Final: De toro a torero

España volvió a demostrar que una identidad futbolística sostenida en el tiempo puede imponerse en la máxima competencia. La victoria sobre la Argentina no sólo consagró a un campeón justo: reivindicó un modelo de juego iniciado por Luis Aragonés hace más de dos décadas y dejó la imagen conmovedora del posible cierre del ciclo más exitoso de Lionel Scaloni, con las lágrimas de Messi y su entrenador como símbolo del final de una era. El comentario de Sergio Levinsky.

Jugar, siempre jugar

La Roja conquistó con justicia la Copa del Mundo al derrotar 1-0 a la Argentina de Lionel Scaloni. El triunfo consagra un modelo de juego iniciado hace más de dos décadas por Luis Aragonés y abre interrogantes sobre el cierre del ciclo más exitoso en la historia de la selección argentina. El análisis de Sergio Levinsky.

España es la justa campeona del mundo. No sólo porque venció a la Argentina en la final, sino porque fue el equipo que mejor interpretó el fútbol durante todo el torneo. La selección dirigida por Luis de la Fuente mantuvo una identidad inalterable desde el primer partido hasta el último: protagonismo con la pelota, presión alta, circulación rápida y confianza absoluta en un modelo colectivo que ya forma parte de la cultura futbolística española.

Para Sergio Levinsky, la final fue mucho más que un triunfo deportivo. Fue la reivindicación de una manera de entender el juego. España volvió a demostrar que es posible competir al máximo nivel sin renunciar a la iniciativa, apostando por el pase, la técnica y la inteligencia táctica. Ganó un campeonato, pero también una idea.

Ese modelo no nació de la noche a la mañana. Tiene un origen preciso: Luis Aragonés. El entrenador que revolucionó a la selección española antes de la Eurocopa de 2008 rompió con décadas de frustraciones y convenció a una generación excepcional de que podía dominar a cualquier rival a través de la posesión y el juego asociado. Vicente del Bosque profundizó ese camino con el Mundial de Sudáfrica 2010 y la Eurocopa de 2012. Luis de la Fuente lo actualizó, incorporando mayor intensidad física, velocidad y verticalidad, pero sin abandonar los principios que transformaron para siempre al fútbol español.

La final frente a la Argentina fue la confirmación de esa continuidad. España manejó la pelota, ocupó los espacios, recuperó rápidamente tras cada pérdida y fue construyendo una superioridad territorial que terminó inclinando el partido. No necesitó alterar su libreto. Lo sostuvo hasta encontrar el gol que le dio la Copa del Mundo.

Del otro lado apareció una Argentina desconocida. El equipo de Lionel Scaloni, que durante años había construido su éxito sobre la personalidad, la presión y la capacidad para disputar el control de los partidos, eligió esta vez un camino distinto. Cedió la iniciativa desde el comienzo, retrocedió varios metros y aceptó jugar demasiado cerca de su propio arco. La apuesta consistió en resistir y esperar una oportunidad aislada, una decisión que terminó favoreciendo precisamente al rival que mejor se siente cuando monopoliza el balón.

Levinsky observa allí una de las grandes paradojas de la final. El campeón del mundo renunció a buena parte de aquello que lo había convertido en una referencia internacional. España impuso las condiciones porque Argentina decidió no discutirlas.

La derrota también parece marcar el final de un ciclo extraordinario. Desde que Scaloni asumió la conducción técnica en 2018, la selección conquistó la Copa América, la Finalissima, el Mundial de Qatar, una nueva Copa América y volvió a disputar otra final mundialista. Ningún proceso reciente logró semejante continuidad en la élite del fútbol internacional.

Las imágenes posteriores al partido resumieron ese final de época. Lionel Messi, emocionado hasta las lágrimas, recorrió el campo saludando a sus compañeros. Scaloni tampoco pudo contener la emoción durante sus declaraciones. No fueron simplemente lágrimas por una derrota. Reflejaron la dimensión histórica de un grupo que devolvió a la Argentina a la cima del fútbol mundial y construyó una de las etapas más exitosas de su historia.

En ese contexto, el Guante de Oro concedido a Unai Simón adquirió un significado que trasciende el reconocimiento individual. El arquero español fue mucho más que un especialista bajo los tres palos. Se convirtió en el primer organizador del juego de su equipo, iniciando cada salida con precisión y sosteniendo la serenidad necesaria para que España nunca abandonara su estilo. El premio simboliza precisamente eso: en el fútbol contemporáneo, el arquero también construye.

España levantó la Copa porque fue el mejor equipo del torneo. Pero, para Levinsky, el resultado deja una enseñanza más amplia. En tiempos donde muchas selecciones privilegian la especulación y el repliegue, el campeón volvió a demostrar que el talento colectivo, la vocación ofensiva y la fidelidad a una idea siguen siendo un camino posible hacia el éxito.

Por eso, concluye, en la final de Nueva Jersey no sólo ganó España. También ganó el fútbol.

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Sergio Levinsky es sociólogo desde 1989 y periodista desde 1983. Ha trabajado en Diario Popular, La Voz, Clarín, Sur, Ámbito Financiero y El Cronista y en las revistas Hum(R), Los Periodistas, El Porteño, El Gráfico y Goles; y en la agencia Diarios y Noticias (DyN). Ha sido el director de la revista deportiva semanal Orsai (1989) y de la colección «Los Mundiales» (la historia de los mundiales de fútbol) (1994). En México ha dirigido las revistas «Fútbol Total» y «Deporte Total» (2001) y en España, trabajó en los diarios «El País» y «El Mundo» y en la revista «Don Balón». Es autor de los libros «El negocio del Fútbol» (1995), «Maradona, rebelde con causa» (1996) y «El deporte de informar» (2002). Ha cubierto los Juegos Olímpicos de Seúl (1988) y todos los Mundiales desde México (1986) hasta Brasil (2014) y 10 de las 12 Copas América y 5 Mundiales de Clubes en Japón. Participó de las películas «El Mundial olvidado» y «Fútbol S.A.» y fue editor del libro «Messi», de Guillem Balagué en América. Actualmente es columnista del Diario Jornada (Mendoza) y de Yahoo (Japón), y colabora con Diario Perfil y medios de Alemania, Dinamarca, Holanda, Suecia, Inglaterra y Japón. Conduce el programa radial «RH Fútbol» por Palermo Sports.

Un comentario

  1. «Eligió un camino distinto»; «cedió la iniciativa»; «renunció»; «Argentina decidió» (sic, sic…)

    Se ve que el muchacho no jugó nunca un partido de fútbol, cuando el rival te supera porque juega mejor, eso no depende de la decisión de uno, simplemente ocurre.

    Y las lágrimas de Messi no fueron por impotencia del perdedor sino por emoción al ver el comportamiento de los hinchas.

    Se ve que el sofismo invade todas las áreas y disciplinas. Parece ser omnímodo.

    En fin, la manía de «argumentar» por estilo o estética hace estragos.

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