Israel y Malvinas: una ficha en la disputa con Londres

Israel no se volvió “malvinero”: descubrió que Malvinas puede ser una ficha útil contra Londres y un gesto rentable hacia Milei. El verdadero problema está en Buenos Aires: un Gobierno que invoca la soberanía sobre las islas mientras entrega soberanía efectiva sobre el territorio, la energía y los recursos naturales argentinos. Milei pretende convertir un gesto diplomático menor en una victoria histórica, pero omite la contradicción fundamental de su política: denuncia la ocupación británica de Malvinas mientras abre las puertas a intereses extranjeros sobre Vaca Muerta, el Atlántico Sur y otros recursos estratégicos. Es una impostura soberanista: mucho discurso sobre recuperar las islas mientras se resigna capacidad de decisión sobre lo que todavía controlamos. Malvinas funciona así como una bandera para encubrir una política de subordinación económica y entrega de soberanía. El Gobierno no está recuperando la Argentina: está negociando su patrimonio estratégico y utilizando Malvinas para ocultarlo.

Un gesto político y simbólico, no como un cambio de doctrina. Hay tres niveles distintos que se mezclan y por eso parece más de lo que es.

1. Lo que Israel realmente está haciendo

El Estado israelí no se sumó al reclamo argentino. Lo que hizo Sa’ar —reconocer que hay una disputa y que debe resolverse por diálogo— es el mínimo diplomático útil para Milei y, al mismo tiempo, el máximo que un gobierno israelí puede decir sin romper con el Reino Unido de forma irreversible.

Eso le sirve a Argentina porque el Reino Unido insiste en que no hay nada que negociar. Para Buenos Aires, que un aliado cercano diga en voz alta “existe la controversia” ya es un punto. Para Jerusalén, no implica votar en la ONU a favor de Argentina ni reconocer soberanía argentina.

2. Por qué ahora aparecen Ben-Gvir y Yair Netanyah

Ahí el tema deja de ser Malvinas y pasa a ser «Londres».

El Reino Unido viene endureciendo la línea con Israel: reconocimiento de Palestina, críticas a los asentamientos, amenaza de restricciones comerciales. En ese clima, Malvinas se vuelve un espejo fácil:

– “Ustedes hablan de ocupación a 13.000 km de sus costas.”
– “Nosotros también podemos hablar de ocupación.”
– “Si ustedes sancionan, nosotros podemos responder en el terreno que les duele.”

Ben-Gvir no está haciendo política exterior argentina. Está haciendo política interior israelí y política de confrontación con el Reino Unido. Yair Netanyahu lo mismo: un tuit de bajo costo, alto impacto mediático, pensado para irritar a británicos y quedar bien con el entorno de Milei.

Es tit-for-tat. No es una conversión jurídica al argumento argentino.

3. El factor Milei

Esta es la variable que explica el tono más cálido. Milei es, hoy, uno de los presidentes más explícitamente proisraelíes del mundo. Eso genera reciprocidad simbólica: Israel no le va a regalar la soberanía de las islas, pero sí le da gestos, reuniones, distancia de Navitas y frases que Argentina puede mostrar como “apoyo”.

Hay también comunidad judía argentina grande, lazos personales y una sintonía ideológica (Milei–Netanyahu–Trump). Eso ablanda el lenguaje. No alcanza para que Israel se ponga del lado argentino en una negociación real con el Reino Unido.

4. Lo que no hay que leer


– No hay una doctrina israelí nueva sobre descolonización o “ocupación británica”.
– No hay un plan de sanciones israelíes al Reino Unido por Malvinas.
– No hay un alineamiento estratégico contra Londres en el Atlántico Sur.
– La empresa Navitas sigue siendo el contrapunto: el Estado se desmarca, pero no impide el negocio privado.

En 1982 Israel vendió armas a Argentina por mercado y palanca sobre Londres, no por convicción sobre las islas. El patrón se parece: interés propio primero, simpatía política después, principio jurídico al final.

Lectura corta

Israel «no se volvió malvinero». Se volvió más dispuesto a usar Malvinas como ficha en la pelea con el Reino Unido y como gesto de amistad con Milei.

El gobierno formal se queda en “hay disputa, hablen”. Los halcones del gabinete y el entorno familiar de Netanyahu van un paso más porque les sirve para devolver el golpe a Londres y quedar bien con Buenos Aires al mismo tiempo.

Si el Reino Unido suaviza su línea hacia Israel, esos tuits se apagan. Si se endurece, van a seguir usando las Malvinas como analogía, no porque hayan adoptado la tesis argentina, sino porque es un flanco británico barato de presionar.

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PD: Navitas Petroleum es una sociedad israelí que cotiza en la Bolsa de Tel Aviv, opera el 65 % de Sea Lion y su presidente, Gideon Tadmor, figura entre los principales accionistas. Los fondos previsionales e institucionales israelíes (Harel, Migdal, Phoenix y otros) aparecen de forma recurrente en el capital tanto de Navitas como de Rockhopper. El financiamiento del proyecto se estructuró en buena medida en mercados israelíes, con un paquete de deuda de alrededor de USD 1.000 millones y aportes de equity que superan los USD 300 millones de origen institucional israelí.

Eso no es una coincidencia menor. Sea Lion está en aguas que la Argentina considera parte de su plataforma continental. Las licencias las otorgó el gobierno de las islas bajo autoridad británica. Buenos Aires las declara ilegales desde 2010 y ya había inhabilitado a las empresas por 20 años. Ahora el gobierno anunció una denuncia penal contra Navitas, sus subsidiarias y directivos.

El cinismo que señalás está en la superposición de planos. Israel como Estado no controla la compañía (el propio canciller israelí lo dijo: es una sociedad cotizada). Pero el capital que la sostiene es israelí, el listado es israelí y el proyecto avanza con licencias que la Argentina no reconoce. Al mismo tiempo, Milei construyó una alianza política y simbólica muy estrecha con Israel. Esa tensión —socio estratégico de un lado, operador de un yacimiento en territorio reclamado del otro— es exactamente el tipo de racionalidad superpuesta que venías analizando: seguridad y diplomacia por un lado, rentabilidad corporativa y mercados de capital por el otro.

Navitas y Rockhopper responden que operan con licencias válidas otorgadas por un territorio británico de ultramar y con respaldo del Reino Unido, y que las declaraciones argentinas no alteran el cronograma (primera producción prevista para 2028). Desde la posición argentina, eso equivale a extraer recursos de un territorio en disputa bajo un régimen jurídico que no se acepta.

La frase “nos toman por boludos” que utiliza Carmona en la apertura, resume el malestar: se pide alineamiento político con Israel mientras una empresa israelí, financiada en Tel Aviv, desarrolla el mayor proyecto petrolero de las islas.

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