El virreinato petrolero: Trump y la disputa por la renta de Venezuela

La ofensiva de Trump sobre Venezuela tiene en el petróleo su verdadero núcleo estratégico. Más que cambiar un gobierno, Washington busca recuperar capacidad de decisión sobre una de las mayores reservas energéticas del planeta. La disputa no es solamente por quién extrae el petróleo, sino por quién controla la renta que produce. Y el caso venezolano plantea una pregunta incómoda para toda América Latina: ¿soberanía sobre los recursos o administración extranjera del excedente?
Hay una conexión particularmente relevante con el modelo que está construyéndose en Argentina alrededor de los hidrocarburos.
La pregunta que Venezuela vuelve a colocar sobre la mesa es: ¿Para quién se desarrolla el recurso?
No alcanza con aumentar producción, exportaciones e inversión extranjera. Hay que observar quién controla los activos, quién financia, quién exporta, quién recibe las divisas, qué impuestos y regalías quedan en el Estado y qué proporción de la renta termina en manos privadas.
Por eso, el caso venezolano constituye una advertencia mucho más amplia: la soberanía energética no se pierde únicamente cuando una potencia extranjera ocupa un yacimiento. También puede perderse cuando el Estado conserva la propiedad formal del recurso pero renuncia al control efectivo de su renta.

«El virreinato petrolero de Trump sobre Venezuela es una fantasía con poco de verdad», según Einstein Millán Arcia, exgerente de la estatal PDVSA

A varias semanas del secuestro del presidente Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, Donald Trump anuncia planes para «comercializar» el crudo venezolano a través de corporaciones como Vitol, Trafigura y Chevron. Promete el retorno de Exxon Mobil y Conocco Phillips, habla de «confiscar» 50 millones de barriles almacenados, y plantea un esquema dond…

No hay manera de que una empresa joven, nueva, como NABEP, sostenga durante 25 años una tasa de inversión de 4.000 millones de dólares anuales. No hay manera. La única forma en que ese tipo de inversión sea viable para una empresa tan chica —una CPP, una compañía de producción compartida— es a través de crowdfunding: socios escondidos, detrás de eso que crearon y llamaron “fondo estratégico” del Pentágono. Un fondo que permite canalizar opciones de inversión a través de esa institución y, a la vez, captar cuando ellos lo consideren conveniente intereses sobre la producción total, o sobre ese 20% que ya mencioné y que quedó develado en los comunicados de la Casa Blanca.

Respecto a lo que decís sobre las cifras infladas de inversión y de ganancias, y de los costos: ¿Cuál es el objetivo de esta maniobra de inflar los números, más allá de engañar?

Lo pienso más del lado estadounidense que del venezolano. La prueba más evidente es que, desde comienzo de año, de unos 226 millones de barriles exportados oficialmente, solo ingresaron oficialmente 300 millones de dólares. Ni de un lado ni del otro he visto resultados de auditoría. El mundo no ha visto informes ni del Banco Central de Venezuela ni del Tesoro estadounidense sobre cuánto dinero venezolano efectivamente se envió a las arcas del país. Es una prueba para que la gente medite sobre lo que está pasando.

El gobierno de Trump dice una cosa, el de Venezuela dice otra. Trump plantea un negocio, Venezuela lo maquilla diciendo que la ganancia va a ser tal, la inversión tal, y a un plazo distinto del que plantea Estados Unidos.

Te doy cifras concretas, oficiales, del informe de PDVSA: con una producción equivalente a la que se alcanzaría en el nivel pico de este proyecto a 25 años —yo supongo que en realidad va a ser a 100, pero así lo plantea Estados Unidos—, para 2012 el costo de producción nacional de PDVSA, incluyendo la Faja en pleno desarrollo, con toda la inversión —exploración, desarrollo y mejoramiento— era de 11,09 dólares por barril. Hay dos fases en el proceso de un pozo de la Faja: la dilución en fondo, cuando el pozo ya no levanta naturalmente, y el mejoramiento en el punto de entrega para exportarlo como Merey 16. Ese costo de 16 dólares ponderado a 2012 incluía todo eso, exploración, infraestructura, desarrollo y upgrading.

Trump exige a Delcy Rodríguez "acceso total" al petróleo venezolano

Si Estados Unidos se reserva gran parte de la producción para llevarla al Golfo de México, el hecho es que la mayoría de esas refinerías no necesitan crudo mejorado, a lo sumo diluido. Entonces, restando de la ecuación el costo de mejoramiento —entre 4,5 y 7 dólares por barril—, el costo real de producción rondaría entre 9 y 11 dólares.

En el lado de las ganancias: si Venezuela dice que esos 200.000 millones de dólares a 25 años dan una ganancia de 19 dólares por barril, eso también debe revisarse. Porque ese 20% que se reserva Estados Unidos de la producción sin costo va a generar una caída de entre 5 y 8 dólares por barril en los ingresos, reduciendo esa ganancia de 19 dólares a entre 11 y 14. Compará eso con 2007-2008, cuando bajo la ley de hidrocarburos vigente entonces —con 30% de regalías y 50% de impuesto sobre la renta— se ganaba en exceso de 45 dólares por barril.

Y esos márgenes se van a ensanchar más para Estados Unidos y la ganancia venezolana se va a reducir más todavía cuando el precio del barril suba. Porque a partir de 2030-2035 va a empezar el cuello de botella en las reservas mundiales, con la desaparición de ese 60% de países productores. Ya lo estamos viendo hoy, con el Brent en 93-94 dólares. Para 2027-2030 el barril va a superar los 100 dólares, y después de 2030, los 135. El diferencial entre el crudo venezolano y el de referencia, que puede rondar entre 7 y 12 dólares según el risk premium —llegó a estar en 18-20 dólares cuando la sanción estaba al máximo, y bajó a 5-6 en otros momentos—, hace que un Merey pueda cotizar fácilmente por encima de 90 dólares. Y con precios más altos, lo que Estados Unidos se lleva de ese 20% también es más.

A eso hay que sumarle que, si Estados Unidos compra el petróleo como comprador exclusivo, Venezuela tampoco va a poder refinarlo y venderlo como productos de mayor margen: gasolina de avión, aceites y otros derivados. El negocio para Estados Unidos sigue siendo comprar el crudo en bruto y procesarlo después. Venezuela queda como un simple productor que extrae petróleo y lo pone en un barril, retrocediendo 60 o 70 años. Hoy las refinerías venezolanas procesan entre 350.000 y 400.000 barriles diarios, sobre una capacidad instalada de 1.200.000.

Einstein, ¿es viable este proyecto, incluso a 25 años, considerando que se necesitarían 4.000 millones de dólares anuales de una empresa chica como NABEP, sumado al estado de la infraestructura eléctrica y de los puertos para exportar? Del lado venezolano se presenta este acuerdo como que se va a producir más petróleo, van a entrar más divisas al mercado cambiario y al Estado, y con eso se va a poder mejorar el salario y los servicios públicos. Esa es la envoltura de regalo. Pero hay fallas estructurales en el negocio petrolero y en la infraestructura del país que hacen pensar que esto también es, un poco, tirar números al azar.

¿Cuándo escuchaste a Trump decir una verdad? Él siempre adorna las cosas. Yo no lo conozco hablando con la verdad. Y bueno, ambos gobiernos están buscando simpatía. Trump tiene encima las midterms, y ahí puede jugarse un impeachment o hasta su encarcelamiento. Eso es lo que está tratando de evitar. Pero por mucho que él quiera, que Venezuela surja como productora no va a pasar en el corto plazo: repito, unos 24 meses para la primera producción. Y esa primera producción no significa construir toda la infraestructura de una: los procesos de ingeniería, procura y construcción —los IPC— necesitan un período de maduración de entre 1,5 y 2 años. De lo contrario, terminás con una catástrofe, más aún en un área tan sensible en términos de riesgo operacional y ambiental como la petrolera.

Y como te dije, una empresa de esa naturaleza no puede financiar 4.000 millones anuales a menos que tenga un crowdfunding bien oscuro, y esa oscuridad se facilita a través del parapeto que mencioné.

Ha salido algunos informes que dicen que el Pentágono invertirá en el proyecto.

El Pentágono no pondrá un centavo. Va a actuar como canalizador de opciones de inversión, que es distinto. Eso se traduce en una palabra: crowdfunding. Reunís a un grupo selecto de gente que no quiere estar visible, que pone el dinero, y vos —que tenés la fuerza militar— lo representás y lo protegés. Se llama options en el mercado. Es algo que yo no había visto antes, y estoy seguro de que un Senado y un Congreso demócrata lo terminarían disolviendo.

Einstein, ¿es posible que Estados Unidos tome el petróleo que salga de este acuerdo y lo incluya dentro de sus reservas estratégicas, como dice Trump?

Hay una incompatibilidad físico-química, porque cuando mezclás distintos crudos —un crudo pesado de la Faja con un crudo liviano o mediano, como el que está en la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR)— puede haber incompatibilidad, generando depósitos de asfaltenos, parafina, cera, y demás, que destruyen la calidad del conjunto. Uno es un crudo dulce, el otro agrio: tendrían que mejorar su calidad para hacerlo compatible. Y hago siempre esa salvedad: si el crudo se destinara 100% al SPR —que no va a ser el caso—, tendrían que mejorarlo, cambiar profundamente su calidad, porque incluso mejorado, la acidez de este crudo cae en un rango de 1,5% a 2%, todavía elevada para ser compatible con lo que ya está en esos inventarios estratégicos. Ahí hay un problema.

Estas son las cuencas petroleras venezolanas con mayor cantidad de reservas probadas

Trump ya se generó un problema grande con la guerra del Golfo, entre comillas: la guerra se le fue de las manos y tuvo que consumir inventarios para tratar de engañar a los mercados. Creó una dicotomía, un divorcio entre el mercado de papel y el mercado real: liberó volumen de inventario estratégico hasta niveles de 1985-89, cuando esos inventarios recién empezaban a llenarse, en el 83. Hoy están cerca de 39-40% del nivel histórico. Y él le echa la culpa, como siempre, a la administración anterior, cuando en realidad fue uno de los mejores momentos de Joe Biden. Además, parte de esa liberación se debe a que están aprovechando los precios altos para vender. Pero el Brent está hoy en 93-94 dólares por dos cosas: el cuello de botella de entre 9 y 11 millones de barriles en el estrecho de Ormuz, donde ahora manda Irán, y la caída brusca de los inventarios estratégicos que ellos mismos generaron. Crearon las dos cosas: el desbarranco de los inventarios y el cuello de botella con Irán. Son unos genios. Y ahí apelaron a Venezuela, in extremis.

Y eso nos lleva a otra cosa: desde que Trump llegó a Venezuela con el secuestro de Maduro, una de las cosas que se intentó vender es que Venezuela será una gran fuente petrolera, y ahora se dice que este acuerdo le permitirá a Estados Unidos aumentar sus reservas estratégicas. Pero no hubo un gran volumen de acuerdos petroleros todavía, y muchos dicen que en general esto busca funcionar como una acción de marketing para venderle a otras petroleras: “nosotros ya pusimos plata acá, vengan que hay un clima de negocios favorable y reglas claras que se van a sostener en el tiempo”. O sea que, más allá de lo lesivo que sea para Venezuela, esto también parece un ejercicio de venta clásico de un destino de inversión.

Totalmente. Te lo dije en enero, en la primera entrevista que hicimos: ninguna transnacional, ninguna Big Oil, se va a arriesgar a invertir un centavo en Venezuela contando solo con la permanencia de Trump o de su grupo en el poder, ni con la estabilidad de un gobierno encargado. Los grandes capitales necesitan tres cosas: seguridad, estabilidad y retorno. Ninguna de las tres está garantizada bajo esta premisa. La estabilidad tampoco, porque hay muchos constitucionalistas dispuestos a impugnar esta decisión en los tribunales, dado que está reñida con varios artículos de la Constitución.

Me pongo el abogado del diablo: en Venezuela hay un diálogo para construir un cuerpo institucional que sostenga este acuerdo. Delcy Rodríguez es vicepresidenta encargada, sin haber sido votada para eso, y quedó en el cargo porque secuestraron a Maduro, bajo una figura legal que el Tribunal Supremo de Justicia nunca terminó de clarificar del todo —porque si declara la ausencia absoluta, tiene que llamar a elecciones—. Sin embargo, ahora mismo, por auspicio de Marco Rubio, hay un diálogo entre la oposición y el gobierno, entre la Asamblea Nacional de 2015 y una parte de la oposición, para generar una ruta de cambio de autoridades en la justicia y en el Consejo Nacional Electoral, de cara a nuevas elecciones. Uno podría pensar que la intención es “atornillar” gente en los tribunales para que cualquier amparo contra la aplicación de esta ley termine siendo rechazado. Es decir, que dentro de Venezuela se está construyendo todo un cuerpo legal e institucional. No pasa lo mismo en Estados Unidos.

Suena bonito, pero tiene fecha de caducidad: la salida de Trump. Cuando él salga, se cae ese castillo. Se caen muchos castillos, porque todo eso está construido en torno a su figura, no hay nada más ahí. Y todo apunta a que saldrá, quizás más pronto de lo que mucha gente piensa: por las midterms, por un impeachment, preso, o en las elecciones de 2028. Si eso sucede, ese castillo se cae. Por eso digo que estamos a la vuelta de un año importante: ninguna transnacional invertira grandes capitales ante ese escenario más allá de 2028.

No estamos en contra de las inversiones —muchos las van a mirar—, pero desde un punto de vista claro, diáfano, respetuoso y soberano. No porque a mí me da la gana, no porque yo sea un pseudodictador o un fascista, nada de eso. Venezuela debe estar abierta a las inversiones, no solo de Estados Unidos, de todo el mundo, pero inversiones respetuosas, claras, de ganar-ganar. No impuestas entre gallos y medianoche, en la oscuridad.

A principio de año hablamos y dijiste que era imposible que Donald Trump pueda instalar un “virreinato petrolero” en Venezuela. A la luz de los hechos ¿Qué opinas ahora de eso?

Nuestra teoría está comprobada, hasta el punto de que Trump se vio en la situación, en la coyuntura, de hacer lo que está haciendo ahora: una acción desesperada de propaganda engañosa, una acción desesperada por buscar que los capitales crean en algo que no puede verse con claridad. Por todo lo que exploramos, el virreinato es imposible. Puede arrancar, pero no va a poder llegar a buen puerto, porque no hay claridad, no hay transparencia, las cifras no cuadran, y porque la participación tiene que ser del país. Buscamos el beneficio de nuestro país y la inversión de otros países, siempre respetuosa de nuestras leyes, de nuestra Constitución y de nuestra soberanía. Nosotros no buscamos resolverle ni crearle problemas a ningún otro país; buscamos resolver los nuestros. Cada país debe resolver los suyos.

El virreinato es un plan que Trump tuvo desde que llegó al poder, y trató de cristalizarlo al final de su período. Desde que llegó apareció Guaidó, aparecieron las sanciones directas a PDVSA de 2017 en adelante. La idea era tumbar el petróleo venezolano. Se mantuvo porque es un país, a pesar de la corrupción, demasiado rico y noble, con gente solidaria con la nación, aunque sean pocos. Ese virreinato no va a llegar a buen puerto tal como están las cosas hoy. Hay propaganda, y cuando arrecia la propaganda es porque no se cree en uno mismo: si tenés un negocio claro, necesitás muy poca propaganda para que la gente llueva.

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