perspectiva que introduce criterios de evaluación difíciles de conciliar con una concepción del mercado como principio ordenador casi exclusivo de la sociedad.

No se trata de que el Vaticano proponga un programa económico alternativo al de Milei. Pero sí de que su pensamiento coloca en el centro cuestiones que el neoliberalismo tiende a desplazar: la responsabilidad colectiva, la justicia distributiva, la dignidad del trabajo y la protección de quienes quedan excluidos.

La visita de León XIV a la Argentina adquiere, por eso, una significación que excede el protocolo diplomático. El programa oficial incluye encuentros con los residentes del Pequeño Cottolengo Don Orione de Claypole, con representantes del mundo del trabajo, con comunidades cristianas y con jóvenes.

No es un detalle menor. El Papa llega a una sociedad atravesada por un profundo conflicto distributivo y por las consecuencias sociales del programa económico del gobierno.

Su presencia no implica una intervención partidaria ni una adhesión a las fuerzas opositoras. Pero coloca en el debate público una concepción de la sociedad que reconoce que la economía debe estar al servicio de las personas y no al revés.

Fuente: Santa Sede, programa oficial del viaje apostólico a Uruguay, Argentina y Perú, 6-17 de noviembre de 2026.

La recuperación de una tradición social

Hay un aspecto que conviene no perder de vista: la doctrina social de la Iglesia constituye una de las tradiciones más importantes de reflexión institucional sobre las relaciones entre economía, sociedad y dignidad humana.

Desde Rerum Novarum hasta Quadragesimo Anno, Mater et Magistra, Populorum Progressio, Laborem Exercens y Laudato Si’, el pensamiento católico fue incorporando las transformaciones del mundo del trabajo, la cuestión del desarrollo, las desigualdades internacionales y la crisis ambiental.

Esta tradición ha contribuido a legitimar la organización sindical, la protección social, la responsabilidad del Estado y la defensa de los derechos de los trabajadores.

En una época de debilitamiento de las organizaciones colectivas, esa herencia adquiere una renovada importancia.

León XIV parece buscar precisamente esa recuperación: una Iglesia que no se limite a intervenir en los debates morales, sino que vuelva a estar presente en los conflictos sociales y en las condiciones concretas de vida de las mayorías.

Una disputa por la representación de los de abajo

La cuestión de fondo es quién logra construir una representación colectiva de las mayorías populares en una época de fragmentación social, debilitamiento de las organizaciones tradicionales y avance de las derechas.

El Vaticano parece haber comprendido que no alcanza con defender determinados valores religiosos ni con responder a la secularización desde una posición doctrinaria. Necesita recuperar presencia allí donde se experimentan cotidianamente las consecuencias de la desigualdad.

León XIV no propone una guerra santa contra las nuevas derechas ni una alianza política con las izquierdas. Su apuesta es reconstruir una autoridad moral y social desde la tradición católica.

Pero esa decisión tiene consecuencias políticas: vuelve a colocar en el centro del debate cuestiones que el neoliberalismo procura desplazar hacia el terreno de la responsabilidad individual: el trabajo, la solidaridad, la justicia distributiva y las obligaciones de la sociedad frente a los más vulnerables.

En el plano internacional, su enfrentamiento con Trump revela que el Vaticano tampoco está dispuesto a aceptar que el cristianismo sea convertido en una justificación religiosa del nacionalismo, la guerra y la política de fuerza.

La disputa por el alma de América Latina es también una disputa por quién interpreta el sufrimiento social, quién organiza las esperanzas colectivas y quién consigue representar a los sectores populares.

En esa disputa, León XIV intenta recuperar una tradición cristiana que pone la dignidad humana por encima de la rentabilidad y la paz por encima de la fuerza. Su desafío consiste en transformar esa autoridad moral en una presencia social efectiva.

Y allí reside la importancia política de su pontificado: en una época en que las derechas pretenden monopolizar el lenguaje de la religión, el Vaticano vuelve a reivindicar una tradición social que recuerda que el cristianismo también tiene una historia de compromiso con los trabajadores, los pobres y los pueblos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *