Tucker Carlson lleva una década en el meollo de la conversación política y de los medios conservadores en Estados Unidos. Pocas figuras de los medios de comunicación se identifican más con la era Trump. Su popularísimo programa en Fox News comenzó justo después de las elecciones de 2016 y, a pesar de ser despedido por esa cadena en 2023, Carlson ha seguido siendo un elemento fijo del mundo Trump: lanzó su propia cadena, impulsó a Donald Trump en su pódcast y en los mítines de campaña, ocupó el palco de Trump durante la Convención Nacional Republicana y asistió a su toma de posesión.
Luego, en febrero, el presidente Trump llamó a atacar Irán junto con Israel, una decisión a la que Carlson se opone totalmente. Ahora dice que se arrepiente de haber apoyado a Trump y se ha convertido en un influyente y clamoroso crítico de la gestión en su programa. También culpa a Israel de convertir a Trump en un “esclavo” al —como él lo caracteriza— empujar al presidente a la guerra. Debido a este enfoque en Israel, y a su muy sonada entrevista al influente nacionalista blanco Nick Fuentes, los críticos le han acusado de antisemitismo.
Para entender esta ruptura con el presidente y otras cosas más, viajé a Maine para encontrarme con Carlson, y volvimos a comunicarnos unos días después. Sostuvimos una amplia conversación sobre sus opiniones sobre la guerra, su episodio de Fuentes, su amistad con el vicepresidente JD Vance y, lo que es más subrepticio, sobre si cree que Trump es el Anticristo, algo sobre lo que ha estado reflexionando en su programa.
Quiero conocer tu perspectiva sobre este momento, sobre tu evolución, tu visión del mundo. Hace poco rompiste drásticamente con el presidente Trump por la guerra de Irán, y me encantaría que me hablaras de ello. Quiero empezar, sin embargo, por los prolegómenos del conflicto. Dijiste que hablaste varias veces con el presidente sobre el plan de atacar Irán antes de que ocurriera el 28 de febrero. ¿Estaban solo tú y el presidente en esas reuniones? ¿Puedes darme una idea de lo que ocurría allí? Bueno, llevo 10 años hablando con él sobre Irán. Literalmente desde 2016, quizá desde el 15, porque había una enorme presión sobre él, como la ha habido sobre muchos presidentes, para que cambiara el régimen de Irán. Sabemos, basándonos en nuestra experiencia con un país mucho más pequeño, Irak, que eso es mucho pedir, que no conduce necesariamente al lugar al que quieres ir y que no es bueno para Estados Unidos. Trump lo sabía. Y esa fue la razón principal por la que le apoyé durante mi etapa en Fox News e hice campaña por él. Fue realmente fundamental para mi opinión sobre la candidatura y la presidencia de Trump.
Por eso, cuando en junio quedó claro que iniciábamos este camino hacia un cambio de régimen con Irán, me quedé desconcertado. Estaba muy disgustado. No porque tenga lealtad a Irán, sino porque yo creía que sería terrible para Estados Unidos, lo cual ha sido así, peor incluso de lo que imaginaba. Pero podía ver exactamente adónde iba esto. Y él estaba sometido a una enorme presión para hacerlo, como lo han estado todos los presidentes a lo largo de mi vida. Así que hablamos mucho en junio. Se embarcó en este esfuerzo por acabar con el programa nuclear iraní, que en realidad no es más que la salva inicial de un esfuerzo de cambio de régimen. Él lo sabía. Yo se lo dije. Se lo dijo Charlie Kirk. Lo hicimos, salimos, y entonces quedó claro en enero que nos dirigíamos hacia esto en lo que estamos ahora, y yo estaba absolutamente aterrorizado al respecto.
¿Te explicó por qué quería llevar al país a la guerra? Intento comprender la dinámica de esa conversación. Hubo varias conversaciones. Volé a Washington tres veces en las semanas anteriores y me reuní con él en el Despacho Oval a solas con gente que entraba y salía: la jefa de personal de la Casa Blanca, el secretario de Estado, etc. Almorcé con él en una de esas ocasiones. Y luego hablé con él por teléfono muchas veces sobre este tema. Y casi todas las conversaciones las empezaba diciendo: “¿Quieres que Irán tenga un arma nuclear?” A lo que yo decía: “Bueno, en cierto modo me opongo a las armas nucleares. No quiero armas nucleares, no quiero que Israel tenga un arma nuclear, no quiero que nadie tenga un arma nuclear. No me parece algo bueno. Pero ésa no es la cuestión. La cuestión es: ¿qué haces al respecto?” Y ahí se acabaron las razones para hacerlo. Nunca pareció entusiasmado al respecto, nunca.
¿Por qué atendía entonces tus llamadas, si conocía tu postura y comprendía los peligros? ¿Intentaba convencerte de que apoyaras la guerra? No. No hizo ningún esfuerzo por convencerme, aparte de decirme: “todo va a ir bien. Todo va a ir bien”. Y yo no lo sentía así. Nada de esto, debo decir, tenía que ver con Trump ni con mi relación con Trump ni con mis sentimientos hacia Trump ni con su color de pelo ni nada por el estilo. Simplemente yo no quería que Estados Unidos entrara en guerra con Irán. Y mi fuerte sensación al final de esas conversaciones —la última fue probablemente una semana antes de que empezara la guerra— era que él sentía que no tenía elección y que estaba resignado a ello. Estaba descontento. No parecía entusiasmado para nada. No se esforzaba por decir: una vez que hagamos esto, Estados Unidos estará en paz, estaremos seguros, seremos más prósperos. No hubo nada de eso. Cero.
Hablaste con mucha gente del gobierno actual. ¿Quién estaba a favor de la guerra, quién en contra, mientras se discutía todo esto? Supongo que hasta cierto punto sigo hablando con mucha gente de allí, pero no trabajo allí, así que es difícil saberlo realmente. Hay personas con un largo historial de hacer ruidos belicosos en torno Irán. En concreto, el secretario de Estado / asesor de Seguridad Nacional ha dicho, durante muchos, muchos años, que Irán es la mayor amenaza a la que nos enfrentamos, lo cual es una afirmación ridícula.
Estás hablando de Marco Rubio. Correcto. Pero dicho esto, no he oído ni una sola vez a nadie, incluido el propio secretario de Estado, con quien he hablado de esto, expresar ningún entusiasmo por hacerlo. Mi fuerte impresión, y podría equivocarme porque no trabajo allí, es que nadie en el edificio estaba presionando para ello, al menos abiertamente. Que toda la presión procedía del exterior: llamadas constantes de donantes y personas con influencia sobre el presidente. Rupert Murdoch, Miriam Adelson, etc., y luego una pequeña constelación de, supongo que se diría personas influyentes, empezando por Mark Levin, pero había otros, Sean Hannity, presionando al presidente para que hiciera esto y diciéndole serás una figura de la historia, salvarás y redimirás a Israel o algo así. Creo que ése era el argumento que esgrimían. [Hannity y Levin niegan esta afirmación. Murdoch y Adelson no respondieron a nuestra solicitud de comentarios]. No he oído a nadie afirmar que esto sería bueno para Estados Unidos. No creo que eso fuera jamás algo que se habló.
Se ha especulado mucho sobre la mentalidad del presidente durante este periodo. Parte de ella se refiere a lo que ocurrió después de Venezuela y a la exitosa, en su opinión, operación allí, que destituyó a Nicolás Maduro, y a que se sintió envalentonado por ello y pensó que esto iba a ser similar. Que subestimó a los iraníes y lo que podrían hacer en respuesta a un ataque. Yo no lo creo. Creo que la operación de Venezuela le permitió refugiarse en una especie de fantasía en la que se dijo a sí mismo que esto iba a ser fácil. Pero no creo que lo creyera. Y debo decir que, habiendo hablado mucho con él en este año calendario, no he detectado ningún indicio de demencia, de deterioro mental. Se oye decir que se ha vuelto blando. Esa no fue mi impresión para nada. Trump no está bien informado en muchos temas, es orgullosamente ignorante en muchos temas, pero tiene un notable poder de perspicacia sobre las personas y la dinámica del poder. No se llega a presidente por accidente. El tipo es inteligente en los aspectos que importan políticamente. Y mi fuerte lectura fue que estaba haciendo esto contra su voluntad.

Dime a dónde quieres llegar cuando dices que el presidente de Estados Unidos, el país más poderoso del mundo, no tuvo elección. No sé a dónde quiero llegar. Solo te digo lo que he observado. Esa es la cuestión. Lo que me fascina es la falta de curiosidad que se muestra sobre cómo ocurrió exactamente. ¿Cuáles son los mecanismos por los que quien se supone que es soberano, que está al mando, a quien los votantes, decenas de millones, han concedido esta autoridad, no puede tomar una decisión en interés del país o incluso en su propio interés? Él sabía, y sé que lo sabía porque hablé con él directamente sobre ello, que las consecuencias posibles eran profundas y profundamente malas: el final de su presidencia, para empezar, lo que creo que ha demostrado ser. Él lo sabía. Esta es mi lectura y podría estar completamente equivocado, no sé lo que tiene en la cabeza y no quiero exagerar de ninguna forma mis conocimientos. Pero ésta es mi firme percepción basada en muchas conversaciones sobre este tema.
Él sentía que no tenía opción y me dijo: “Todo va a salir bien”. Porque me estaba exaltando.” No lo hagas. Las personas que te empujan a hacerlo te odian. Son tus enemigos. Esto te destruirá. Esto perjudicará gravemente a nuestro país. Tenemos hijos. Espero tener nietos. No vayamos allí”. Y dijo: “Todo irá bien”, y dijo: “¿Sabes por qué lo sé? Y yo dije que no, y él dijo: porque siempre es así. Ahí hay una especie de optimismo Teddy Rooseveltiano, pero en realidad no era eso. Esta es mi lectura. Era más bien la justificación de un hombre que siente que no tiene opción. Ésa es mi opinión más firme. Y no solo mi opinión, sino la de quienes le rodeaban y participaron en esta deliberación en la medida en que fue una deliberación, que no fue tanto.
¿Quiénes eran las otras personas de su entorno que tenían esa opinión? No puedo hablar de las opiniones de los demás, pero diré una vez más que nunca vi, ni oí hablar de nadie que trabajara para el gobierno de Trump, que estuviera impulsando con entusiasmo esta guerra frente a Trump, en plan: “¿Quieres volver a hacer grande a este país? Necesitamos un esfuerzo de cambio de régimen en Irán”. En cambio, había mucha gente cobarde, como siempre la hay, y Trump engendra cobardía en la gente que le rodea mediante la intimidación. Y tiene una especie de cualidad que es fascinante. Y creo que probablemente sea literalmente un hechizo. Y el efecto es debilitar a la gente que le rodea y hacerla más sumisa y más confusa. Y yo mismo lo he experimentado. Pasas un día con Trump y estás en una especie de país de los sueños. Es como fumar hachís o algo así. Es interesante, muy interesante. Y puede que tenga un componente sobrenatural. No soy teólogo, pero es real, y quien haya estado cerca de él puede decirte que es cierto. Pero sea cual sea la causa, nadie de su entorno estaba pesando fuertemente, que yo sepa, en ninguno de los dos bandos, ni a favor ni en contra. Pero la gente de fuera opinaba con fuerza, llamándole constantemente.
Hemos visto al presidente en su segundo mandato mucho más interesado en la política exterior, como muchos presidentes, mucho más abierto a tomar medidas, no solo en Venezuela, sino hablando de Cuba, buscando el Premio Nobel de la Paz, metiéndose en situaciones en las que no estaba terriblemente interesado, en su primer mandato. Por supuesto. Eso es real.
¿No podría ser parte de esto? Es una parte importante. De eso no hay duda, y todos los presidentes deciden en algún momento que no les interesa dirigir Estados Unidos porque es difícil, y ¿cómo arreglas Baltimore y Gary, Indiana? ¿Y qué haces con las personas sin techo de Los Ángeles? Son preguntas difíciles. Ni siquiera podemos hacer que funcione [el programa de educación temprana] Head Start, a pesar de los muchos miles de millones y de que mucha gente bienintencionada gaste su vida en ello. Así que son problemas difíciles y creo que es una experiencia universal entre los presidentes estadounidenses, pero también entre los senadores, decidir: Prefiero dirigir el mundo, porque los detalles son opacos. No hablo esos idiomas.
En primer lugar, es una muestra de poder masculino: envía las bombas para matar a los malos. Pero además consigues sentir hice algo, y eso es importante y lo entiendo. Y esto es, como sabiamente señalas, un proceso por el que suelen pasar todos los presidentes. Y así, Venezuela, Cuba, me opongo a ambos esfuerzos muy firmemente, pero ninguno de ellos, en mi opinión, arriesga el futuro de Estados Unidos de la forma en que lo hace ahora la guerra de Irán. Así que es un gran problema. Pero como, por cierto, es vecino contiguo de Irak, y como Trump se pasó años hablando de lo terrible que fue la invasión de Irak —definió su candidatura en 2016 sobre ese punto—, me resulta difícil creer que llegara orgánicamente a este lugar a finales de febrero, en plan: “Ay, creo que es una buena idea”. No pensó que fuera una buena idea. ¿Bloquear una quinta parte del petróleo y el gas del mundo? Trump más que cualquier otra persona sabe que eso es malo.
Acaba de decir que es un rehén. Has dicho a la BBC que es un “esclavo” de intereses extranjeros. Correcto.
En fin, todo esto era muy conocido. Y a las pocas horas de que Trump lo anunció, Israel públicamente, de una forma que estaba diseñada para llamar la atención de todo el mundo, incluidos los iraníes, empieza a matar civiles en Líbano. Ahora bien, ¿cuál era el objetivo de eso? No para asegurar la patria israelí. El objetivo era poner fin a cualquier conversación sobre un acuerdo negociado, mantener esto en marcha hasta que Irán quedara destruido y caótico, que es el objetivo israelí. No estoy atacando a Israel al decir eso. Sus objetivos son diferentes de los nuestros, son un país diferente.
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— Mr. Sausage (@MrSausageGet) May 5, 2026
Ellos argumentarían que lo que están haciendo es neutralizar la amenaza que ha persistido en Líbano a través de Hizbulá. De acuerdo, pero invadieron Líbano en 1982. De eso hace 44 años. Han tenido mucho tiempo para arreglar el Líbano. Mataron a Nasrallah, volaron Hizbulá con localizadores explosivos. Han hecho mucho desde el 7 de octubre en Líbano. Eligieron ese momento para descarrilar las negociaciones. Y lo han hecho repetidamente.
Así que mi perspectiva como estadounidense es que somos Estados Unidos, somos un país de 350 millones de personas. Dependen totalmente de nosotros. Son un país de nueve millones de personas sin recursos naturales. No estoy en contra suya, pero no somos iguales. Pero lo que quiero decir es que Trump no pudo contener a Netanyahu. Netanyahu es la única persona a la que Trump no podía decirle: “Oye, cálmate o te quitaremos financiación y tu país se hundirá en unos 10 minutos”, lo cual es cierto. Israel no puede defenderse sin Estados Unidos, a pesar de la propaganda que puedas haber oído.
Así que, de nuevo, no es un ataque a Israel. Es un ataque al liderazgo estadounidense por no limitar a su socio de una manera que sea de ayuda a Estados Unidos. Trump dijo: “Quiero un acuerdo negociado”. Israel detuvo el acuerdo. Trump se negó incluso a criticar a Netanyahu en público. ¿Estás de broma? Eso es esclavitud. Eso es el control total de un hombre por otro. Y, en lo que a mí respecta, eso queda entre Trump y Bibi y Dios. Pero como estadounidense, es nuestro presidente electo, cuyo trabajo es proteger nuestro país y nuestros intereses y nuestra economía. Y él está mirando primero por Israel. Eso es indignante. Y ningún comentario del tipo “Ah, eres un antisemita” —que no lo soy y nunca lo seré— me impedirá señalar que eso es indignante. Es indignante.
Pero muchos presidentes estadounidenses han antepuesto los intereses de Israel a los nuestros. Yo diría que la guerra de Irak fue un ejemplo muy evidente de ello. Es decir, la oficina de [el vicepresidente Dick] Cheney estaba completamente controlada —y yo los conocía a casi todos— por personas que anteponían los intereses de Israel a los de Estados Unidos. Así que creo que la guerra de Irak fue, en gran medida, producto de eso, y creo que Trump sentía exactamente lo mismo, porque hablé mucho con él sobre ello. Entonces, ¿qué cambió en Trump? ¿Qué cambió tras años de decirnos que nuestros dirigentes son débiles, que actúan en contra de nuestros intereses, que son estúpidos, que son tontos, que están comprados por potencias extranjeras y por donantes nacionales? Ese era el argumento de Trump. Ese fue todo su discurso. Por eso fue elegido. ¿Cambiar algo tan grande en el espacio de unos pocos meses? Eso merece un examen. Es todo lo que digo.
En 2020, cuando el presidente Trump mató al general iraní Qassim Suleimani, saliste a tu programa de la Fox y dijiste: “Hay muchísima gente mala en este mundo. No puedes matarlos a todos. No es nuestro trabajo”. Y preguntaste: “¿Por qué nos metemos en otro atolladero del que no hay una salida evidente?”. Pero no fue hasta que el presidente Trump… no fui aclamado por decir eso. Creo que nunca se me ha criticado tanto. Me opongo no solo a las intervenciones extranjeras, como tú dijiste, la mayoría de ellas de todos modos, las que no se llevan a cabo en defensa propia: estoy en contra de todo el marco. Estoy en contra de la idea de que Hizbulá y Hamás sean el centro de nuestra conversación nacional. Como si fueran los grandes problemas a los que nos enfrentamos No lo son. No son un problema mayor que el comportamiento de Citibank, lo siento. La deuda de las tarjetas de crédito es un problema mucho mayor de lo que nunca será Hizbulá. Así que dejen de lavarse el cerebro. Esto es una locura. Yo vivo aquí. Tengo casi 57 años. He vivido aquí mucho tiempo. Hamás y Hizbulá, aunque no reciban mi apoyo, no son relevantes para la experiencia de la mayoría de los estadounidenses. Y en cuanto empiezas a pensar así, has traicionado a tu país.
Así que no fue hasta que el presidente Trump amenazó la infraestructura civil de Irán con una profana publicación en Truth Social el Domingo de Resurrección cuando empezaste a hablar explícitamente en su contra. Sí, no puedes atacar a Jesús. ¿Qué te parece?
Voté a Trump en 2024 —y nunca suelo votar—, pero le voté en las últimas elecciones e hice campaña por él en un montón de ciudades porque sentía que había una clara persecución de los cristianos en este país, de las personas de fe, y era demostrable. Y sentí que Trump—-y me basé en sus promesas explícitas— sería un protector. Nunca pensé que Trump fuera cristiano. Pero le tomé la palabra de que sería un defensor de la gente de fe que necesita ser defendida. Y este país existe para defenderlos. Está en nuestros fundamentos. En cualquier caso, aquello me indignó por completo.
Desde ese momento, has ido incluso más lejos. Hace poco dijiste en tu programa que te “atormentará” durante mucho tiempo el hecho de haber contribuido a que Donald Trump fuera elegido, y dijiste: “Siento haber engañado a la gente”. Eso ha llamado mucho la atención, como seguro que sabes. No lo sé porque no me busco nunca en Google.
Me gustaría entender exactamente lo que quieres decir. ¿Me lo puedes explicar? Te diré lo que quiero decir. Creo sinceramente que el requisito básico, el billete de admisión a la conversación, es admitir cuando te equivocas. Me pasé 10 años defendiendo a Trump en Fox News. Probablemente lo volvería a hacer, porque en las bases estoy de acuerdo con él. Nunca defendí nada en lo que no creyera. Pero llegados a este punto, las consecuencias de esta decisión son tan malas para Estados Unidos y para mi familia y la tuya que hay que decirlo en voz alta. Soy una pequeña razón. No creo que haya movido muchos votos, pero lo intenté. Le dije a la gente que este tipo nos mantendría alejados del próximo Irak, concretamente, nos mantendría alejados de una guerra de cambio de régimen con Irán. Y aquí estamos, en medio de una guerra de cambio de régimen en Irán. Cientos de estadounidenses han resultado heridos, algunos han muerto. No nos lo dicen. Eso es justo lo contrario de lo que dije que ocurriría, así que lo siento.
Te oigo decir eso, pero me veo obligada a cuestionarlo un poco. ¿Estás simplemente haciendo público algo que sientes en privado desde hace tiempo? Porque durante la demanda de Dominion contra Fox News, algunos de tus textos se hicieron públicos, y en 2021 dijiste: “Realmente no hay nada bueno en Trump”. Dijiste: “Le odio apasionadamente”. Está claro que, antes de ese momento, tenías ciertas reservas hacia el presidente. Sin ninguna duda. Sin ninguna duda.
Pero, ¿tenía reservas sobre Trump? Por supuesto que sí. Hasta cierto punto, las sublimé o las racionalicé, o me centré en las áreas en las que estaba de acuerdo con él. Todo por mi culpa. Pero me dije, y hasta cierto punto sigo creyéndolo, que lo que importa son las grandes decisiones. Y sabía —porque conozco muy bien a los dirigentes demócratas, que están completamente bajo el control de las mismas fuerzas— que tendríamos inevitablemente una guerra de cambio de régimen en Irán si eran elegidos. Así que me dije que Trump es la forma de evitar lo realmente malo.
Ese es el argumento político contra Trump que planteas. Pero quiero preguntarte por el argumento “moral” que también has expuesto. Es una palabra que has utilizado. En ese monólogo en respuesta al post de Trump sobre la Pascua, dijiste que los comentarios de Trump eran “malvados”. Y quiero entenderlo un poco mejor. ¿Crees que solo sus comentarios son malvados, o que la maldad se extiende al propio Trump? ¿Es él malvado? Solo quiero dejar claro que hay mucha maldad en mí y en todas las personas. Ciertamente lo he experimentado en mí mismo y lo he visto en todas las personas. Todos somos capaces de hacer el mal. Así que quiero dejar de juzgar y ser muy preciso sobre lo que decía: que no puedes burlarte de los dioses de los demás ni ponerte en su lugar. Para mí, eso es un punto de quiebre. Eso es peor que la guerra con Irán, en mi opinión.
Te lo pregunto porque has estado hablando en tu programa sobre si Trump es el Anticristo. Yo no he dicho eso.
En tu programa, el día después de Pascua, señalaste que no puso la mano sobre la Biblia durante su ceremonia de investidura como presidente, y dijiste: “Quizá no puso la mano sobre la Biblia porque rechaza afirmativamente lo que hay dentro de ese libro”. Y luego, en un programa reciente, fuiste más lejos, diciendo: “He aquí un líder que se burla de los dioses de sus antepasados, se mofa del Dios de los dioses y se exalta a sí mismo por encima de ellos. ¿Podría ser éste el Anticristo?” En realidad, no he dicho: “¿Podría ser el Anticristo?”. [Sí lo ha dicho]. No sé de dónde ha salido eso, pero sé que esas palabras nunca salieron de mis labios porque no estoy seguro de comprender del todo qué es el Anticristo, si es que hay uno. En realidad he intentado comprenderlo. Puede que haya dicho que algunos se lo preguntan. No me pronuncio al respecto porque no lo entiendo, para que quede totalmente claro.
Pero, para que quede claro, ¿no era eso lo que estabas dando a entender? Si pensara que Trump es el Anticristo, lo diría. Si entendiera lo que es el Anticristo, lo diría, y en realidad no lo entiendo.
Lo has discutido repetidamente en tu programa, así que intento entender por qué. ¿Qué quieres que considere tu audiencia? Quiero que mi audiencia vea lo que está ocurriendo ahora en términos que trascienden lo material. Obviamente, el flujo de mercancías a través del estrecho de Ormuz es esencial para la economía mundial. Entendido. Pero también creo que hay un mundo más allá de nuestros sentidos. Todas las culturas y civilizaciones lo han comprendido desde el principio de los tiempos. Y estamos en este momento extraño y anómalo en el que nos han entrenado para no pensar eso, pero es real. Y me estoy dando cuenta de ello. Yo no pensaba así para nada hasta hace varios años. Así que no quiero fingir que soy un chamán ni nada por el estilo. Solo quiero dejar claro una y otra vez que hay fuerzas invisibles que actúan, que existe un reino espiritual, y que estamos sujetos a esas fuerzas para bien y para mal, y no creo que ninguna persona pueda negarlo.
Solo quiero señalar que dijiste: “¿Podría ser el Anticristo?”. Y luego dijiste: “Bueno, ¿quién sabe?”. Sí que utilizaste esas palabras. Hombre, pues mis disculpas a ti, si hay un video mío diciendo eso. Supongo que lo que te estoy expresando es que no refleja exactamente cómo me siento. Decir Trump es el Anticristo, sugiere una precisión a la que no he llegado. Tendrías que definir Anticristo, y sé que no puedo definirlo, y no está claramente definido en el Nuevo Testamento ni en el Antiguo Testamento.
¿Así que estás abierto a esa posibilidad? Creo que lo que estamos viendo es el mal. ¿Está permitido matar a personas que no han cometido ningún delito? No. Muy sencillo. No está permitido hacerlo. Bajo ninguna norma moral está permitido. De pronto está permitido en Gaza, y nuestros líderes dicen: “Sí, está totalmente bien”. No está bien. Es repugnante para la concepción cristiana del mundo y del alma humana. Toda persona tiene alma. Esa es la visión cristiana, y no solo la cristiana, sino también la musulmana. Y es mi punto de vista.
¿Ese falso profeta es el presidente Trump? Sí, y Netanyahu. Hay muchos cristianos evangélicos convencidos de que Dios quiere que apoyes a Netanyahu, lo cual me resulta incomprensible.
Los cristianos evangélicos de este país han sido una parte enormemente importante de la coalición del presidente Trump. Muchos apoyan a Israel porque creen que la creación del Estado de Israel cumple una profecía bíblica. Se les llama sionistas cristianos. Observaré que has dicho que los sionistas cristianos te desagradan más que nadie. Has dicho que tienen un “virus cerebral”. Te has disculpado por esos comentarios en repetidas ocasiones. Sí, no debería haber dicho eso.
Pero, ¿te gustaría que esos cristianos dejaran de apoyar al Estado de Israel de la forma en que lo hacen? Por supuesto, inmediatamente, por muchos motivos diferentes. Pero es muy sencillo. El cristianismo nunca puede apoyar el asesinato de inocentes, y punto. Es una línea roja brillante. Encuentra el lugar donde Jesús dice: “Esta gente es molesta, mátalos a todos”. No está ahí. ¿De dónde sacas esto? No soy un teólogo. Pero he preguntado a muchos líderes cristianos sionistas quién quiere hablar conmigo. Ahora no van a hablar conmigo, pero desde luego le he preguntado esto a Ted Cruz. Se lo pregunté a Mike Huckabee. Intenté preguntárselo a Franklin Graham. Pero, sinceramente, quiero saber de dónde viene esto. No puede ser todo del Libro de Ester.
Tuviste una polémica entrevista con Huckabee —es embajador en Israel— en la que hablaste con él sobre el sionismo cristiano durante un buen rato. Y en esa entrevista, le presionaste sobre si el Estado moderno de Israel como patria para el pueblo judío actual tiene legitimidad legal o bíblica. Le preguntaste por esta idea y le diste muchas vueltas durante bastante tiempo. Y me preguntaba a dónde querías llegar. Intentaba obtener una respuesta, que no conseguí, y en lugar de ello se me acusó de odio por intentar conseguir una respuesta a una pregunta muy sencilla, y la pregunta era, ¿en qué te basas para hacer esta afirmación? Personas cuyos antepasados no vivían aquí ahora ocupan la tierra, algo muy común en la historia, por cierto. Ni siquiera me opongo a ello. A lo que me opongo es a la afirmación de que es la voluntad de Dios y que Israel, por ello, tiene el derecho único de existir. ¿De dónde procede ese derecho? Bueno, el derecho procede de la Biblia. DE ACUERDO. Bueno, no soy un erudito de la Biblia, pero desde luego la he leído mucho. Y le dije: ¿Dónde están las fronteras? Porque mi lectura del Génesis es que eso es un gran trozo de tierra. Eso es Medio Oriente. ¿Tiene derecho Israel? Porque te refieres a este texto como la base del derecho a tener esa tierra. Y dijo: por mí, de acuerdo.
En el momento en que empiezas a decirme que, como cristiano, estoy obligado a apoyar al gobierno de este país, tengo derecho a preguntarte de qué estás hablando. Es así de sencillo. Así que volé hasta Israel, cosa que no quería hacer, y le pregunté: ¿De qué estás hablando, a quién se aplica este derecho y sobre qué base? ¡Cállate, antisemita! Desde mi punto de vista, fue la conversación más reveladora que he tenido nunca.

¿Por qué te interesaban tanto esas preguntas? Porque ahora estamos en una guerra, que está en proceso de destruir la economía de Estados Unidos y de provocar la muerte de estadounidenses, porque Israel presionó al presidente de Estados Unidos, quien cedió. Y no estoy siendo blando, pero eso es solo un hecho. Eso es lo que ocurrió. Israel tiene ese poder en nuestro Congreso, no porque tengamos muchos judíos —no sé cuántos judíos viven en Estados Unidos, menos de 10 millones, creo—, sino porque tenemos decenas de millones de cristianos evangélicos que apoyan sin rechistar a Israel porque creen que es su deber teológico hacerlo.
Así pues, de esta cuestión depende el futuro de la economía estadounidense y la vida de los militares estadounidenses. No hay cuestión más importante. ¿Y el esfuerzo por apartarme de esa cuestión es insultándome, llamándome odioso, diciendo que estoy obsesionado con Israel? Agradecería no volver a pensar en ello. En realidad, Israel me parece irrelevante desde el punto de vista geoestratégico, salvo en la medida en que le atribuimos relevancia a instancias, en gran parte, de los cristianos evangélicos. Así que puedes ver que existe una correlación de uno a uno entre estas cuestiones y el futuro de mi país. Mike Huckabee y las personas a las que representa han convertido esto en asunto de la nación, momento en el cual es totalmente justo, de hecho, es un requisito de buena ciudadanía, presionarle para que nos diga: ¿De qué estás hablando? Se negó a responder a esas preguntas, razón por la que yo digo, como alguien que sigue comprometido con la razón, que has quedado al descubierto como un fraude y/o un mentiroso.
¿Por qué crees que se te tacha tan a menudo de antisemita? Creo que hay dos razones. No soy antisemita y creo que eso es obvio. Lo he expresado muchas veces y lo volveré a hacer: tengo objeciones temperamentales y religiosas al antisemitismo o a cualquier odio o discriminación basada en el linaje. Eso va en contra de la teología cristiana, va en contra de mi ética personal y me opongo a ello independientemente de quién lo sufra, ya sean blancos, negros o judíos. Nadie puede ser castigado por su linaje, y punto. No creo en los castigos colectivos, a diferencia del gobierno israelí. Así que ese es el nº 1: me opongo al antisemitismo, y eso es una amenaza porque no lo planteo como quien quiere hacer daño a los judíos. Simplemente no quiero que Estados Unidos se vea implicado en los crímenes de otras naciones, y no me siento intimidado.
Y nº 2, esa es una conversación mucho más fácil que responder a preguntas muy sencillas. Como: ¿de dónde viene el derecho a existir? Durante muchos años me han dicho que Israel tiene un derecho único en el mundo a existir. ¿De dónde emana ese derecho, quién lo concedió y por qué motivos? Y no pueden responder a las preguntas ni quieren mantener la conversación. Así que para que quede totalmente claro: hacer preguntas no es odio. Decir la verdad no es odio. No quieren responder a la pregunta ni decir la verdad. Y, por cierto, no se trata solo de los judíos: creo que los sionistas cristianos me han atacado con más saña que los judíos, de hecho. Es una especie de bonito universalismo. Pero no me intimida. No sé por qué habría de intimidarme. De hecho, creo que es mi obligación no sentirme intimidado.
¿Preguntar puede suscitar odio? El lenguaje es poderoso. Claro, puedes plantear ataques en forma de preguntas. Yo lo he hecho muchas veces, seguro. Pero las preguntas en sí quedan en el aire. Y una pregunta legítima merece una respuesta.
Esta entrevista fue editada y condensada a partir de dos conversaciones. Escucha o mira “The Interview” en Apple Podcasts, Spotify, YouTube, iHeartRadio o Amazon Music. Síguenos en Instagram y en TikTok
Interesantísima charla y muy reveladora. Lo de la fractura y desintegración de MAGA es irrelevante comparado con otras cosas que dice (muchas de las cuales confirman lo que vengo sosteniendo hace mucho).
Ser «rehén de Netamyahu y sus muchos defensores en EEUU» es lo mismo que decir que es rehén de camarillas oligárquicas que tienen el suficiente poder para poner al presidente en caja y disuadirlo y, en caso necesario, hacerle saber que puede ser eliminado (ya tuvo 4 intentos de asesinato).
Se puede hablar de intentos seriales de magnicidio. Lo que indica que el esfuerzo de las camarillas oligárquicas para mantenerlo a bordo del barco bélico es notable. Lo que indica que no confían en absoluto en él.
Por otro lado, hay que explicar el lenguaje y discurso de Trump una vez sometido a la camarilla.
Adopta la forma de los «más papistas que el Papa», pero, lejos de significar algo con lo que pudiera estar de acuerdo, en rigor, es un mecanismo narcisista que protege y refuerza su ego, al mismo tiempo que disimula su verdadera debilidad ante los poderes no formales que lo constriñen y lo tienen controlado.
Es decir que el discurso bélico y violento es una forma de proteger y proyectar su ego.
Cuando se analizan personas o políticas, la prioridad es desentrañar la lógica verdadera, no satisfacer identidades políticas de antemano. Lo primero lleva a comprender y modificar la realidad, lo segundo lleva a ratificar opiniones preconcebidas.