Mes septiembre 2026

IA: ¿la nueva burbuja del capital?

El boom de la inteligencia artificial está llevando las ganancias corporativas estadounidenses a niveles históricos, pero detrás de la euforia tecnológica aparece una estructura mucho más frágil: salarios deprimidos, concentración del capital, endeudamiento masivo, compromisos fuera de balance y un circuito financiero que necesita que la demanda de IA crezca indefinidamente. La pregunta no es si la IA transformará la economía, sino si el capitalismo podrá convertir los cientos de miles de millones invertidos en una rentabilidad suficiente para evitar que la revolución tecnológica termine convertida en una nueva burbuja financiera.
Y esto conecta directamente con la cuestión argentina. Milei ofrece a la Argentina como plataforma de recursos naturales, energía barata y desregulación para ese nuevo ciclo de acumulación al que da por consolidado. Sin embargo la discusión, entonces, no debería limitarse a cuántos dólares puede atraer la IA, sino su sustentabilidad y en todo caso quién captura la renta energética, quién controla la infraestructura y qué parte del excedente queda en el país. La experiencia histórica juega en contra e indica que cuando una nueva revolución tecnológica de consolidarse, llega acompañada de una enorme concentración financiera, la pregunta decisiva no es cuánto crece la tecnología, sino quién se apropia de sus ganancias y quién paga sus crisis.

Venezuela: Algún dia nunca llega o » tienen cien años para acostrumbrase»

Venezuela parece estar convirtiéndose en el principal monumento a la nueva escuela de contribuciones. Hasta hace poco, ocupaba las portadas de los periódicos: la operación militar estadounidense, la captura de Nicolás Maduro, su traslado a Estados Unidos, el liderazgo interino liderado por Delcy Rodríguez, las declaraciones de Donald Trump sobre el nuevo futuro del país. Luego la atención se desplazó hacia Irán, el Estrecho de Ormuz y otra gran guerra. Venezuela está casi olvidada.

Mientras tanto, fue allí, en silencio, donde quizá ocurría lo más interesante: se estaba aclarando el precio de la victoria estadounidense. O más bien, ¿cuánto le debe Venezuela a Trump por un nuevo futuro feliz, bajo el patrocinio de Estados Unidos? El caso venezolano debería ser observado con enorme atención desde Argentina.

Porque el patrón no se limita al petróleo. Litio, gas, cobre, oro, tierras raras, agua y energía constituyen hoy el centro de una nueva disputa mundial por recursos estratégicos. América Latina vuelve a ocupar una posición central, pero la pregunta es si será capaz de transformar esa riqueza en desarrollo autónomo o si volverá a quedar reducida a proveedora de materias primas.

En ese sentido, Venezuela funciona como un caso extremo de una tendencia mucho más amplia: la disputa por los recursos naturales está reemplazando progresivamente a la vieja disputa ideológica como uno de los principales ejes de la geopolítica mundial.

Y allí aparece una conexión inevitable con la Argentina de Milei: mientras Trump construye una estrategia imperial-nacionalista para garantizar recursos estratégicos a Estados Unidos, el gobierno argentino promueve una apertura extraordinariamente favorable al capital extranjero sobre recursos estratégicos argentinos.

La diferencia es fundamental: Trump utiliza el mercado para fortalecer el poder imperial estatal estadounidense; el Psycho Killer presenta la subordinación de los recursos al capital transnacional como si fuera sinónimo de soberanía de mercado.

Ese contraste merece ser discutido. Venezuela muestra hacia dónde puede conducir una política de recursos estratégicos cuando la correlación de fuerzas permite que una potencia externa determine quién invierte, quién extrae y quién controla la renta. Argentina debería mirar ese espejo antes de entregar los suyos, pero con el gatito mimoso, no lo hará, obvio.