Juan Domingo Perón tuvo el ingreso prohibido a la Argentina durante gran parte de su exilio (1955-1972) debido a la proscripción impuesta por las sucesivas dictaduras militares. Durante este periodo, fue perseguido judicialmente y se le impidió presentarse a elecciones, con un intento fallido de regreso en 1964 donde fue retenido en Brasil por el gobierno idemocrático del radical Illía. Todos sabían de la imposibilidad coyuntural de realización, pero la consigna fue "Perón Vuelve".
"Perón Vuelve" entonces, NO era una consigna electoral, fue una condición necesaria para restaurar la democracia plena, una señal de resistencia y reconocimiento de su conducción cuando los peronismos sin Perón abundaban ( yo conté tres, deben haber más. El mecanismo para discutir la conducción era ayer "literalizar" esa consigna emblemática. Hoy todos sabemos de la imposibilidad de realización coyuntural, pero la consigna es "Cristina Libre".
"Cristina libre", entonces NO es una consigna electoral, es una condición necesaria para restaurar la democracia plena, una señal de resistencia y el reconocimiento de su conducción cuando los peronismos sin Cristina abundan ( yo conté tres, debe haber más). El mecanismo para discutir la conducción es hoy, "literalizar" esa consigna emblemática. En otras palabras estamos frente a un museo de novedades.

Artemio López
El peronismo sin Perón, fue una posibilidad que comenzó a barajarse inmediatamente después del golpe del 55 – con Perón proscripto -, e ideado por propios referentes del peronismo.
El primer intento de neoperonismo fue el que encabezara Juan Bramuglia y su formación partidaria Unión Popular.
Bramuglia fue una figura destacada, considerado “el más eminente y talentoso ministro de la primera presidencia de Perón”.
Volviendo al caso Bramuglia, desde muy temprano mostró su «autonomía». Entre el 13 y el 14 de octubre de 1945, Evita había contactado a varios abogados para que presentasen un hábeas corpus que le permitiera a Perón dejar el país. Cuando habló con Juan Atilio Bramuglia, abogado de la Unión Ferroviaria, recibió una respuesta supeustamente combativa en favor de que Perón permaneciera apresado y que Eva nunca olvidaría:
“A usted lo único que le interesa es irse a vivir con el coronel a otra parte y para eso apela a los hombres del movimiento, cuando lo que hay que hacer es retener a Perón y juntar a la gente para defenderlo, antes de dar esta batalla por perdida”.
En el primer gobierno peronista, sin embargo, Atilio Bramuglia sería canciller, aunque él aspiraba a ser titular de Trabajo. Sus disputas con Eva y con otros miembros del gabinete lo llevarían a renunciar en 1949.
Ya como ministro de Ralaciones Exteriores de Juan Domingo Perón, el señor Juan Atilio Bramuglia, aconsejó que los estratégicos y muy exitosos viajes a Europa de Evita no se realizaran. Tal consejo se debía, según sus propias palabras, a que Argentina estaba en aquellos momentos intentando enmendar antiguas ofensas conferidas a los Estados Unidos, y aquel viaje de la esposa del presidente argentino a la España fascista de Francisco Franco no sería vista con buenos ojos en Washington. Nuevamente Bramuglia desde una aparente disidencia democrática, pro norteamericana, mostró su autonomía respecto a la conducción. Evita obviamente ignoró la advertencia, y más adelante Bramuglia debería pagar muy caro su consejo.
Como sabemos, poco tiempo después del derrocamiento de Perón en septiembre de 1955, el Partido Justicialista fue proscripto y su actividad declarada ilegal e incluso pronunciar su nombre era considerado delito.
No obstante, la masa de seguidores del líder proscripto y sus votos continuaba constituyendo un tesoro político y un capital electoral que atraía tanto a políticos como a dirigentes gremiales.
Diversas personalidades, que en uno u otro período formaron parte del partido peronista, abrigaban la esperanza de aprovechar la proscripción y lo que suponían el alejamiento de Perón de la arena política argentina, impuesto por los nuevos gobernantes militares del país, para lanzar una carrera política propia e independiente.
Semejante pretensión era imposible mientras el carismático líder sujetara las riendas, pero parecía viable en la nueva coyuntura política de proscripción y exilio.
No era de extrañar que el primero de la fila del intento neoperonista fuera el ex canciller Bramuglia, cuyas pretenciones de autonomía de la conducción siempre estuvieron presente, solapadas o explícitamente.
A continuación, fragmentos del historiador Raanan Rein, de la Universidad de Tel Aviv, son muy esclarecedores respecto de este intento bautismal de neoperonismo:

«La UP bajo el liderazgo de Bramuglia no puede ser considerada un éxito. La agrupación pretendía convertirse en heredera de Perón y presentar una versión institucionalizada, organizada y democrática del peronismo, enarbolando el estandarte de reformas sociales e integración de la clase obrera al proceso político. Más aún, Bramuglia intentó destrabar la antinomia peronismo/antiperonismo, aprovechando que gozaba de estima tanto entre justicialistas como entre sus opositores (particularmente en el partido radical, donde mantenía amistades con personalidades de la cúpula, como Frondizi y Balbín, y con activistas de la segunda y tercera línea, en especial entre los de la UCRI), tanto en la Argentina como en el extranjero.
Bramuglia no dudó en criticar el liderazgo de Perón, al menos en los años 1955-1958. Sus propuestas políticas, sus críticas al “presidencialismo”, su intento de crear un partido político autónomo de las instrucciones del general en el exilio, y hasta su estilo retórico, cada uno de estos elementos constituía en cierta medida un desafío a Perón y un intento de remodelar la identidad peronista y el sistema político argentino… Bramuglia se quejó de que auténticos líderes obreros hubieran sido defenestrados y reemplazados por los aduladores favoritos de Eva Perón. Tampoco ocultó su desilusión por el paulatino control estatal y partidario sobre los medios de difusión. Perón mismo, según Bramuglia, “no creía en la democracia. Como todo militar creía en la disciplina y en la jerarquía”. Estas mismas cosas las dijo también en discursos públicos.
Frente a este intento de neoperonismo, juzgada como línea “blanda”, demoliberal, John William Cooke propone: Eliminar la ‘línea blanda’ , lo que no significa eliminar a todos los individuos que la sirven, eso presentaría grandes dificultades en las circunstancias actuales. Incluso debemos utilizar el ‘potencial eficaz de los tontos’, y aun de los tránsfugas. Pero a condición de que previamente la Organización sea lo suficientemente depurada como para que los tontos y los tránsfugas no puedan asumir, ni siquiera parcialmente, su manejo”.

Cooke en Cuba
Esta primera intentona de fundar una experiencia de peronismo sin Perón, muestra conceptualmente que los liderazgos populares, aún proscriptos, no se transfieren ni superan.
Al respecto, Cristina Kirchner está hoy presa y proscripta. Naturalizar este episodio antidemocrático por parte de un amplio sector de la oposición al actual gobierno nacional (no solo la política), es una de las causas de la ausencia de alternativas reales que aún sostiene al desastroso gobierno de Javier Milei.
La deriva más evidente (no única) de esta ausencia de alternativas es la apatía electoral de un sector creciente de la ciudadanía, en especial segmentos medios bajos y bajos, que llevan ya más de una década sometidos a un maltrato impiadoso, muchos que se referencian en la expresidenta.

En esta perspectiva “Cristina libre” no es una consigna electoral, es condición de posibilidad para restaurar la democracia, el sistema de representación electoral con su proscripción ha sido desvirtuado de manera absoluta, un gesto de resistencia al régimen y un reconocimiento a su conducción, y sabemos que aunque muchos dirigentes especulen o miren al costado, no se puede pegar con alfileres lo que debe romperse a martillazos, estimados lectores.
*Director consultora Equis.