Son 2.175.600 kilómetros cuadrados. Ocupa el puesto 12 de los países con más superficie. Su extensión es 50 veces más grande del país que ejerce su dominio sobre él, Dinamarca (42.952 km2). Tiene apenas 57.000 habitantes siendo uno de los territorios menos habitados del planeta. Y las condiciones climáticos quizás sean la razón principal de eso. Pero Groenlandia, una región de paz y mucha riqueza natural, estratégicamente ubicada en el límite Norte del Océano Atlántico y el Mar Ártico, es hoy el foco de atención del Mundo tras una nueva embestida del inefable Donald Trump. En el video de apertura Vladimir Putin lanza una revelación que sacudió el tablero internacional: las ambiciones de Estados Unidos en el Ártico no son nuevas, sino parte de un plan que se remonta al siglo XIX. “Todo el mundo conoce los planes de Estados Unidos para anexionar Groenlandia. Pero esto solo parece sorprendente a primera vista. Sería un grave error pensar que se trata de ideas extravagantes de una nueva administración estadounidense. Nada de eso. En realidad, Estados Unidos ya tenía estos planes desde la década de 1860. Incluso entonces, la administración estadounidense consideró anexionar Groenlandia e Islandia, aunque la propuesta no logró apoyo en el Congreso”.
Por Gabriel Michi
Las naciones europeas que mandaron soldados a territorio groenlandés –Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Países Bajos, Noruega, Suecia y el Reino Unido– advirtieron que estaban “comprometidos a defender nuestra soberanía” -dado que consideran a ese territorio como danés y, por lo tanto, dentro de la UE– y “listos para entablar un diálogo basado en los principios de soberanía e integridad territorial que defendemos firmemente”. Frente a ese desafío Trump no se amilanó y anunció una suba de aranceles hasta el 10% para los países europeos opongan resistencia a su intención de anexar a Groenlandia.
Los Estados de Europa en cuestión respondieron que esas actitudes “socavan las relaciones transatlánticas y arriesgan una peligrosa espiral descendente”. El cuadro es particularmente grave si se tiene en cuenta que estos países son aliados centrales de los EE.UU y constituyen un posible punto de inflexión en la Historia, dejando al desnudo las crecientes tensiones por ese frío territorio. El comunicado conjunto que sacaron los países europeos en repudio a Trump rompe con los esfuerzos que venían teniendo esas naciones evitando enfrentarse a EE.UU. en temas tan delicados como la guerra entre Rusia y Ucrania, que ya lleva 4 años y en la que han muerto cientos de miles personas. Es más, en los últimos meses, los europeos han optado mayoritariamente por la diplomacia y la adulación en su presencia. La declaración y el envío de tropas a Groenlandia para un supuesto «ejercicio de entrenamiento militar danés por parte de algunos países europeos», fueron una señal de que el clima había cambiado.
Si bien esos 8 países aclararon que la operación llamada “Resistencia Ártica” no representan “ninguna amenaza para nadie”, ya el mismo nombre y el contexto en el que se da, lo dice todo. El ministro de Asuntos Exteriores danés, Lars Løkke Rasmussen, declaró que la semana pasada se inició un diálogo con Estados Unidos y que «no renunciaremos a él… Así que seguiremos en el buen camino, a menos que Estados Unidos decida lo contrario». Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores noruego, Espen Barth Eide: «No nos dejaremos presionar, y ese tipo de amenazas (de aranceles estadounidenses) son inaceptables entre aliados cercanos». Seis de los países afectados forman parte de la Unión Europea, compuesta por 27 miembros y que funciona como una zona económica única en términos comerciales. El presidente del Consejo de la UE, Antonio Costa, dijo que los líderes del bloque están de acuerdo en «que los aranceles socavarían las relaciones transatlánticas y son incompatibles con el acuerdo comercial UE-EE. UU.» El propio Costa fue más allá: llegó a señalar que están dispuestos a defenderse de cualquier forma de coerción.
Mientras esto ocurre, Trump parece no correrse un centímetro de su posición conquistadora, ahora con esta nueva amenaza de la imposición de aranceles especiales a esos países que, hasta ahora, eran sus principales aliados. Y pone a prueba, como nunca, la resistencia de la OTAN que se está resquebrajando como nunca. Pero al presidente de los EE.UU. no sólo no le importa sino que redobla su apuesta: en las últimas horas le envió una insólita carta al primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, en la que afirma que después de que Noruega no le concediera el Nobel de la Paz “ya no siente la obligación de pensar únicamente en la paz”. El texto es realmente escandaloso. Dice: “Querido Jonas: Teniendo en cuenta que tu país decidió no concederme el Premio Nobel de la Paz por haber parado ocho guerras, y más, ya no siento la obligación de pensar únicamente en la paz, aunque siempre será predominante, sino que ahora puedo pensar en lo que es bueno y apropiado para Estados Unidos». Y sobre la OTAN agrega que nadie hizo más por la Organización que él mismo. “Ahora la OTAN debería hacer algo por Estados Unidos. El mundo no estará seguro a menos que tengamos un control pleno y absoluto de Groenlandia”, se ufanó. Después de cuestionar la legitimidad de Dinamarca en el dominio de ese territorio: “Dinamarca no es capaz de proteger ese territorio frente a Rusia o China y, además, ¿por qué tendría un supuesto ‘derecho de propiedad’? No hay documentos escritos, solo el hecho de que un barco llegara allí hace cientos de años, pero nosotros también enviamos barcos”.
Las naciones europeas en cuestión emitieron un comunicado que dejo: “Nos solidarizamos plenamente con el Reino de Dinamarca y el pueblo de Groenlandia. Siguiendo el proceso iniciado la semana pasada, estamos dispuestos a entablar un diálogo basado en los principios de soberanía e integridad territorial que defendemos firmemente. Las amenazas arancelarias socavan las relaciones transatlánticas y amenazan con una peligrosa espiral descendente”.
El presidente de EE.UU. señala que si su país no se queda con Groenlandia en un tiempo lo harán China y Rusia y que ese es un paso estratégico ya que -también por el cambio climático y el derretimiento de los hielos-. la circulación de barcos es cada vez más frecuente. Sin embargo hay quienes desde Europa sostienen lo contrario. Por ejemplo, la jefa de política exterior de la UE, Kaja Kallas, afirmó que China y Rusia se beneficiarán de las divisiones entre Estados Unidos y Europa. Añadió en redes sociales: «Si la seguridad de Groenlandia está en riesgo, podemos abordarlo dentro de la OTAN«.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, escribió el domingo en redes sociales que había hablado con Trump. Y no definió demasiado. Algo que le viene generando muchas críticas hace tiempo ya que no toma una postura clara ni le pone algún tipo de límite al presidente estadounidense. Se limitó a decir: «Seguiremos trabajando en esto y espero verlo en Davos a finales de esta semana».
El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, también mantuvo una conversación con Trump y le dijo que «aplicar aranceles a los aliados para garantizar la seguridad colectiva de los aliados de la OTAN es un error». Esta llamada tuvo lugar tras conversaciones con Rutte, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
La actitud de Trump en el tema Groenlandia también es muy criticada internamente en los Estados Unidos. Incluso entre referentes republicanos. Mike Pence, ex vicepresidente de Trump en su primera Presidencia– dijo que apoya que Estados Unidos finalmente sea dueño de Groenlandia, pero no cómo Trump está tratando de lograrlo. Y expresó su preocupación por la autoridad constitucional del primer mandatario para imponer aranceles unilaterales a los aliados de la OTAN, así como por la amenaza de una invasión militar. La postura actual de Trump amenaza con «fracturar esa sólida relación, no solo con Dinamarca, sino con todos nuestros aliados de la OTAN«, señaló Pence.
El enojo por la nueva embestida trumpista también alcanzó a aliados internacionales del inquilino de la Casa Blanca. Por ejemplo, la primera ministra derechista de Italia, Giorgia Meloni dijo que había hablado con él sobre los aranceles, que describió como «un error«. La italiana aclaró que el despliegue de un pequeño número de tropas en Groenlandia por parte de algunos países europeos fue malinterpretado por Washington y que no era un movimiento contra Estados Unidos sino que tenía como objetivo proporcionar seguridad contra «otros actores» que no identificó.
También desde la derecha extrema francesa hubo repercusiones negativas. Jordan Bardella, presidente del partido de extrema derecha Agrupación Nacional de Marine Le Pen en Francia y legislador del Parlamento Europeo, publicó que la UE debería suspender el acuerdo arancelario del año pasado con Estados Unidos, describiendo las amenazas de Trump como «chantaje comercial».
En el Reino Unido, el más importante aliado político en la Historia de los EE.UU., hasta los partidos que están enfrentados entre sí se unieron al repudio a la voracidad de Trump y su amenaza arancelaria. Incluso en Londres, el domingo, alguien gritó «¡Dejen a Groenlandia en paz!» mientras Vanessa Williams cantaba «The Star-Spangled Banner» antes de un partido de la NBA entre Memphis y Orlando, algo que generó una ovación muy fuerte. En definitiva. el magnate estadounidense devenido por segunda vez presidente generó un variopinto coro de rechazos que cruzaron todo tipo de fronteras e ideologías. Algo que parecía imposible de lograr. Y puso al borde del abismo a la propia OTAN, que quedó a punto de implosionar. Y todo por su ambición desmedida de conquistar al Mundo, ahora traducida también en su vocación de apropiarse de esa joya llamada Groenlandia, con sus inconmensurables recursos naturales y su lugar estratégico en el mapa. Y por eso logró lo imposible. Que se unan en su contra dirigentes totalmente diversos. Y que agonice la alianza militar más poderosa del Mundo. En definitiva, Trump lo hizo.
LA RIQUEZA DE GROENLANDIA
Si bien las bajas temperaturas extremas suelen ser un disuasivo, la riqueza natural que tiene Groenlandia es inconmensurable y, merced al cambio climático y el calentamiento global -con el consecuente deshielo- esas condiciones van quedando cada vez más al desnudo. Ese territorio tiene enormes reservorios de tierras raras -un anzuelo especial para EE.UU. que las está necesitando para su competencia con China-, petróleo, gas, oro, litio, cobalto, níquel y otros minerales críticos, que atraen gran interés geopolítico. Pero ese clima adverso suele ser un inconveniente para la explotación de esos recursos porque, además, elevan los costos de exploración y producción. Además tiene estrictas normas de control ambiental. Por eso su principal actividad económica sigue siendo la pesca.
Donald Trump sabe de la importancia de los recursos naturales de Groenlandia. Pero parece más preocupado por el espacio geoestratégico que ocupa y «la amenaza de Rusia y China«. Es cierto que EE.UU. tiene una base militar en territorio groenlandés desde 1941 -la base aérea de Pituffik o base aérea de Thule, también llamada Aeropuerto de Pituffik– ubicado dentro del municipio de Qaanaaq, en el noroeste de la isla, a 1118 km al norte del círculo polar ártico, 1524 km al sur del polo norte, y a 885 km al este del polo norte magnético. Y muy cerca de Rusia. Tiene una función muy importante -más allá de la presencia militar en sí misma- que es formar parte del «Sistema de Alerta Temprana de Misiles Balísticos» diseñado para detectar y rastrear misiles balísticos intercontinentales lanzados contra Norteamérica. Pero, además, siente el supuesto «acoso» ruso con bases no muy lejanas del Polo Norte. Si a eso se le suma que, producto de los deshielos por el cambio climático, esas vías acuáticas del Mar Ártico se van haciendo cada vez más navegables, allí radica un valor estratégico adicional que hoy reviste a Groenlandia y que explica el particular interés de los EE.UU. de Trump sobre ella.
«… evitando enfrentarse a EE.UU. en temas tan delicados como la guerra entre Rusia y Ucrania, que ya lleva 4 años y en la que han muerto cientos de miles personas.» (Sic).
Traducción: los europeos quieren seguir la guerra contra Rusia y continuar la matanza hasta que no queden ucranianos, en cuyo caso enviarán tropas a Ucrania. Todo esto al loco de Trump le parece una locura.
Es el típico caso en que las apariencias engañan: los supuestos normales están locos y el supuesto loco dice lo sensato y cuerdo.