De estos tres pilares, dos son cruciales y están influenciados por el Banco Central. La política monetaria, por ejemplo, desempeña un papel vital al expandir o contraer el suministro de dinero, a través de herramientas como las tasas de interés y encajes bancarios. La oferta monetaria es esencial para sostener la economía, y un aumento en la oferta de dinero a menudo está relacionado con la estimulación del crecimiento. En criollo: no puede haber más actividad si ésta no tiene el dinero que precisa para expandirse.

En lo que respecta a la política cambiaria, el Banco Central juega un papel fundamental al intervenir como oferente o demandante de divisas para equilibrar o fijar un valor específico para el tipo de cambio. Este valor, por ende, tiene un impacto directo en la competitividad de las exportaciones, pero también sobre todo en el poder adquisitivo de los ciudadanos y en la capacidad de la economía para responder frente a la inestabilidad externa.

Debates del pasado

No obstante, los defensores extremos de la dolarización proponen la eliminación completa del Banco Central como una medida audaz. Esta posición es un retorno a debates del pasado, y no atiende que el sistema financiero requiere regulación para salvaguardar los ahorros y mantener la estabilidad económica. La historia nos recuerda la importancia crucial de una supervisión y regulación efectiva, como se evidenció en crisis financieras anteriores debido a la falta de seguridad en los depósitos, tal como pasó en 2001 frente a la crisis de la convertibilidad que era, en los hechos, una dolarización posible.

Es importante señalar que en la actualidad ningún país desarrollado opera sin un Banco Central, y la gran mayoría de naciones con ingresos medios a altos tienen su propia moneda. De los 190 países listados en la base de datos del FMI, solo 14 carecen de moneda propia.

La moneda desempeña una serie de funciones vitales, entre ellas, ser medio de intercambio, unidad de cuenta y reserva de valor. Considerar la dolarización sería un grave error económico y una traición a la autonomía nacional. Esta medida implicaría someter a la Argentina a un estatus de dependencia respecto a las políticas monetarias, el ciclo económico y las necesidades de expansión y cambio estructural de Estados Unidos.

La economía argentina es bimonetaria porque las propiedades, los automóviles de alta gama o algunos bienes de lujo se comercializan en dólares, con una dolarización de facto, pero la gran mayoría de los bienes y servicios se comercializan en nuestra moneda local. A pesar de que hoy en la economía argentina algunos bienes y servicios se comercializan en dólares, una dolarización total resultaría en la reducción de los salarios en dólares y limitaría significativamente la capacidad del Banco Central para regular la economía.

Esta situación, agravada por la restricción externa que lastima los flujos de dólares, y el escaso nivel de reservas (no hay stock para hacer de colchón), llevaría a salarios aún más bajos. Además, renunciar a la posibilidad de fijar una moneda local en paridad con el dólar implicaría el alto costo de tener una circulación basada en dólares sin la capacidad de que las reservas generen un rendimiento óptimo.

Haciendo cuentas

Actualmente, la Argentina cuenta con reservas negativas por casi U$S 10.000 millones (que surgen de restar las reservas brutas los pasivos que figuran en las reservas: encajes, swaps, SEDESA y BIS). En esta cuenta no figuran las deudas contraídas por importaciones todavía no saldadas por el BCRA, que son aproximadamente de U$S 10.000 millones. La base monetaria es hoy 6,4 billones de pesos, y los pasivos remunerados (Leliqs, etc.) superan los 18 billones de pesos. Hoy el dólar está a 350 pesos. Esto a nivel de los stocks. Entonces de mínima, sin contar depósitos en pesos, y pateando las letras del BCRA para delante, el Estado precisa para dolarizar la economía alrededor de U$S 18.000 millones disponibles. Pero esto es irreal porque los pasivos remunerados del BCRA también deberán tenerse en cuenta si la idea es no descalzar a los bancos comerciales de sus depositantes.

Finalmente, digamos unas palabras sobre cuentas más realistas, el volumen de dinero a dolarizar no debería ser menos que la base monetaria y los pasivos remunerados del BCRA calzados con los depósitos de los agentes en los bancos comerciales, eso suma casi 25 billones de pesos. Suponiendo que hay 10.000 millones de dólares de libre disponibilidad (no se sabe cómo se obtendrían) genera un dólar de 2500 pesos. A los precios de hoy lleva el salario de los 860 dólares (al precio oficial) actuales, a un salario de 120 dólares por mes, o sea ni siquiera el 15% del salario actual. “Te la regalo”, sería la etiqueta popular.

¿Qué te puedo cobrar?

Estas cuentas son para aproximarse al problema, cuando se empiezan a mirar los flujos, los contratos de crédito ya establecidos, los plazos fijos, sus intereses, la situación empeora. En este marco de ideas, es muy posible que haya que dar algo a cambio para conseguir esos dólares, como puede ser privatizar activos que son la gran oportunidad de la Argentina como Vaca Muerta, Palermo Aike, el litio, las explotaciones offshore y las grandes acumulaciones de agua dulce que se poseen.

Uno de los efectos más devastadores de la dolarización sería la pérdida absoluta de independencia económica, como se ha dicho. Adoptar el dólar como moneda equivaldría a una rendición incondicional ante las políticas económicas estadounidenses. No solo se importaría su inflación inherente, sino que también se quedaría atado al ciclo económico y a los objetivos de expansión, que no siempre serían compatibles con las necesidades internas de Argentina. La consolidación de la independencia económica es esencial para la toma de decisiones autónomas en áreas críticas como la política monetaria, fiscal y económica.

El argumento de que la dolarización atraería inversiones carece de fundamento en la realidad. La experiencia de la convertibilidad, que mantuvo una paridad fija con el dólar, no generó los niveles de inversión esperados en comparación con los años en los que se aplicaron políticas keynesianas, y como se indicó más arriba los resultados sociales y productivos fueron desastrosos. La estabilidad monetaria, por sí sola, no garantiza la atracción de inversiones. Lo que sí garantiza es que sería un negocio importante para toda empresa o actividad que tenga saldos netos de exportación, que serían los grandes ganadores del modelo en contra del trabajo y la producción nacional.

La importancia de consolidar la independencia económica es vital para preservar la capacidad de Argentina de tomar decisiones autónomas y adaptar su política económica según sus necesidades y objetivos internos. La dolarización, al poner en riesgo esta independencia, podría comprometer la capacidad del país para determinar su propio rumbo económico y para enfrentar los desafíos internos y externos de manera efectiva. Antes de considerar una medida con consecuencias tan profundas para la economía y la vida de los ciudadanos argentinos, es imprescindible tener en cuenta estas implicaciones cruciales.

(*) Autor del libro Falacias Libertarias. (**) Docente UBA, Flacso

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