Infantino, el monarca – mitad mono, mitad garca –

El artículo utiliza el caso del jet de Infantino como una metáfora del capitalismo global contemporáneo: el deporte deja de ser un espectáculo aislado para convertirse en un espacio donde se articulan intereses empresariales, diplomáticos y geopolíticos, cuestionando la idea de que el poder reside exclusivamente en los Estados nacionales. Es real.

El jet privado que utiliza el presidente de la FIFA es propiedad de Qatar Airways, que indirectamente pertenece a la familia Al Thani, la monarquía gobernante de Qatar. Se trata de un Gulfstream G650ER, configurado para 13 pasajeros, con dos pilotos y una asistente de cabina, una autonomía de 7.500 millas náuticas y una velocidad máxima de 1.132 km/h. Su precio de fábrica supera los 65 millones de dólares. Es un avión de millonario. O de monarca.

La FIFA firmó en 2017 un contrato de patrocinio con Qatar Airways hasta 2030. Ese acuerdo se dio en medio del otorgamiento a Qatar del Mundial 2022. The Guardian lo calificó como un pago en especie. Recordemos que Infantino se instaló en Doha antes de ese Mundial y la FIFA le pagó el colegio a sus hijos.

Según la investigación del medio mexicano El CEO, Infantino acumuló 13 vuelos y más de 37 horas de vuelo solo en los primeros nueve días del Mundial 2026. Las rutas del Gulfstream — rastreadas a través de la plataforma pública ADS-B Exchange — coinciden punto por punto con el itinerario de partidos que el propio Infantino publica en su Instagram: Ciudad de México, Guadalajara, Los Ángeles, San Francisco, Vancouver, Seattle, Kansas City, Houston. Según la agencia AFP, el dirigente apareció en al menos diez partidos en siete días.

Pero el uso del jet privado no empezó con este Mundial. Según el medio de investigación noruego Josimar, entre 2021 y 2024 Infantino recorrió 600.000 kilómetros a bordo de esa aeronave. Viajes para reunirse con jefes de Estado, con federaciones de fútbol, para ir a Estados Unidos a visitar a Donald Trump — la persona que más ha visitado el Despacho Oval, más que muchos presidentes —, para asistir a su toma de posesión.

Ese avión simboliza los tratos de Infantino con las monarquías del Golfo. Infantino utiliza los patrocinios de marcas y empresas controladas por estas monarquías para canalizar beneficios indirectos que coinciden, sistemáticamente, con el otorgamiento de competiciones internacionales.

Miremos cómo funcionó con Arabia Saudita y la sede del Mundial 2034.

Antes de esa elección, la petrolera Aramco se convirtió en patrocinador global de la FIFA. Después, el Fondo de Inversión Pública saudí (PIF) se sumó como patrocinador — justo antes del Mundial de Clubes, cuando la televisación del torneo tambaleaba. ¿Qué pasó entonces? DAZN compró los derechos televisivos del Mundial de Clubes por mil millones de dólares. Acto seguido, el PIF compró el 5% de DAZN por la misma cifra: mil millones de dólares. Arabia Saudita le inyectó a DAZN exactamente lo que DAZN necesitaba para pagarle a la FIFA.

No hay pagos directos a Infantino. No hay maletines. Lo que hay son favores indirectos a la FIFA — a través de patrocinios, derechos de televisión y beneficios en especie como el jet privado — que se producen justo cuando la FIFA otorga competiciones. El Mundial de Clubes generó 2.000 millones de dólares adicionales para la FIFA. Arabia Saudita financió el inicio de esa vía con la compra indirecta de los derechos televisivos a través de DAZN.

Es un paquete completo. Las monarquías dan favores a Infantino indirectamente — a través de fondos de inversión, de empresas subsidiarias controladas por las familias reales, de prestanombres. En el caso de Qatar, la familia Al Thani. En el caso de Arabia Saudita, la familia Saud. Y a cambio reciben Mundiales, torneos y posición global.

Todo esto ocurre mientras Infantino cobra 6 millones de dólares anuales como presidente de la FIFA — su salario se triplicó desde que llegó al cargo en 2016. Vuela en un avión de 65 millones de dólares. Se aloja en hoteles de mil dólares la noche. Viaja con escolta policial. Cuando visita países, exige ser tratado como un jefe de Estado — en Canadá, la policía rechazó la solicitud de la FIFA de darle el mismo nivel de seguridad que a un presidente.

Y todo esto sin casi licitación, sin competencia real entre países para elegir las sedes. El Mundial 2034 tuvo un único candidato: Arabia Saudita. Porque la FIFA cambió sus propios estatutos para que así fuera.

La próxima vez que lo veas aplaudiendo en un estadio, apareciendo en dos partidos el mismo día como si se hubiese teletransportado, recordá quién pagó el jet. Y preguntate qué recibió a cambio.

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