Verás lo que debas ver …

Existe un gran temor en círculos progresistas ante la concentración de Hollywood y los medios de comunicación en general en manos de un sector de los aliados del MAGA. Temor muy bien fundado por cierto...

Y él está ahí arriba, ¿qué es eso?
¿Ruidos hawaianos?
Golpeando los bongós como un chimpancé
Eso no funciona, así es como se hace.
Consigue tu dinero a cambio de nada, consigue a tus chicas gratis.
Tenemos que instalar hornos microondas, entregas de cocinas personalizadas
Tenemos que mover estos refrigeradores, tenemos que mover estos televisores a color

Netflix, Warner Bros. y la concentración de medios de entretenimiento. Dossier

David Dayen

Matthew Crawford

Netflix se propone dominar el sector del entretenimiento

David Dayen

La capitulación de ABC ante Trump está bien documentada. David, el hijo de Larry Ellison [multimillonario trumpista cofundador de la empresa Oracle], ha comprado Paramount: Stephen Colbert [cómico y presentador progresista] desapareció repentinamente de la pantalla y Bari Weiss [periodista partidaria de Trump] pasó a dirigir CBS News. Oracle, la empresa de Ellison, es la principal beneficiaria de la adquisición aún pendiente de TikTok por parte de su matriz china. Y Paramount le ha hecho varias propuestas a Warner Bros. Discovery (WBD) para comprar la empresa, concentrar sus estudios de televisión y cine junto con su gama de canales de cable bajo un mismo techo, y poner a una familia oligarca conservadora a cargo de CBS, CNN y una gran parte del entretenimiento y los medios de comunicación norteamericanos.

Pero WBD decidió considerar otras ofertas. Y hoy, han elegido la oferta más elevada: una fusión con Netflix por valor de 82.700 millones de dólares. A primera vista, podría parecer un acuerdo mejor que la propuesta de Paramount-WBD: la dirección de Netflix no es en absoluto conservadora, y el acuerdo sólo afecta a los estudios de cine y televisión de WBD, HBO y la plataforma de streaming HBO Max. WBD anunció a principios de este año que escindiría sus redes de cable en una empresa independiente llamada Discovery Global, y aunque Paramount también quería comprar las redes de cable, Netflix no está interesada en ellas. Eso significa que CNN estaría bajo la dirección de una empresa matriz diferente, junto con la división deportiva que compite directamente con la emergente oferta deportiva de Netflix (HBO Max ofrece la mayoría de los contenidos por cable de Discovery Global, y no está claro si esto seguirá siendo así ni cómo).

Sin embargo, el hecho de que haya cierto alivio porque Paramount no vaya a tragarse a la CNN y el resto de WBD no significa que eso sea un buen acuerdo para los talentos del cine y la televisión, ni para los consumidores. Netflix y HBO Max son el número uno y el número cuatro de los servicios de streaming a nivel mundial; el número tres es una red de streaming india llamada JioHotstar que no está disponible en los Estados Unidos sin una VPN (Red Privada Virual). Aunque el anuncio afirma que HBO Max seguirá funcionando (junto con HBO y los estudios Warner Bros.), esto se contradice en la siguiente declaración: «Al añadir las amplias bibliotecas de películas y series de televisión y la programación de HBO y HBO Max, los miembros de Netflix dispondrán aún más títulos de alta calidad entre los que elegir».

Si todo el contenido de HBO y HBO Max se va a trasladar a Netflix, ¿qué sentido tendría disponer de ambas plataformas? Da la impresión de que el plan es dejar que se marchiten HBO y su canal de streaming. Netflix afirma que la fusión le reportará miles de millones en ahorro de costes, algo que no se consigue sin consolidar las operaciones.

Además, esa gran biblioteca de películas de Warner Bros. no estaría disponible para que otras empresas de streaming obtuvieran la licencia, lo cual le otorgaría a Netflix una gran ventaja.

Aunque el anuncio promete asimismo que Netflix podrá ampliar la producción de los estudios, es difícil entender por qué iba a hacerlo. Netflix está consiguiendo una gigantesca biblioteca de películas de Warner Bros. (algo que se destaca en el anuncio) y ya produce/adquiere una montaña de contenido cada año. Ningún usuario de Netflix está molesto por la falta de contenido en ese canal. Lo más probable es que se mantenga estable o se reduzca la producción de películas y programas de televisión.

Aun cuando no fuera así, un postor menos para los servicios de productores, actores y directores significaría probablemente tarifas más bajas. Hay muchas similitudes entre este acuerdo y la fusión intentada hace unos años entre Simon & Schuster y Penguin Random House, que el Departamento de Justicia de Biden impugnó con éxito, basándose en que los escritores tendrían ofertas más bajas por su trabajo.

Mientras tanto, en Hollywood ya hay mucho malestar por el escaso tiempo que Netflix deja las películas en cartelera, con algunas proyecciones que duran tan solo una semana para poder optar a los premios Oscar. El director James Cameron declaró la semana pasada que la adquisición de WBD por parte de Netflix sería «un desastre para el cine», ya que cambiaría radicalmente el acto de ir al cine, que pasaría de ser una actividad comunitaria a una solitaria. Otros directores se han hecho eco de forma anónima de estos comentarios.

Netflix afirma que seguirá apoyando los estrenos cinematográficos de Warner Bros. y «aprovechando sus puntos fuertes», pero Warner Bros. ha estado promocionando sus películas en HBO Max con bastante rapidez. Netflix, como empresa, no cree en eso de mantener las películas en los cines, a pesar de su retórica. Y tal como señala Matt Stoller, ya están desapareciendo los cines y es probable que no puedan sobrevivir si la consolidación supone una reducción de la oferta.

La única parte de la justificación ofrecida por Netflix para esta fusión que suena a verdadera es «Más valor para los accionistas». Menos opciones de streaming, o un panorama de streaming en el que dos de los tres mayores distribuidores tienen la misma empresa matriz, probablemente signifique una continuación del aumento de precios que ya estamos viendo. Mientras tanto, es probable que un número menor de licitadores ejerza una presión a la baja sobre los contratos y las tarifas. Así pues, los talentos de Hollywood cobrarán menos y los clientes pagarán más.

Esto parece bastante anticompetitivo y debería dar lugar a una impugnación de la fusión. Es probable que Netflix siga los argumentos que esgrimió Meta para eludir una impugnación por monopolización: que compite con multitud de opciones más que reclaman el tiempo de la gente, de YouTube a las redes sociales. Pero esto es ridículo; la conclusión lógica de ese argumento es que Netflix no es un monopolio porque la gente siempre puede cerrar los ojos y dormirse. Es evidente que existe un mercado en el que se paga una cuota mensual a una empresa para ver el entretenimiento producido, y Netflix lo está concentrando.

Pero, ¿qué hará al respecto la administración de Trump? Existe una clara posibilidad de que las autoridades hagan lo correcto por motivos equivocados. Durante meses han ido circulando rumores sobre la presión ejercida por la Casa Blanca sobre WBD para que se fusione con Paramount, aun después de que la empresa rechazara tres ofertas de David Ellison para adquirir la compañía. Ellison ha afirmado que sólo Paramount podría conseguir que se aprobara la fusión. Paramount ha calificado recientemente el proceso de licitación de WBD de “injusto”, una táctica muy al estilo de Trump, y ha cuestionado si los accionistas están consiguiendo el mejor de los acuerdos, en un intento de interferir en la votación de aprobación. Paramount contrató al jefe de la División Antimonopolio del primer mandato de Trump, Makan Delrahim, una señal de que Paramount se encontraba en la mejor de las posiciones para cerrar el acuerdo.

Si el equipo de Trump intenta bloquear la fusión de Netflix para volver a poner a Paramount en posición de compra, no es ese un escenario deseable. Todos los problemas de la fusión de Netflix y WBD se repetirían con Paramount, además de las preocupaciones ideológicas para los medios de comunicación, ya que Paramount querría probablemente las redes de cable, y aparte del impacto de la politización de la ley antimonopolio para recompensar a los amigos y castigar a los enemigos.

Pero existe una tercera vía. Los fiscales generales de los estados tienen todas las oportunidades para presentar una demanda con el fin de bloquear la fusión entre Netflix y WBD. Rob Bonta, el fiscal general de California que está contemplando presentarse a gobernador, se encuentra en una posición privilegiada para proteger a la industria del entretenimiento y a los clientes de streaming al obrar así. Y así se despolitizaría el desafío a la fusión por parte de la administración Trump y enviaría una señal de que se aplicaría el mismo examen a cualquier intento de fusión de Paramount.

La cuarta vía sería que Warner Bros. decidiera que el mercado de la producción de películas y series de televisión que la gente quiere ver puede ser una operación lucrativa. Cuentan con buenas marcas, y deshacerse de los canales de cable de bajo rendimiento les coloca en mejor posición. No está sucediendo esto porque «los financieros que dirigen Hollywood no creen sencillamente que el negocio del cine pueda ofrecer el tipo de beneficios que ven obtener a sus homólogos monopolistas del sector tecnológico», tal como explicaba Stoller. «Y carecen de capacidad creativa o de liderazgo». De hecho, David Zaslav, el director ejecutivo de WBD, que llevó a su empresa al desastre y la subastó, obtendría 500 millones de dólares tras la fusión. El día de cobro importa más que el valor del negocio para los trabajadores o los consumidores.

La concentración de Hollywood lleva mucho tiempo a las puertas. La propia Warner Bros. ha pasado por fusiones con AT&T y luego con Discovery Networks, y ambas han fracasado. El público y sus representantes no tienen por qué aceptar esto de nuevo. Pueden impedir una concentración que les perjudica de diversas maneras. Y pueden obligar a los ejecutivos de estas empresas a pensar más allá de los deseos a corto plazo de Wall Street y limitarse a hacer cosas que la gente quiera ver.

The American Prospect, 5 de diciembre de 2025

¿Por qué está a la venta Warner Bros.?

David Dayen

El lunes se dieron  a conocer las nominaciones a los Globos de Oro , en las que hay dos películas que dominan: One Battle After Another con nueve nominaciones y Sinners con siete. En cuanto a la televisión, The White Lotus va en cabeza con seis nominaciones.

Estas producciones tienen algo en común: son todas productos de Warner Bros. Discovery (WBD), que también ha dominado la taquilla este año. Siete estrenos consecutivos de Warner Bros han batido un récord al recaudar más de 40 millones de dólares en su primera semana, la racha de éxitos más constante en la historia del cine.

Todo esto plantea la pregunta: ¿por qué una empresa aclamada por la crítica y que es un gigante comercial se ha subastado públicamente, y por qué se ve ahora envuelta en una guerra de ofertas entre Netflix, con la que Warner Bros. acordó fusionarse la semana pasada, y Paramount, que presentó el lunes una oferta pública de adquisición hostil? ¿Por qué un estudio cinematográfico y de streaming de éxito, cuyas finanzas mejorarán una vez que se deshaga de sus moribundos canales de cable, como tiene previsto, está tan desesperado por encontrar una nueva empresa matriz?

Entender por qué demuestra la patología de la economía moderna, el impulso de Wall Street por consolidarse y por qué los estadounidenses se sienten impotentes en una era de poder corporativo.

La respuesta más sencilla al por qué Warner Bros. quiere una fusión es que se trata de encubrir otras fusiones fallidas. La historia es larga y compleja, pero aquí va una versión resumida: Warner Communications se formó a partir del histórico estudio Warner Bros. y otros activos en la década de 1970, y se fusionó con Time, Inc. para formar Time Warner en 1990. Time Warner se fusionó con AOL, conocida como «la peor fusión de la historia», en 2001, lo que llevó a una década de recortes y escisiones; Time Warner acabó quedándose con Warner Bros., HBO y la red de canales Turner, que incluía CNN, TNT, TBS, TCM y demás. AT&T compró Time Warner en 2016, tras sobrevivir a un prolongado desafío por parte de la administración de Trump. Si no fue la peor fusión de la historia, fue la segunda peor, ya que dio lugar a una escisión en un par de años y a otra fusión con Discovery Media. Sabemos cómo ha acabado eso, ya que WBD vuelve a estar en venta.

Estas fusiones han dejaron un terrible legado financiero: una deuda de 53.000 millones de dólares en 2022. Cada una de estas fusiones resultaba atractiva en su momento para los ejecutivos y los especialistas en sinergias corporativas, pero era perjudicial para el negocio en sí. El talento creativo logró prosperar a pesar de la mala gestión, aprovechando la reputación de HBO y del estudio Warner Bros. Pero la deuda dejó a la empresa en una crisis constante. Y el verdadero motor de la ola de fusiones no fue la promesa de crear un producto final exitoso, sino el dinero. A David Zaslav, que se hizo cargo de WBD hace solo tres años, se le promete un pago de 500 millones de dólares si se cierra la venta, ya que su contrato permite que sus 21 millones de opciones sobre acciones se hagan efectivas inmediatamente en esa circunstancia.

Además, tenemos la perturbación del negocio del entretenimiento en general. La industria se lanzó de cabeza al streaming sin un plan de negocio para rentabilizarlo. Conservó los activos heredados del cable, que ahora  existen como entidades zombificadas que reproducen en un bucle interminable reposiciones y películas antiguas. Eso devaluó aún más el conglomerado WBD, ya que la audiencia se alejó de su oferta de cable.

Antes del anuncio de la fusión, Warner Bros. tenía previsto seguir los pasos de Comcast y escindir sus canales de cable en una empresa independiente. El acuerdo con Netflix propuesto se refiere solamente al estudio Warner Bros., HBO y HBO Max; Paramount quiere todo el paquete, presumiblemente para poder convertir la CNN en MAGA de la misma manera que hicieron con CBS News, o quizás porque David Ellison es tan ridículo como para pensar que puede retroceder en el tiempo hasta 1986 y hacer que funcione un conglomerado de cadenas de cable.

¿Por qué las empresas se pasaron al streaming sin un plan de negocio? En parte, se trata de una historia acerca de cómo Netflix, Amazon y Apple obligaron al sector a dar el paso. Pero también se trata, en parte, de la culminación de un largo proceso para unir producción y distribución, tal y como ocurría en los inicios del cine. En aquella época, los cines eran propiedad de los estudios, y las películas de Warner Bros. se proyectaban en los cines de Warner Bros. y en ningún otro sitio, y así sucesivamente. Esta integración vertical terminó con los decretos Paramount de 1948, que separaron la producción y la distribución cinematográfica. La televisión, a través de las normas de sindicación financiera, tenía estructuras similares para evitar la monopolización y garantizar que se pagara a las personas de forma justa por el valor de lo que creaban.

Pero 70 años después, la primera administración Trump, bajo la dirección del jefe de la División Antimonopolio del Departamento de Justicia, Makan Delrahim, puso fin a los decretos Paramount, explicando que los estudios ya no eran los principales propietarios de salas de cine y que los canales de distribución eran variados y resistentes a la monopolización. Delrahim, hoy cabildero de grupos de presión, ha sido contratado por Paramount en su intento de adquirir Warner Bros.

La falta de sinceridad de Delrahim al abandonar los decretos Paramount queda hoy a la vista de todos. Resulta que hay una forma de concentrar la producción y distribución cinematográfica en una sola empresa: a través del streaming. Netflix licencia, produce y exhibe su propia programación, al igual que otras grandes plataformas de streaming. Y si Netflix adquiriera Warner Bros., podría consolidarse aún más, entre otras cosas, acaparando la filmoteca de Warner Bros., que sin duda estaría restringida solo a ellos y no a sus competidores.

El mundo del streaming ha recapitulado la era anterior al decreto Paramount, y sus empresas más importantes están bien situadas para obtener beneficios de forma muy similar, fijando precios y eliminando a la competencia. Netflix, el servicio de streaming número uno del país, ha subido los precios un 125 % en la última década, y es de suponer que continuará con esa tendencia si consigue incorporar a HBO Max, el tercer servicio de streaming, a su cartera. Al igual que en los inicios del cine, se ha limitado el número de películas producidas y ahora se han acortado los plazos de estreno en salas, lo que amenaza la viabilidad financiera de miles de pantallas en todo el país. Todas las salas de cine son competidoras del potencial dominio de Netflix en la distribución a través del streaming, por lo que no son creíbles las afirmaciones de que Warner Bros. seguirá estrenando películas en salas con la misma periodicidad que hasta ahora.

Una vez consolidada como canal principal de acceso al entretenimiento, Netflix puede controlar qué historias se cuentan y cuánto ganarán los narradores; ya estamos viendo cómo recurre cada vez más a fuentes de contenido internacionales más baratas y perjudica el talento que se encuentra en los Estados Unidos. El aumento de precios a los consumidores y la reducción de salarios a los productores es la receta perfecta para una industria moribunda que nada tiene que ver con la que fue líder mundial del entretenimiento desde la invención de la imagen en movimiento.

Los oligarcas y los seguidores de Trump se han unido para intentar intimidar a Warner Bros. y que esta venda sus activos a Paramount en lugar de a Netflix. Aunque sus intenciones son diferentes, el resultado final será el mismo: la ruina de Hollywood. La fusión de Paramount y Warner Bros., con Jared Kushner y un grupo de fondos soberanos de Oriente Medio detrás de la financiación, acabará con uno de los principales estudios de Hollywood, al igual que ocurrió con la venta de los activos de Fox a Disney. Podemos esperar el mismo impacto drástico en los cines que tendrá la adquisición de Netflix. Paramount+ es el quinto servicio de streaming, y aunque no supone una consolidación tan drástica como la oferta de Netflix, sigue reduciendo las opciones de los consumidores en el streaming y de los productores en las ofertas de sus servicios. No hay aquí nada que sea mucho mejor, y luego hay que añadirle el intento del MAGA de controlar el flujo de información a través de la corrupción de los medios de comunicación.

Por cierto, ambos acuerdos conducen a la creación de una mayor deuda. La propuesta de Paramount se basa en un préstamo bancario de 54.000 millones de dólares, y el préstamo bancario de Netflix es de 59.000 millones. Durante décadas, las fusiones fallidas han creado un muro de deuda para Warner Bros., y se está construyendo un nuevo muro de deuda a través de otra fusión más.

Por alguna razón, la reacción generalizada a esta guerra de ofertas entre Netflix o Paramount ha sido tomar partido, basándose principalmente en la ideología política. Los liberales creen que, por lo menos, un acuerdo con Netflix no pone a CNN y CBS bajo el control de los aliados de Trump. Para los conservadores, eso es lo que promete un acuerdo con Paramount. Y en la era Trump de politización de las leyes antimonopolio, oímos hablar de reuniones secretas entre el presidente y los ejecutivos de Netflix o Paramount, y evaluamos consiguientemente nuestras preferencias.

Sin embargo, esta forma miope de pensar acerca de la economía, esta idea de que simplemente debemos tolerar una mayor concentración en Hollywood y que lo mejor que podemos esperar es algo que se avenga de alguna manera con nuestras creencias políticas, resulta completamente errónea. Resulta errónea desde un punto de vista funcional, porque los fiscales generales de los estados pueden optar por utilizar la Ley Clayton para impugnar cualquiera de estas fusiones, y tendrían un buen precedente para bloquear este intento de monopolización. Lo que quiere la administración Trump resulta irrelevante para la oportunidad que tienen los fiscales generales de los estados de examinar el acuerdo de Netflix o Warner Bros.

Pero más allá de eso, supone que Warner Bros., una histórica empresa norteamericana que está funcionando tan bien como siempre, tiene sencillamente que venderse. Esta mentalidad de «no hay alternativa», vendida por Wall Street durante 40 años, ha distorsionado nuestro pensamiento. Si se separan sobre todo los canales de cable, Warner Bros. puede ser una empresa rentable, sin necesidad de complacer los sueños de sus ejecutivos de obtener una rápida recompensa económica.

Resulta increíblemente preocupante que prácticamente ningún dirigente demócrata de California, salvo el representante Ro Khanna, haya dicho nada sobre esta situación hasta ayer, cuando el candidato a gobernador Tom Steyer se pronunció en contra de cualquier fusión con Warner Bros., ya sea por parte de Netflix o de Paramount. «Hay dos formas de ganar en un negocio competitivo: hacer una labor mejor o acabar con tus competidores», afirmaba Steyer en un comunicado. «Si Paramount o Netflix compraran Warner Bros., estarían haciendo lo segundo, reduciendo drásticamente las opciones de distribución en el proceso. Esa es la definición de lo que se supone que debe abordar la legislación antimonopolio».

Bien por Steyer, pero ¿dónde están los demás? Son sus electores en Hollywood, por no hablar de todos los espectadores de entretenimiento, los que se verán perjudicados por esto. Pero los ejecutivos que quieren que siga avanzando el tren de la concentración son donantes o posibles donantes de estos políticos, por lo que permanecen en silencio.

Tenemos que romper con esta mentalidad pobretona, según la cual todo lo que podemos conseguir, todo lo que merecemos conseguir, es la mejor concentración posible dadas las circunstancias. Los acuerdos ilegales son acuerdos ilegales. El mejor resultado para todos los involucrados no solo sería una Warner Bros. revitalizada, cuyo talento creativo pudiera crear unentretenimiento atractivo que la gente quisiera ver, sino también un compromiso renovado con la separación estructural entre producción y distribución. Las autoridades estatales pueden garantizar al menos parte de eso comprometiéndose a impugnar cualquier fusión que se produzca. Ese es el comienzo del único camino hacia un futuro más brillante para Hollywood.

The American Prospect, 10 de diciembre de 2025

La muerte de Hollywood: Cuando los gestores reemplazan a los artesanos

Matthew Crawford

Hay hoy en día una nube de mediocridad que se cierne sobre muchos productos y servicios, como si las personas responsables de fabricarlos o prestarlos no se preocuparan demasiado del resultado. A veces, esto puede pasar de la indiferencia a una verdadera perversidad. Como me dijo mi amigo Matt Feeney: «El capitalismo parece haber entrado en una fase activamente misantrópica. Las empresas no sólo odian a sus trabajadores. Odian a sus clientes».

Cuando la semana pasada se anunció que Netflix había hecho una oferta para comprar los estudios cinematográficos Warner Brothers y las propiedades anejas a la misma, muchas personas de Hollywood expresaron su consternación. Desde entonces, Paramount ha impugnado el acuerdo con una oferta de «adquisición hostil» propia. Independientemente de cómo termine la propiedad de Warner Brothers, vale la pena reflexionar sobre las intuiciones que llevaron a las personas del sector cinematográfico y televisivo a alarmarse ante la perspectiva de que Netflix se hiciera con el control de un gran estudio. El jueves pasado, un grupo de importantes productores cinematográficos y otros actores del sector enviaron una carta conjunta a los representantes del Congreso, instándoles a bloquear el acuerdo. La carta se publicó de forma anónima por temor a represalias por parte de Netflix, y en ella se expresaba su escepticismo sobre la posibilidad de que las películas producidas por Netflix siguieran estrenándose en los cines, a pesar de las garantías de Netflix. El grupo de la industria del cine señalaba que los incentivos de Netflix son tales que no quieren que la gente vaya al cine, ya que esto representa tiempo que no se pasa en la plataforma. La carta del sector sugiere que todo el ecosistema de Hollywood se vería amenazado con este acuerdo y que estarían en cuestión la supervivencia de una forma de arte.

El temor se basa en la impresión de que Netflix no está interesado en las películas ni en la televisión, es decir, en los personajes, las historias y todo eso. Su modelo de negocio proviene de Silicon Valley, más que de Hollywood. El acuerdo, si se llevara a cabo, podría entenderse como un caso de propiedad extranjera, en el que una empresa está controlada por partes que no tienen ningún historial ni simpatía particular por el producto o servicio que ofrece la empresa, sin ninguna inversión emocional o intelectual en su elaboración.

En su excelente artículo sobre Netflix de 2023, David Roth cita a la actriz y cineasta Justine Bateman: «He oído a responsables de series que reciben notas de las plataformas de streaming diciendo que “esto no es lo suficientemente secundario”. Es decir, la pantalla principal del espectador es su teléfono y su ordenador portátil, y no quieren que nada de tu programa les distraiga de su pantalla principal, porque si se distraen, podrían levantar la vista, confundirse y apagarlo».

Una serie demasiado interesante monopolizará la atención de una persona, y se supone que nadie puede permitirse el lujo de involucrarse en una historia hasta ese punto. Lo que se necesita es una serie brillante, pero humanamente vacía. Por supuesto, algunas de las series de Netflix no encajan en esta descripción; Stranger Things es muy querida por muchos. A veces, el espíritu humano brilla a pesar de todo.

Pero, al igual que cualquier otra institución sujeta al «gerencialismo» [managerialism»], Netflix está dirigida por cuadros de personas cuya competencia es una competencia omnímoda, expresada en un lenguaje de métricas que es transferible entre industrias. La fabricación de artilugios debe ser optimizada por personas que quizá nunca hayan tenido en sus manos este tipo concreto de artilugio y lo hayan contemplado con cariño.

La falta de amor del gerencialismo es como una almohada que se mantiene oprimiendo firmemente el rostro de la cultura. Escribe Roth: «Hay una reducción y un aplanamiento que viene del mano del hecho de ser propiedad de personas cuyos intereses, en general, son notablemente pequeños y planos. Todos los negocios en los que estas personas intervienen terminan siendo baratos, peores y desalentadoramente similares. … [La cuestión consiste en] descubrir hasta qué punto está dispuesta la gente a pagar por una versión disminuida y degradada de un servicio que antes era útil».

Bajo el gerencialismo, la cosa en sí misma (en este caso, la serie de televisión) pasa a un segundo plano; toda la acción real tiene lugar en un nivel meta. Pero solo las cosas primarias, las cosas concretas, son dignas de amor; las abstracciones y las métricas no lo son. Este sistema selecciona sin piedad a las personas que no perturbarán la necesidad de vacío del sistema. Cualquier cosa real sería como grumos que impiden la fácil untabilidad del relleno de un sándwich con sabor a cacahuete.

El déficit de realidad que acompaña a esta forma tardía de capitalismo tiende a acumularse, como una tubería de alcantarillado, y a salir a la superficie, donde contamina incluso la meta-capa, donde se supone que las métricas deben permanecer limpias. El motivo por el que Roth denunció a Netflix fue la huelga de guionistas y actores de 2023. Los sindicatos intentaron obligar a Netflix y a otros servicios de streaming a revelar sus cifras para que los trabajadores pudieran verse remunerados en función de una imagen realista del número de visualizaciones de sus contenidos. Los servicios de streaming se resistieron con uñas y dientes. Su modelo de negocio —su capacidad para atraer inversores— parece depender de su capacidad de mantener sus métricas sin verificar. La opinión predominante en Hollywood es que las cifras publicadas son todas falsas.

El gerencialismo es una forma de economía política en la que el intermediario interviene alegando que tiene alguna competencia especial, mediante el ejercicio de la cual se pueden lograr nuevas eficiencias, o se puede optimizar algún proceso de producción o distribución a través del rigor cuantitativo. Pero entonces ocurre algo curioso. Sus métricas se desvinculan fácilmente de los aspectos subyacentes que se supone que deben medir, sin duda porque los incentivos del gerente están vinculados a las métricas, en lugar de estarlo directamente con el aspecto en cuestión. La preocupación por el objeto es característica del artesano, a través de las «recompensas internas» y las satisfacciones intrínsecas a algunas prácticas especializadas (como hacer buena televisión), en contraposición a las «recompensas externas» del dinero, la posición social u otros bienes que pueden ser una consecuencia secundaria de llegar a ser realmente bueno en algo. Pero no se puede llegar a ser bueno en algo si se está centrado en las recompensas externas. Hay que profundizar en la práctica en sí misma.

Tal como afirma Eugyppius: «El gerencialismo es un proceso de decadencia en constante avance que se disfraza de sistema administrativo y se ha convertido en una patología definitoria de la civilización occidental». Uno de los resultados es la propagación de una «crisis de competencia», o la muerte de la artesanía como ética. Aplicado a la industria cultural, el gerencialismo parece generar productos en los que es difícil involucrarse emocionalmente. En el caso de la toma de control de la televisión por parte de Silicon Valley, esto puede ser incluso algo intencionado. La atención del cliente debe permanecer disponible en múltiples frentes.

Es difícil ver cómo se podría superar el efecto amortiguador del gerencialismo, ya que nuestra estructura de clases se basa en él. Debido a la sobreproducción de titulados universitarios, la capa de personas dedicadas al metatrabajo de la abstracción es cada vez más gruesa. Esto genera su propia demanda, parasitaria de la economía real. Si el efecto acumulativo es culturalmente asfixiante, no hay por qué tomarlo como un juicio sobre las cualidades personales de quienes tienen trabajos sin sentido. Más bien, están atrapados en un sistema que les exige suspender lo que es más natural para un ser humano: interesarse de forma activa y afectuosa por las cosas reales.

Unherd, 13 de diciembre de 2025

———————————————————————————-

David Dayen es director ejecutivo de la revista The American Prospect. Entre otros medios, ha publicado artículos en The Intercept, The New Republic, HuffPost, The Washington Post y Los Angeles Times, Su libro más reciente es ‘Monopolized: Life in the Age of Corporate Power’ [Monopolizados: La vida en la era del poder corporativo’].

Matthew Crawford es investigador del Instituto de Estudios Avanzados de la Cultura de la Universidad de Virginia. Estudió en la Universidad de Chicago, fue director del Instituto George C. Marshall y es colaborador de publicaciones como Unherd y The New Atlantis.

Fuente: The American Prospect, 5 y 10 de diciembre de 2025; Unherd, 13 de diciembre de 2025
Traducción:Lucas Antón

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *