El uso de las pausas de hidratación (cooling breaks) en el Mundial 2026 se ha convertido en uno de los temas más debatidos del torneo. Lejos de ser solo una medida médica para proteger a los futbolistas del calor extremo, muchos críticos denuncian que se han transformado en una oportunidad masiva de monetización corporativa. El negocio detrás del descanso. Durante estos minutos oficiales de pausa, las cadenas de televisión y los organizadores aprovechan para insertar bloques publicitarios. Este modelo de negocio ha provocado el enojo de una gran parte de la afición, que ve cómo la inyección de capital corporativo interrumpe el ritmo natural del partido para priorizar los anuncios comerciales. La influencia corporativa en el deporteLa crítica principal apunta a que la toma de decisiones, desde los horarios de los partidos hasta los tiempos muertos, responde cada vez más a las agendas de los grandes patrocinadores y los gigantes de Wall Street. El argumento es que el "fútbol tradicional" está cediendo ante un formato de espectáculo y entretenimiento diseñado para maximizar los ingresos por transmisiones, de forma similar a los deportes estadounidenses.
Los cooling breaks, o pausas de hidratación, se han convertido en un fenomenal negocio moldeado por magnates estadounidenses que, en su mayoría, son dueños de clubes de fútbol americano, béisbol y básquet, todos deportes que se juegan con la mano. Por supuesto, para los amantes del fútbol estas pausas de hidratación se han convertido en una afrenta que corta los momentos de los partidos. ¿Se imaginan, por ejemplo, si en medio del vendaval argentino en la final de Qatar 2022, el técnico francés Didier Deschamps hubiese tenido una pausa para reacomodar su equipo?
Los cooling breaks representan un fenomenal negocio para la FIFA, cuyos ingresos por publicidad representan una de las tres principales entradas de dinero, junto con la venta de entradas y los derechos televisivos. Para algunas cadenas, además, compensa con creces el precio que pagaron por transmitir los partidos; Fox, de la familia Murdoch, cercana a Donald Trump, desembolsó 485 millones de dólares a la FIFA por la mayoría de los partidos. Con los cooling breaks, las cadenas tienen dos minutos y diez segundos para poner spots publicitarios; cuatro por cada pausa. Con dos por partido, son ocho publicidades. Si se multiplica por 104 partidos, son 832 comerciales nuevos. Según The Wall Street Journal, Fox cobra 200.000 dólares por un spot de 30 segundos en los partidos de fase de grupos. Si juega Estados Unidos, sube a 750.000. La cifra podría ser mucho mayor a medida que avanza el torneo. Para Sports Business Journal, Fox podría ganar 250 millones de dólares solo con los anuncios de los cooling breaks. Si el precio promedio sube a 400.000, la cifra llegaría a 333 millones de dólares solo con estas publicidades. La cadena recuperaría, de esta forma, más de la mitad de lo que pagó por los derechos de transmisión.
Pero este negocio tiene una clara influencia de los magnates estadounidenses que se están apoderando del fútbol de élite global. Gran parte de ellos fueron quienes moldearon el negocio de la Liga de Fútbol Americano, donde un juego tiene cuatro cuartos, dos mitades y varias pausas en medio de cada jugada. En total, las televisoras transmiten 20 cortes comerciales que contienen más de 100 anuncios. Las publicidades ocupan una hora de tiempo en todos los partidos, según un análisis de The Wall Street Journal. Por ejemplo, Arthur Blank es dueño del equipo de fútbol americano Atlanta Falcons y del equipo de fútbol Atlanta United de la Major League Soccer (MLS). El Mercedes-Benz Stadium, que dirige por concesión del estado de Georgia, alberga ocho partidos del Mundial. Blank tiene influencia en la federación estadounidense de fútbol, a cargo de organizar el Mundial, ya que donó 50 millones de dólares para construir su centro nacional de entrenamiento. Jerry Jones, dueño del equipo de la NFL Dallas Cowboys, promovió ante la FIFA que su AT&T Stadium fuera sede de varios partidos clave. Lionel Messi, por su lado, metió su emocionante hat-trick en el estadio de Kansas City, que es propiedad de los Hunt, propietarios de los Kansas City Chiefs, múltiples campeones de la NFL y una de las familias más poderosas ligadas al petróleo y al Partido Republicano en el estado de Texas.
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Estos magnates han establecido un modelo de negocios de estadios de uso múltiple con más pausas comerciales y precios de entradas exorbitantes. Uno que, según un informe del CIES Sports Intelligence, una división de investigación y análisis de CIES especializada en gobernanza, políticas y regulaciones deportivas, se está trasladando al fútbol de élite europeo. Capitales estadounidenses, por ejemplo, son dueños o accionistas en 117 clubes de fútbol europeo. En ocho años la cifra se multiplicó por cinco, ya que en 2018 el número era de solo 25. En total, controlan más de la mitad de la Premier League, más de un tercio de la Serie A italiana y más de un cuarto de la Ligue 1 de Francia.
Siete de los quince clubes con mayores ingresos del mundo pertenecen a multimillonarios estadounidenses o a firmas de capital privado. Esto incluye a la mitad de los semifinalistas de la Liga de Campeones de este año en Europa, entre ellos el Arsenal de Stan Kroenke y el Atlético de Madrid del fondo de inversión Apollo Global Management, dirigido por Marc Rowan. Los nombres de propietarios con presencia en los deportes estadounidenses, como el béisbol, el básquet y el fútbol americano, se repiten: la familia Glazer del Manchester United posee los Tampa Bay Buccaneers; Todd Boehly, a cargo del Chelsea, dirige el equipo de béisbol de los Dodgers y los Los Ángeles Lakers de la NBA; y John Henry, del Liverpool, controla a los Boston Red Sox en la liga de béisbol. La principal razón de este desembarco de capitales estadounidenses en el fútbol es económica: según el Financial Times, “un equipo de la NBA se valora a 14 veces sus ingresos, mientras que un grande del fútbol europeo, a 4,2 veces”. Para Gerry Cardinale, del fondo RedBird Capital Partners, dueño del AC Milan: “Los empresarios miran el fútbol europeo y dicen: esta es la oportunidad de comprar un activo global de entretenimiento con descuento”.
Los cooling breaks, por esto, son parte de una tendencia global donde estos magnates buscan trasladar su modelo de negocios. Por algo, cuando se criticó a Gianni Infantino, presidente de la FIFA, por el desorbitante precio de las entradas, su respuesta fue que iban en línea con “las tendencias del mercado estadounidense”.