La figura de Néstor Kirchner no puede separarse de la de Cristina Fernández de Kirchner sin mutilar el sentido histórico del proceso político que ambos protagonizaron. Néstor inauguró una etapa de recuperación de la iniciativa estatal y de recomposición de las condiciones de vida de las mayorías populares; Cristina profundizó esa experiencia, amplió derechos y llevó más lejos la confrontación con los intereses económicos concentrados. No fueron dos liderazgos idénticos, sino dos momentos de un mismo ciclo político, atravesado por continuidades, tensiones y transformaciones.
Imitar el ejemplo de Néstor implica también defender a Cristina. Porque la disputa no es solamente por la memoria de un gobierno, sino por la vigencia de un proyecto de país que cuestionó la subordinación de la política a los mercados y modificó la distribución del ingreso. La persecución judicial y la proscripción política de Cristina no pueden leerse al margen de esa historia: expresan también una disputa por los límites de lo que las mayorías populares pueden elegir y por la posibilidad de que el peronismo vuelva a construir una alternativa al orden neoliberal.
Néstor y Cristina representan, en ese sentido, una experiencia política común, aunque no exenta de contradicciones. Evocar al primero mientras se acepta la exclusión de la segunda supone convertir una tradición de confrontación en una memoria inocua, tolerable para quienes fueron adversarios de aquel proceso. No hay reivindicación consecuente de Néstor si se renuncia a defender la participación política de Cristina.
Imitar el ejemplo, entonces, no significa repetir consignas ni refugiarse en la nostalgia. Significa recuperar la capacidad de intervenir sobre las relaciones de fuerza, identificar a los beneficiarios y perjudicados de cada política económica y reconstruir una fuerza social capaz de disputar el rumbo del país. La memoria de Néstor cobra actualidad cuando se convierte en acción política; la defensa de Cristina forma parte de esa disputa por la continuidad, el balance crítico y la renovación de aquel proyecto. Esperemos que las nuevas generaciones, a las que Cristina Kirchner llamó a tomar en sus manos el destino del país, imiten su ejemplo cerrando filas junto a ella, como siempre lo indicó Néstor Carlos Kirchner. ¡Gracias Néstor!

No fue casualidad. Durante su período (2003-2007) se produjeron transformaciones sustantivas llevadas adelante por un presidente que asumió con 24% de desempleo y apenas 22% de los votos; y convivió inicialmente con la amenaza de desestabilización plasmada por los editorialistas del establishment, cuyo paradigma fue aquel panfleto de Claudio Escribano, publicado en el diario de derecha conservadora La Nación, donde le auguraba apenas un año de gobierno.
Algunos logros de la gestión de Néstor Kirchner:
Se produjeron cambios por un presidente que asumió con el 24% de desempleo y el 22% de votos
*Director de Consultora Equis.