Affaire Adorni: Salió de caño y le tocó perder

De mendigo a millonario en dos años es algo que no se tolera ni siquiera acá, tierra de oportunidades para aventureros. A la Jefatura de Gabinete se llega siendo millonario, no en medio del trámite; y con cicatrices, habiendo pasado algunas veces del honor al horror, de la luz a la vergüenza. Se llega con los hijos entrenados en el arte de la simulación, y no aprendiendo de golpe, un domingo a la noche, las nuevas rutinas que no se pueden contar el lunes en la escuela.

Llegó crudo a lo más alto y perdió enseguida

El mileísmo, un emprendimiento único y aluvional, excepcional, delirante, le tiró encima a Manuel Adorni, un argentino del montón, un cargo para el que le falta mucha sopa, y al que sólo había aplicado con dosis monumentales de alcahuetería sobre otra amateur, Karina, una buscavidas egoísta y corta, con menos política que la revista Anteojito. Todo esto junto era un muy mal pronóstico para lidiar con profesionales del poder y de la injuria.

Y Manuel las quiso todas: mantener a los nenes en el mismo colegio, mantener a la misma mujer, que la mujer funcionara de colectora de ingresos, hacerse millonario, poronguear a los periodistas de la sala de prensa y usar el nombre de Dios en vano. Y todas no se pueden.

Así que la última rueda de vitalidad, con fotos y movimiento de expedientes, que hizo esta semana deja ver el cadáver animado de un resentido que llegó a destino, pero muerto: el canto del cisne, el lento embalsamamiento del que quiso ser —y fue—, y que, como una mariposa, se desesperó por el fuego pensando que era el sol de la mañana y ya se extingue.

Conferencia de prensa del Vocero Presidencial Manuel Adorni; del ...

Cuando parece que zafás para el campeonato resulta que te estás cagando la vida.

Lo que sigue, normalmente, es el gran acuerdo parasitario que se les ofrece a los que no pueden seguir —por causas naturales o judiciales— para acompañar la deriva de un gobierno: callados y desde la banquina, guardando los secretos hasta la tumba del que entierren primero. Es difícil mantener a un enriquecido ilícito en el gobierno mientras la inflación se le caga de risa al presidente, los trabajos formales se destruyen, no cabe un Uber más rodando por Callao y, para el Mundial, falta un montón.

El caso Adorni escaló con gran velocidad: unió a la prensa adicta y a la contrera, encontró jueces y fiscales trabajando las 24 horas y, desde adentro del gobierno, no cesó la predisposición a perjudicarlo. Un verdadero chivo expiatorio que, además, tiene la misión inesperada de cortinear un caso de corrupción más grande, el de Libra, y que toca la puerta de los hermanos a cargo del Ejecutivo. Hoy es el principal incentivo para dilatar su caída.

Nuestro Estado subdesarrollado, con instituciones pobres de carácter y ética, es un escenario donde pequeñas y grandes decisiones que dependen de una firma hacen millonario al que está ahí afuera vendiendo café para los ministerios o resmas de papel. Y, sori el cinismo, es ridículo, realmente, que el funcionario interviniente no se comisione en este formato. Es demasiado fácil hacerlo, a veces hasta obligatorio, porque las valijas, para que circulen por abajo, tienen que subir, y el inframundo estatal puede dejar de funcionar si se rompe esa cadena. Y, normalmente, no jode a nadie.

Bien dijo Adorni, en su conferencia de prensa antológica sobre la designación del periodista Marcelo Grandío en ATC, el hombre de la dádiva que proveyó el charter a Punta del Este: “Te puede gustar más o menos, pero tiene su trayectoria”. O sea: impuso una arbitrariedad con el mínimo respaldo curricular necesario para guardar las apariencias, y como único criterio. En cargos como el suyo, hacés lo que se te canta, y la comisión queda latente, sin documentación, a la espera de ser cobrada por aire, tierra o mar.

Es útil citar al último Galimberti cuando explica su conversión a empresario. Palabras más o menos: “Con el quilombo que yo hice, con lo que aprendí, con todos los muertos quemados con fusiles que vi a mi alrededor, después de haber sobrevivido, yo no puedo hacer menos que guita; no me voy a poner una gomería”. Determinados sacrificios, cuando no cuestan la vida, habilitan al sujeto a vivir sin frenos.

Hay pocas comparaciones entre una guerra civil vista desde el ojo de un comandante que empujaba a matar y morir, y el derrotero de un hombre gris que quiso salir de seco y lo descubrieron. Pero la angustia diaria de vivir en medio de un tembladeral humano dirigido por un presidente cuya salud mental está en entredicho tiene sus consecuencias: es un marco de malos tratos, humillaciones, esperas, contemplación del absurdo y alienación. Así que no fue Adorni, la figura pública, quien habló del deslome en Nueva York, sino su inconsciente sublevado, que protesta y rompe la cuarta pared para sentarse al lado de los espectadores y decirles: “Estoy sufriendo”.

Hay que reconocer que un jefe de Gabinete también es un ser humano. El pibe de oro, Marcos Peña, inmortalizó esta idea en su manifiesto financiado por el CSIS (Fundación Gates, Open Society), con el que luego estiró su mito de hombre público mentalmente sano: el político que entendió todo, que subió y bajó y ahora va a caballo, por los márgenes, como un gaucho desertor del poder. Y que llevó sus preguntas sobre el trámite de sobrevivir en las alturas a la pantalla chica de Spotify —y que comentamos acá en su momento.

Marcos, y me doy cuenta ahora, por el affaire Adorni, se saltó un detalle de la subjetividad del poder, acaso porque no lo vivió así, ventajas de caer desde arriba a los cargos. Y es esta idea loca que puede desarrollar un funcionario: que los privilegios de los que goza son, en sí, una carga. “Otra vez a Nueva York, Betina, ¿podés creer?”. “¿Dónde está este boludo?” (cuando busca al chofer por teléfono). Sé que parece joda, pero pasa. La misión histórica, el verso ideológico, la narrativa publicitaria sobre la que se asienta un personaje, tapan el sufrimiento que le provoca la botonera y el presupuesto infinito.




Mémoire

Está bien que el numero redondo, los cincuenta, mejoraban el llamado a la acción y el sentido mismo de la movilización, una efeméride decimal, como dios manda, pero es muy cierto que cambió la onda en estas últimas marchas del 24 y por eso esta vez se unió tan bien lo bueno con lo familiar. Hasta hace dos o tres años eran movilizaciones de rabia y notablemente sectarias. Por ejemplo, los radicales (remember Alfonsín, los Juicios, el Nunca Más), marchaban convencidos, cómo no, pero eran sistemáticamente atacados por los organizadores, bulleados como niños con anteojos. ¿Su pecado principal? No ser peronistas. Pero cambian los usos de la historia y cambian rápido, incluso. Y, de pronto, colectivamente se captó la onda de que esta sea una actividad divina, con chicos, como los recitales de Piero con Prema del 83, y que los pibes pinten pañuelos o que se tiren al suelo para hacer siluetas, así que se volvió más amable, más para toda la familia, con las buenas ondas, sin que panda el cúnico, y se sumó como hipótesis de juntada en los WhatsApp de padres de las escuelas más chévere del corredor norte, y todo coincide con un gran rebalanceo del pasado del que dimos cuenta en el correo varias veces.

Como en cualquier cosa muy masiva lo grave y lo banal se cruzan o se dan la mano. En ese sentido me pareció especialmente pelotuda la forma de participar de la dueña de Gusman, una marca de jeans y ropa de chicas, para el segmento alto, pero algo hay en este mensaje.

 

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¿Por qué escribiría yo el artículo que leyeron más arriba? ¿Para cagarlo a Adorni? Sí, innegable. Pero, ¿por qué más? Para comer. Este es mi trabajo. Uno de dos. El otro es enseñar. Escribo para comer, dar de comer y para pasarla fenómeno, por supuesto. Siempre lo más lejos posible del artista sostenido de un alambre que recalienta arroz.

Te ruego, en ese sentido, que si sos lector, máxime si sos lector frecuente de Un Correo, al punto de que estás en este punto . , te rindas a mi solicitud de apoyo. Es un pacto sencillo, claro, secreto, sin ulterioridades, y yo me puedo sostener escribiendo y el compañero lector, você, puede mantenerme entre sus lecturas. Si este llamamiento no funcionara, no es el fin del mundo, desde ya, pero sería, sí, el fin de este envío. En algún momento pondré un muro de pago como para hacer el mata mata definitivo, por enquanto solicito amablemente la colaboración.👇

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