Argentina sobrevivió y ahora deberá jugar mucho más para seguir soñando

La sufrida clasificación a semifinales del Mundial 2026 de la selección argentina frente a Suiza. Por qué Argentina bajó todavía más su floja producción de todo el Mundial. Por qué Suiza no supo sacar provecho del empate. Por qué Argentina tardó hasta 5 minutos antes del final del alargue para vencer a Suiza. Qué se puede esperar del choque vs Inglaterra.

Sergio Levinsky analiza con el rigor que es habitual, el desempeño de la selección argentina tras su difícil victoria en la prórroga. El periodista evalúa el rendimiento individual de las figuras del equipo y examina los aspectos tácticos que preocupan de cara al próximo encuentro frente a Inglaterra en la antesala de la gran final.

La Selección Argentina está entre los cuatro mejores del Mundial 2026, pero llegó a las semifinales por la puerta más angosta. El 3-1 sobre Suiza, definido recién en los últimos minutos del alargue, no disipa las dudas que viene dejando el equipo de Lionel Scaloni desde el comienzo del torneo. Por el contrario, las profundiza. Porque el campeón del mundo sigue avanzando, pero su fútbol retrocede.

Frente a Suiza ofreció probablemente su producción más pobre del campeonato. Nunca logró apropiarse del partido, perdió el control del mediocampo durante largos pasajes y volvió a depender de la jerarquía individual para resolver un encuentro que parecía deslizarse inexorablemente hacia los penales.

La imagen distó mucho de aquella selección capaz de imponer condiciones desde la posesión, la presión y la circulación de la pelota. Hoy Argentina juega con menor intensidad, acelera poco, pierde precisión en los últimos metros y obliga a Lionel Messi a retroceder demasiado para entrar en contacto con el juego. Cuando el capitán inicia las jugadas a cincuenta metros del arco rival, el equipo pierde justamente aquello que más necesita: desequilibrio cerca del área.

Suiza leyó correctamente el partido. Le disputó la posesión, cerró los circuitos interiores y encontró espacios para lastimar cada vez que recuperó la pelota. Durante buena parte del segundo tiempo fue el conjunto europeo el que transmitió mayor sensación de peligro. Argentina aparecía incómoda, imprecisa y sin respuestas colectivas.

Pero el equipo de Murat Yakin cometió un error decisivo. Cuando el encuentro pedía audacia, eligió la administración. En lugar de aprovechar el desconcierto argentino, comenzó demasiado temprano a proteger el empate. La expulsión para muchos controversial de Breel Embolo, terminó de modificar el escenario: con diez hombres, Suiza resignó definitivamente cualquier ambición ofensiva y pasó a resistir cada ataque argentino.

Ni siquiera así el campeón encontró soluciones inmediatas. La superioridad numérica no se tradujo automáticamente en dominio futbolístico. Hubo que esperar hasta cinco minutos antes del final del tiempo suplementario para que apareciera Julián Álvarez y quebrara una resistencia que parecía interminable. Con Suiza ya desordenada por la necesidad de buscar el empate, Lautaro Martínez sentenció una clasificación mucho más trabajosa de lo que indica el resultado.

El marcador final exagera una diferencia que nunca existió. Durante casi dos horas el partido fue parejo, incómodo para Argentina y favorable por momentos al planteo suizo. Si la serie terminó inclinándose del lado albiceleste fue porque, aun jugando lejos de su mejor versión, conserva un capital que muy pocos equipos poseen: futbolistas capaces de decidir encuentros cerrados cuando el margen de error desaparece.

Ahora el desafío será Inglaterra. Y allí el margen de tolerancia será mucho menor. El conjunto inglés llega con mayor consistencia colectiva, mejor funcionamiento en el mediocampo y una velocidad para atacar los espacios que puede castigar a una defensa argentina que no ha transmitido la seguridad de otros tiempos.

Las semifinales enfrentarán dos realidades opuestas. Inglaterra parece un equipo en crecimiento. Argentina, en cambio, sigue avanzando mientras busca reencontrarse consigo misma. Esa experiencia competitiva, ese oficio para sobrevivir a los momentos difíciles y la jerarquía de sus figuras mantienen intacta su candidatura. Pero si pretende volver a jugar una final del mundo, necesitará recuperar el fútbol que todavía no apareció en este campeonato.

Hasta aquí alcanzó con la historia, el carácter y el talento. Frente a Inglaterra, probablemente, ya no alcance, esta vez es en serio, vamos por más.

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