Elecciones en Brasil: Gualicho de Ipanema

En su crónica desde Río de Janeiro, Esteban Schmidt registra una diferencia política que interpela directamente a la Argentina: mientras en Brasil la disputa electoral se expresa también en la calle, aquí la oposición parece atrapada entre las pantallas, la fragmentación de las protestas y la dificultad para construir una alternativa colectiva. Falopa digital entretenida.

Su observación abre una discusión que va más allá de la campaña brasileña. La calle no es solamente un escenario de protesta: es el espacio donde el malestar individual puede convertirse en experiencia compartida, identidad política y organización.

Pero movilizar no es suficiente. El desafío consiste en articular a trabajadores formales e informales, estudiantes, jubilados y sectores medios golpeados por el ajuste en un proyecto capaz de disputar el rumbo del país. Porque el rechazo a Milei no garantiza, por sí mismo, una alternativa política ni resuelve las diferencias de intereses que atraviesan a la oposición.

La pregunta, entonces, no es solamente quién gana la calle, sino qué fuerza social consigue organizarla, con qué programa y al servicio de qué intereses de clase.

Desde esa perspectiva, la crónica de Schmidt ofrece un punto de partida para pensar una cuestión decisiva: cómo transformar la resistencia dispersa en una voluntad política capaz de construir una alternativa de poder.

Al pié datos oficiales de la segunda ronda en la elección de Brsil a partir del las 17hs. Todo lo que circula antes, es falopa digital como para entretenerse.

Con lo que cuesta armar un full

Dejo una postal de Rio de Janeiro y de la antesala electoral de hoy que tiene una distinción sobre la política argentina. Algún extra.
Compañeros, gracias por la espera. Estuve unos días en Rio de Janeiro y no quise abrir la computadora, ni tendría que haberla llevado. La cargué por inercia, por las dudas. Pienso que la más mínima oportunidad de cambiar rotundamente de ambiente hay que aprovecharla para robarse toda la información y la novedad y no redundar en el vicio sin territorio y sin historia que son las pantallas, aunque éstas cumplan, en este caso, el papel de máquina de escribir. ¿Cuándo iba a escribir? Me mentí. Enseñanza para la juventud, viajar solo con el teléfono, que es inevitable para cualquier trámite, y si los niños se aburren sin iPad, que se aburran en otro idioma y con el paisaje renovado, mal no les va a hacer.

Ante el viaje, quienes apoyan metálicamente el correo dirán: “con la nuestra, hijo de puta”. Y sí, pero muy poquito, eh, buena parte de la estadía la cubrí con un culito de plata que había quedado en la caja de ahorro de mi mamá de un retroactivo de Anses, esas inmoralidades perpetuas donde el Estado busca denodadamente la muerte del anciano, que la demencia le gane a la venganza, y se ahorre la devolución de lo que robaron de las jubilaciones. No pasa nada. Ya ni da para indignarse. Beatriz lo cobró en vida por tenaz, pero cuando ya su vida no pedía nada más que un cierre digno, y quedó escondido en unos bonos. En fin, nos transferimos la plata con mis hermanos, se abrieron las fronteras, y el tipo de cambio hizo lo demás.

El criterio con el que me crié es que la plata extra, la que aparece por rebote, por suerte, y no atiende al flujo, va toda a infraestructura, a rellenar alcancías preventivas en materias de salud, el futuro implante dental, el riñón que se comercie en La Salada, o sepelios, directamente, y nada a frivolidades. Para los que dominen marcas, yo nunca usé Levi’s o Little Stone mientras fui mantenido, pero sí Eduardo Sport. Los viajes quedaban en una zona gris, de aprendizaje, de inversión, que bien podrían traer beneficios futuros porque el capital cultural te perfecciona y te hace ganar más plata al darte más confianza para cotizarte mejor. Eso, naturalmente, te empuja para arriba, aun cuando en determinados oficios, en un cálculo bien hecho, esto apenas haya implicado no haber caído tanto como el promedio de los que cayeron.

Así que siempre que se pueda hay que reservar algo de plata para moverse, salir de la cuadra, de la repetición de menús, olores, formas de decir, y superar rápido la indignidad de los traslados. No lo llamo irse de vacaciones. No sé cómo lo llamo. Son mis viajes de Sarmiento a los que arrastro a la familia. Que el gran sanjuanino tuvo el culo de hacer en barco. Hoy lo que arruinan los viajes son los aeropuertos, el avión te hace llegar más lejos y más rápido pero la interfaz es incómoda e indigna. Los meandros para pasar los controles de seguridad, la lentitud de las aduanas, ese es el momento del Rivotril, no en el vuelo.

De viajes por Europa en los años noventa tengo el recuerdo, la emoción, te diría, de llegar a la Gare du Nord de Paris y sentir la abundancia arquitectónica, superficies dimensionadas a una escala tan gigantesca como el progreso que iban a cobijar. Descender del tren con la mochila y enseguida mezclarme con los trabajadores franceses que salían despedidos a velocidad de día hábil de otros coches, dos andenes paralelos al mío. El tormento consumista que proponen los aeropuertos degradan la enorme experiencia humana que implica cambiar de cultura, de lenguas. Para acceder a las puertas de embarque hay que dar obligatoriamente una vuelta por el free shop y a su oferta infinita de dulces, botellas y maquillaje, de ida, de vuelta, en una escala.

Me parte el alma que el tráfico aéreo con Rio no sea más intenso, y que eso abarate los tickets desde Argentina y se pueda sostener mejor el romance. Ni caminando por Melián se obtiene la satisfacción que es caminar por las calles interiores de Ipanema con sus árboles que parecen terminados a mano, con lo que les quedó de otros árboles, y esto los embellece, ojo, estoy hablando bien; de los troncos deformes de muchos de ellos nacen orquídeas. Y hay cincuenta marcas de manteca en la góndola de fríos del Rio Sul.

Si trabajás a distancia, no tenés hijos o no están en edad escolar, no hay razones para no vivir en Rio de Janeiro. Con el que alquilás acá, te alquilás el de allá. En las calles hay muchísima menos caca de perro, aunque, por supuesto, es una ciudad que también experimenta el gran reemplazo de mascotas por niños.

En cantidad de zombies por la calle, Buenos Aires saca mucha mala ventaja. Río tiene hoy menos locos ambulantes que nuestra capital y es un gran misterio saber cómo gestionan la basura porque el espectáculo de los containers dados vuelta allí no se ve. Incluso aquel viejo olor a banana pisada, a pañal fermentado por el sol quemanchi, ardienchi, característico de Río en otros años, que te doblaban de asco ya no existe más. Como tampoco esos lamparones de alconafta en el pavimento. Y uno de cada dos Ubers tiene caja automática.

Los cariocas incluso mejoraron mucho en el plano personal, subieron su umbral de responsabilidad, pese a vivir con el océano pegado a la calle con su servicio de expiación automática. Si el trámite de vivir, angustia, al agua; si el día está lindo, a la playa, si el día mejora, me pongo la malla, y antes de que un día empeore caminás por la areia, también. No es lógico que la gente se ate a agendas duras, inamovibles, que tenga un proyecto de vida donde el éxito se desprenda de conquistas materiales y simbólicas en un ecosistema semejante. Pero está ocurriendo, los cariocas se van pareciendo a los paulistas.

Y la política es apasionada y embrutecida como acá, pero la distinción es que mucho sucede en la calle. Izquierda y derecha bien delineada en cuanto a sus promesas y sus respaldos que lo hace parecer un duelo entre el siglo veinte, sus trabajadores sindicalizados, sus estudiantes y profesores, y artistas apoyando a Lula, contra el siglo 21, sus trabajadores informales y sus textos descreídos, verás que todo es mentira, sosteniendo al hijo de Bolsonaro.

Un poquito se rinde, pero la diferencia es gente que se toma el día para ponerle el cuerpo a un candidato, a una idea, una ilusión de que no todo es una cagada inmensa.

Fui a dos actos del lulismo, enormes, sin Lula que juntaba votos en otras zonas del país, pero grandes al nivel de más de un millón de personas en la calle. Ambos en Copacabana; el primero, pura manifestación, un protesto, estamos aquí, no nos han vencido. El segundo en torno a un camión sobre el que cantaron Caetano Veloso, Djavan, y otros artistas de la gauche divine.

Podría decir que en el primero me compré una tote bag de Lula para ir a la verdulería de Chacarita, pero aunque es cierto, ya me verán mis vecinos, lo más importante fue la constatación de ver un millón de personas representando a otros varios millones en todo el país tomando la postura completa, espíritu y cuerpo, de alentar un tipo de presidencia en lugar de otra. Nada como eso. Ni Twitter, ni Tik Tok, ni tres pelotas, la calle, a pelo. Adolescentes de escuelas secundarias, profesores universitarios y todo lo que se nos ocurra en el medio, dentro de los oficios o profesiones reconocibles, respetables, a tono con un mundo pasado pero que está ahí, agonizante pero vivo, espantado por un futuro bolsonarista desconectado del mercado de las razones del estado de bienestar, del amor al prójimo.

A alguna de esas personas, vi que le gritaron en la calle “lula e ladrao” cuando paré con mis hijos a comprar una crema Nivea protección 50 en una drogaría. Nuestra lulista caminaba con una remera cualquiera pero que tenía pegados stickers de la lista 13 del candidato del PT. De lejos un lince bolsonarista la vio y le gritó. Y la lulista le contestó, ladrón es el tuyo, y así jugaron al ping pong mientras seguían caminando en sentidos opuestos.

En la Argentina se perdió la calle, acá se van a herniar scroleando los trabajadores, los no trabajadores, los estudiantes, los ñoquis, los que no quieren a nadie, los que no saben qué querer. En fin. Pero soy optimista, eh. El otro día una amiga que vive en Francia, forista naturalmente, me dijo que lo que se decía allá a raíz de los despelotes que vimos todos es que a los pibes les cortaron los celus en los liceos y se les presentó la realidad como es, se proyectaron en el futuro y no vieron nada, y ahí arrancó la cosa. Así que ojo con el que manda al pibe con el celu al colegio porque ese es el traidor.




Compañeros gracias por el aguante. Tengo un documento de diez páginas escritas que no puedo cerrar pero lo liquido en breve. Como siempre dejo esta invitación a cooperar. Sé que ya no voy a conocer el nivel de vida de un Feinmann o un Longobardi, sus camionetas, sus hoteles, pero si están acá leyendo es porque el servicio que estos millonarios les ofrecen es insuficiente, les falta algo. Y ese algo necesita su empujón mensual. Los que ya están no me abandonen, por qué lo harían, y los que faltan, lleguen de una vez, ¡basta de especular! Sé que hay placer en contemplar un gran fuego, un fracaso, que el quería poder no pudo. Pero sé que se puede reprimir. Con lo que cuesta armar un full. Gracias, compañeros.

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Elecciones en Brasil: Resultados oficiales acá

Los primeros resultados oficiales de las elecciones en Brasil comenzarán a conocerse a partir de las 17:00 (hora de Brasilia y de la Argentina), una vez cerradas las urnas.

Cierre de urnas: Las mesas de votación operan de 08:00 a 17:00 de forma simultánea.
Publicación de datos: El Tribunal Superior Electoral (TSE) inicia la difusión de los primeros boletines parciales apenas finaliza el sufragio.
Diferencia horaria: Al encontrarnos en Argentina, no hay diferencia horaria con el huso principal de Brasilia, por lo que los datos se siguen en el mismo horario. Todo dato de resultados electorales que circulen antes y por fuera del escrutinio oficial no debiera ser tomado en cuenta.

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