
Más allá de sus limitaciones y de las realizaciones políticas y económicas de su pensamiento, un mérito indiscutible de Marx fue lanzar un formidable grito de alarma a una sociedad que había hecho del dinero su dios. En segundo lugar, trató de dar voz a los que no la tenían (el proletariado) frente al rostro inhumano del capitalismo salvaje, vislumbrando un futuro imaginario[27]. En la conclusión del Manifiesto, señalaba que si el capitalismo no cuestiona sus propios supuestos, acaba convirtiéndose en su propio sepulturero[28]. A la luz de los análisis más recientes, se trata de una advertencia que no debe tomarse a la ligera. Y probalemente ya sea muy tarde para lágrimas. Veremos.

El estilo sencillo y coloquial del Papa Francisco ha llevado a muchos - partidarios y críticos por igual - a considerarlo un «pastor» más que un filósofo, como San Juan Pablo II, o un teólogo, como Benedicto XVI. Un aspecto poco reconocido de su pontificado tiene que ver con su visión de la teología y con la necesidad de renovación que él advierte. En la Constitución Apostólica Veritatis gaudium y en el Discurso a la Pontificia Facultad Teológica del Sur de Italia, el Papa Francisco delinea un programa mucho más amplio que la mera renovación de los estudios teológicos. Y nada le impide seguir siendo un cuervo de Flores. Otra lección de este Papa.

Según los autores, puede demostrarse que la «capacidad religiosa» del Homo sapiens es una característica neurocognitiva muy desarrollada. Parece basarse en un sólido fundamento evolutivo, y por tanto genético, y parece rastreable únicamente en el Homo sapiens.

La visión institucional de la Iglesia católica es que sigue siendo «imperativo» que la comunidad internacional «dé prioridad a la reestructuración de la deuda y avance hacia la condonación de la deuda de los países más vulnerables». No parece ser la misma mirada que la de los tenedores de deuda y en el mundo regido por la lógica financiera, donde, se sabe, no entra nadie, ni Dios.