El artículo de E. Raúl Zaffaroni, "La cultura del poder según la encíclica Magnifica Humanitas", toma como eje el capítulo V de la primera encíclica de León XIV para desarrollar una interpretación política de la noción de "cultura del poder". El autor sostiene que el documento papal no se limita a una reflexión religiosa sobre la inteligencia artificial, sino que constituye una crítica estructural al orden mundial contemporáneo. El planteo de Zaffaroni presenta a Magnifica Humanitas como un documento con fuerte contenido político. La noción de "cultura del poder" funciona como una categoría para explicar un orden internacional caracterizado por la concentración de riqueza, tecnología y capacidad militar en pocos actores, fenómeno que debilita la democracia y subordina el derecho a relaciones de fuerza. Frente a ello, la encíclica propone reubicar a la persona humana, la solidaridad y el bien común en el centro de la organización política y económica.
«El Apocalipsis de Juan: Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis»
Por E. Raúl Zaffaroni*
(para La Tecl@ Eñe)
En este tiempo de extrema concentración de la riqueza conforme a la actual economía financiarizada, llama la atención un documento que convoca a la razón en términos claros. Nos referimos a la encíclica «Magnifica humanitas», un texto fuertemente crítico de un momento del poder.
El incremento del poder punitivo sobre los estereotipados de cada país se produce tanto en el norte como en el sur del planeta, aunque persigue objetivos diferentes en ambas latitudes. En efecto: en el norte refuerza la estratificación verticalizante de la sociedad que aumenta su vocación bélica, en tanto que en el sur jerarquiza a las sociedades geopolíticamente sometidas para explotarlas conforme a los intereses colonialistas. En ambas puntas concentra riqueza conforme a la actual economía financiarizada, pero en el norte se creó una nueva oligarquía de sujetos que ostentan miles de millones de dólares y en el sur las de sus funcionales aliados descartables que fungen como procónsules del norte.
En el último tiempo llama la atención un documento que convoca a la razón en términos claros. Nos referimos a la encíclica Magnifica humanitas. Este texto se ocupa de una variedad de temas, pues se trata de un documento fuertemente crítico de un momento del poder, o sea que, en este sentido, comparte la misma naturaleza de la Mit Brennender Sorge de Pio XI de 1937.
En este caso, en sus párrafos 188 a 196, la encíclica caracteriza al presente momento mundial como de cultura del poder, que define como una instancia en que quien dispone de los medios para ejercer poder, lo hace directamente en la medida en que éstos se lo permiten: los medios ya ni siquiera se justifican, simplemente e usan.
Principalmente León XIV se está refiriendo a la guerra sin ocultar la realidad histórica reciente, pues recuerda el reclamo de Pablo VI –nunca más la guerra – en la asamblea de la ONU en 1965 y señala que, los siguientes sesenta años, «han estado marcados por conflictos de una ferocidad impresionante, que a menudo han afectado masivamente a las poblaciones civiles, causando víctimas inocentes, oleadas de refugiados, desestabilización social y heridas de larga duración».
En otras palabras, el texto destaca que esa fue la realidad, que a continuación distingue cuidadosamente del discurso: «Sin embargo, en el discurso público prevalecía la convicción de que la guerra debía seguir siendo una extrema ratio, sometida a rigurosos límites éticos y jurídicos y, en cualquier caso, a un horizonte político orientado a la paz». De este modo, pone de manifiesto que, desde la última posguerra, la paz ocupaba el centro del discurso jurídico internacional comenzando por la propia Carta de la ONU; por lo menos, en el discurso, la guerra era una extrema ratio.
Lo que según la encíclica caracteriza la actual cultura del poder es que esto ha cambiado, o sea, que se ha producido un muy significativo cambio discursivo, por no decir, una verdadera desfachatez discursiva: «Hoy, en cambio, asistimos a un verdadero cambio de paradigma en el discurso público y en las decisiones de rearme, con una preocupante rehabilitación de la guerra como instrumento de política internacional, mientras se erosionan precisamente aquellos criterios éticos que habían limitado su uso» (párrafo 190). Es difícil leer estas palabras sin darles el claro sentido de una respuesta a líderes mundiales.

No se le escapa al texto la manipulación mediática, con una observación que es difícil de distinguir si va dirigida contra el belicismo o contra el punitivismo: «La opinión pública se orienta y acostumbra progresivamente a narrativas mediáticas polarizadas, a menudo amplificadas por algoritmos que valoran el enfrentamiento y la oposición” (párrafo 190). Los enemigos se fabrican, es decir, tanto el enemigo bélico como el que se reprime o suprime con el poder punitivo, lo fabrican las narrativas mediáticas polarizadas que menciona el documento: «Así, la guerra no solo se libra, sino que también se prepara culturalmente a través de narrativas simplistas, lógicas de amigo-enemigo, desinformación y miedo» (párrafo 192).
La mención de las lógicas de amigo-enemigo no es ingenua, sino en expreso rechazo al inhumano concepto schmittiano de la política, que se hace manifiesto en los discursos de odio que dominan no solo los medios concentrados, sino los vergonzosos desatinos de algunos líderes mundiales.
La humildad de los internacionalistas – que nos faltó a los penalistas – consistió en dejar de lado la discusión y las interminables e inútiles especulaciones sobre la guerra justa (equivalente a las nuestras sobre la pena justa) y ocuparse de limitar las guerras y sus consecuencias. Pues bien, esto es lo que el documento subraya: «hoy más que nunca es importante reiterar la superación de la teoría de la ‘guerra justa’, invocada con demasiada frecuencia para justificar cualquier guerra, sin perjuicio del derecho a la legítima defensa, entendida en el sentido más estricto» (párrafo 192). Recuerda a este respecto lo dicho por Francisco, quien destacó que en los últimos tiempos se pretendió justificar todas las guerras (Fratelli tutti).
Pero además de lo dicho, la encíclica no se limita a estas consideraciones, sino que va con su bisturí hasta el meollo central de la cuestión, destacando un factor motorizante que ha cambiado sustancialmente desde el siglo pasado: las armas. Éstas fueron siempre un medio para la guerra y su acumulación y perfeccionamiento era demostrativo del poder bélico, pero ahora es la industria bélica –o sea, las armas- que se han vuelto el motor de las guerras: antes se hacían armas para la guerra; ahora se hace la guerra para los fabricantes de las armas.

Vale la pena transcribir in extenso cómo lo explica sintéticamente la encíclica: «Un elemento decisivo del panorama actual es el crecimiento de la industria bélica, que se ha convertido en un sector clave de la economía de algunos países. La estrecha conexión entre los intereses económicos, los aparatos militares y las decisiones políticas genera una ‘nación armada’, en que la guerra parece casi una prolongación natural de la política y el mercado de las armas se convierte en un motor autónomo de las decisiones bélicas. No podemos ignorar los enormes intereses económicos que están detrás de la guerra. Las industrias armamentísticas y los países que suministran armas se benefician de un mercado que prospera precisamente gracias a los conflictos. En este sentido, existe también una lógica económica que contribuye a alimentar tensiones en diversas regiones del mundo» (párrafo 193).
El texto no deja de llamar la atención sobre las armas nucleares, que durante décadas proliferaron con el falso argumento de la disuasión, pero que ahora, las grandes potencias se niegan a ratificar su prohibición con creciente peligro ante «una nueva y difícilmente controlable carrera armamentística, acompañada del desmantelamiento progresivo de los acuerdos de reducción de las armas nucleares y del desarrollo de las armas ‘miniaturizadas’, que hacen más fácil considerar su uso como una nueva opción viable» (párrafo 194).
Mientras critican a la Iglesia católica por dar alimentos a los ciudadanos que lo requieren, Jorge Macri y Javier Milei autorizaron un show de drones en el PLANETARIO por la independencia de los ESTADOS UNIDOS,
Acá no entiende el que no quiere. @yalavimos_…— Artemio López (@Lupo55) July 5, 2026
¿Y acaso Trump –dueño de una fortuna de 6.500 millones de dólares- no dijo que estaba dispuesto a eliminar una civilización? ¿Después no volvió sobre sus pasos para negociar? ¿No fue su amigo Netanyahu –reclamado por la justicia internacional- el que le obstaculizaba sus negociaciones? ¿Ahora se encontrarán de nuevo para charlar amistosamente? ¿Cuántos cadáveres han causado estos hombres? Es verdad que también puede haber otros, pero el descaro de estos es la manifestación más clara de la cultura del poder que señala la encíclica, la desfachatez de quien se siente poderoso, mucho más que impune y extendiendo el mentón hacia adelante dice «Sí, me gusta la guerra ¿Y con eso qué?». Lo que nos asombra de la encíclica es que se trata de un discurso fuerte, valiente, una respuesta a quienes avanzan el mentón, pero en la que lo que prima es la razón. El escaso uso de la razón por algunos líderes del mundo actual nos hace dudar acerca de si incurren en simples equivocaciones o errores políticos o si se trata de signos más o menos patológicos.
*Profesor Emérito de la UBA. Ex miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Ex Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
¡Hola cuentonautas!
La inteligencia es a su íntima consciencia, la única autoridad, cuya pro-prepagada y percibida relatividad, pasaré a describir a continuación y así aclarar la situación entre Valor y precio, abundancia y peaje.
La rueda está compuesta por innumerables rayos que simulan movimiento en su periferia, desconociendo el centro desde donde parten. El carrusel es alimentado por una montaña rusa de sensaciones que dicen, es realidad.
Los símbolos, palabras, matemáticas y geometrías son sedimentos, contenedores, artefactos y vehículos de consciencia que transmiten vida.
¿Pero qué son al lado de una mirada cómplice, un beso, una sonrisa, un abrazo o una caricia?
Las de ausencia declaman presencia y formas de llegar a ella, simples o complejas. Mientras en el puente suele aparecer el intermediario que cobra o paga, según cómo se lo vea. Durante el tránsito, el error se conserva junto a un bastón de adaptación y compensación que oculta un defecto generador, que reprime a una virtud obligada a desfogarse condicionalmente hasta aprehender y liberar.
Todas las posibilidades, hasta las más aberrantes que se oponen a lo que es, fue y será, se concilian mediante el olvido en la ilusión de separación y fragmentación, replicando variantes que refieren a la misma causa, con la multiplicación de las vivencias en el recuerdo y reencuentro que aluden a un mismo principio vital.
La inercia lleva en primera instancia, a unir lo aberrantemente separado en una quimera. Y del natural impulso a la desobediencia a la regla impuesta en opresión, el inconsciente será transgresor, no a la regla que encubre los intereses de una autoridad y dueño, sino de su propia consciencia, una agresión en trance que puede ser teledirigida, y que convierte a víctimas en victimarios. El fenómeno forma parte de un ciclo de fragmentación del núcleo familiar generando huérfanos de consciencia, para luego ser religados a la máquina institucional como nueva, única y lógica mafia familiar que repite los patrones acostumbrados.
La base creativa en dónde el mínimo es dos, el sueño y vigilia, femenino y masculino, negativo y positivo, símbólico y literal, onda y partícula, aluden a un estado unificado llamado Dios o Consciencia, sentir lógico de la Vida.
De ella se desprende la mecánica interpretativa. El (1;1); (1;0); (0;1); y (0;0), recrean el presente en el equilibrio de los polos, pasado en el retorno a la esencia, futuro en el avance trascendente y silencio del todo en la nada. No hay contradicción.
Bajo la mecánica, el amo y el esclavo son los extremos de una misma vara o cuerda disonante. En su medio se encuentra una imaginaria frontera, de la ley, el saber y la creencia, que muchos llaman verdad. El binomio confunde el desarrollo de su consciencia con la sofisticación del artificio en el que terciarizan todo entregando su responsabilidad. Por lo cual su idea de progreso es un puente que no conecta nada porque su función es aislar en la medida y convertirla en la única y verdadera.
«La mano guía el martillo, no el martillo a la mano, y si se quiere usar un revólver para clavar un clavo, hay que tener cuidado, porque el arma siempre tiene la razón y no distingue entre amigo o enemigo. Por eso, a las armas las carga el Diablo»
Si bien el amo se aprovecha de la situación y del producto del estado parasitándola, es una esclavo más al estar obligado a sostener las condiciones ideales que alimentan su teatro de realidad, mediante ficciones fantásticas, legales y técnicas que conforman un manto de impunidad para el gobierno de las virtudes y defectos de los pueblos. La falta de inteligencia la suplen con la fuerza bruta, el engaño y la corrupción. El adiestramiento con premios y castigos convierte al premio en no ser castigado.
El amo es el verdugo parapetado como agente evolutivo o azote divino autorizado y paradójicamente, se convierte en protector. El sacrificio de la verdad es una constante mediante un chivo expiatorio o mártir.
«Roma, el mal mayor y menor beben de la misma fuente, en cambio Amor, sólo hay uno»
Más allá de la intención, siempre habrá manipulación bajo la condición, por lo tanto, programación de la sociedad. El gobierno sobre las carencias y ausencias, implica sostenerlas inconscientemente por el efecto del lucro y la resilencia, y con ello conservar el defecto como virtud cargándola junto con sus fallas lógicas como roca. El cliente recrea un enemigo interno convirtiendo su propio mundo en un campo de batallas. El trauma en la oscuridad navega como la nave del misterio, un trabajo para Freud o Holmes.
Nadie es ajeno a la descomunicación en la red natural de un proceso comunicativo dinámico, siempre presente. El peso de lo que se crée, sabe y obedece, es siempre evidente, las espinas fisicas y virtuales nunca mienten, y el dolor y sufrimiento siempre tienen razón.
Los objetos comunicativos hacen bien su trabajo, asociándose a risas y llantos.
La vida es cuento y la palabra ficción, y nos encantan sean bellos o de horror, pero aún más vivirlos. Pero si un aventurero se sumerge en uno ajeno, no irá a dónde desea, sino a dónde está predestinado ir por el escritor, programador y amo. Todo es perfecto hasta que no. Y aunque el héroe esté confiado en lo que crée, sabe y obedece, es el amo el que los deja sin efecto para instalar una nueva regla. El genio venderá infinitos futuros sin sustancia que embargan presentes y entierran pasados para poder entrar al supuesto paraíso, clavando una espada de fuego en la roca de la salvación y amenaza, sólo digna para el elegido, el mismo genio. Simulación y simulacro, interferencia e intervención al servicio del soberano.
Su mantra reza, «todo lo que sientas, pienses, digas y hagas, puede ser usado en tu contra, mi favor»
Los círculos de su estructura concéntrica y piramidal de poder aparentan estar desvinculados unos de otros, especialmente en los grupos que llevan las banderas de los intereses a favor y en contra. Básicamente es la antigua mafia brujeril de siempre manipulando el símbolo sobre la cosa viva, una empresa para establecer un Golem, la exteriorización de su condición.
El iniciado, paciente, creyente, cliente y consumidor, nunca elige al presidente, como tampoco al Papa o Rey, ni al pastor, gerente, juez o general, y menos al dueño de la tierra o empresa en donde trabaja. Pero igualmente la verdad sale adelante bajo libertad condicional, protegiendo lo aprendido, construído, amado y festejado, pero junto con sus cadenas. Mientras los que brillan suelen ser captados para dar entidad a la autoridad de una institución que sepulta la verdad bajo la corrupción, llevándose el rebaño al Templo.
Cada actor juega su rol, unos harán de héroes y otros de villanos. Los contratos son entre los que saben, deciden y mandan sobre los que ignoran, obedecen y se adaptan. Los que brillan, y muchos sin saberlo, son los que modifican el contrato en el simple hecho de ser humanos, mientras la masa cumple con su conservación.
«No sólo hay que mirar la Luna y el dedo que la señala, sino también a la otra mano que intenta robar la cartera»
El mito concentra una condición existencial que puede ser una cárcel en una lógica pero insoportable eternidad, o bien, un ejercicio para la virtud.
En todo caso, el cuento será contado, sólo cuando haya terminado.
«Cuando lo último que queda es la esperanza, ya no hay miedo a esperar o de esperar la amenaza, y la palabra se devuelve al baúl de los recuerdos, por si alguien alguna vez, la necesita en primer lugar»
Por lo tanto, no hay que ser tan duros ni egoístas, la mentira y el engaño, también tienen sentimientos, pero además, sus días contados. El cornudo es el último en enterarse pero el primero en saberlo, y aunque el amor ciego jura por siempre, en la separación sólo se queda con lo amado.
Afortunadamente, lo que muere es la apariencia cuando se vuelve transparente. Y ya disuelta la relatividad, nadie puede esconderse ni ocultar nada más, sin embargo, desde niños nos gusta jugar a las escondidas, ser encontrados y encontrar, recreando puertas y llaves.
-(c².m)=+(c².m)
El engaño se detiene y su masa es cero. Y el río se encarga de llevarse la estupidez, la esclavitud y la tiranía, junto con todas sus medidas o cadenas.
La apariencia recupera su sitio en el Arte, el engaño a los sentidos, y su práctica para dar sabor, color, calidez y alegría en la sencillez de ser humanos. Compartir vitalidad.
Es lógico inclinarse hacia la belleza, las estructuras perfectas armonizan por sí solas cuando sintonizan con otra en la que resuenan, especialmente en hechos más que palabras.
Mientras la estructura ordenada de un sistema artificial nunca es garantía de nada, si el que le da vida no la supera.
«Somos, seremos, fuimos
astro, cometa, estrella fugáz
La veo, la escucho, la amo
Verdad, nada menos, ni más
simplemente, Vida»