El “plan Caputo” mostró que es adicto al respaldo externo, no es autosustentable …
Encarcelada y proscripta Cistina Fernández de Kirchner, la principal opositora nacional en La Argentina, combinado con el nivel de intervención directa de la administración Trump sobre la justicia, política y economía doméstica -cuyo “plan” local mostró ya que sin respaldo externo no es autosustentable-, la práctica política nacional, al menos a nivel dirigencial, transita sus mínimos históricos.
No hay mucho que se pueda esperar de la mayoría de la dirigencia actual opositora, salvo que un acontecimiento de masas, cuya irrupción es por definición impredecible, la reordene.
Así las cosas, es necesario analizar qué sucede al interior de la coalición de gobierno MAGA que da sustento al gobierno de Donald Trump donde las fracturas internas son cada vez más indisimulables y se exacerbarán en la medida en que la situación social y económica estadounidense no satisfaga – como no lo está logrando- las expectativas de votantes oficialistas. Veamos entonces una aproximación provisoria al mapa interno de MAGA más de cerca e imaginemos las consecuencias que la fractura interna tiene y tendrá en particular sobre el actual oficialismo neo colonial y en general sobre el conjunto de la sociedad argentina.
En ambos casos, la disputa EE.UU.–China sigue siendo el eje estructurante del sistema hemisférico.
Dos fracciones con intereses estratégicos distintos
Fracción globalista-nacionalista
Aunque MAGA se presenta como un movimiento anti-globalista, existe un sector interno que combina retórica soberanista con una estrategia global de poder estadounidense, basada en:
Mantener la primacía geopolítica frente a China.
Preservar la arquitectura militar-industrial y sus presupuestos.
Sostener alianzas clave cuando sirven a la hegemonía de Estados Unidos.
Promover políticas económicas que benefician al capital transnacional estadounidense (energía, tecnología, defensa).
Este sector entiende que el repliegue absoluto debilita la capacidad de disciplinamiento global sobre mercados, recursos y competidores.
Base social y económica que lo sostiene:
Complejo militar-industrial.
Capital energético (particularmente sectores interesados en expansión internacional de LNG y petróleo).
Finanzas con proyección internacional.
Think tanks neoconservadores reacomodados bajo el paraguas MAGA.
Fracción aislacionista-soberanista
Este sector lleva la lógica MAGA a su conclusión más rígida: Estados Unidos primero, incluso a costa de perder capacidad de intervención global.
Sus pilares discursivos y materiales incluyen:
Rechazo a compromisos militares costosos (OTAN, Ucrania, Medio Oriente, la defensa sin condiciones a Israel).
Protección de la industria doméstica mediante barreras comerciales.
Reducción del gasto público en política exterior para reasignarlo internamente.
Defensa del capital pequeño-mediano orientado al mercado interno.
Base social y económica que la sostiene:
Fracciones del capital industrial que buscan protección del mercado interno.
Sectores rurales y extractivos dependientes del mercado doméstico.
Pequeña burguesía comerciante afectada por la competencia externa.
Ben Gvir and his Nazi faction members arrived at the Knesset today with a hanging rope pin, calling for the death penalty for terrorists (non-Jewish only). pic.twitter.com/cdvZqr4PY5
La tensión no es meramente ideológica: proviene de la contradicción entre dos modelos de acumulación capitalista dentro del propio bloque conservador estadounidense.
El modelo globalista-nacionalista necesita apertura, proyección militar, tratados y alianzas para sostener ganancias.
El modelo aislacionista busca cerrar, proteger y recentrar la acumulación en el territorio nacional.
Ambos sectores comparten un discurso anti-establishment, pero representan intereses materiales diferentes.
Cómo se expresa esta disputa en política concreta
Política exterior:
Ucrania: globalistas a favor de continuar apoyando; aislacionistas plantean cortar todo financiamiento.
OTAN: globalistas buscan reformarla, no desarmarla; aislacionistas la consideran un lastre.
China: ambos coinciden en la necesidad de confrontar, pero discrepan en los mecanismos:
Industria militar: globalistas buscan expansión; aislacionistas recorte de compromisos.
Energía: ambos impulsan expansión fósil, pero globalistas quieren exportación y proyección global; aislacionistas priorizan la autosuficiencia interna.
Política interna:
Inmigración: ambos sectores convergen en un endurecimiento drástico, pero por motivos distintos:
globalistas: control laboral y disciplinamiento de la fuerza de trabajo;
aislacionistas: narrativa identitaria y securitaria.
El factor Trump: articulador, no sintetizador
Trump funciona como un punto de convergencia discursiva, pero no como un órgano de síntesis real entre las fracciones. Esto genera tensiones constantes:
Oscila entre el aislamiento retórico y decisiones que favorecen al aparato militar.
Usa la retórica proteccionista, pero combina con desregulación favorable a capitales globalizados.
Promete recorte de intervenciones, pero deja abierta la puerta a acciones unilaterales.
El movimiento MAGA se mantiene unido más por identidad política y resentimiento anti-élite que por una estrategia coherente.
Perspectiva de clase: ¿qué está en juego?
La disputa MAGA entre globalistas y aislacionistas expresa una fractura interna de la burguesía estadounidense:
Fracciones con intereses transnacionales (finanzas, defensa, Big Energy) requieren proyección global.
Fracciones orientadas al mercado interno (pequeña y mediana industria, sectores rurales, comercio doméstico) impulsan el repliegue proteccionista.
La base popular del MAGA —trabajadores desplazados de la industria y sectores precarizados de zonas rurales y semirurales— es utilizada como legitimación de ambas estrategias.
El conflicto determina qué bloque del capital impondrá su orientación estratégica en un eventual nuevo ciclo conservador.
Tendencia general
La correlación de fuerzas muestra que:
Los globalistas-nacionalistas tienen más músculo institucional, mediático y económico.
Los aislacionistas tienen mayor conexión con la base MAGA y con el clima cultural anti-globalista.
El desenlace depende de la evolución de tres factores clave:
La capacidad de Trump de arbitrar entre fracciones.
La presión del complejo militar-industrial ante el ascenso chino.
La situación económica doméstica (inflación, empleo industrial, costos de vida).
Mapa interno del bloque MAGA
Fracción “globalista-nacionalista”
Actores políticos e intelectuales:
Mike Pompeo, Nikki Haley, Tom Cotton.
Think tanks vinculados al “nuevo neoconservadurismo”: Hudson Institute, Foundation for Defense of Democracies, Claremont Institute (sector belicista).
Parte de los Heritage, pero no la línea dura aislacionista.
Big Energy con intereses globales (Exxon, Chevron, productores y traders de LNG).
Capital financiero con exposición internacional (fondos con inversiones en tech, defensa y energía).
Big Tech que requiere proyección global para competir con China.
Intereses estratégicos:
Mantener una arquitectura militar-económica que preserve la primacía de EEUU, incluso con retórica populista interna.
Fracción “aislacionista-soberanista”
Actores políticos:
J.D. Vance, Rand Paul, Matt Gaetz, Marjorie Taylor Greene.
Algunos gobernadores con base rural (DeSantis en ciertos momentos, Kristi Noem).
Fracciones económicas:
Capital industrial mediano y manufacturero orientado al mercado interno.
Agro mediano y pequeño (más sensible a importaciones que a exportaciones).
Pequeña burguesía comercial y de servicios.
Capital extractivo que prioriza la demanda doméstica antes que la exportación.
Intereses estratégicos: Repliegue del gasto geopolítico, proteccionismo total, reducción de compromisos militares y priorización de la economía interna.
Expresión regional del conflicto
Europa
Globalistas-MAGA:
Quieren fortalecer vínculos con Europa del Este para cercar a Rusia.
Aspiran a una OTAN “condicional”: EEUU manda, Europa paga.
Mantienen presión sobre Alemania, Francia y Bruselas para alinearlas contra China.
Interés económico: venta masiva de armamento, LNG y tecnología militar.
Aislacionistas-MAGA:
Consideran que Europa es un “free rider” que absorbe recursos estadounidenses.
Proponen condicionar o abandonar la OTAN si Europa no financia su propia seguridad.
Rechazan enviar fondos a Ucrania.
Ven a la UE como parte del “globalismo liberal”.
Resultado:
Europa se convierte en un campo de disputa entre:
quienes quieren sostener el dominio estadounidense con costos europeos;
quienes quieren reducir el compromiso y trasladar los costos a Europa.
Medio Oriente
Globalistas-MAGA:
Mantienen presencia estratégica: Israel, Golfo, rutas energéticas.
Ven al área como teatro central de contención a Irán.
Buscan preservar alianzas que sostienen la industria de defensa.
Aislacionistas-MAGA:
Plantean reducir intervenciones y retirar tropas.
Rechazan guerras abiertas y misiones de “state-building”.
Favorecen acciones puntuales pero rechazan compromisos prolongados.
Resultado: La región es usada como escenario de “disuasión selectiva”: máxima contundencia retórica, mínima inversión estratégica.
Asia-Pacífico (China como eje)
Ambas fracciones coinciden en que China es el competidor central, pero difieren en cómo confrontarla:
Globalistas-MAGA:
Quieren alianzas (India, Japón, Corea del Sur, Australia).
Proponen una coalición económica y militar antichina.
Impulsan inversiones del Pentágono en disuasión en el Indo-Pacífico.
Aislacionistas-MAGA:
Enfatizan la guerra comercial y el proteccionismo.
Plantean reducir el gasto militar en la región para reasignarlo domésticamente.
Resultado:
La tensión con China aporta cohesión al bloque MAGA, pero profundiza la grieta sobre los instrumentos a utilizar.
América Latina
En la región, las fracciones MAGA coinciden más de lo que se diferencian.
Globalistas-MAGA:
Promueven despliegue de inversiones en energía crítica y minerales estratégicos (litio, gas, tierras raras).
Intervención diplomática y financiera para contener la influencia china.
Presión militar blanda (Seguridad hemisférica, DEA, Southern Command).
Aislacionistas-MAGA:
Menor interés estratégico directo.
Mirada instrumental centrada en frenar migración y garantizar seguridad fronteriza.
Favorecen acuerdos bilaterales estrictos, no marcos multilaterales.
Resultado: En América Latina, la división se basa en grado e intensidad de intervención, no en objetivos: ambas fracciones buscan limitar la presencia de China y garantizar recursos estratégicos.
¿Qué expresa este conflicto en términos de clase?
Intereses del capital transnacional vs. mercado interno
La disputa refleja dos estrategias de acumulación capitalista:
Globalistas:
Apoyados por fracciones que dependen del control global de mercados, rutas energéticas y arquitectura militar.
Necesitan proyección externa para sostener tasas de ganancia.
Aislacionistas:
Representan al capital que compite internamente, afectado por la globalización neoliberal.
Prefieren un Estado fuerte hacia adentro y débil hacia afuera, salvo en comercio.
Globalistas neoconservadores desconfían, pero no rompen.
Contradicción inicial:
Discurso proteccionista vs. necesidad real de gobernar con la infraestructura de poder del Partido Republicano, que es globalista.
2017–2018: Primer gobierno Trump — la coalición MAGA se vuelve híbrida
Hechos clave:
Trump nombra a figuras del aparato tradicional (Pompeo, Bolton).
Impulsa recortes de impuestos pro-capital financiero.
Endurece la política migratoria y promueve guerra comercial con China.
Consenso en confrontar, divergencia total sobre los instrumentos.
Economía:
Aumenta el peso político del proteccionismo integral (aislacionista).
Pentágono:
Retiene influencia globalista que limita el repliegue.
Resultado 2025:
El bloque MAGA entra en una fase donde ninguna fracción puede imponerse totalmente:
los globalistas controlan el Estado,
los aislacionistas controlan la base social.
Ese antagonismo interno es ahora permanente y define la política exterior estadounidense.
Mapa de actores, financistas y think tanks de cada fracción MAGA
La coalición MAGA no es un bloque homogéneo. Está estructurada en dos polos con financistas, infraestructuras intelectuales y redes institucionales distintas.
Fracción Globalista-Nacionalista
(Proyección mundial, supremacía militar, defensa de intereses del capital transnacional estadounidense.)
Actores políticos y operadores
Mike Pompeo: articulador de la línea geopolítica dura.
Nikki Haley: vocera neoconservadora adaptada al trumpismo.
Tom Cotton: enlace con el complejo militar-industrial y halcones anti-China.
Marco Rubio: mezcla de populismo anti-China con línea atlantista.
Paul Singer: fondos de inversión globales (Elliott Management) con presencia en deuda soberana y tech.
Hedge funds y capital financiero con exposición internacional (Citadel, Blackstone en su versión republicana).
Industria militar (Lockheed Martin, Raytheon, Northrop): financiamiento directo e indirecto de think tanks.
Big Energy global (Exxon, Chevron): impulsan geopolítica energética.
Empresas y sectores económicos vinculados
Complejo militar-industrial.
Big Energy orientado a exportación de petróleo y LNG.
Capital financiero transnacional.
Big Tech que necesita acceso global.
Agencias de seguridad y contratistas militares privados.
Think tanks ideológicos
Hudson Institute: hegemonía anglosajona, contención a China.
Foundation for Defense of Democracies (FDD): guerra híbrida, presión a Irán, defensa de alianzas.
AEI (American Enterprise Institute): núcleo histórico del neoconservadurismo.
Center for Security Policy: halcones de línea dura.
Rol: Estos think tanks proveen justificación doctrinaria a políticas de intervención selectiva, presión militar, guerra económica y proyección global anti-China.
Fracción Aislacionista-Soberanista
(Repliegue, proteccionismo integral, reducción de compromisos externos, visión “Estados Unidos como fortaleza”)
Actores políticos
J.D. Vance: líder emergente y articulador intelectual del aislacionismo MAGA.
Rand Paul: libertarismo anti-intervencionista.
Matt Gaetz, Marjorie Taylor Greene: representantes del trumpismo duro anti-gasto externo.
Kari Lake: discurso anti-élite + anti-globalismo.
Financistas y donantes
Peter Thiel: financista clave de Vance; anti-globalismo tecnológico, reindustrialización, soberanía nacional.
Capital industrial mediano orientado al mercado interno (manufactura, metalmecánica, insumos locales).
Agronegocio mediano que sufre competencia de importaciones y no depende de exportaciones a gran escala.
Real estate y capital territorial de estados rurales y semi-rurales.
Pequeña burguesía comercial y de servicios (cámaras pro-proteccionismo).
Empresas y sectores económicos vinculados
Industrias manufactureras pequeñas y medianas que demandan barreras comerciales.
Capital regional del Midwest y el Sur.
Sectores extractivos con foco en precios internos antes que exportación.
Comercio minorista afectado por importaciones baratas.
Think tanks y redes ideológicas
The American Conservative: doctrina anti-intervencionista.
Quincy Institute for Responsible Statecraft: financiamiento mixto, pero núcleo intelectual del aislacionismo.
Claremont Institute (sector populista): soberanismo nacional-popular.
Heritage Foundation (línea dura aislacionista post-2020): reconstrucción del aparato estatal desde lógica proteccionista.
Rol: Producen doctrina para justificar proteccionismo a gran escala, reducción de la OTAN, fin del financiamiento a Ucrania, cierre de fronteras y recentrado del gasto en infraestructura doméstica.
Impacto directo en Argentina y América Latina
La fractura MAGA afecta a la región porque define qué tipo de presión, inversión y relación bilateral impulsará Estados Unidos. Ambas fracciones comparten un objetivo: limitar la presencia china en América Latina y garantizar acceso a recursos estratégicos, pero difieren en los métodos.
Si predominan los Globalistas-Nacionalistas
Implicancias para Argentina:
Geopolítica y seguridad
Mayor presión para alineamientos militares y de inteligencia.
Demandas de cooperación con el Comando Sur (SouthCom), especialmente en logística, ciberseguridad y vigilancia del Atlántico Sur.
Exigencia de vetar acuerdos estratégicos con China (bases satelitales, infraestructura digital, energía).
Economía
Avance de empresas estadounidenses en:
LNG y petróleo offshore (sincronía con los intereses de Chevron y Exxon).
Minería estratégica (litio y cobre).
Competencia directa con capitales chinos en infraestructura y energía.
Política externa
EE.UU. presionaría para limitar el acceso chino a telecomunicaciones (5G), puertos y proyectos de energía.
Deuda
Mayor influencia del Tesoro y FMI para condicionar políticas macroeconómicas, alineadas con intereses estratégicos de Washington.
Resultado para Argentina: Presión intensa para alineamiento geoestratégico a cambio de mínimos beneficios económicos concretos.
Si predominan los Aislacionistas-Soberanistas
Implicancias para Argentina:
Menor intervención militar
Disminución de presión para compromisos con la OTAN o el Comando Sur.
Endurecimiento fronterizo y migratorio, pero menos agenda militar en la región.
Economía
Menos disputa directa por el espacio latinoamericano, pero:
Guerra comercial total contra China expandiría presiones indirectas.
Posible uso de aranceles contra países que operen como plataformas chinas.
Política exterior
Estados Unidos podría reducir programas y presencia diplomática en la región.
Pero mantendría presión sobre temas tecnológicos críticos (5G, IA, telecomunicaciones).
Deuda
Menor involucramiento del FMI como brazo geopolítico.
Pero mayor exigencia de acuerdos bilaterales estrictos y de corte proteccionista.
Resultado para Argentina: Más autonomía política, pero mayor vulnerabilidad económica si se intensifica la guerra comercial global.
Puntos de coincidencia entre ambas fracciones (clave para la región)
Aunque las estrategias difieran, hay tres consensos dentro del universo MAGA que impactan directamente en América Latina:
Contención de China
Sectores globalistas: presión militar, diplomática y financiera.
Sectores aislacionistas: guerra comercial y sanciones. Para Argentina: riesgo de quedar atrapada en un conflicto geoeconómico estructural.