Hasta este momento, Estados Unidos ha evitado enviar soldados estadounidenses a suelo iraní. Pero ¿qué hay de los kurdos iraníes?
Es una opción que se ha barajado en las últimas semanas. La semana pasada, reportaron que los kurdos iraníes asentados en Irak, que han sido armados por Estados Unidos, se están preparando para posiblemente unirse a la fórmula volátil en Irán, del mismo modo que los kurdos sirios e iraquíes se asociaron con Estados Unidos en sus países. En esta nota Alissa Rubin, que ha informado desde Medio Oriente, escribe sobre por qué los kurdos, un grupo étnico sin Estado que se extiende por partes de Turquía, Siria, Irak e Irán, podrían estar dispuestos a ayudar a Estados Unidos, aunque en el pasado los hayan traicionado. Hipótesis y más hipótesis de una guerra imperial sin estrategia previa.

Por Alissa J. Rubin
En lo alto de las nevadas montañas Zagros, en la frontera de Irak con Irán, campamentos bien camuflados de combatientes kurdos iraníes se preparan para, potencialmente, convertirse en las primeras “botas en el terreno” aliadas de Estados Unidos contra el régimen iraní.
No está claro si al final entrarán en combate. La Casa Blanca ha negado que esté trabajando con los kurdos o armándolos. La semana pasada, el presidente Donald Trump celebró la idea de manera pública, solo para rechazarla un par de días después.
Pero si llegaran a incorporarse, sería consistente con el planteamiento de Estados Unidos respecto a la región. Estados Unidos tiene una historia tensa de seis décadas con los kurdos iraquíes y, más recientemente, con los kurdos sirios. En cada caso, Estados Unidos buscó asociarse con fuerzas locales que tuvieran experiencia con el enemigo y el terreno; y en cada caso, los kurdos combatieron junto con los estadounidenses con la esperanza de obtener apoyo para alcanzar la autonomía dentro de sus respectivos países, solo para después resultar decepcionados.
Esta vez también hay riesgos para ambas partes. Pero cada una contempla la asociación por las mismas razones que han unido antes a Estados Unidos y a los grupos kurdos.
Para los kurdos, una asociación con los estadounidenses sigue siendo su mejor oportunidad para conseguir el sueño largamente anhelado —aunque aspiracional— de tener su propio país. Para Estados Unidos, los kurdos son a menudo el socio preferido en la región, en parte por sus proezas como combatientes, pero también porque su condición de pueblo sin Estado los convierte en aliados convenientes a los que se puede abandonar cuando es necesario.
“Estados Unidos se acuerda de los kurdos en situaciones en las que necesita un aliado”, porque los kurdos tienen experiencia y armas, dijo Yunus Abakay, kurdo turco y miembro del Instituto de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Exeter. Pero también son actores no estatales, que no gozan de la protección del derecho internacional, dijo. “Estados Unidos puede pedirles que hagan algo y, una vez que lo han hecho, alejarse”.
Los kurdos, dijo, son “activos políticos baratos”.

Traiciones y resentimientos
Que Estados Unidos esté considerando la táctica de utilizar combatientes kurdos iraníes exiliados en Irak tiene ecos en la historia. A principios de la década de 1970, Estados Unidos colaboró con la CIA e Irán —entonces gobernado por el sah— para pasar armas de contrabando a través de las montañas a los kurdos iraquíes, con el fin de impulsar una rebelión interna contra Sadam Huseín. Volvió a hacerlo en la década de 1990, cuando Estados Unidos emprendió esfuerzos para derrocar a Huseín.
Sin embargo, lo que ocurrió en 1991 es considerado por muchos kurdos como una profunda traición: tras la guerra del golfo Pérsico, Estados Unidos instó al pueblo iraquí a que se levantara para derrocar al régimen de Huseín, y luego se mantuvo al margen mientras los kurdos organizaron levantamientos y decenas de miles fueron asesinados. Finalmente, Estados Unidos y sus aliados impusieron una zona de exclusión aérea en el norte de Irak, y los kurdos iraquíes consiguieron parte de lo que se habían propuesto —una zona semiautónoma—, pero a costa de miles de vidas.
Algunos consejos de los kurdos sirios
No sabemos mucho del razonamiento detrás de la ayuda previa de la CIA para armar a los kurdos iraníes, ni de lo que podría estar pensando el gobierno estadounidense sobre alentar una incursión kurda más amplia.
Un funcionario kurdo iraní dijo a mis colegas que la esperanza es que, una vez que se lance una insurgencia dentro de Irán, envalentonará a los residentes locales para que se levanten contra el gobierno, especialmente ahora que ha sido golpeado por los incesantes bombardeos israelíes y estadounidenses.
Para Estados Unidos, el riesgo es que resulte contraproducente y que la presencia kurda iraní, en lugar de inspirar a la oposición, la divida. La aspiración de los kurdos a la autodeterminación dentro de Irán podría ser aceptada por otras minorías étnicas, pero es vista con recelo, cuando no con hostilidad, por la mayor parte de la oposición iraní al régimen, la mayoría de la cual es persa. Hace dos semanas, Reza Pahlavi, el hijo del antiguo sah de Irán, quien se ha promocionado como posible nuevo líder, acusó a los kurdos de ser “separatistas” y de poner en peligro la “unidad territorial” de Irán.
Tampoco se trata solo de conseguir la adhesión de los kurdos iraníes. Los kurdos no son un monolito; según donde vivan —en Siria, Turquía, Irak o Irán— tienen prioridades muy distintas. A los kurdos iraquíes les preocupa atraer la indignación del régimen iraní al permitir que los kurdos iraníes utilicen territorio iraquí. Para los kurdos sirios, rencorosos por el abandono reciente de Estados Unidos, casi no hay conversaciones sobre una colaboración oficial, a pesar de la profunda solidaridad transfronteriza.
“No cometan los errores que cometimos nosotros”, dijo un kurdo sirio, Fidan Kobani, de 30 años, y añadió: “Que fue creer en los estadounidenses y depender de ellos”.