La ofensiva contra Cristina Kirchner ya no se juega en un solo frente. Ficha Limpia, Bullrich, Lamelas, los grandes y no tan grandes medios y la Justicia Federal forman parte de un escenario donde distintos intereses pueden converger en un mismo resultado: que Cristina no vuelva a competir electoralmente. La disputa por la Sala I de la Cámara Federal muestra, a la vez, que también se pelea dentro de la Justicia por modificar una correlación de fuerzas que durante años resultó particularmente adversa al kirchnerismo.
«No hay nada más engañoso que un hecho obvio».
Arthur Conan Doyle
La insistencia con Ficha Limpia, la ofensiva de Patricia Bullrich contra Cristina Kirchner, las declaraciones del futuro embajador estadounidense Peter Lamelas, la persistencia de una fuerte ofensiva mediática y la disputa por la composición de la Sala I de la Cámara Federal porteña parecen, a primera vista, fenómenos diferentes.
Pero tienen un punto de contacto: Cristina y su capacidad de volver a competir por el poder.
No hace falta imaginar una mesa secreta donde todos estos actores coordinen sus movimientos. La política funciona muchas veces de una manera más sencilla: intereses diferentes pueden converger objetivamente en un mismo resultado. Y el resultado que está en juego es que Cristina Kirchner no esté en la boleta.
El problema de Ficha Limpia no puede analizarse separado de la persecución judicial contra Cristina.
Una condena penal pertenece, en principio, al terreno de la Justicia. Pero cuando la legislación electoral establece que determinadas condenas pueden impedir una candidatura, esa decisión adquiere una consecuencia política directa.
La secuencia pasa a ser:
causa judicial → condena → segunda instancia → inhabilitación → exclusión electoral.
Ahí aparece la cuestión verdaderamente política.
Cristina puede ser cuestionada, investigada, condenada y eventualmente derrotada en las urnas. Lo que cambia completamente la naturaleza del problema es que la consecuencia final sea impedir que el electorado pueda elegirla.
La Argentina ya conoce esta lógica.
Después de 1955, el peronismo fue directamente proscripto. Hoy el mecanismo puede ser mucho más sofisticado: no hace falta prohibir al peronismo. Puede intentarse impedir que su principal liderazgo compita.
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Patricia Bullrich ocupa un lugar destacado en esta ofensiva. La discusión sobre Ficha Limpia fue presentada como una batalla contra la corrupción y la impunidad. Pero detrás de la formulación general existe un destinatario político evidente: Cristina Kirchner.
El problema aparece cuando una norma que se presenta como universal termina teniendo una consecuencia política extraordinariamente específica. La defensa de la institucionalidad no debería confundirse con la eliminación de competidores. Porque una democracia no consiste solamente en contar votos. Consiste también en garantizar que los ciudadanos puedan elegir entre las alternativas políticas que efectivamente existen.
Por eso resulta tan importante mirar hacia la Sala I de la Cámara Federal porteña. La discusión por sus vacantes no es un asunto administrativo menor. Estamos hablando de una instancia estratégica de revisión de las decisiones de los juzgados de Comodoro Py.
Y Comodoro Py ha sido, durante años, uno de los escenarios centrales de la disputa política argentina. Para el peronismo, además, existe una memoria concreta: las causas judiciales que atravesaron al kirchnerismo durante el ciclo del llamado lawfare y que tuvieron consecuencias políticas enormes. Por eso, quién integra la Cámara Federal importa.
La situación de Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi, incorporados durante el gobierno de Mauricio Macri mediante traslados, es parte de esta historia. Mariano Llorens, por su parte, accedió a su cargo mediante concurso. La discusión sobre las vacantes abrió así una disputa por la composición futura de la Sala I. En ese escenario aparece Pablo Yadarola.
El dato relevante es que Yadarola concursó para ocupar el lugar correspondiente a Bruglia, mientras Bertuzzi concursó para permanecer en el cargo que venía ocupando. El Senado aprobó finalmente el pliego de Yadarola por 66 votos y ninguno en contra.¹ Si el proceso termina con la salida de Bruglia de la Cámara Federal, el cambio no será simplemente nominal.
Cambiará el equilibrio interno de la Sala I. Y aquí es necesario ser precisos. Yadarola no puede ser presentado automáticamente como un juez «progresista», «peronista» o favorable a Cristina. Tampoco hay elementos suficientes para anticipar cómo resolverá futuras causas.
Pero justamente por eso el movimiento resulta interesante. La disputa no consiste en reemplazar un juez «malo» por uno «bueno». Consiste en modificar la correlación de fuerzas dentro de un tribunal estratégico. Si durante años determinados sectores del Poder Judicial tuvieron una actuación particularmente adversa al kirchnerismo, introducir nuevos integrantes puede funcionar como un intento de atenuar esa dinámica y generar mayores contrapesos.
No es una garantía para Cristina. Es una modificación del tablero. Y en política judicial, modificar el tablero importa y más en una situación de reflujo.
Aquí aparece una de las principales paradojas del momento. Mientras se insiste con mecanismos destinados a transformar una condena judicial en una barrera electoral, simultáneamente se disputa la composición de los tribunales que pueden revisar las decisiones judiciales.
Dicho de manera más sencilla:
Ficha Limpia disputa quién puede llegar a la boleta.
La Cámara Federal disputa quién revisa las decisiones judiciales que pueden impedir ese acceso.
Por eso la Sala I adquiere una relevancia política extraordinaria. La posible modificación de su composición puede ser leída como un intento de atenuar una estructura judicial que durante años produjo consecuencias particularmente gravosas para Cristina y para el peronismo.
Pero sería un error convertir esta hipótesis política en una certeza sobre las futuras decisiones de los jueces. Lo importante es la estructura. La Justicia también es un territorio donde con enormes dificultades para el campo popular, se disputa poder.
En esta trama aparece además Peter Lamelas. Sus declaraciones sobre Cristina durante su presentación ante el Senado estadounidense introdujeron un elemento particularmente delicado: la política interna argentina aparece observada y valorada también desde Washington.²
No significa que Estados Unidos controle la Justicia argentina. Pero sí revela que el futuro representante diplomático estadounidense considera la situación de Cristina un asunto relevante dentro de su mirada sobre la Argentina. En el marco de la estrecha alianza entre Donald Trump y Javier Milei, la dimensión geopolítica no puede ser ignorada. La disputa deja así de ser exclusivamente doméstica.
Después aparece el cuarto actor: los grandes medios. Una persecución judicial necesita algo más que jueces. Necesita legitimidad social. Necesita que una condena sea percibida no solamente como una decisión jurídica, sino como una verdad política.
Ahí los medios desempeñan un papel decisivo. Durante años se construyó alrededor de Cristina un relato donde términos como corrupción, impunidad y republicanismo terminaron funcionando como categorías casi automáticas. El desplazamiento es sutil. Ya no se pregunta: ¿Cristina debe poder competir?
La pregunta pasa a ser: ¿cómo evitar que una dirigente condenada vuelva al poder? Y una vez instalado ese interrogante, la exclusión deja de parecer proscripción.Pasa a presentarse como una normalidad institucional.
Este es quizás el punto menos discutido. No solamente el gobierno de Milei tiene interés en que Cristina no pueda competir. También existen sectores políticos, económicos y mediáticos que pueden beneficiarse de su ausencia. Para el oficialismo, Cristina representa una adversaria con capacidad para ordenar buena parte del voto opositor.
Para sectores que disputan el liderazgo del peronismo, su exclusión puede liberar un espacio político extraordinariamente importante. Para determinados actores económicos, la ausencia de Cristina puede reducir la posibilidad de un cambio de orientación en áreas sensibles de la política económica. Y para determinados medios, puede facilitar la construcción de una nueva oposición sin el liderazgo político de Cristina.
No hace falta que todos se sienten en la misma mesa. Alcanza con que tengan un interés común. Que Cristina no esté.
Aquí aparece una paradoja todavía más incómoda. Existen medios y sectores que históricamente se ubicaron cerca del peronismo y que, frente a la persecución contra Cristina, adoptan posiciones teñidas de un sorprendente purismo ideológico.
Todo eso forma parte de una discusión política legítima. El problema aparece cuando la crítica política termina deslizándose hacia la aceptación de su exclusión electoral. Porque hay una diferencia enorme entre decir: «Cristina no debería conducir el peronismo». Y decir: «Cristina no debería poder competir para que otro conduzca el peronismo». Y esa diferencia no se explicita
La primera afirmación pertenece al terreno de la política. La segunda comienza a aceptar la lógica de la proscripción. Y resulta particularmente contradictorio que quienes defienden la renovación democrática del peronismo terminen, por caminos diferentes, coincidiendo con quienes pretenden sacar a Cristina de la competencia antes de que pueda ser derrotada por los votos.

Esta debería ser la pregunta central. Porque si Cristina queda fuera de una elección, no sólo pierde Cristina.
Cambia todo el mapa político.
Hay que preguntar también: ¿quiénes resultan beneficiados por la ausencia electoral de Cristina? La respuesta probablemente sea bastante más amplia que la lista de funcionarios del gobierno de Milei y sus aliados explícitos.
La Argentina tuvo una proscripción explícita. La de hoy puede adoptar otra forma. No necesita prohibir al peronismo de hecho no lo está como el el año 1973, pero si:
La ofensiva se desarrolla en varios terrenos al mismo tiempo:
En ese último terreno aparece una posibilidad de contrapeso: la modificación de la Sala I puede contribuir a atenuar la dinámica judicial que históricamente golpeó al kirchnerismo, aunque no permita anticipar el comportamiento de sus nuevos integrantes.
La batalla, entonces, no es solamente por Cristina. Es por quién decide si Cristina puede competir.
Lo que resulta mucho más grave para la democracia es que se intente resolver antes de las urnas quién tiene derecho a estar en ellas. Y allí está la verdadera cuestión. No se trata de garantizar que Cristina gane. Se trata de garantizar que pueda perder.
Porque como sostuvimos muchas veces, cuando un adversario sólo puede ser derrotado después de competir, existe democracia. Cuando primero se busca impedirle competir y después se llama a eso «institucionalidad», estamos frente a una forma contemporánea de proscripción.
1. Noticias Argentinas, “El Senado trata 67 pliegos judiciales: foco en las designaciones de Bertuzzi y Yadarola para la Cámara Federal”, 27 de agosto de 2026. La nota informa la aprobación del pliego de Yadarola por 66 votos afirmativos y la de Bertuzzi por 44 votos contra 23.
2. La Nación, “Las frases de Peter Lamelas que provocaron la ira de la oposición en la Argentina”, 23 de julio de 2025. Recoge las declaraciones realizadas por Lamelas ante el Senado estadounidense respecto de Cristina Kirchner y su visión sobre la política argentina.
3. La Nación, “El Gobierno logró avanzar en el concurso para reemplazar a dos jueces de la Cámara Federal clave en los casos de corrupción”, 30 de abril de 2026. Describe el proceso de concurso para cubrir los cargos de Bruglia y Bertuzzi.
4. La Nación, “Aprobaron las ternas para reemplazar a dos jueces de la Cámara Federal porteña”, 10 de junio de 2026. Detalla la conformación de las ternas y la inclusión de Yadarola y Bertuzzi.
5. La Nación, “La futura Cámara Federal Penal”, 11 de agosto de 2026. Analiza la importancia institucional de la Cámara Federal porteña y de su futura composición.
6. El País, “El partido de Milei y sus socios avanzan en el Congreso con la ley que pretende excluir de la política a Cristina Kirchner”, 13 de febrero de 2025. Describe el alcance político de Ficha Limpia y su impacto sobre una eventual candidatura de Cristina.