Durante 2025, Israel ha sido capaz de avanzar en sus objetivos imponiendo, por medios militares y diplomáticos, su poder.
Dos años después del 7 de octubre, el Eje de la Resistencia se encuentra desarticulado como alianza regional, con cada grupo –e incluso Irán– divididos en sus propias batallas. La “unidad de las arenas” ha dado paso a una nueva realidad en la que Israel, con el apoyo clave de Estados Unidos, puede intervenir impunemente en la mayor parte de los países.
⚽️ If he could listen to me, I’d tell him: «YOU will become a football player: Palestinians have unbreakable grit. Now the world must prove it deserves you, little champion».
Since Oct 2023, Israel has killed 437 footballers.@Cantona_EDF @GaryLineker @PepTeam @AchrafHakimi https://t.co/rWwXc2huIz— Francesca Albanese, UN Special Rapporteur oPt (@FranceskAlbs) December 21, 2025
La República Islámica se encuentra paralizada, habiendo sido incapaz de imponer la disuasión. Su indecisión en la guerra ha tenido como resultado quedar expuesta abiertamente a la agresión israelí, tal y como ocurrió en junio.
Es cierto que la denominada Guerra de los Doce Días permitió a Teherán conservar parte de su compostura: sus capacidades convencionales de misiles balísticos demostraron ser operativas y, en un escenario de guerra de desgaste, Tel Aviv difícilmente podría imponerse sin una intervención directa de Washington.
Sin embargo, todo su futuro ha quedado hipotecado a Rusia y China, mientras Occidente vuelve a imponer las sanciones internacionales de Naciones Unidas. La cuestión nuclear, además, ha entrado en un nuevo limbo no resuelto: unos escalan su agresión; Teherán, por su parte, sigue sin dar respuesta, pues no se atreve a dar el paso que sería necesario.

Hezbolá será la clave para 2026. La guerrilla libanesa se encuentra igualmente atrapada en un alto al fuego que no sirve a sus intereses y que da libertad a Israel para continuar sus ataques.
De nuevo, no hay una estrategia clara y no se trata de ninguna paciencia estratégica. Lo que guía las acciones del Partido de Dios es su incapacidad de presentar una respuesta realista ante el temor de que estalle una guerra civil. No obstante, el desarme de Hezbolá no es una posibilidad, ya que esa decisión sería un suicidio y abriría la puerta a una nueva agresión contra Irán.
Por esta razón, la parálisis vuelve a ser la respuesta y la ha sido durante todo 2025. La excepción a esta regla la encontramos en Yemen, donde el gobierno liderado por el movimiento Ansar Alá –conocido como los hutíes– ha sido capaz de imponerse a los ataques israelíes y estadounidenses.
En el caso de la Franja de Gaza no han sido las armas las que han impuesto la posición israelí, sino el aislamiento regional que han ejercido los países árabes sobre la resistencia palestina, especialmente Hamás.
Con un alto al fuego muy parecido al de Líbano, el genocidio de Gaza entra en una nueva fase, más silenciosa, mientras los colonos de Cisjordania redoblan su asalto con la complicidad del gobierno israelí.
En este contexto, el plan colonial de Donald Trump es de nuevo la pieza frágil de todo el tablero: tiene demasiados agujeros y problemas que son incapaces de resolver.
Al mismo tiempo, la victoria del Estado hebreo ha tenido un costo enorme, tanto en reputación como aislamiento diplomático, lo que con seguridad tendrá graves consecuencia a futuro para el país.