Podemos desacelerar en la periferia del sistema capitalista? Esa es precisamente una de las principales preguntas y objeciones que se le hace a Kohei Saito. Su propuesta de "desaceleración" (degrowth o decrecimiento) adquiere una dimensión muy distinta cuando se la observa desde la periferia del capitalismo y no desde las economías centrales.
Saito sostiene que la crisis ecológica no puede resolverse manteniendo un imperativo de crecimiento infinito. Inspirándose en una lectura de Karl Marx, plantea reducir la producción de bienes superfluos, acortar la jornada laboral, ampliar los bienes comunes y reorganizar la economía en función de las necesidades sociales antes que de la rentabilidad.
Sin embargo, esa propuesta enfrenta un problema estructural.
El Norte y el Sur no parten del mismo lugar. Los países centrales acumularon durante más de dos siglos enormes niveles de riqueza gracias a:
la industrialización temprana;
la apropiación colonial de recursos;
el intercambio desigual con la periferia;
una elevada productividad tecnológica.
En cambio, gran parte de América Latina, África y parte de Asia todavía presentan déficits en infraestructura, vivienda, salud, educación, transporte y capacidad industrial y están sometidos con La Argentian a gobiernos que los despojan de recursos materiales e institucionales de manera creciente y exponencial.
Para millones de personas de la periferia, "consumir menos" no significa dejar de comprar un tercer automóvil o realizar menos vuelos internacionales, sino que puede implicar renunciar a satisfacer necesidades básicas que aún no están cubiertas.
Ahí aparece una contradicción importante.
¿Puede la periferia decrecer?
Desde una perspectiva marxista dependencista, la respuesta suele ser negativa.
Autores como Ruy Mauro Marini, Theotonio dos Santos o Samir Amin sostienen que el problema de la periferia nunca fue el exceso de crecimiento sino la forma subordinada en que crece.
La cuestión no sería producir menos, sino producir de otra manera y para otros fines.
Es decir:
industrializarse;
agregar valor;
desarrollar ciencia y tecnología;
sustituir importaciones estratégicas;
mejorar salarios;
disminuir la dependencia financiera y tecnológica.
En otras palabras, la periferia necesita transformar su estructura productiva antes que reducirla.
El intercambio ecológicamente desigual
Aquí aparece un punto donde Saito y la teoría de la dependencia pueden complementarse.
El Norte global externaliza buena parte de sus costos ambientales hacia el Sur.
Ejemplos:
minería del litio;
soja;
petróleo;
cobre;
tierras raras;
pesca;
deforestación.
Los impactos ecológicos quedan en los países exportadores mientras el consumo ocurre principalmente en las economías desarrolladas.
Por eso muchos autores hablan de un intercambio ecológicamente desigual: el centro importa naturaleza barata y exporta manufacturas y tecnología caras.
Una lectura desde América Latina
Autores como Eduardo Gudynas o Alberto Acosta proponen una posición intermedia.
No se trata simplemente de crecer o decrecer.
Se trataría de:
decrecer en sectores ambientalmente destructivos;
crecer en salud, educación, investigación científica y energías limpias;
abandonar el extractivismo como eje permanente de acumulación.
Es un cambio cualitativo más que una reducción cuantitativa del producto.
¿Qué ocurre con Argentina?
Argentina ilustra bien esta tensión.
Si aplicara una política de decrecimiento en el sentido estricto de Saito, podría profundizar problemas ya existentes:
desindustrialización;
desempleo;
restricción externa;
dependencia tecnológica;
menor capacidad estatal.
Pero tampoco resulta sostenible reproducir un patrón basado exclusivamente en exportar materias primas para obtener divisas.
El desafío no es "producir menos" sino disputar qué se produce, quién decide la producción, cómo se distribuye el excedente y cuáles son los costos ambientales que asume cada clase social.
Una posible síntesis
La propuesta de Saito es especialmente convincente como crítica al hiperconsumo de las economías desarrolladas. Allí, reducir el consumo material puede mejorar tanto la sostenibilidad ambiental como la calidad de vida.
En la periferia, en cambio, la cuestión es distinta. Un proyecto emancipador difícilmente pueda prescindir de cierto crecimiento económico, pero ese crecimiento debería orientarse a satisfacer necesidades sociales, fortalecer la soberanía productiva y reducir la dependencia externa, en lugar de reproducir un modelo extractivista y financieramente subordinado.
En ese sentido, una síntesis entre Saito y la teoría marxista de la dependencia podría formularse así: el Norte debería decrecer en consumo material y apropiación de recursos, mientras que la periferia necesita transformarse estructuralmente para poder desarrollarse dentro de límites ecológicos, con mayor autonomía y justicia distributiva. Veamos en esta entrevista la mirada de Saito que, más allá de críticas, merece la pena política y conceptualmente.

En un periodo en que el mundo está bregando con crisis ecológicas y sociales cada vez más profundas, la búsqueda de alternativas es más urgente que nunca. En este contexto destaca la obra de Kohei Saito, profesor de la Universidad de Tokio y autor de Marx in the Anthropocene y Slow Down: The Degrowth Manifesto. Saito se centra en las dimensiones ecológicas y ecosocialistas del pensamiento de Marx y sostiene que este contiene ideas ecológicas que se han pasado por alto o malinterpretado durante mucho tiempo. Pese a que Marx no abogó explícitamente por el ecosocialismo, Saito señala que su pensamiento ecológico puede inspirar y apoyar a los movimientos ecosocialistas contemporáneos y políticas encaminadas a hacer frente a la injusticia social y ecológica.
Me reuní con Kohei en Zagreb, donde fue uno de los principales ponentes en la 9ª Conferencia Internacional sobre Decrecimiento, que congregó a cientos de participantes de todo el mundo, entre quienes hubo gentes de ciencia, académicas, activistas y políticas, para explorar modelos sostenibles y justos en la economía y la sociedad. Su charla, titulada “Marx y decrecimiento: ¿es posible?”, marcó la pauta de un amplio coloquio sobre la relación entre el movimiento decrecentista y los enfoques políticos de la crisis climática. Para mí personalmente, aquella discusión fue un punto de partida clave para una visión del ecosocialismo democrático poscrecimiento como rumbo concreto para la izquierda de hoy, con raíces en la tradición del socialismo democrático que tiene su origen en la Primavera de Praga.
Antonin Horcica: ¿Qué te parece la conferencia internacional sobre decrecimiento aquí en Zagreb, sobre todo dado su planteamiento amplio y el público diverso que atrae?
Kohei Saito: Es magnífica, en particular por la participación de mucha gente joven. La diferencia con Japón es enorme: allí la discusión sobre las ideas de Marx suelen implicar a personas mayores. Mde siento muy inspirado por cómo se propaga esta idea del decrecimiento entre las generaciones más jóvenes y veo con optimismo la posibilidad de construir un nuevo futuro juntos.
El espectro de fondo también es muy amplio. No solo han venido marxistas y activistas, sino también personas de muy diferentes disciplinas: ciencias naturales, economía, filosofía. Y es bueno que el concepto de decrecimiento se vuelva tan atractivo para tantas personas. Esto es muy importante para movilizar a la gente. Después de todo, se trata de una idea política, y esta clase de atracción es algo que realmente estamos buscando, ¿no?
A. H.: Aunque resulta estimulante ver un público tan amplio, ¿no te parece que falta una orientación clara de cara a la implementación la idea del decrecimiento?
K. S.: Aprendemos unos de otros. El decrecimiento es una idea relativamente nueva y a menudo la critican por falta de consistencia. Entiendo tus preocupaciones sobre la falta de orientación. ¿Qué deberíamos hacer ahora? Es una cuestión muy complicada, pero no estamos aquí para crear un partido político único. La finalidad de esta conferencia es intercambiar nuevas ideas, conocernos mutuamente y tejer relaciones internacionales. Pienso que la conferencia es un éxito en este sentido. No obstante, entiendo que también necesitamos centrarnos en la elaboración de nuevas estrategias, en cambiar las políticas y transformar el sistema económico. Esto es algo sobre lo que deberíamos ponernos a trabajar ya.
A. H.: Y en relación con esto, ¿qué papel piensas que desempeña el ecosocialismo y el ecomarxismo a la hora de influir positivamente en este movimiento?
K. S.: El marxismo lleva aquí muchos años. Si logramos superar el antagonismo entre el ecosocialismo y el decrecimiento, pienso que el marxismo, con su activismo político, puede contribuir de varias maneras. Retomando tu comentario sobre la falta de estrategia, creo que el marxismo puede concretar una política de decrecimiento, especialmente con respecto a la clase obrera, que hoy por hoy no se siente muy atraída por la idea del decrecimiento. Al integrar los principios marxistas con el decrecimiento podemos desarrollar estrategias que apelen a una alianza más amplia y un movimiento más amplio frente al sistema capitalista y por la justicia climática.
A. H.: En tu ponencia has mencionado que hay ecosocialistas que promueven el crecimiento. ¿No te parece contradictorio que alguien que se identifica como ecosocialista abogue por el crecimiento, puede que en forma de socialismo verde? ¿Cómo debería abordar el ecosocialismo esta incoherencia?
K. S.: Al igual que el decrecimiento, el ecosocialismo también es una categoría muy amplia. Reconozco que algunas personas son más optimistas con respecto al progreso tecnológico, por lo que asocian más el socialismo ecológico con el crecimiento. Sin embargo, después de varias lecturas sobre el decrecimiento, pensé que este tipo de crecimiento ecosocialista es demasiado optimista. Así que ahora intento convencer a mis amigos y colegas marxistas para que abandonen esta clase de optimismo tecnológico y traten de buscar otra solución, que es el comunismo del decrecimiento. Pienso que el ecosocialismo es una categoría más amplia, en la que algunas personas se inclinan más por un ecosocialismo orientado al crecimiento, pero yo estoy a favor del comunismo del decrecimiento, la visión de una sociedad sin crecimiento.
A. H.: ¿Sabías que en Europa Oriental, y sobre todo en Chequia, los términos socialismo y comunismo tienen connotaciones negativas? Algunos de mis amigos tratan de recuperar el significado original de estos conceptos. ¿Crees que vale la pena hacerlo o acaso deberíamos buscar una terminología alternativa?
K. S.: Sí, lo sé. Vengo de Japón, donde el comunismo y el socialismo tienen implicaciones distintas a las de Europa Oriental. Cuando hablo con algunas personas de Europa Oriental, como aquí en Chequia, a menudo critican el uso de los términos comunismo y socialismo. Es una situación complicada. Habría que encontrar algo que les resulte atractivo y también sea histórica y políticamente significativo. Mi público primario es japonés, pero cuando vine a Croacia a compartir mis ideas con gente de diversas partes del mundo, la respuesta ha sido más bien positiva. Claro que también entiendo que haya personas que digan “nada de socialismo, nada de comunismo, eso es como en tiempos de Stalin, es muy autoritario”, etc. Así que si lo ves de esta manera, lo respeto. Lo que importa es que hemos de superar el capitalismo, y entonces la sociedad poscapitalista podrá llamarse como queramos. No soy dogmático y me mantengo abierto a nuevas ideas.
A. H.: En la República checa tenemos alguna experiencia histórica de la década de 1960, particularmente de 1968, cuando el ejército ruso, junto con otras fuerzas del Pacto de Varsovia, intervino para suprimir el intento de implementar el “socialismo con rostro humano”. Una de las ideas principales era la de democratizar la economía para servir mejor al pueblo. ¿Crees que esto sigue siendo relevante hoy en día?
K. S.: Desde luego, democratizar la economía es muy importante. Cuando hablo de la necesidad de planificar más, me refiero a que no podemos dejar todo en manos del mercado, la competencia y el mecanismo de precios. Nos hallamos actualmente en una situación muy difícil a causa de la crisis climática. Y hemos de invertir en lo que es necesario y evitar lo que es innecesario. Así que necesitamos planificar, pero planificar también es un término que recuerda a la gente a aquella vieja dictadura soviética. De todos modos, cuando hablo de comunismo, socialismo y planificación, me refiero más bien a democratizar la economía. La economía capitalista actual tampoco es democrática. Realmente deberíamos buscar una nueva visión de la democratización de la economía y al hacerlo no deberíamos tener miedo a criticar el capitalismo.
A. H.: Sobre la base de esta experiencia de la década de 1960 y también con las nuevas ideas que emergen, incluidas las tuyas, hay un grupo de gente en la República Checa que aspira a introducir el concepto de ecosocialismo democrático en el debate público como algo que es muy necesario para cambiar la sociedad. ¿Qué opinas al respecto?
K. S.: Estuve discutiendo con alguien de la República Checa y era una persona muy crítica con el socialismo. El debate se alargó mucho y cuando hablé del socialismo, me criticó por añorar la Unión Soviética y cosas así. Creo que el ecosocialismo democrático se ajusta mucho a mis puntos de vista. Quiero dejar claro que el ecosocialismo democrático no aspirará a un crecimiento infinito, sino que se centra en satisfacer las necesidades humanas básicas y asegurar la protección ambiental. No es forzoso que lo llamemos “comunismo de decrecimiento”, puede haber más de un nombre, admito sugerencias. La clave está en alejarse de un sistema capitalista que busca la constante expansión. Cuando tengamos el socialismo, no deberemos aspirar más a esa constante expansión. Básicamente se trata de un decrecimiento.
A. H.: La insistencia en la palabra democrático es crucial a la hora de impulsar el cambio revolucionario del sistema. La participación activa del público es fundamental para que el cambio sea sostenible. La economía del decrecimiento u otros modelos económicos alternativos, como la economía circular, requieren una transformación institucional. Aunque los movimientos pueden movilizar a gente y presionar a las instituciones existentes, no pueden sustituirlas. Por tanto, la cuestión real es esta: ¿cómo podemos implementar efectivamente un cambio institucional?
K. S.: Esto suena bastante rígido. Hemos hablado del ecosocialismo democrático en el contexto del decrecimiento. En estos momentos, lo que tenemos ante todo es un movimiento. Está claro que es preciso institucionalizar nuestras demandas. Pero sigo pensando que el movimiento mismo es demasiado pequeño. Vista la crisis ambiental y el carácter ubicuo del neoliberalismo, especialmente pospandémico, la gente se da cuenta de que nuestra sociedad prioriza el beneficio por encima de las vidas humanas. Pienso que tenemos una oportunidad.
Esta experiencia de la Unión Soviética ha ensombrecido nuestro futuro para mucho tiempo. Sin embargo, tras la crisis económica de 2008, ahora estamos asumiendo nuevas ideas poscapitalistas sin el peso de la era soviética sobre nuestras memorias. Como he dicho antes, un número significativo de jóvenes no dudan en apoyar ideologías poscapitalistas, rompiendo con sentimientos del pasado, y lo hacen con entusiasmo.
A. H.: Solemos utilizar el PIB como indicador primario del crecimiento; es casi como un mantra que actualmente lo domina todo. ¿Crees que existe otra manera de evaluar el progreso social?
K. S.: Ya existen otros indicadores, como el Índice de Desarrollo Humano, el Indicador de Progreso Genuino, y muchos más que realmente tienen en cuenta nuestro bienestar, el nivel de educación, el grado de igualdad, nuestro impacto ambiental, etc. Tal vez podamos plantear uno nuevo. No soy economista, de modo que no puedo hacer algo por mí mismo, pero es relativamente fácil imaginar que puedo dedicarme a hacer cosas como esa. No es más que una opción política. Si el gobierno decide otorgar más importancia a estos nuevos indicadores que al PIB, tendremos un mundo diferente.
De hecho, estoy promoviendo esta iniciativa en Japón, pues este país está estancado, en términos del PIB, desde hace más de 30 años, de manera que la gente está preocupada, pero en realidad, si miras el nivel de educación, el grado de seguridad, la previsión social, la alimentación, la cultura, todo eso funciona bastante bien en Japón. Entonces, ¿por qué no utilizamos estos datos y luego los promovemos fuera de Japón? Ideas como esta atraen a algunas personas. Bueno, lo intentaremos.
A. H.: Finalmente, me gustaría centrarnos en tu obra. ¿Cómo descubriste la relación entre Marx y la ecología? Ya sé que gran parte del proceso se describe en tus dos libros, pero ¿puedes hacer un resumen?
K. S.: Fui a Alemania y me puse a examinar los cuadernos de notas de Marx. Esos cuadernos, especialmente de antes y después del Capital, contienen un montón de material sobre ciencias naturales. Entonces me pregunté por qué Marx había leído sobre ciencias naturales para acabar de escribir El Capital, que trata del capitalismo y la economía política crítica. No tiene nada que ver con las ciencias naturales. Por supuesto, eso era lo que yo pensaba.
Sin embargo, entonces, al leer aquellos cuadernos, me dí cuenta de que él estaba sumamente interesado en cuestiones de ecología, sostenibilidad y cómo el capitalismo de hecho socava estas condiciones. De esta manera, al leer los cuadernos me percaté de que Marx se interesaba por cuestiones ecológicas y que en el siglo XX no tuvimos en cuenta esta dimensión. Integrando esta clase de conocimiento ecológico en el socialismo, pienso que podemos tener un poscapitalismo más democrático y sostenible. Es algo que deberíamos hacer ahora, y podemos contar con más avances y una mayor interacción con la gente que defiende el decrecimiento, aprender unos de otros y construir un movimiento más grande y luego institucionalizar nuestras demandas para el futuro.
A. H.: Una última pregunta. ¿De qué tratará tu próximo libro?
K. S.: ¿Mi próximo libro? Estoy pensando en la cuestión de la planificación. Es una cuestión muy importante, porque no podemos dejar todo en manos del mercado. ¿Cómo planificamos? Queremos evitar la manera de planificación soviética, ¿no? Necesitamos una planificación democrática, ¿y eso qué es? Hemos de pensar en ello.
A. H.: ¿Supone implicar a la gente directamente en el proceso de planificación? La clave está en dar cancha a la iniciativa popular, en hallar el equilibrio correcto para no repetir las experiencias negativas.
K. S.: Sí, eso es exacamente.
Muchas gracias.
12/07/2026
Traducción: viento sur
[Esta entrevista se publicó originalmente en checo en Alarm, una revista digital checa de izquierda, el 28 de septiembre de 2023. La versión inglesa es la traducción realizada por el propio autor de la entrevista y ha sido aprobada por Kohei Saito.]
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