Una semana más, una semana menos en Argentina. El presidente Javier Milei viajó a Estados Unidos para hablar bien de Israel y en contra del Socialismo; el Gobierno libertario restituyó la vigencia de la Ley de Tierras y desarticuló la sesión opositora en el Congreso para voltear el DNU 70/23; se desarrolló la Quinta Marcha Federal Universitaria pero terminó con represión; algunos periodistas le echaban la culpa a los manifestantes diciendo que eran terroristas y que querían hacer un Golpe de Estado, pero otros criticaban el operativo de la Policía; en la marcha detuvieron a 31 personas pero las tuvieron que dejar libres porque ningunohabía participado de los desmanes; sigue la interna peronista con Kicillof contra Cristina Kirchner; el abogado de Cristina dijo que si la ONU falla a su favor espera que la Justicia Argentina acate y confirmó que la ex presidenta puede presentarse en las PASO; Milei demintió que esté por despedir al ministro de Economía Luis 'Toto' Caputo y la inflación volvió a subir en septiembre, pero en el Gobierno igual salieron a festejar.
Los protagonistas de la semana fueron Javier Milei, Luis Caputo, la Marcha Federal Universitaria, Lilia Lemoine, la represión, los manifestantes/terroristas, la inflación, Cristina Kirchner y sus abogados, Axel Kicillof, Videla, Feinmann y muchos más.
El viaje presidencial a Estados Unidos fue otra obra maestra de las relaciones públicas cuánticas. Mientras el país debate si las universidades llegan a pagar la boleta de luz del mes que viene, el líder de las Fuerzas del Cielo se subió al avión para recordarle al planeta que el verdadero enemigo de la humanidad no es el hambre, ni el desempleo, ni el estancamiento económico: es el socialismo. Lo fascinante es el fervor místico de la comitiva, que regresa al país con la satisfacción del deber cumplido tras haber salvado, una vez más, al mundo occidental en territorio norteamericano. Un éxito rotundo de la diplomacia ideológica.
La cobertura mediática y policial de la Quinta Marcha Federal Universitaria merece un Martín Fierro a la mejor ficción dramática. El libreto oficial dictaba que la plaza estaba repleta de peligrosos terroristas internacionales camuflados con mochilas de lona y apuntes de fotocopiadora. Para desactivar semejante amenaza a la seguridad nacional, las fuerzas de seguridad recurrieron a su ya tradicional ensalada de gas pimienta y camiones hidrantes. La cumbre del absurdo llegó cuando la justicia tuvo que liberar en tiempo récord a los 31 detenidos porque, tras revisar minuciosamente las pruebas, resultó que ninguno de ellos portaba armas de destrucción masiva; solo pasaban por ahí. Otro triunfo de la inteligencia aplicada al orden público.