El ataque terrorista ilegal de Estados Unidos e Israel contra Irán continúa una campaña devastadora, que ha arrasado países e instituciones internacionales con el fin de eliminar todos los obstáculos interpuestos a la espiral de intensificación de la totalidad de los vectores de barbarización de la relación capital y de la forma Estado capitalista ante la vacilante hegemonía estadounidense y las crecientes dificultades de reproducción del capitalismo como sistema histórico, abriendo un escenario nunca visto de respuesta antisistémica poscapitalista verdaderamente global para derrotar mediante el mismo golpe la barbarie y el fascismo.
En realidad, Irán ha renunciado desde hace mucho tiempo a la pretensión de construir armas nucleares, decisión que ha codificado en sus leyes y directivas nacionales, así como ha ratificado el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), se ha abierto a las inspecciones internacionales e incluso ha firmado un acuerdo formal con Estados Unidos y otros países para no desarrollar armas nucleares, el Joint Comprehensive Plan of Action (JCPOA), que más tarde fue abandonado no por Irán, sino por Donald Trump, ante la insistencia de sus donantes israelíes.
Pero, por supuesto, quien haya estado prestando atención a todo el asunto sabe muy bien que Irán no ha sido atacado, porque tuviera armas nucleares. En realidad, ha sido bombardeado, porque no tiene armas nucleares y, por lo tanto, es considerado por el Eje como un objetivo susceptible de ser derrotado, a pesar de su tamaño y sus capacidades militares convencionales, y como la última gran pieza que se opone a la hegemonía del Eje y al dominio israelí en la región de Asia occidental. En este sentido, la hipocresía de las afirmaciones del Eje es asombrosa. El único actor de la región que dispone de arsenales de armas nucleares (totalmente no declarados y sin supervisar) es el régimen israelí, al que se unió en el ataque a Irán otra potencia nuclear, Estados Unidos, la cual, bajo el mandato de Trump, se ha retirado del Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Rango Medio (INF), ha rechazado la prórroga del Nuevo Tratado START y, como se ha señalado, ha abandonado el JCPOA.
En otras palabras, dos potencias nucleares canallas han tratado de justificar sus ataques contra un tercer Estado, que no tiene armas nucleares, invocando el control nuclear y la no proliferación. A esto hay que añadir el hecho de que, mientras que Irán no ha iniciado una guerra con ningún otro país en los dos últimos siglos, Estados Unidos y el régimen israelí son responsables conjuntamente de la mayor parte de las agresiones militares desplegadas en el mundo actual, habiendo perpetrado ataques durante los últimos años contra Palestina, Líbano, Siria, Iraq, Yemen, Somalia, Nigeria, Libia, Pakistán, Venezuela, Qatar e Irán, así como contra barcos en el Mediterráneo y en el Caribe. Ningún otro país del planeta se acerca ni remotamente al historial violento de Estados Unidos o Israel.
Al mismo tiempo, ambos países están dirigidos por gobiernos violentos, de extrema derecha y racistas, que acumulan un historial de ilegalidad extremo. Ambos se han unido para perpetrar un genocidio en Palestina. Y ambos están dirigidos por criminales de guerra en serie. De hecho, Trump ha atacado a más países (diez) que cualquier otro presidente en la historia de Estados Unidos, récord difícil de superar, ha demostrado una reincidencia sin precedentes en el delito de agresión, ha asesinado a tripulaciones de barcos en el Caribe, ha atacado a estudiantes y defensores de los derechos humanos en su país y ha desatado a paramilitares violentos, armados y xenófobos contra la población de las ciudades estadounidenses. Por su parte, Netanyahu es, literalmente, un fugitivo de la justicia acusado de crímenes contra la humanidad ante el Tribunal Penal Internacional, y encabeza un régimen que ha sido declarado culpable de apartheid, crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio. Cualquier evaluación justa solo podría concluir que, en este contexto, centrarse en los dirigentes y en el armamento iraní es tan absurdo como peligroso.
La manifiesta debilidad de la justificación de la existencia de una amenaza nuclear para implementar la agresión del Eje contra Irán ha obligado a sus integrantes a construir un guion propagandístico alternativo para defenderla, que es al menos tan absurdo como la artimaña nuclear. Esta afirmación, reciclada de anteriores agresiones estadounidenses practicadas en Iraq y Libia, es que el Eje está interviniendo para proteger los derechos humanos del pueblo iraní. Permítanme repetirlo: Estados Unidos y el régimen israelí han intentado justificar sus sangrientos ataques basándose en los derechos humanos, una afirmación que sería cómica si no fuera tan mortífera. Esto no quiere decir que Irán no tenga problemas de derechos humanos. Todos los países los tienen e Irán no es una excepción. Pero la idea de que estos dos Estados canalla, ambos con un historial atroz en materia de derechos humanos y que han sido la principal fuente de sufrimiento en Asia occidental durante ocho décadas, estén motivados de alguna manera por la más mínima preocupación por los derechos humanos, es absurda.
El régimen israelí, ampliamente reconocido como uno de los más brutales de la historia moderna, ha afirmado que uno de sus motivos para atacar Irán es la defensa de los derechos humanos. El mismo régimen israelí, que cuenta con un historial de ocho décadas de colonialismo violento, limpieza étnica, apartheid, gobierno etnosupremacista, encarcelamiento masivo por motivos raciales, tortura y abusos sistemáticos, ejecuciones sumarias, pogromos patrocinados por el Estado, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y genocidio. El mismo régimen israelí, que está siendo juzgado por genocidio en el Tribunal Internacional de Justicia, y cuyos líderes están acusados de crímenes contra la humanidad por el Tribunal Penal Internacional. El mismo régimen israelí que durante décadas ha asesinado a innumerables iraníes en sucesivos ataques letales, acciones militares y actos de sabotaje. El mismo régimen israelí que hace solo dos meses desplegó agencias de espionaje y grupos armados para apoderase de la dirección de protestas pacíficas con el fin de llevar a cabo ataques violentos y desestabilizar el país. El mismo régimen israelí que, junto con su aliado estadounidense, asesinó a más de mil iraníes en ataques ilegales hace solo ocho meses.
Y se trata también del mismo gobierno estadounidense, que ha aterrorizado al mundo con repetidos actos de agresión violenta, que ha atacado a defensores de los derechos humanos dentro y fuera de Estados Unidos y que ha sancionado a funcionarios de derechos humanos de la ONU y a jueces y fiscales del Tribunal Penal Internacional. Se trata del mismo gobierno estadounidense, que ha utilizado sus agencias militares y de inteligencia para violar los derechos humanos en todo el mundo, que ha asesinado a tripulaciones de barcos inermes en el Caribe y que ha secuestrado al presidente y la primera dama de Venezuela. Este mismo gobierno estadounidense, que se opone sistemáticamente a la agenda de derechos humanos de la ONU, que rechaza los tratados internacionales de derechos humanos y que trabaja para obstruir los mecanismos internacionales que garantizan la aplicación de estos. El mismo gobierno estadounidense, que ha perseguido a minorías, migrantes, disidentes, manifestantes, activistas por la paz y estudiantes en su propio país, que se ha aliado con las fuerzas más opresivas de Oriente Próximo y de otros lugares, y que ha participado activamente en el genocidio de Palestina. Y se trata del mismo gobierno estadounidense, que ha violado los derechos humanos del pueblo iraní durante más de setenta años, derrocando a un gobierno elegido democráticamente e instalando a un dictador brutal antes de la proclamación de la revolución islámica y que posteriormente ha impuesto sanciones devastadoras, llevando a cabo sabotajes, lanzando ataques militares, desestabilizando la moneda y sembrando la violencia contra la población civil en un intento de derrocar al legítimo gobierno iraní.
Así pues, la afirmación de que las mismas fuerzas que han violado los derechos humanos en Irán durante décadas están ahora matando a la población iraní para restaurar sus derechos humanos es una afrenta al pueblo iraní, a las numerosas víctimas del Eje Estados Unidos-Israel diseminadas por todo el mundo y al concepto mismo de derechos humanos.
La potencia estadounidense ha llevado a cabo estos ataques criminales a pesar de que son manifiestamente contrarios a las obligaciones de Estados Unidos a tenor del derecho internacional, contrarios a su legislación nacional, contrarios a sus intereses económicos, de seguridad nacional, diplomáticos y de reputación, y contrarios a los deseos de la mayoría del pueblo estadounidense. Ha destinado miles de millones de dólares en gastos militares para llevar a cabo la agresión y ha iniciado una guerra, que perturbará los mercados energéticos mundiales de una manera, que sin duda tendrá un impacto negativo en la economía estadounidense (y mundial). Ha puesto en peligro sus relaciones con aliados clave de Estados Unidos en la región, que habían trabajado duro para evitar los ataques del Eje contra Irán. Y ha puesto a sus soldados en peligro físico (ya se han anunciado las primeras bajas de soldados estadounidenses) y a sus comandantes y políticos en un posible peligro legal por agresión y crímenes de guerra.
¿Qué podría explicar la decisión de Trump de optar por tales daños autoinfligidos a los intereses de Estados Unidos? La respuesta, en una palabra, es Israel. ¿Qué podría explicar la decisión de Trump de optar por tales daños autoinfligidos a los intereses de Estados Unidos? La respuesta, en una palabra, es Israel. El régimen israelí y sus representantes y grupos de presión en Estados Unidos han trabajado durante décadas para lograr precisamente este resultado. El ascenso al poder de Donald Trump, su nombramiento de un grupo de sionistas extremistas y su obtención de cientos de millones de dólares en donaciones de representantes y grupos de presión israelíes (y quizá su exposición en los archivos de Epstein) han proporcionado la oportunidad perfecta para que el régimen israelí obligue a Estados Unidos a sacrificar sus propios intereses en nombre del régimen sionista. Y, para alegría del acusado de crímenes de guerra Benjamin Netanyahu, eso es precisamente lo que Estados Unidos está haciendo.
The US and the Israeli regime have massive stockpiles of nuclear and other weapons of mass destruction. But the most lethal weapon in the hands of the US-Israel Axis and their media and corporate proxies is the engineered ignorance of the American people. In place of facts,…
— Craig Mokhiber (@CraigMokhiber) March 5, 2026
El escenario que se ha producido resulta siniestramente familiar, ya que se ha extraído directamente del manual de Iraq: gritar «armas de destrucción masiva», pasar a los «derechos humanos» cuando falla la afirmación de la existencia de estas y, a continuación, tras haber lanzado la guerra de agresión, revelar las verdaderas intenciones y admitir que se trataba de un «cambio de régimen». Y, de hecho, una vez lanzada la agresión contra Irán, tanto Trump como Netanyahu anunciaron públicamente los verdaderos motivos del ataque: el cambio de régimen, una revelación que no sorprendió a nadie. El objetivo final del Eje Estados Unidos-Israel es destruir el gobierno de Irán e instalar un régimen títere leal y dirigido por el imperialismo estadounidense y sumiso al sionismo israelí o, en su defecto, desestabilizar, aplastar y balcanizar Irán para que Occidente pueda apropiarse de sus recursos naturales y nunca pueda desafiar la hegemonía del Eje.
Su candidato preferido para gobernante títere parece ser Reza Pahlavi, el hijo residente en Estados Unidos del antiguo dictador iraní Shah Mohammad Reza Pahlavi, instalado por la CIA y derrocado mediante la revolución popular de 1979. Pahlavi ha vivido una vida privilegiada en el exilio, apoyado por la riqueza extraída de Irán antes de la revolución, por monárquicos adinerados y por las agencias de inteligencia estadounidenses e israelíes. Tras autoproclamarse «Reza Shah II, el Sha de Irán» tras la muerte de su padre en 1980, Pahlavi ha trabajado durante décadas, supuestamente con la ayuda de la CIA y el Mossad, para cultivar un electorado entre los iraníes de la diáspora y presionar a favor de un cambio violento de régimen en Irán. Aunque se ha ganado el apoyo de algunos monárquicos conservadores y sionistas, es rechazado por los exiliados iraníes más progresistas, habiendo sido denominado con frecuencia despectivamente «el príncipe payaso», y cuenta con muy poco apoyo de cualquier tipo dentro del propio Irán.
Por supuesto, aunque el Eje lograra sus nefastos objetivos de cambio de régimen, no hay garantía de que Pahlavi pudiera ser realmente instalado como títere del mismo. Lo importante para Estados Unidos e Israel no es quién baila al son de su música, sino quién mueve los hilos. Y los imperios y colonizadores nunca tienen demasiadas dificultades para encontrar colaboracionistas amorales y vasallos dóciles, que encabecen sus proyectos de sometimiento.
El ataque contra Irán por parte del Eje Estados Unidos-Israel es, por consiguiente, evidentemente inmoral, imprudente e indefendible. Pero también es flagrantemente ilegal. El Eje ha hecho desfilar a los habituales portavoces del imperialismo estadounidense, del sionismo israelí, del neoconservadurismo depredador y del monarquismo iraní para desempolvar viejos y desacreditados argumentos sobre la «guerra preventiva» y la «autodefensa anticipatoria». Esto, como cualquier abogado internacional sabe y como he escrito antes, es una completa insensatez.
Resumido en pocas palabras, es preciso afirmar que el ataque no provocado contra Irán por parte del Eje Estados Unidos-Israel es un delito según el derecho internacional. El Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas reconoce el derecho a la autodefensa solo en respuesta a un «ataque armado» o cuando lo autorice específicamente el Consejo de Seguridad. Cualquier otro ataque armado constituye un delito de agresión, que fue considerado «el delito internacional supremo» y «el delito de los delitos» por los participantes en el Tribunal de Núremberg. Esto significa que el Eje está utilizando la fuerza contra Irán de forma ilegal en violación del Artículo 2(4) de la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe la amenaza o el uso de la fuerza, y, como tal, está cometiendo el delito de agresión. En este caso, desde el punto de vista jurídico, el derecho a utilizar la fuerza (en defensa propia) pertenece a Irán, y decididamente no a Israel ni a Estados Unidos.
Además, contrariamente a lo que afirma el Eje, el derecho internacional no permite la denominada «defensa anticipatoria» ni los denominados «ataques preventivos». Se trata simplemente de actos de agresión desde el punto de vista jurídico. El ataque a Irán es un caso paradigmático de agresión ilegal, el delito supremo en el derecho internacional y, para empeorar las cosas, está siendo perpetrado por el mismo Eje de países, que actualmente está cometiendo el otro delito de los delitos, el genocidio. De hecho, la intención de la Carta de las Naciones Unidas (un tratado vinculante) era prohibir las alegaciones de legítima defensa a menos que se hubiera producido un ataque armado o el Consejo de Seguridad hubiera autorizado el uso de la fuerza militar, lo cual no se verifica en este caso. Ni siquiera la idea, ahora obsoleta, del derecho internacional consuetudinario del siglo XIX de la legítima defensa anticipatoria, defendida por algunos autores antes de la adopción de la Carta de las Naciones Unidas, llegaba tan lejos como las distorsiones afirmadas por el Eje y sus representantes.
Antes de la adopción de la Carta en 1945, la prueba de Caroline solo permitía la autodefensa anticipatoria, si la amenaza era «inmediata, abrumadora y no dejaba otra opción ni tiempo para la deliberación», lo cual claramente no es el caso en los ataques perpetrados por el Eje contra Irán. Como he escrito antes, otros autores han tratado de encontrar un término medio, alegando que la acción anticipatoria puede ser permisible siempre que un ataque se considere «inminente». Pero este también es un argumento dudoso, ya que no hay ningún indicio de tal excepción en el derecho internacional moderno. Y, en cualquier caso, en el caso actual, no había ningún ataque inminente sobre la mesa y el Eje ni siquiera afirma que lo hubiera. Y como hemos visto en anteriores actos de agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán, el Eje a menudo intenta distorsionar aún más la idea de la autodefensa anticipatoria, alegando el derecho a atacar a cualquiera que algún día en el futuro pudiera atacar a Israel o a Estados Unidos.
Su argumento, absurdo a primera vista, es que Irán podría algún día desarrollar armas nucleares susceptibles de ser utilizadas contra Israel o Estados Unidos, si realmente las desarrollara, y que, por lo tanto, el Eje no tiene más remedio que atacar a Irán ahora. Desde el punto de vista del derecho internacional este argumento carece por completo de fundamento. Es evidente que, si esa fuera la norma, cualquier Estado podría atacar legalmente a cualquier otro Estado en cualquier momento, simplemente alegando una posible amenaza futura. Y eso anularía efectivamente la Carta de las Naciones Unidas y sumiría al mundo en un estado de violencia permanente e implacable. Pero incluso a tenor de los argumentos más laxos posibles ligados a la autodefensa anticipatoria, que, afirmo una vez más, es rechazada por la práctica totalidad de la disciplina del derecho internacional público, los ataques contra Irán seguirían siendo ilegales.
No es un caso difícil. (1) Irán no tiene armas nucleares, (2) no hay pruebas de que esté desarrollando armas nucleares, (3) no hay pruebas de que las utilizaría contra el régimen israelí, aunque las obtuviera, (4) no existía una amenaza inminente y (5) las potencias del Eje no han agotado los medios pacíficos, como exige el derecho internacional. Y para cerrar el caso definitivamente, incluso la posesión real de armas nucleares por parte de un Estado no es una justificación legal para un ataque armado contra ese Estado. Si lo fuera, cualquier Estado podría lanzar legalmente un ataque contra Estados Unidos o contra el régimen israelí en cualquier momento, ya que ambos Estados poseen armas nucleares. En resumen, el ataque contra Irán es un caso paradigmático de agresión ilegal, el delito supremo en el derecho internacional y, para empeorar las cosas, está siendo perpetrado por el mismo Eje de países que actualmente está cometiendo el otro delito de los delitos, el genocidio.
Hay una parte en este conflicto, sin embargo, que sí tiene el derecho legal de utilizar la fuerza armada en esta situación. Esa parte es Irán. Y esta parte es Irán. Tras haber sido objeto de un ataque armado ilegal por parte de Estados Unidos e Israel, Irán ha respondido en defensa propia, como es su derecho legítimo a tenor del Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, y lo ha notificado debidamente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Más allá del crimen de agresión, los ataques del Eje contra Irán han incurrido en otras graves violaciones del derecho internacional humanitario, esto es, Estados Unidos e Israel han cometido crímenes de guerra. En el momento de redactar este artículo, los ataques ya han causado la muerte de cientos de iraníes, muchos de ellos civiles. Además de objetivos militares, el Eje ha atacado barrios civiles, edificios de viviendas, infraestructuras civiles y al menos un instituto de secundaria y una escuela primaria para niñas. Estos actos, evidentemente, violan el principio de distinción y la prohibición de atacar a personas e infraestructuras civiles protegidas. Los ataques del Eje contra infraestructuras civiles (por ejemplo, edificios de viviendas) no superan las pruebas del derecho internacional humanitario en materia de precaución, distinción o proporcionalidad, por lo cual son ilegales.
Especialmente graves, tanto desde el punto de vista jurídico como humanitario, son los ataques del Eje (por segunda vez en meses) contra las instalaciones nucleares de Irán. Los ataques contra instalaciones peligrosas, como centrales nucleares y otras instalaciones que contienen lo que la ley denomina «fuerzas peligrosas», están generalmente prohibidos por el derecho internacional humanitario. La propia Agencia Internacional de Energía Atómica ha afirmado, que tales ataques están prohibidos por el derecho internacional y constituyen una violación de la Carta de las Naciones Unidas. Estas instalaciones están protegidas por el derecho internacional debido al daño grave, que podrían causar a la población civil en caso de ataque. Y aunque, en teoría, puede haber circunstancias en las que se permitan tales ataques, en la práctica sería casi imposible que una parte beligerante cumpliera las condiciones para atacar legalmente tales instalaciones.
Las únicas circunstancias en las que estos pueden permitirse son cuando (1) estas instalaciones se utilizan directamente con fines militares (como lanzar ataques), (2) existe un objetivo militar legítimo, (3) el ataque es necesario para conseguir ese objetivo, (4) se da una advertencia efectiva y (5) la acción militar cumple los criterios legales de precaución, distinción y proporcionalidad. Es casi imposible cumplir esta norma en lo que respecta a una instalación nuclear, debido al riesgo de fugas y propagación de radiación y a la posibilidad de que se produzcan daños generalizados a la población civil. Y, en el caso de Irán, por lo demás no se verifica ninguna de las condiciones necesarias. El derecho internacional humanitario también prohíbe cualquier medio de guerra que tenga por objeto o pueda causar daños generalizados, duraderos y graves al medio ambiente natural. Y el derecho de neutralidad exige que las partes en conflicto no causen daños transfronterizos a un Estado neutral debido al uso de armas en un Estado beligerante, lo que sería inevitable con la liberación de emisiones nucleares. Así pues, los ataques del Eje Estados Unidos-Israel contra las instalaciones nucleares de Irán son ilegales.
El Eje Estados Unidos-Israel lleva más de dos años cometiendo actos violentos, dejando a su paso un rastro de sangre y destrucción. Irán no es más que el último objetivo de lo que ha sido una orgía de agresión y genocidio muy familiar en siglos pasados, pero sin precedentes en la historia moderna posterior a la Segunda Guerra Mundial. De hecho, impulsado por el mismo tipo de ideología imperial, ultraderechista, supremacista, colonial y militarista, que asoló el planeta con la Segunda Guerra Mundial, el Eje está decidido a imponer su brutal forma de dominación en Asia occidental y más allá, y a retroceder en el tiempo hasta el capítulo más oscuro de nuestra historia colectiva.
Un elemento central de este proyecto infame ha sido el desmantelamiento sistemático de todas las barreras de protección erigidas durante el periodo abierto tras concluir la Segunda Guerra Mundial, lo cual se ha materializado en los consabidos ataques lanzados contra las Naciones Unidas, contra los tribunales internacionales como el Tribunal Penal de Justicia y el Tribunal Internacional de Justicia, así como contra los mecanismos independientes de salvaguarda y protección de los derechos humanos como la Relatora Especial sobre Palestina de las Naciones Unidas y el propio derecho internacional, todo ello con el fin de garantizar la impunidad absoluta del régimen israelí y del imperio estadounidense. Ambos Estados canallas apuestan por que las naciones del mundo y las instituciones internacionales puedan ser intimidadas o corrompidas hasta aceptar servilmente su voluntad o aplastadas hasta convertirse en polvo de la historia; ambos apuestan por que incluso las líneas rojas más brillantes del orden jurídico moderno –la prohibición de la agresión y del genocidio– puedan borrarse a voluntad de los perpetradores.
Y, de hecho, hasta ahora, los líderes de innumerables Estados e instituciones internacionales les han dado la razón. Las naciones libres han caído como fichas de dominó. Las normas del derecho internacional se han desmoronado. Las instituciones se acobardan ante el rugido fascista del Eje. Las víctimas y los vulnerables se quedan sangrando y muriendo solos, sin socorro ni solidaridad, mientras los líderes temerosos se esconden en las sombras, demasiado aterrorizados para desafiar la embestida.
Demoledora información sobre la condición de la mujer en Irán. Hagan circular esta información. https://t.co/3V4hYa5SQG
— Atilio Boron (@atilioboron) March 5, 2026
Pero el Ortro de dos cabezas del imperialismo estadounidense y del sionismo israelí aún no ha ganado.
El pueblo iraní está luchando. Los grupos de resistencia de toda la región se están preparando para mostrar su solidaridad. El pueblo palestino está enseñando al mundo el significado de la palabra sumud y de la palabra firmeza. Los perpetradores están siendo llamados a rendir cuentas ante los tribunales. Los sindicatos y los trabajadores portuarios, así como los movimientos sociales de todo Occidente, se están levantando para luchar desde las entrañas de la bestia. Estudiantes, defensores de los derechos humanos, activistas por la paz y gente común de todas partes se están levantando en cifras récord para resistir la oscuridad y solidarizarse con quienes están en el punto de mira del fascismo y del imperio, incluso ante una represión sin precedentes. Millones de personas están resistiendo, protestando, manifestándose, haciendo huelga, boicoteando, desinvirtiendo, llevando a cabo acciones directas y practicando la desobediencia civil, denunciando y procesando a los responsables, votando en contra de los corruptos y cómplices, y disipando la niebla de la propaganda para educar a sus vecinos en la verdad.
Su mensaje es un camino iluminado para salir de esta oscuridad: No a la impunidad. No al imperialismo. No al sionismo. No al fascismo. No al militarismo. No a la agresión. Y no al genocidio. Un mundo sin límites morales o legales no es un mundo habitable, pero ese será nuestro destino, si no estamos a la altura de las circunstancias en estos momentos. Y el momento es ahora.
Recomendamos leer Ali Abunimah, «Un crimen enorme contra Irán», «Estados Unidos e Israel lanzan otra guerra contra Irán mientras se desploma el apoyo de la opinión pública estadounidense al Estado terrorista israelí» y «La Junta de Paz de Trump: multimillonarios, compinches y genocidas», Craig Mokhiber, «El mundo de rodillas: la «Junta de Paz» de Trump y los tiempos oscuros que se avecinan» y «La ONU abraza el colonialismo: análisis del mandato del Consejo de Seguridad para la administración colonial estadounidense de Gaza»; Huda Ammori, «Palestine Action: sabotaje a la industria bélica israelí», Michael Arria, «Veinte años de BDS: entrevista con Omar Barghouti, cofundador del movimiento» todos ellos publicados en Diario Red. Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Informes de la Relatora Especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967, Francesca Albanese, «Anatomía de un genocidio» (2024), «De la economía de la ocupación a la economía del genocidio» (2025) y «Gaza Genocide: a Collective Crime» (2025).
Este artículo se ha publicado originalmente en Mondoweiss y se publica aquí con consentimiento expreso de su editor.
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Craig Gerard Mokhiber (nacido en 1960) es un exfuncionario estadounidense de derechos humanos de las Naciones Unidas (ONU) y especialista en derecho, política y metodología de derechos humanos internacionales. El 28 de octubre de 2023, Mokhiber dimitió como director de la oficina de Nueva York del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), cuatro días antes de su jubilación. En su última carta al Alto Comisionado Volker Türk, criticó duramente la respuesta de la organización a la guerra en Gaza, calificando la intervención militar israelí de «genocidio de manual» y acusando a la ONU de no actuar.